No es de extrañar que en su última edición haya ido a parar una ilustradora, que es al cómic como un fotógrafo al cine, o como un cono de carretera a la circulación víal. La galardonada es la valenciana Ana Penyas con la obra Estamos todas bien, el primer comic que hace en su vida. Sí, con el primer comic que hace en su vida se lleva el Premio Nacional.
¡Pues seguro que es una obra maestra! Todo lo contrario. La obra carece de cualquier interés y es una burla mayúscula a este género, tanto en la forma como en el fondo. La historia no puede ser más simple y ramplona: es la historia de las dos abuelas de la autora y sus vicisitudes de la vida en la posguerra española, donde no hay nada ni especial, ni destacado, ni que merezca la pena.
Todo esto del cómic -ahora llamado novela gráfica de manera amplia, por eso de lo complejitos- tiene una pequeña burbuja desde hace unos años, cuando las editoriales tradicionales que siempre habían despreciado el medio viraron tímidamente para intentar copar todos lo nichos de mercado. Y no todos los géneros del cómic, no.
Concretamente, ha sido el comic femenino. De autoras, de sus (ego)temas y de chorradas, con varios elementos en común: historias absolutamente romas, y un nivel gráfico deleznable, porque lo importante es transmitir. Hay sellos que editan varios títulos al año imposibles de diferenciar entre sí, por mucho que las autoras y las portadas sean distintas.
Estamos todas bien está publicado por Salamandra Graphic que, según leo en su web, es un sello de la editorial homónima que "nace con la vocación de publicar los títulos más interesantes y representativos de una especialidad que, dentro del mundo del cómic, aglutina los autores que aúnan una gran creatividad plástica con una auténtica proyección literaria de sus textos"
Ajá. Seguro que es el caso de la obra que nos interesa, donde esa "proyección literaria" brilla por su ausencia. La obra son encadenados de estampitas (recuerden: la autora es ilustradora) sin ningún nexo común salvo el aburrimiento de la vida normal de una persona de esa edad, que se resume así: boda, hijos, ver la tele.
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| Una página completa de diálogos |
Es bastante evidente que este comic ha sido galardonado con el Premio Nacional por el simple hecho de que tocaba dárselo a la obra de una mujer, la primera galardonada en once años desde su creación. El problema es que no basta con ser mujer para que algo sea bueno, ni tampoco ser un autor reconocido para que todo lo que salga de su pluma sea bueno.
El primer requisito para publicar, y no digo para galardonar, es tener algo que contar. Así ha sido desde siempre, al menos cuando existía la figura del editor. Contar algo nuevo, diferente o innovador, o quizás lo mismo de siempre pero con un enfoque distinto, que no se haya visto, que sugiera algo. Tener algo que contar, no es tan difícil.
En Estamos todas bien se tira seis páginas para una historieta absolutamente intranscendente sobre un plato de lentejas, y las últimas diez páginas sobre "la vida es aburrida, ¿eh?". Una absoluta tomadura de pelo, otra más de esta ola de cómic escrito por autoras y no se para qué publico, aunque me lo imagino: el mismo que es incapaz de abrir un solo libro, incurriendo en los tópicos más aceptados sobre el medio.
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Muy buen análisis de la función que tuvo Podemos en el éxito de la moción de censura a Rajoy.
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Uno de los muchos timos que hay en la minería de carbón es lo de las "explotaciones privadas". Toda la minería es pública por medio de las subvenciones -a la explotación, al consumo, a las prejubilaciones- y, encima, cuando la empresa quiebra o cierra, el Estado tiene que asumir la recuperación de las zonas afectadas. Aquí un buen y vergonzoso ejemplo. Por supuesto, jamás persigue a los responsables del "negocio".
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Fascinante artículo sobre Samotlor, el yacimiento de petróleo más importante de la Unión Soviética, y todavía hoy un auténtico gigante en su categoría.
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Interesante reportaje sobre la realidad subvencionada del plátano canario. La mejor subvención es la que no existe: si el plátano canario fuese tan diferente y sabroso, la gente se pelearía por comerlo.


