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jueves, 10 de marzo de 2022

"Vienen tiempos duros"

A esta no le puso la mesa grande, no
La frase la dijo Pdr Snchz hace unos días en el Parlamento. Es realmente inaudita en alguien que dirige un país donde el optimismo es la carta de presentación -independientemente del signo político-, de cualquiera al mando. Siempre vamos a más, vienen los turistas, triunfamos en el deporte, ra-ra-ra-ra. Que yo recuerde, nadie ha hablado con tanta franqueza negativa sobre algo que vendrá, especialmente porque rompe la narrativa impuesta tras la Transición, esa que rompió con nuestro tradicional derrotismo.

Vienen tiempos durísimos. No voy a abrumar con cifras macroeconómicas y microeconómicas. Los que tengan alguna empresa o negocio ya lo estarán viendo, y los asalariados lo van a ver muy rápidamente cuando su poder adquisitivo se vea reducido en cifras de dos dígitos, por el efecto tenaza de la subida de la energía ampliamente entendida, y de la inflación. De ahí viene la urgencia con la que Pdr Snchz, en la misma sesión parlamentaria, anunció un Pacto de Rentas. 

Forma parte del neolenguaje orwelliano, similar a ese Fondo para la Paz con el que la UE está armando al Ejército ucraniano, con armas encargadas hace un año. ¿Qué es un Pacto de Rentas? Pues la nueva versión de la moderación salarial, término-tótem de las economías que no compiten en productividad, y si en salarios bajos. Como la nuestra. 

Para poner el adecuado contexto, sepan que el 22 de enero el mismo gobierno anunciaba, con el tradicional boato de estas ocasiones ("nuestros mayores", "dignidad", "dignificación" etc) otro nuevo aumento de las pensiones, a añadir al aumento automático que se hace todos los años usando como referencia el IPC medio de diciembre a noviembre del ejercicio anterior. 

Una locura en un país en el que un jubilado ya cobra más que un joven, y el concepto joven aquí es extremadamente amplio. Por decreto, porque sí, los que ya no producen cobran más y más, a sumar a otras prebendas de las que no disfrutan los que si están en edad de trabajar, como transporte público gratuito en muchas ciudades de España. 

Ahora ha llegado de sopetón el brutal shock económico por la guerra de Ucrania y la insensata escalada de sanciones económicas mutuas, que se une a la escalada de la inflación ya en marcha antes del conflicto (IPC intermensual de febrero: 7´4%, subyacente del 3%), y en España con todos esos convenios colectivos vinculados al IPC, y el ya comentado caso de las pensiones. 

De ahí viene la urgencia del Pacto de Rentas, del que no se ha concretado nada ("es como el título de una película sin saber el argumento", ha dicho Garamendi de la CEOE), pero del que hasta más holgazán se dará cuenta que consistiría en congelar las subidas salariales por decreto y sin estar vinculadas a un aumento de la productividad o la actividad, mientras que los beneficios empresariales serán mucho más laxamente regulados, como se está viendo en las empresas eléctricas, al margen de sus beneficios caídos del cielo.

Por la rapidez con la que está yendo todo -ayer el mermado Borrell ya pidió apagar las luces y bajar la calefacción, para recochineo general: si se hace, será por su precio-, y la franca intención de uno de los bandos de la guerra en armar a los ucranianos para una conflicto largo y destructivo, es razonable pensar que la situación va a desembocar en auténticos polvorines de consecuencias imprevisibles. 

Mano de obra para la vendimia
Estamos ya en una situación en la que las clases medias van a sufrir especialmente las consecuencias de la guerra económica emprendida por Europa; las ayudas, si llegan, irán a los que están categorizados como pobres, al igual que les han llegado los bonos sociales y demás prebendas del Estado. Son esas mismas clases medias que conforman la mayoría de la población de Europa, a las que sus élites dirigentes han metido un conflicto en el que todo va a salir más caro, y para siempre.

La propaganda que sufrimos nos dice constantemente que en Rusia va a haber un colapso, que no van a aguantar las presiones y que terminarán abandonando su plan de conquista por la presión popular. Independientemente de que eso pueda llegar a pasar, Putin no tiene por delante unas elecciones y, si las tuviese, tampoco creo que las fuese a perder: por haber eliminado a la oposición, y porque está en guerra. En el resto de Europa sí tenemos elecciones, que es donde se cambian Gobiernos.

Todos los teóricos del colapso ruso por las sanciones económicas dan por seguro que el bloque europeo pasará más o menos indemne sobre las ascuas de la crisis económica, y la Historia nos demuestra que no tiene porque ser así. Aquí el voto todavía quita y pone y Gobiernos, incluso en tiempos de guerra. Las potencias que se metieron de lleno en la I G.M entraron victoriosas y con ganas de guerra -manifestaciones de cientos de miles de personas celebrando la declaración de hostilidades- y, años después, poco quedaba de eso. 

No ya el conocido golpe bolchevique de 1917, es que después vino el colapso del sistema austro-húngaro, el del II Reich alemán e, incluso entre las potencias vencedoras, los laboristas ganaron sus primeras elecciones al inicio de la siguiente década, en gran parte como consecuencia de las penurias provocadas por la guerra. A usted le puede parecer lejano todo eso, igual que le parecía lejana la gripe española de 1918, básicamente porque han pasado cinco generaciones y se ha perdido la memoria de las cosas que pasaron, igual que en Europa se ha perdido la memoria de la guerra. Está todo más cerca de lo que parece. 

Son esas mismas clases medias que van a padecer lo más crudo de la guerra económica desatada, y son las mismas que votan. Que quitan y ponen gobiernos, al menos en esta parte del mundo. Gente que se considera "clase media" -hay un sesgo a autoubicarse en ese segmento, nadie se define como "pobre"- aunque tenga problemas para llegar a fin de mes y pague la hipoteca porque está alquilando otra casa más pequeña que compró años antes, entrampándose de manera arriesgada. Clase media de esa, la más abundante en España. 

Es la misma que ya está padeciendo que los 50€ en combustible ya no dan para tirar toda la semana, y lo que está por venir ahora mismo. Ya. Esa misma clase media va a ver que esto en lo que nos hemos metido de cabeza no se va a ir rápidamente, y que la situación se va prolongar durante más tiempo del que pueda soportar la poca elasticidad de la mayoría de las economías familiares. Se está creando un campo de cultivo ideal para soluciones populistas, tanto a la izquierda como a la derecha, y aquí tienen posibilidades de triunfar. No en Rusia, no: aquí. Aquí se vota, allí se hace un simulacro.

Por aquí no entiendo únicamente España, que en todo caso celebra su ciclo electoral dentro de año y medio. El mayor problema reside en Francia, que celebra elecciones presidenciales en poco más de un mes, y quizás ahora se entienda, además de por su constumbre histórica, que las grandes empresas del país no se hayan retirado de Rusia. Francia, el mismo país de los chalecos amarillos, básicamente una revuelta por la subida del precio del combustible, ¡en los precios de 2018!.

Pagliaccio, Buffone
Francia, el mismo país donde en las anteriores presidenciales, ante la atomización de los partidos tradicionales, El Sistema tuvo que crear de la noche a la mañana un candidato con un partido ad-hoc que deja pequeño a la UCD para que las elecciones no las ganase la candidata del Frente Nacional. Se van a celebrar unas elecciones con aroma de guerra, y con una clase media movilizada parcialmente por su pérdida de poder adquisitivo, acrecentada en estos días. 

Va a ser interesante ver lo que suceda; si, como suele pasar en los primeros tiempos de una guerra, todo se aglutina en torno a un líder, o bien, como nuestros sistemas permiten, se produce una alternancia, que en el caso de Francia sería hacia Marie Le Pen, la candidata ultra que busca llegar a acuerdos con Putin -les une una misma sintonía- y ofrecer medidas sencillas para asuntos complejos, la definición más operativa de lo que viene siendo el populismo. 

