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jueves, 10 de marzo de 2022

"Vienen tiempos duros"

A esta no le puso la mesa grande, no
La frase la dijo Pdr Snchz hace unos días en el Parlamento. Es realmente inaudita en alguien que dirige un país donde el optimismo es la carta de presentación -independientemente del signo político-, de cualquiera al mando. Siempre vamos a más, vienen los turistas, triunfamos en el deporte, ra-ra-ra-ra. Que yo recuerde, nadie ha hablado con tanta franqueza negativa sobre algo que vendrá, especialmente porque rompe la narrativa impuesta tras la Transición, esa que rompió con nuestro tradicional derrotismo.

Vienen tiempos durísimos. No voy a abrumar con cifras macroeconómicas y microeconómicas. Los que tengan alguna empresa o negocio ya lo estarán viendo, y los asalariados lo van a ver muy rápidamente cuando su poder adquisitivo se vea reducido en cifras de dos dígitos, por el efecto tenaza de la subida de la energía ampliamente entendida, y de la inflación. De ahí viene la urgencia con la que Pdr Snchz, en la misma sesión parlamentaria, anunció un Pacto de Rentas

Forma parte del neolenguaje orwelliano, similar a ese Fondo para la Paz con el que la UE está armando al Ejército ucraniano, con armas encargadas hace un año. ¿Qué es un Pacto de Rentas? Pues la nueva versión de la moderación salarial, término-tótem de las economías que no compiten en productividad, y si en salarios bajos. Como la nuestra. 

Para poner el adecuado contexto, sepan que el 22 de enero el mismo gobierno anunciaba, con el tradicional boato de estas ocasiones ("nuestros mayores", "dignidad", "dignificación" etc) otro nuevo aumento de las pensiones, a añadir al aumento automático que se hace todos los años usando como referencia el IPC medio de diciembre a noviembre del ejercicio anterior. 

Una locura en un país en el que un jubilado ya cobra más que un joven, y el concepto joven aquí es extremadamente amplio. Por decreto, porque sí, los que ya no producen cobran más y más, a sumar a otras prebendas de las que no disfrutan los que si están en edad de trabajar, como transporte público gratuito en muchas ciudades de España. 

Ahora ha llegado de sopetón el brutal shock económico por la guerra de Ucrania y la insensata escalada de sanciones económicas mutuas, que se une a la escalada de la inflación ya en marcha antes del conflicto (IPC intermensual de febrero: 7´4%, subyacente del 3%), y en España con todos esos convenios colectivos vinculados al IPC, y el ya comentado caso de las pensiones. 

De ahí viene la urgencia del Pacto de Rentas, del que no se ha concretado nada ("es como el título de una película sin saber el argumento", ha dicho Garamendi de la CEOE), pero del que hasta más holgazán se dará cuenta que consistiría en congelar las subidas salariales por decreto y sin estar vinculadas a un aumento de la productividad o la actividad, mientras que los beneficios empresariales serán mucho más laxamente regulados, como se está viendo en las empresas eléctricas, al margen de sus beneficios caídos del cielo.

Por la rapidez con la que está yendo todo -ayer el mermado Borrell ya pidió apagar las luces y bajar la calefacción, para recochineo general: si se hace, será por su precio-, y la franca intención de uno de los bandos de la guerra en armar a los ucranianos para una conflicto largo y destructivo, es razonable pensar que la situación va a desembocar en auténticos polvorines de consecuencias imprevisibles

Mano de obra para la vendimia
Estamos ya en una situación en la que las clases medias van a sufrir especialmente las consecuencias de la guerra económica emprendida por Europa; las ayudas, si llegan, irán a los que están categorizados como pobres, al igual que les han llegado los bonos sociales y demás prebendas del Estado. Son esas mismas clases medias que conforman la mayoría de la población de Europa, a las que sus élites dirigentes han metido un conflicto en el que todo va a salir más caro, y para siempre.

La propaganda que sufrimos nos dice constantemente que en Rusia va a haber un colapso, que no van a aguantar las presiones y que terminarán abandonando su plan de conquista por la presión popular. Independientemente de que eso pueda llegar a pasar, Putin no tiene por delante unas elecciones y, si las tuviese, tampoco creo que las fuese a perder: por haber eliminado a la oposición, y porque está en guerra. En el resto de Europa sí tenemos elecciones, que es donde se cambian Gobiernos.

Todos los teóricos del colapso ruso por las sanciones económicas dan por seguro que el bloque europeo pasará más o menos indemne sobre las ascuas de la crisis económica, y la Historia nos demuestra que no tiene porque ser así. Aquí el voto todavía quita y pone y Gobiernos, incluso en tiempos de guerra. Las potencias que se metieron de lleno en la I G.M entraron victoriosas y con ganas de guerra -manifestaciones de cientos de miles de personas celebrando la declaración de hostilidades- y, años después, poco quedaba de eso. 

No ya el conocido golpe bolchevique de 1917, es que después vino el colapso del sistema austro-húngaro, el del II Reich alemán e, incluso entre las potencias vencedoras, los laboristas ganaron sus primeras elecciones al inicio de la siguiente década, en gran parte como consecuencia de las penurias provocadas por la guerra. A usted le puede parecer lejano todo eso, igual que le parecía lejana la gripe española de 1918, básicamente porque han pasado cinco generaciones y se ha perdido la memoria de las cosas que pasaron, igual que en Europa se ha perdido la memoria de la guerra. Está todo más cerca de lo que parece. 