El próximo mes nos jugamos muchas cosas al otro lado de los Pirineos. Es básicamente un refrendo sobre lo que opina la nación de la guerra económica, cuyas consecuencias estamos sufriendo todos, en la que nos han embarcado los dirigentes europeos. Y mucha atención con las consecuencias, porque lo de "vienen tiempos duros" en principio va referido a lo económico, pero es perfectamente extrapolable a lo político. De hecho, lo primero tiene consecuencias en lo segundo, y lo vamos a ver dentro de nada.

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Fascinante hilo, lleno de referencias de valor, sobre cómo se ha llegado a la guerra en Ucrania y quien tiene la culpa.  Este otro sobre la ayuda militar de EE.UU a Ucrania también es muy interesante.

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Este reportaje -malo, sentimentaloide, lleno de detalles innecesarios y repugnantes, como describir de rosa la vida del periodista- seguramente no se hubiese publicado, pero hete aquí que implica a una compañía minera rusa -más suiza que rusa- y ¡tachán!, ahora mismo va camino del éxito mundial. 

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Curiosa historia donde un grupo de australopitecus se dedica a hacer este tipo de cosas, y donde el juez no quiere establecer dónde consiguieron el número de teléfono. Curioso, eh. ¿Quien podría tener el número de teléfono de esta mujer? ¿Quien hace ese tipo de exhabruptos de manera habitual?

domingo, 6 de marzo de 2022

Lo siguiente va a ser peor, con total seguridad

 Prolongar el conflicto lo máximo posible y así lograr el esperado colapso del régimen ruso, vía sanciones económicas. Ese parece ser la consigna, mostrada sin disimulo alguno, de lo que antes se conocía como Occidente, haciendo un cálculo despreciable de las peligrosísimas derivaciones que podría tener algo así: al igual que a George Bush II le sucedió Trump, nada garantiza que el siguiente candidato republicano no vaya a ser alguien aún más ultra, y no faltan los aspirantes. 

Con la Rusia de Putin también puede ser así. Esas teorías de "golpes palaciegos" o ese irresponsable fomento a un alzamiento por parte de impresentables como el antiguo embajador de Obama en Moscú -¿tendría el mismo mérito que el millonario homosexual sin experiencia diplomática que colocó en Madrid?- forman parte de esa mentalidad hollywoodiense que impregna tantas capas de la sociedad, porque al final es la realidad la que se adapta a la ficción, y no al revés, como esos mafiosos de verdad que imitan a Tony Montana.  

Establecidas las gravísimas sanciones económicas al país agresor, la espiral no se ha detenido y estamos en plena campaña de rusofobia que no tiene parangón en nuestras democracias desde el macartismo o el franquismo. Se vetan actos de músicos rusos, se suspenden cursos universitarios sobre Tolstoi e incluso se interrumpe con boato la colaboración académica y científica con Rusia, que sigue siendo una potencia mundial en áreas clave del conocimiento, y no estoy hablando de armas. Se prohíbe la actividad en Europa de canales de comunicación rusos, e incluso se borra cualquier rastro pasado en buscadores como Google. 

¿Tiene esto algún resultado táctico en el campo de combate? Absolutamente ninguno. Entonces, ¿por qué se hace? Pues para intentar ejecutar un golpe desde dentro de Rusia, que gente ajena a los frentes -y que en ningún caso tomaría partido dado su perfil profesional- empiece a instigar y plantearse el régimen de Putin, al que en todo caso deben todo lo que son, como es el caso de los millonarios enriquecidos a través de los monopolios estatales supuestamente privatizados.  

Soy bastante escéptico con estas medidas, que en todo caso desacreditan nuestro orgulloso referente de espacio de libertades que tanto se vende. En una semana se han cruzado líneas rojas -disculpen la metáfora gastada- que jamás se deberían haber tocado, porque nos venden tanto eso de que Rusia quería una guerra relámpago, que son incapaces de asumir que ellos (nosotros) también quieren un colapso rápido, usando cualquier tipo de treta. 

Como ese colapso deseado no se está produciendo, y hay voces autorizadas que afirman que no se tiene por qué producir, vamos camino de un desastre aún mayor que la irremediable pérdida de vidas y de bienes materiales que se fomenta al suministrar armas sin fin a los invadidos. Por cierto, Rusia ya ha anunciado que no aplicará la Convención de Ginebra a cualquier extranjero (por tanto, mercenario) al que capture en Ucrania, bien sea combatiendo o transportando esas armas con las que se engola Borrell.

¿Incluye eso ataques aéreos? Por supuesto, y por eso está desplegada esta fuerza de combate aéreo en Bielorrusia, en la zona más próxima a la frontera UE con Polonia, Eslovaquia, Hungria y Rumanía. El riesgo de escalada es evidente, porque por nuestro bando nos presentarán a los transportistas de armas como héroes masacrados por Rusia, y a ver qué tal digiere nuestra siempre sensible opinión pública estas noticias; o, visto por el otro lado, a ver qué tal se toman en Moscú que sus aviones sean derribados por tropas extranjeras sin uniforme y pertrechadas con modernos misiles antiaéreos.

Sin embargo, hoy por hoy, no creo que la nada deseable escalada se produzca por vía militar. Los mayores riesgos, y los mayores esfuerzos de los últimos días, van por otro camino:Son abundantes los indicios y actuaciones que se están haciendo, a marchas forzadas, para cortar la compra y suministro de hidrocarburos rusos por parte de Europa.

En las primeras medidas de sanción económica a Rusia se excluyó de manera deliberada y exhaustiva cualquier producto energético, incluyendo en la detallada lista incluso la madera. El flujo constante de estos productos no es fácilmente sustituible, y son absolutamente necesarios para el funcionamiento de las economías europeas y, en menor medida, de EE.UU -que importa del orden de 600.000 barriles de petróleo/día de Rusia-, y más cuando otros países productores no están tomando partido con los "buenos". 

Es el caso de Arabia Saudí, el auténtico swing producer petrolero -el único país del mundo, junto con Rusia, que tiene capacidad para incrementar su producción- y que está siendo muy beneficiada con los altos precios del petróleo de estos días, que no ha conseguido bajar ni siquiera la activación de las reservas petroleras internacionales. El petróleo de los principales crudos de referencia, en especial el Brent, se cotiza a 120€ el barril, y en los principales mercados europeos el litro de gasolina se acerca a los 2€, una situación insostenible incluso a corto plazo. 

Al parecer, ha sido Putin el que ha advertido a la dictadura saudí sobre los riegos de "politizar la energía", del mismo modo que nuestras ejemplares democracias ha politizado la cultura, la educación, la ciencia y el arte, porque parece que todo suma en la demente aspiración de derrocar al mandatario ruso por una implosión. En maniobras paralelas, está a punto de alcanzarse el acuerdo nuclear con Irán, que permitiría al país árabe volver a vender petroleo en el mercado libre, mucho más rediticio que sus mercados de contrato fijo con Japón -poco se habla de esto-, China y la India. Era un acuerdo que llevaba encallado desde las salvajes sanciones económicas impuestas por Trump -exclusión del SWIFT incluída- y que ahora se ha encarrilado rápidamente. También se ha sondeado a Venezuela, que sufre sanciones parecidas pero más leves, para ver si puede incrementar su producción puntualmente, algo que no es muy realista. 

Son sondeos para ver si, interrumpiendo el flujo de 4 millones de barriles/día que Rusia pone en el mercado -los otros 5 millones de producción se quedan en consumo interno- la economía mundial no se vería paralizada. Están yendo muy rápido, y las presiones deben ser terribles para incoporarse a este nuevo consenso. En Europa se ve bien, especialmente por el gas. La inmensa mayoría de las exportaciones de gas ruso son por gasoducto, y ya se ha tratado el tema del interés particular y obsesivo de la administración de EE.UU para que NordStream II nunca entrase en funcionamiento. 


Tras lograr ese importante objetivo a pocos meses de su entrada en funcionamiento, ahora la Unión Europa, se supone que por iniciativa propia y sin recibir indicaciones de nadie, se encamina a sustituir el consumo de gas ruso a medio plazo, acortando plazos de una manera mágica. Es por eso que ayer estuvo por Madrid la presidenta de la Comisión. ¿Cómo? ¿"Europa en guerra" y la máxima mandataria de lo que identificamos como poder ejecutivo europeo encuentra tiempo para venir a un país sureño que no depende del gas ruso, y alejado 4000 km. de la zona de conflicto?

Pues sí, porque ha venido con una misión nada oculta. Fomentar la industria española de renovables -gran noticia para los accionistas de Iberdrola, y quizás también para Sánchez Galán en sus problemas judiciales con Villarejo- y aprovechar sus seis infrautilizadas plantas de LNG, construidas sin planificación alguna y sin interconexión con la red europea. En el caso de la regasificadora de Gijón, construida hace 12 años sin haber entrado jamás en funcionamiento, y ni siquiera conectada a la red nacional.. 

Residuos de los Años del Despilfarro, ruinas en pie de la tradicional mala planificación estratégica de nuestro país, que ahora y por culpa de la geopolítica, del Gran Juego en el que participamos en calidad de palanganeros, van a quedar como monumentos de nuestra contribución solidaria a Europa. Basta ver las sonrisas mutuas que se prodigaron Von der Layen y Pdr Snchz, mientras en Ucrania una guerra prolongada artificialmente seguía avanzando, con la ayuda decisiva de los países de la Unión Europea armando a civiles e incluso a niños. Por cierto, ¿saben quien tiene capacidad para exportar gas en formato LNG y no tenía mercados activos para todas sus reservas recientemente descubiertas? Si, EE.UU.

Vendrán tiempos muy malos. No quiero ser agorero, pero hay muchas más razones para hacer acopio de bienes ahora que con el coronavirus. Lo primero, por un motivo evidente: todo, todo, todo va a subir de precio en un plazo muy corto. Todo. Lo que compres ahora a 1´60€ costará en el plazo de unas semanas una cifra porcentual dos dígitos mayor, y no será únicamente el aceite de girasol que ya están racionando, y que en todo caso es un producto intermedio de cara al producto final en otros productos que usan grasas vegetales. 

Y lo segundo, menos evidente incluso para los responsables europeos, es que interrumpir el flujo mutuo de intercambio de hidrocarburos por dinero con Rusia, el mayor rubro de su economía, implica asfixiar totalmente un país, sin saber cómo va a reaccionar. El embargo total de productos energéticos se ha aplicado varias veces en la Historia, con resultados funestos. 

La Sociedad de las Naciones lo aplicó a Italia en 1936, con motivo de la guerra de agresión a Abisinia. Italia, que hasta entonces veía con recelo a la Alemania nazi y con la que solo compartía la misión de combatir el comunismo -lo sufrimos en España- se acercó al régimen de Hitler, mientras seguía procurándose petróleo de EE.UU; el embargo petrolero y de fondos (¿les suena?) de EE.UU a Japón como castigo por sus guerras de agresión en el sudeste asiático empujó al régimen militarista al ataque de Pearl Harbour, con las consecuencias conocidas por todos. 

Muy bien. Pero en ambos casos ninguno de los países sancionados era productor de petróleo. En aquel mundo pasado EE.UU producía el 50% del petróleo mundial. Aquí estamos en una situación mucho más perversa, que es la de un país al que se han aplicado unas sanciones económicas sin precedentes y que tendrán consecuencias a muy largo plazo (¿de qué servirá a otros regímenes autocráticos tener reservas extranjeras, si te las van a congelar cuando quieran? Ojo a las derivas autárquicas) se le va a aplicar una definitiva: cortar de raíz su mayor fuente de ingresos, una vez cortadas todas las demás, equivalente económico a dejar morir de hambre a todo el país. 

Llegados a este punto, y dado que no parece viable el fantasioso sueño de un golpe interno contra Putin y su círculo interno, que cada uno sea responsable de las gravísimas consecuencias que pueda tener un país como Rusia acorralado y puesto de rodillas, especialmente con el recuerdo vivo de que ya se vieron así en los años 90 del siglo pasado. Esa situación engendró a Putin, y cuidado con el que pueda venir después, al igual que pasó con el partido republicano después de Bush II.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Kesselschlacht en Ucrania

Códigos de identificación rusos

En contra de lo que la propaganda en esta parte del mundo está repitiendo, la estrategia militar rusa en Ucrania está siendo bastante exitosa. Hoy se cumple una semana del comienzo de la invasión y los atacantes controlan la totalidad de la costa del Mar de Azov, después de que Mariupol cayese esta noche tras un cerco de varios días. 

Al otro lado de Crimea la situación es más o menos semejante: Jerson está rodeada y los vehículos de avanzadilla se ven en la principal estación de tren, y la ciudad portuaria fluvial de Nikolayev -donde se construyeron gran parte de los barcos de guerra de la Unión Soviética- completamente tomada desde hace días. El destino del último gran puerto de Ucrania está cantado: Odessa quedará rodeada por tierra en unos días, cerrando por completo el acceso de Ucrania al mar.

Son días de no dejarse llevar, como siempre en las guerras, por la propaganda. Las redes están inundadas de imágenes de columnas de abastecimiento rusas destruidas, y supuestos expertos militares pontificando sobre la falta de preparación, deserciones y demás tonterías sin soporte real alguno, al menos para la magnitud de lo que afirman. La realidad es que el ejército ruso está logrando sus objetivos de manera bastante eficaz y rápida, usando el tiempo como arma. 

Quienes creían en una guerra relámpago -qué malas son las metáforas, y qué efectivas en la gente que no entra en el fondo del asunto- pues dirán que han acertado y los rusos han fracasado. Nada más lejos de la realidad. La estrategia está muy clara desde hace días: avance rápido sobre Kiev y Jartov sin entrar a tomarlas, mientras se asienta  un corredor continuo por tierra entre Rusia y Crimea. Sin prisa. Una vez caída Kiev, cerrar toda la parte oriental del país -con la ciudad más importante de la zona en el centro, Dnipro- en un gran embolsamiento. 

Esa es la palabra clave, con la que el ejército ruso se ha manejado históricamente, tras haberlo aprendido a marchar forzadas de la Alemania nazi: en un campo de operaciones tan grande y tan poblado dispersamente, y con un oponente tan débil y desorganizado -han llamado al combate a cualquier varón-, habiendo ganado la superioridad aérea, el Kesselschlacht es la medida más eficaz.

Más si, como se está viendo, el ejército ocupante usa la táctica de los alienígenas de V, el presentarse como amigos y hermanos. Hay vídeos de civiles parando columnas de blindados a la manera de Tiananmen y, en contra de lo que cabría esperar, no han recibido una ráfaga de balas ni se han quedado debajo de la rueda de oruga. Si así fuese, no duden que nos lo hubiesen mostrado, y cien veces. Rusia aspira a una posguerra manejable, y eso no es viable si en cada pueblo por el que pasan -al principio iban por carreteras principales, ahora ya hay imágenes de caminos secundarios e incluso algún campo a través- dejan un reguero de cadáveres. 

Ese es otro asunto. Las máquinas de propaganda de ambos bandos están funcionando a pleno rendimiento y confieso que he sido un poco ingenuo al pensar que la primera guerra con teléfonos móviles por doquier iba a dejar una gran muestra de vídeos; los hay, pero en mucha menor cuantía de la que cabría esperar, y todos cortados por el mismo sesgo, independientemente del bando. No hay muertos en combate. 

Esas mismas columnas de logística y a veces de blindados referidas antes se muestran con vídeos tomados desde un coche como de casualidad, como que acaba de suceder y lo estamos viendo en falso directo, cuando la realidad es que no hay ni un cadáver. Columnas de diez o quince unidades, completamente calcinadas, y ni un cadáver. A nadie le interesa mostrar las atrocidades de la guerra, y lo que le haya pasado a los soldados invasores que hayan sobrevivido al fuego y las llamas. Vamos, es que no se ha visto ni uno carbonizado. 

Y es mejor así. Es la guerra más caliente de la posguerra fría, y es también la guerra con el hiperacceso a redes sociales, donde la sociedad del sentimiento se expresa y se muestra más voluble a la siempre perversa acción de la propaganda. Abundan los ejemplos en la historia -por ejemplo, el hundimiento del Lusitania- donde una emoción colectiva a partir de un hecho puntual se troca, en pocas horas y gracias al fértil sustrato que trae una guerra, en decisiones no lógicas, y tomadas desde los sentimientos. 

A pesar de los incesantes titulares del New York Times y otros medios perfectamente alienados -y ¡ay! del que rompa la columna, bien prieta-, no hay masacres en Jartov ni en Kiev. No hay bombardeos de edificios de viviendas -aún no, veremos como se desarrolla la lucha urbana en esas grandes ciudades planificadas a lo soviético, con grandísimos espacios y distancias- ni un mercado de Sarajevo que vender a la opinión pública e, inmediatamente, a los que toman las decisiones. 

De momento. Ucrania, como era de esperar, está perdiendo la guerra y a gran velocidad. Es ahora cuando empiezan las presiones para establecer una zona de restricción aérea sobre Ucrania, por parte de insensatos belicistas perfectamente conscientes de que eso supone una acción de guerra. Usan, por supuesto, razones como "proteger a los refugiados", como si estuviesen siendo víctima de algún hostigamiento, pero la razón principal es que quieren cambiar el curso de la guerra. 

Ahí está por ejemplo la Unión Europea -noten como EE.UU, que prometió el oro y el moro a Ucrania, está completamente de perfil en este asunto-, prometiendo en boca de su representante gagá "suministrar aviones de combate" a Ucrania, como si fuese un videojuego. Lo dijo y se quedó tan ancho, y su mentira duró 24 horas. Como tantas otras de Josep Borrell, un hombre superado por los acontecimientos y por su edad, además de un evidente declive cognitivo. 

No puedes suministrar aviones de combate a un país salvo que sean de modelos que ya estén usando, porque si no tendrían que ir con sus pilotos y red de apoyo. En eso consistió la Legión Condor, que no hace falta explicar. Caído de su fantasía, a Borrel le informaron que solo hay unos sesenta aviones de combate soviéticos en países de la Unión Europea, los únicos que podrían usar pilotos ucranianos, y sus dueños se han negado a donarlos porque saben perfectamente que es una acción de guerra. Preguntado sobre cómo pretendía llevarlos al frente, un Borrel que institivamente hubiese dicho "volando", se contuvo y dijo "estamos en guerra y no voy a dar ayudas al enemigo"; traducido: no tengo ni puta idea de lo que digo, y ni siquiera de las consecuencias. 

Pero ahí queda la frase, "estamos en guerra". Primero empezaron con sus medidas (iluminar con los colores de la bandera ucraniana edificios, expulsar a Rusia de Eurovisión) y después, azuzados por la opinión pública y el hazmerreir evidente, medidas que respaldan la declaración entrecomillada. "Estamos en guerra". En una cascasa de decisiones, muchos países se han apresurado a anunciar envios de armamento defensivo a Ucrania, y en cantidades francamente apreciables y con origen realmente sorprendente: miles (miles, 1000+) misiles antitanque unipersonales por parte de Finlandia y Suecia, países neutrales y no alineados en la OTAN y, el más notable, 200 MANPAND -leer esta vieja entrada sobre el tema- por parte de Holanda, en un claro guiño al avión derribado sobre Donestk en 2014, con casi 300 nacionales a bordo. 

España, que en un principio anunció chalecos antibalas y equipos NBQ -como si vas a una fiesta y llevas cava de Valencia-, ha corregido sobre la marcha, y anunciaba ayer envío de armamento de verdad, sin especificar cúal. Por supuesto, sin pasar por la Comisión del Congreso que tiene que vigilar la exportación de armamento. Nadie quiere quedarse atrás en el primer esfuerzo bélico de la Unión Europea, consistente en enviar equipos y material, porque tampoco hay coordinación para nada más. 

Es una escalada, sin embargo. Comparada con los que abogan por establecer una zona de exclusión aérea -ningún país de la Unión Europea podría- es un juego de niños, pero un paso significativo, así como que Alemania haya roto su tradicional contención presupuestaria en Defensa, anunciando un gasto extra de 100.000 millones de euros, después de tres décadas resistiendo las presiones de EE.UU al respecto. Lo ha hecho, para que quede constancia, con un gobierno rojiverde en el poder. Da miedo pensar en qué podrá gastar ese dinero uno de los ejércitos del mundo con equipamiento más moderno y actualizado. La perversa maquinaria de la lógica de la guerra, y leerán un poco más abajo esta frase de nuevo, ya se ha puesto a rodar.

Con este escenario, volermos a lo anteriormente planteado. Mucho ojo con una guerra así en una sociedad hiperconectada e hiperemocional a través de redes sociales y otros mecanismos mucho más perversos que los que tenía Hearst y el hundimiento del Maine, aunque beban de la misma fuente. Una intensificación de la lucha en Ucrania, una ruptura en la compuerta de la censura de ambos bandos para no mostrar muertos ni atrocidades, una bomba caída en una guardería, y esta sociedad en la que estamos inmersos se convertirá, en un plazo breve de tiempo, en un Kesselschacht de odio y venganza, y que explotará en una única dirección: la que nos llevan indicando los medios de propaganda desde hace una semana, la pura y simple guerra. 

Por último, Borrel respondió ayer a una pregunta evidente de un periodista (minuto 10´23"): ¿Temen que Rusia ataque esos envíos de armamento europeo? "Ya ha anunciado que tan pronto como entren en terreno ucraniano lo hará (silencio) Es la lógica de la guerra" ¿Eso sería un acto de guerra contra Europa? "Seamos serios. No podemos pretender que los rusos vean el envío de armas y [con sorna] cómo lo mandan los europeos lo vamos a dejar pasar", para después evitar afirmar que estamos en guerra con Rusia. 

¿Se dan cuenta de que ya estamos embolsados en la lógica perversa y circular de la guerra, y que puede estallar por cualquier parte? ¿O soy yo el único? Están ya todos los ingredientes. Vivimos en un Kesselschlacht y no somos muy conscientes de lo que eso supone.

***

De esto se ha hablado poquísimo, y permanece oculto para el historiador que dentro de unas décadas estudie el año 2022: el máximo responsable de los espías alemanes estaba en Ucrania la noche de la invasión, y tuvo que ser rescatado por un operativo especial tras haberse perdido la primera evacuación. Seguro que estaba de turismo, cuando EE.UU ya había anunciado lo que iba a pasar. 

***

Interesante entrevista a un miembro de la farándula:

o nos retratan como una Galicia tercermundista o bien como la de la cocaína, me gustaría que se hiciera algo de la juventud gallega o de las empresas de I+D. Pero el público reclama esto porque la cocaína es muy cinematográfica y televisiva

Sí, yo soy pesimista por naturaleza, pero mis padres ya lo eran. Todo lo veo negro y eso que me va como dios

Me está dando la sensación de que soy subnormal en esta entrevista

No hay nada como asumirlo.

jueves, 24 de febrero de 2022

Tierras de sangre (e hidrocarburos)


Mientras Rusia ataca e invade parcialmente Ucrania, estaría bien recordar los acontecimientos más recientes que han llevado a esta situación, otra más en lo que Timothy Snyder calificó como "Tierras de Sangre". Especialmente como EE.UU ejecutó una de sus operaciones más exitosas en la supuesta revolución ucraniana de 2014, ya tratada parcialmente en este mismo espacio, y cómo ha seguido adelante en su plan para expandir la OTAN al Este. 

La Guerra Fría acabó con el colapso del Imperio Soviético, derrotado económicamente e ideológicamente, pero que salió indemne en lo militar: nunca en la historia de la Humanidad un derrotado acabó conservando todo su arsenal. Obsoleto y caduco en gran medida, pero arsenal con todo su poder destructivo, especialmente en lo que está en el vértice de la pirámide del poder militar. Desde entonces, la política de EE.UU respecto a Rusia ha sido la de seguir hostigando al antiguo enemigo, que ya no supone una amenaza directa ni una alternativa a nivel global, pero conserva sus misiles nucleares. Es una estrategia que no entiende de qué partido esté en la Casa Blanca, y que empezó prácticamente en 1990. 


Gorbachov, una figura odiada en Rusia -y con razón-, accedió a la unificación de Alemania y que el antiguo territorio de la Alemania del Este pasase a formar parte de la OTAN, con el compromiso de que la Alianza Atlántica no incorporase a países del Pacto de Varsovia. No pasaron ni diez años y la República Checa, Hungría y Polonia ya formaban parte de la alianza militar auspiciada por EE.UU. Después vino la denuncia de los tratados antimisiles por parte de George Bush II, y el establecimiento de un escudo antimisiles de nueva generación, mientras la OTAN seguía incorporando nuevos países. 

Así ha sido la historia de estos últimos 30 años, mientras el antiguo poder soviético intentaba conservar rescoldos de sus áreas de influencia a medida que veía que los países de su entorno caían como naipes: pasó en Georgia en 2008, había pasado en Trandniester y pasó en Siria, donde únicamente la intervención de Rusia evitó que en el estado de Oriente Próximo se implantase un califato islámico promovido y armado por EE.UU. Sin embargo, el inesperado golpe de Ucrania fue una sorpresa. 



Si a los grandes teóricos de la Guerra Fría, algunos de ellos todavía vivos y lúcidos, les hubiesen dicho en 1990 que Ucrania pasaría en 20 años a ser un país del área de influencia de EE.UU se hubiesen pellizcado para despertarse. Y, sin embargo, pasó: de una manera mucho más incruenta de lo que se podría esperar de una pieza tan valiosa, y dejando todo en un status quo basado en unas sanciones poco efectivas a Rusia, mientras se daba por hecha la pérdida de Crimea. No fue suficiente para EE.UU. 

Como ya advirtieron algunos en aquel 2014, era muy difícil que Ucrania se desligase completamente de Rusia, porque un país envuelve al otro o, si se quiere ver de otra manera, un país penetra en el otro. Son muchísimos años de historia común, hasta tal punto que es difícil defender que Ucrania existiese más que como noción geográfica hasta que los soviéticos revolucionarios la inventaron. Hace un siglo, más o menos. Y aquí llegamos a la gran cuestión, ¿qué ha llevado a Rusia a invadir parcialmente Ucrania, en una guerra de agresión a un estado soberano como nunca vista en Europa desde la II G.M?

El plan demente de EE.UU de incorporar Ucrania a la OTAN, esto es: de seguir el expansionismo iniciado en 1990 y nunca detenido. Aquí no se trata de países con una historia y una cultura diferenciada antes de 1945, es la segunda república más importante del antiguo estado soviético, que en 30 años de independencia -y ocho sin la tutela de Moscú- se ha desarrollado muchísimo menos de lo que cabría esperar en un territorio que, de partida, tenía mejores condiciones que otras zonas de influencia soviética. 



Uno de los mayores rubros para la economía ucraniana son los derechos de tránsito de los oleoductos y gasoductos que atraviesan el país, herencia del Imperio Soviético. En los últimos años Rusia, en conjunción con Alemania y otros clientes europeos, ha trazado nuevos tendidos pasando por el mar, para evitar el pagos de esos derechos, que llegan a ser una parte importante del precio final, y que de esta manera se convierten en ganancia neta para el país exportador (y pérdida neta para el de tránsito). Así ha sido con el NordStream I, y así iba a ser con el NordStream II, tendido bajo el Báltico y que llega directamente a Alemania sin pasar por ningún otro país. 

A pesar de lo que dice la propaganda y el tópico sobre Rusia y su hombre fuerte actual -una constante en la historia de Rusia, quizás la democracia no sea aplicable en un país con once husos horarios y dimensiones de continente-, la gestión del país ha sido bastante exitosa. Gran parte de las ganancias debido a la bonanza de las materias primas se han destinado a mejoras evidentes en el nivel de vida de la poblacion rusa, palpables en sus medios de transporte públicos, y otras medidas de fuerte impronta estatalista. Por supuesto, no han cesado los gastos suntuarios en forma de macroeventos deportivos y armamento, pero tampoco hace falta irse a Rusia para ver el mismo fenómeno. 

Ya en los años 80 el Departamento de Estado de EE.UU amenazó gravemente a Alemania en contra del tendido del gasoducto de Urengoy. Los indicios del colapso soviético eran evidentes, pero nadie podría precisar cúando: los analistas yankis dijeron que el flujo de dinero para la URSS por ese gasoducto daría nueva vida al régimen, porque ya lo habían visto con el primer gasoducto ruso-europeo de 1973. Ahora Rusia y Alemania estaban a punto de inagurar el NordStream II, y de ahí la urgencia de EE.UU en meter en el mismo pack del problema ucraniano el asunto de la energía. 


Cartel de propaganda soviética contra el intento yanki de boicot al Urengoy



Hace 40 años la presión les salió medio bien, y todavía padecemos las consecuencias. La RFA se negó a que el gasoducto pasase por la RDA, y hubo que hacer un rodeo tendiendo el tubo por Ucrania y República Checa, evitando Polonia y Bielorrusia, la vía más corta y lógica. El Nord Stream II está diseñado para exportar 110.000 millones de metros cúbicos de gas al año, y se ideó cuando el gas costaba 300 dólares/1000 m3. Hagan sus cuentas, pero tampoco las den por definitivas: ahora mismo el gas está a 800 dólares/1000 m3, y algún destacado actor de todo esto apunta a los 2000 dólares/1000 m3

Todo, todo, dinero que iba a parar al Tesoro ruso, sin derechos de tránsito (en torno a los 220 dólares/10000 metros cúbicos) y con consumo asegurado desde el motor industrial de Europa, y su país más poblado. EE.UU lleva presionando desde hace años en contra de la puesta en servicio de esta infraestructura, lo que ha molestado mucho en Alemania, incluso más que la constatación de que los espiaban por vía de los daneses. A día de hoy, es seguro que el Nord Stream II nunca entre en funcionamiento, enviando a la basura los 10.000 millones de euros que ha costado, financiados en un 90% por Alemania.  

Entonces, ¿hacia donde nos encaminamos? A corto plazo, a una invasión y control del territorio ucraniano más próximo y afín a Rusia, un territorio indefendible por Ucrania y por ningún otro país, y la instauración de un Gobierno títere en Kiev. A medio plazo, a un escenario donde la comunidad internacional asumirá la nueva situación -igual que asumió lo de Crimea- y donde proseguirán las relaciones económicas y de todo tipo. Con suerte, declarando Ucrania un territorio no militarizable, al igual que Austria o Finlandia. A largo plazo, y en un contexto de calentamiento global -que no cambio climático- que beneficia enormemente a Rusia con la apertura de vastísimas áreas del territorio a la agricultura y la explotación de todo tipo, a una nueva Guerra Fría mucho más parecida a la existente hasta 1989 que la vivida en estos últimos 30 años, donde la inferioridad rusa era muy evidente. 

Con todo, el problema de las guerras es que se sabe cuando empiezan, pero no cuando acaban y las derivaciones que puedan tener. EE.UU viene de la espantosa imagen de la desbandada en Afganistán después de 20 años en un pozo sin fondo, y no es totalmente descartable que el octogenario gagá al mando intente una política militar más directa, después de años de revoluciones de colores (la naranja, la violeta, la blanca) en el espacio ex-soviético, con un coste próximo a cero. Y no tengan miedo de apagones o inviernos sin calefacción, porque los gasoductos existentes seguirán funcionando a pleno rendimiento, engrasando nuestro bienestar y las arcas rusas. EE.UU no dará el paso de imponer un veto a las importaciones de petróleo y gas ruso, básicamente porque son insustituibles a  medio plazo: simplemente va a impedir que vayan a más.

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Una noticia digna del franquismo, ese régimen del que el actual es heredero en todas las cosas de uniformidad y uniformados. 

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De esa clase de noticias que nos regala habitualmente Extremadura, tierra especialmente fecunda para estas cosas.  

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Menuda declaración de impacto ambiental más exhaustiva. Vale que es de un AVE y siempre son más especificas, pero asusta -para bien- el grado de detalle. 

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Otro buen artículo sobre gentrificación y urbanismo típicamente madrileño.

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(Relacionado con lo anterior) Galicia es preciosa y lo seguirá siendo. 

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No se puede ser más #MafiAsturias: todos pagaremos la indemnización a un Policía agredido en servicio por un insolvente. Además de su sueldo público, claro. 

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Un placer leer a Vaclav Smil, auténtico sabio. Una pena que la entrevistadora sea la incapaz de Zabalescoa, especializada en arquitectura y diseño, y que confunde en la entrevista el PIB con la renta per cápita, y que es capaz de hacer esta memez de pregunta:

Usted llegó a Canadá desde Checoslovaquia hace 50 años. ¿Por qué?

¿Quién quiere vivir en una jaula comunista?

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Terrible artículo sobre la incipiente sordera que padecen algunos músicos de estilos melódicos agresivos. Como en España todo es pandereta, quieren que se tipifique su dolencia como "enfermedad laboral", esto es: paguita al canto. En el artículo se citan ejemplos de buenas prácticas de países más desarrollados, basados esencialmente en la prevención temprana del problema con tapones y moderación en el volumen. En ningún momento del artículo se indica si en esos países se da paguita, por razones evidentes. 

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Policías españoles detenidos por delitos muy graves -si no, no estarían en la cárcel- escriben una carta en apoyo de su compañero de trullo Hugo "El Pollo" Carvajal. Con amigos así, ¿quien quiere enemigos? Fíjense si no en este detalle de la misiva:

“Hugo, aunque este escrito brote de la parte más baja de la sociedad, de los presos, te damos nuestra fuerza y apoyo para mantener la esperanza en la Justicia de nuestro país”

 Hombre, la parte más baja de la sociedad no son los presos, pero sí lo son, con total seguridad, los uniformados presos: aquellos que teniendo el monopolio de la violencia legal, y muchas prebendas asociadas a su uniforme, están en la cárcel por su ambición y codicia. 

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Interesantísima entrevista a Alejandro Zaera-Polo, el arquitecto que no construye en España porque se negó a pasar por el aro de la corrupción madrileña tras haber construido el Instituto de Medicina Legal (el donut) de la malograda Ciudad de la Justicia, ahora reconvertido en morgue. 

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Escaso artículo sobre cómo la industria del azúcar ocultó durante años los efectos nocivos sobre la salud vascular y dental de su producto. 

 

 

jueves, 13 de diciembre de 2018

Primero hay que tener algo que contar

Allá por los días de vino y rosas del primer zapaterismo, y dentro de su visión näif del mundo, se creó el Premio Nacional de Comic. Se podía haber seguido viviendo perfectamente sin él, pero ya saben cuáles eran las batallas culturales y sociales de entonces. Mientras otros premios nacionales se reservan a carcamales y vacas sagradas de su áerea, este del cómic es un premio reservado al compromiso, la tontuna y cualquier cosa que esté de moda.

No es de extrañar que en su última edición haya ido a parar una ilustradora, que es al cómic como un fotógrafo al cine, o como un cono de carretera a la circulación víal. La galardonada es la valenciana Ana Penyas con la obra Estamos todas bien, el primer comic que hace en su vida. Sí, con el primer comic que hace en su vida se lleva el Premio Nacional.

¡Pues seguro que es una obra maestra! Todo lo contrario. La obra carece de cualquier interés y es una burla mayúscula a este género, tanto en la forma como en el fondo. La historia no puede ser más simple y ramplona: es la historia de las dos abuelas de la autora y sus vicisitudes de la vida en la posguerra española, donde no hay nada ni especial, ni destacado, ni que merezca la pena.

Todo esto del cómic -ahora llamado novela gráfica de manera amplia, por eso de lo complejitos- tiene una pequeña burbuja desde hace unos años, cuando las editoriales tradicionales que siempre habían despreciado el medio viraron tímidamente para intentar copar todos lo nichos de mercado. Y no todos los géneros del cómic, no.

Concretamente, ha sido el comic femenino. De autoras, de sus (ego)temas y de chorradas, con varios elementos en común: historias absolutamente romas, y un nivel gráfico deleznable, porque lo importante es transmitir. Hay sellos que editan varios títulos al año imposibles de diferenciar entre sí, por mucho que las autoras y las portadas sean distintas.

Estamos todas bien está publicado por Salamandra Graphic que, según leo en su web, es un sello de la editorial homónima que "nace con la vocación de publicar los títulos más interesantes y representativos de una especialidad que, dentro del mundo del cómic, aglutina los autores que aúnan una gran creatividad plástica con una auténtica proyección literaria de sus textos"

Ajá. Seguro que es el caso de la obra que nos interesa, donde esa "proyección literaria" brilla por su ausencia.  La obra son encadenados de estampitas (recuerden: la autora es ilustradora) sin ningún nexo común salvo el aburrimiento de la vida normal de una persona de esa edad, que se resume así: boda, hijos, ver la tele.

Una página completa de diálogos
Aquí no hay una epopeya de lo cotidiano, ni nada que se le parezca. Son los mismos tópicos sobre las mujeres aderazados de chismes de pueblo -con toques almodovarianos a lo Volver, no en vano una de la abuelas es de Honrubia- y esos hombres que siempre son distantes, o fríos, o tendentes a la violencia. Todos y cada uno de los tópicos son recorridos con absoluta inadidad, la palabra que mejor define toda la obra.

Es bastante evidente que este comic ha sido galardonado con el Premio Nacional por el simple hecho de que tocaba dárselo a la obra de una mujer, la primera galardonada en once años desde su creación. El problema es que no basta con ser mujer para que algo sea bueno, ni tampoco ser un autor reconocido para que todo lo que salga de su pluma sea bueno.

El primer requisito para publicar,  y no digo para galardonar, es tener algo que contar. Así ha sido desde siempre, al menos cuando existía la figura del editor. Contar algo nuevo, diferente o innovador, o quizás lo mismo de siempre pero con un enfoque distinto, que no se haya visto, que sugiera algo. Tener algo que contar, no es tan difícil.

En Estamos todas bien se tira seis páginas para una historieta absolutamente intranscendente sobre un plato de lentejas, y las últimas diez páginas sobre "la vida es aburrida, ¿eh?". Una absoluta tomadura de pelo, otra más de esta ola de cómic escrito por autoras y no se para qué publico, aunque me lo imagino: el mismo que es incapaz de abrir un solo libro, incurriendo en los tópicos más aceptados sobre el medio.
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Muy buen análisis de la función que tuvo Podemos en el éxito de la moción de censura a Rajoy. 
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Uno de los muchos timos que hay en la minería de carbón es lo de las "explotaciones privadas". Toda la  minería es pública por medio de las subvenciones -a la explotación, al consumo, a las prejubilaciones- y, encima, cuando la empresa quiebra o cierra, el Estado tiene que asumir la recuperación de las zonas afectadas. Aquí un buen y vergonzoso ejemplo. Por supuesto, jamás persigue a los responsables del "negocio".
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Fascinante artículo sobre Samotlor, el yacimiento de petróleo más importante de la Unión Soviética, y todavía hoy un auténtico gigante en su categoría.
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Interesante reportaje sobre la realidad subvencionada del plátano canario.  La mejor subvención es la que no existe: si el plátano canario fuese tan diferente y sabroso, la gente se pelearía por comerlo.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Se amplia otra vez el Museo del Prado: todos a callar y a tragar

Traza oculta, nombre de la propuesta ganadora
A alguien con poder e influencia se le ocurrió hace poco tiempo que, dado que el Museo del Prado cumple 200 años en 2019, había que hacer algo transcendente, al margen de la habitual inundación de folletos, exposiciones y nueva iluminación que franquean estos aniversarios, artificialmente inflados por mor de la propaganda. Como el país es el que es, no se ha ocurrido mejor cosa que otra ampliación del Museo.

El concurso se ha convocado en abril -y eso que decían que el Gobierno en funciones no puede hacer estas cosas, eh- y se ha fallado hoy mismo, todo un récord en la Historia de España y en, particular, del Museo. Para no meterse en problemas, se ha sacado pecho de que no habrá ningún tipo de obra subterránea -porque nunca se sabe lo que puede aparecer en una zona donde antes estaba el Palacio del Buen Retiro- y de que toda la operación costará únicamente 30 millones de euros. De partida.

¿Qué bien, no? El Museo del Prado, ¿quien puede estar en contra? Según se lee en la propaganda, se "permitirá ampliar el espacio expositivo". Claro, es una ampliación. Otra más, tras la eterna de Moneo que se prolongó por espacio de décadas -con embrollo judicial de por medio-, y esperemos que más afortunada, aunque es mucho esperar.

La de Moneo desplazó la entrada a la parte trasera, creando nuevos y necesarios espacios para cafetería, grupos y demás, y la tontería absoluta del "Claustro de los Jerónimos", uno de los pocos edificios antiguos de Madrid, en pésimo estado de conservación, y donde ahora se exhiben, fuera de escala y a modo de "en algún lugar había que ponerlos" los espléndidos bronces de los Leoni. Para llegar hay que subir unas escalaras automáticas tipo centro comercial, y todavía no conozco a nadie que, al llegar, no haya puesto cara de estupor.

Ah, sí, que también se ganó espacio para los talleres y la "labor investigadora del Museo". ¿Hacía falta hacerlo ahí, con una obra millonaria y de acabados dudosos, desde el suelo de travertino a spina hasta el rojo pompeyano, pasando por el cobre? Imposible criticarlo, porque es el Prado, es Moneo, y es probablemente el salón más noble de España. Oremos, y a callar.

Y por eso, porque no se ha podido criticar, se llega ahora a esta nueva ampliación, donde el Prado salta al Salón de Reinos, donde durante mucho tiempo estuvo el Museo del Ejército hasta que el idiota de Ruiz-Gallardón lo regaló a Toledo para que Bono pudiese dar algo de contenido a la millonaria reforma del Alcázar, porque la cacareada biblioteca del sitio -"de las más importantes de Europa", y en Oxford, París o Roma riéndose- no atrae más que estudiantes del poblachón manchego.

Desde entonces, se estaba esperando la dentellada del Prado. La ampliación "natural", porque los museos crecen y crecen como tumores, aquí y en la Cochinchina. A la fase final han llegado ocho proyectos, y se ha escogido el de Norman Foster con el arquitecto fracasado local Carlos Rubio, no vaya a ser que piensen que es obra de un extranjero, al igual que le pasó a Richard Rogers con la T-4, obligado a concursar con Lamela -un arquitecto que llevaba 30 años sin hacer obra grande, por motivos evidentes para todos- para poder tener opciones de ganar.

El proyecto es una mierda. Lo es por el planteamiento -las prisas, el hecho de ganar 5700 m2 de superficie, pero de los que únicamente 2500 son de espacios expositivos- y por un hecho muy poco destacado en este día de propaganda neoImperial: no se sabe a qué cojones lo van a dedicar. Como lo leen.

Montan un concurso a toda prisa porque el aniversario se echa encima, y lo montan sin saber para qué va a servir. "Espacio expositivo" ¿de qué? No lo saben. Lo único que saben es que, en la habitual jerga enferma del gremio arquitectónico, se "rentabiliza al máximo el uso museístico en el edificio y crea un gran atrio de acceso en la fachada sur, imprimiendo a este espacio un carácter semiabierto y permeable al exterior, pero suficientemente controlado para que sirva de protección a la fachada original del Salón de Reinos, en la que se recuperan sus huecos y balconadas. Sobre dicha fachada emerge la prolongación de un gran espacio expositivo en planta tercera, con mayor altura libre y anchura que el actual, formando la cubierta del atrio, a la vez terraza orientada al campus"

Yo les traduzco: "semiabierto y permeable al exterior" significa que quieren quitar el tráfico de la zona, ya de por sí prácticamente residencial y residual, pero es algo para lo que no tienen competencias, que pertenecen al Ayuntamiento. Al respecto, recordar que cuando Nouvel hizo su fracasada ampliación del Reina Sofía - encargo a dedo fingiendo un concurso: querían una copia del KKK de Lucerna, su obra maestra- también le prometieron quitar el tráfico y el túnel de la Ronda de Valencia, cosa que jamás se hizo y así ha quedado el edificio-refinería: como una caja de resonancia del intenso tráfico de la zona.

Los renders de la propuesta ganadora no llevan a engaño. Dentro de la pantomima del gremio, muestran a muchedumbres que llegan al Salón del Reino por una plaza peatonal, y dentro les espera una gran galería llena de....mesas de hostelería. Lo pueden ver aquí. En principio nadie está en contra de peatonalizar una zona, ni de poner cafeterías asociadas a equipamientos culturales -una vez más, como en todo este sector, el ejemplo británico es el mejor-, el problema es que se dan por hecho muchas cosas que no funcionan bajo el principio de "hechos consumados".

Pero las prisas cuentan. Al magno fallo del jurado invitaron a la alcaldesa de Madrid, una señora de más de setenta años incapaz de decir que no, y que tendrá que aceptar el trágala -magnífica palabra del castellano- de manera sumisa, porque si no la insultarán desde todas las almenas mediáticas, algo que ya recibe habitualmente, pero ahora con el epíteto de "Carmena obstruye la ampliación del Prado", que en el universo simbólico del español vulgar está a la altura de la Constitución, "nuestra lengua" y la tortilla de patatas, que por algo se apellida "española".

Otra palabra que necesita traducción es eso de campus, ya puesto en cursiva con toda la intención.  El campus es ese espacio que pretenden peatonalizar-apropiarse, porque entre el edifio histórico del Prado -el de Villanueva, un edificio magnífico y digno de la mejor capital europea- y el Salón del Reino no hay vínculo material. ¿Qué mejor palabra que campus, como si fuese una Universidad y no un Museo? ¿Quien no ha oído hablar del campus del Louvre, el campus de los Museos Vaticanos o el campus de la Tate?

Supongo que quedará un buen edificio, porque es raro un edificio de Foster que no sea notable, y ahí está su otra obra madrileña, una de las cuatro torres de la Ciudad Deportiva, la única que no hace llorar a Vitrubio. Un edificio que aumenta la edificabilidad del Salón de Reinos en la tercera planta -Carmena, trágala también en el expediente urbanístico- tanto en altura como en anchura, apoyándose directamente en lo que queda de los "huecos y balconadas", "recuperándolas", como si estuviesen perdidas.

Muy bien. Entra dentro de lo que es la arquitectura de hoy en día. Lo que no se entiende, y nadie va a conseguir explicarme, es como en un país lleno de infraestructuras que no sirven, que todavía no ha salido de una crisis parcialmente provocada por construir sin ningún tipo de estudio de viabilidad y pertinencia, se pueda plantear una ampliación de un Museo sin saber que uso se le va a dar, salvo el más que evidente de convertir el nuevo espacio expositivo en un chiringuito para fiestas, picoteo y más y más tontería, todo a cargo del erario público. Y miren las imágenes del "proyecto ganador" para cercionarse que es así. Pero es el Prado. Todos a callar. Y a tragar.
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El artículo tiene muchas lecturas y cuestiones para analizar, pero quédense con este dato: el 45% de los titulados españoles trabajan por debajo de su cualificación. Y si sois padres, hermanos, primos, vecinos o allegados de alguien que vaya a empezar en el sistema universitario, no cejeis en esfuerzos de disuadirlos de estudiar cosas como Turismo, Filosofía, Sociología, Relaciones Laborales o Periodismo. Os lo deberían agradecer toda la vida.
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1 de cada 4 hogares asturianos dependen de una pensión de jubilación.
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Esta noticia ilustra muy bien cómo la corrupción es una lluvia fina que cala.
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Gabino de Lorenzo, uno de los políticos más impresentables de esta Segunda Restauración borbónica, tenía cocinas en dependencias públicas. El origen del dinero, totalmente irregular. Su función, aún más.
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Interesantísimo artículo sobre la guerra comercial entre Rusia y Arabia Saudí por el mercado petrolero indio.
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En Toulouse, ciudad muy próspera gracias a la industria aeroespacial, una universidad de prestigio y a ser la capital en un radio de 400 km, están planificando 40.000 viviendas más.  Les da igual el túnel de Canfranc, como es natural. Comparen su situación con la de Zaragoza, por favor. Los del teleférico entre la nada y el vacío.
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Extremadura lleva reclamando 40 años una autovía entre Badajoz y Cáceres, y lo hace mediante lloros y artículos como este, donde se demuestra que no hay necesidad de algo así.
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El mayor buque-establo del mundo. Es como un crucero. En todos los sentidos.

viernes, 4 de marzo de 2011

Dicen que es el petróleo y es el libre mercado

T-55 al ataque. Atentos a la velocidad del viandante
A pesar de que en esta crónica de El País una reputada fuente -y desde luego no parte interesada en disminuir la cifra- cifra la cantidad de aviones de combate leales a Gadafi "entre 20 y 25" (contando los de papel, añado yo) la imagen de unas bandadas de aviones atacando una y otra vez a los milicianos -en breve libertadores- sigue calando, porque es muy poderosa.

Hoy no es el día de la fantasmagórica "zona de exclusión aérea", sino de que Obama dijo ayer que Gadafi "tiene que dejar el poder" y que no descarta ningún tipo de medida en caso de que el conflicto se agrave, sin precisar mucho. Desde luego, no citó a esa zona de exclusión aérea (una acción de guerra se mire como se mire), por lo que los milicianos tendrán que seguir soportando esos "20 o 25" cazabombarderos, contra los que no tienen defensa. En el entretiempo a lo mejor vemos alguna imagen fehaciente de los estragos que causan, algo de lo que, de momento, estamos huérfanos. Como ven, tampoco parece que preocupe mucho a los EE.UU.

De momento, mejor evitar una implicación directa de EE.UU, lo cual es muy prudente y bastante sabio. Los rebeldes parece que se las arreglan decentemente bien estando "solos". EE.UU, actuamente metido en una guerra -Afganistán- y una ocupación militar -Irak-, además de sus múltiples compromisos como garante del orden mundial, tampoco está para meterse en lo que parece que va a ser otra guerra civil africana, conflictos que siempre ha despreciado y donde, tras Somalia 1993, no tiene muchas ganas de volver.

Además, por muy presidencialista que sea el sistema político estadounidense, Obama tampoco puede hacer lo que le pida el corazón. Bastante hizo ya con su inolvidable discurso de El Cairo hace dos años, al que habrá que referirse inevitablemente -igual que a las filtraciones de wikileaks sobre las cleptocracias familiares vendidas como repúblicas árabes-, cuando en el futuro se estudien esta serie de revueltas. Obama manda lo justito -como se ha visto en su pretensión de cerrar Guantánamo: ya ha pasado el ecuador de su mandato y sigue igual-, que para eso EE.UU es el sistema menos imperfecto de separación de poderes.

A los tres clásicos y resabiados en EE.UU se une, entre otros, el de los lobbys empresariales. No hace ni seis años que las empresas del país de las barras y las estrellas volvieron a Libia tras 20 años de aislamiento. En Cuba ya han pasado del medio siglo, por ejemplo. La mayor parte de las empresas punteras estadounidenses se agrupan en el lobby USA*Engage (que no da información sobre sus miembros), que ya el 22 de febrero reprobó que el senador John Kerry -sí, sigue vivo y haciendo ketchup- pidiese que  EE.UU diese una respuesta al conflicto. 

Deberían aplicar el derecho de admisión. O saber leer.
Pocos días después reafirmaron esta postura con la resolución del Consejo de Seguridad de las NN.UU. No a las respuestas unilaterales, sólo multilaterales. Nadie como los empresarios americanos en ese tipo de países sabe lo que es sufrir la mala imagen de su nación, y lo difícil que podría ser hacer negocios tras, queseyo, una intervención armada con marines sacando a Gadafi de los pelos de su palacio en Trípoli.

Ya ven lo que pasó en la guerra de Irak de 2003. Mientras la izquierda previsible y pacata estaba convencida del factor petróleo -y sin duda era importante, pero no menos que dejar acabado el trabajo de George Bush Sr., un cierto sentido de justicia y mucho de locura-, lo cierto es que los contratos petroleros post-Sadam Hussein han ido a parar a compañías petrolíferas de muy diverso pelaje, pero donde las de EE.UU no son la mayoría.

USA*Engage lo que quiere es hacer negocios, y les importa un pimiento el tipo de Gobierno que haya. Así han presionado para quitar las sanciones sobre Nigeria, Birmania, Siria, Pakistán y otros regímenes de los más abyecto. Business is business. Antes de caer en ninguna trampa intelectual, sepan que también están en contra del bloqueo a Cuba, como piden explicitamente en su página de portada, lo que sin duda los emparenta con esa izquierda tumultuaria que pide exactamente lo mismo, pero con otro razonamiento. Cuando lo hay.

Este miedo a la imagen de EE.UU, muy presente en el discurso de hace unos días de Hillary Clinton en Ginebra ("no estamos interesados en el petróleo de la zona"), debería calar en cualquier análisis de la situación, pero mucho me temo que siempre se hará todo bajo el análisis del petróleo, el imperialismo y demás tópicos de una ideología que murió en el siglo XX. Ideología que, por cierto, abrazó Gadafi a su peculiar manera durante gran parte de sus años en el poder en Libia, y donde nuestro partido comunista siempre enviaba delegados para ver la Revolución Popular Verde, igual que los seguía enviando a la Serbia de Milosevic a finales de los noventa. Eso sí, no lo leerán en esos periódicos de izquierda, que ya empiezan su particular guerra de propaganda.

Un clásico, el "bebé" muerto. En esta ocasión ni se ve.

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Como se ve, no soy el único que frunce el ceño antes las noticias aeronaúticas que vienen de Libia. Y bueno, si no se fían ustedes mucho de los rusos, a pesar de que son los únicos que todavía tienen capacidad militar estratégica -y para ellos estaba orientado el escudo antimisiles, no para Siria, Irán o Corea del Norte-, yo todavía estoy esperando las imágenes de las calles de Brega o Bengazi con los característicos boquetes que deja un bombardeo aéreo, o simplemente las ráfagas de los cañones de 30 mm. soviéticos de los Mig-23...ya saben: ese ángulo que sólo se puede lograr cuando se dispara desde el aire y a gran velocidad...

Por cierto, qué cutrerío de vídeo con soldados apretando botones y poniendo cara de concentrados...¡la propaganda!
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En esta imaginativa crónica publicada en Il Corriere, se dice que los soldados leales a Gadafi "recogen y se llevan los cadáveres". Claro, claro, por eso no hay imágenes. Qué pulcritud.
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Marcha atrás en la propaganda. Fíjense como el periodista pide disculpas, pero sin pedirlas (es que tienen muchas dificultades para informar, dice) por la soberana chapuza. Cualquier día de estos piden disculpas por haber dicho, por las mismas fechas, que Gadafi había dejado el país y que se dirigía a Venezuela...una operación de propaganda negra viejísima destinada a llenar las calles de gente normal celebrando la supuesta caída, y a ver quien las mete dentro después...
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¿300 dólares al día? Eso son 9.000 dólares al mes. Si ya era mala la noticia, pero mala de verdad (hacer sinónimos a "bereber" y "tuareg", por ejemplo), ahora simplemente es de chiste. Fíjense que firma la noticia desde Madrid, indudablemente el mejor lugar para estar informado de habladurías de desierto. Qué desastre de periodismo, qué desastre...
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En este otra noticia del mismo periódico y distinto periodista, de supuesto enfoque militar, se mezclan informaciones ciertas con otras totalmente falsas, formando un cóctel indigesto. Lo peor quizás sea el final ("un país casi cuatro veces mayor que España", pero donde 8/10 partes es desierto donde no se va a combatir) y lo mejor, que se infiere -aunque no se dice explícitamente- que los rebeldes carecen de potencia de fuego. Y sin embargo siguen avanzando.
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Joseph Nye, padre del "poder blando" e icono de cierta izquierda, estuvo no hace mucho hablando con Gadafi de "democracia". Una de las fundaciones del libio financia a la empresa del académico con tres millones de dólares.
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Sólo así se explica que con una tasa de paro del 20% y más de un millón y medio de hogares sin ningún ingreso "declarado" no haya un estallido social. Se vive relativamente bien sin pagar impuestos, pero recibiendo ayudas de todo tipo.