Son esas mismas clases medias que van a padecer lo más crudo de la guerra económica desatada, y son las mismas que votan. Que quitan y ponen gobiernos, al menos en esta parte del mundo. Gente que se considera "clase media" -hay un sesgo a autoubicarse en ese segmento, nadie se define como "pobre"- aunque tenga problemas para llegar a fin de mes y pague la hipoteca porque está alquilando otra casa más pequeña que compró años antes, entrampándose de manera arriesgada. Clase media de esa, la más abundante en España. 

Es la misma que ya está padeciendo que los 50€ en combustible ya no dan para tirar toda la semana, y lo que está por venir ahora mismo. Ya. Esa misma clase media va a ver que esto en lo que nos hemos metido de cabeza no se va a ir rápidamente, y que la situación se va prolongar durante más tiempo del que pueda soportar la poca elasticidad de la mayoría de las economías familiares. Se está creando un campo de cultivo ideal para soluciones populistas, tanto a la izquierda como a la derecha, y aquí tienen posibilidades de triunfar. No en Rusia, no: aquí. Aquí se vota, allí se hace un simulacro.

Por aquí no entiendo únicamente España, que en todo caso celebra su ciclo electoral dentro de año y medio. El mayor problema reside en Francia, que celebra elecciones presidenciales en poco más de un mes, y quizás ahora se entienda, además de por su constumbre histórica, que las grandes empresas del país no se hayan retirado de Rusia. Francia, el mismo país de los chalecos amarillos, básicamente una revuelta por la subida del precio del combustible, ¡en los precios de 2018!.

Pagliaccio, Buffone
Francia, el mismo país donde en las anteriores presidenciales, ante la atomización de los partidos tradicionales, El Sistema tuvo que crear de la noche a la mañana un candidato con un partido ad-hoc que deja pequeño a la UCD para que las elecciones no las ganase la candidata del Frente Nacional. Se van a celebrar unas elecciones con aroma de guerra, y con una clase media movilizada parcialmente por su pérdida de poder adquisitivo, acrecentada en estos días. 

Va a ser interesante ver lo que suceda; si, como suele pasar en los primeros tiempos de una guerra, todo se aglutina en torno a un líder, o bien, como nuestros sistemas permiten, se produce una alternancia, que en el caso de Francia sería hacia Marie Le Pen, la candidata ultra que busca llegar a acuerdos con Putin -les une una misma sintonía- y ofrecer medidas sencillas para asuntos complejos, la definición más operativa de lo que viene siendo el populismo. 

El próximo mes nos jugamos muchas cosas al otro lado de los Pirineos. Es básicamente un refrendo sobre lo que opina la nación de la guerra económica, cuyas consecuencias estamos sufriendo todos, en la que nos han embarcado los dirigentes europeos. Y mucha atención con las consecuencias, porque lo de "vienen tiempos duros" en principio va referido a lo económico, pero es perfectamente extrapolable a lo político. De hecho, lo primero tiene consecuencias en lo segundo, y lo vamos a ver dentro de nada.

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Fascinante hilo, lleno de referencias de valor, sobre cómo se ha llegado a la guerra en Ucrania y quien tiene la culpa.  Este otro sobre la ayuda militar de EE.UU a Ucrania también es muy interesante.

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Este reportaje -malo, sentimentaloide, lleno de detalles innecesarios y repugnantes, como describir de rosa la vida del periodista- seguramente no se hubiese publicado, pero hete aquí que implica a una compañía minera rusa -más suiza que rusa- y ¡tachán!, ahora mismo va camino del éxito mundial. 

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Curiosa historia donde un grupo de australopitecus se dedica a hacer este tipo de cosas, y donde el juez no quiere establecer dónde consiguieron el número de teléfono. Curioso, eh. ¿Quien podría tener el número de teléfono de esta mujer? ¿Quien hace ese tipo de exhabruptos de manera habitual?

jueves, 24 de febrero de 2022

Tierras de sangre (e hidrocarburos)


Mientras Rusia ataca e invade parcialmente Ucrania, estaría bien recordar los acontecimientos más recientes que han llevado a esta situación, otra más en lo que Timothy Snyder calificó como "Tierras de Sangre". Especialmente como EE.UU ejecutó una de sus operaciones más exitosas en la supuesta revolución ucraniana de 2014, ya tratada parcialmente en este mismo espacio, y cómo ha seguido adelante en su plan para expandir la OTAN al Este. 

La Guerra Fría acabó con el colapso del Imperio Soviético, derrotado económicamente e ideológicamente, pero que salió indemne en lo militar: nunca en la historia de la Humanidad un derrotado acabó conservando todo su arsenal. Obsoleto y caduco en gran medida, pero arsenal con todo su poder destructivo, especialmente en lo que está en el vértice de la pirámide del poder militar. Desde entonces, la política de EE.UU respecto a Rusia ha sido la de seguir hostigando al antiguo enemigo, que ya no supone una amenaza directa ni una alternativa a nivel global, pero conserva sus misiles nucleares. Es una estrategia que no entiende de qué partido esté en la Casa Blanca, y que empezó prácticamente en 1990. 


Gorbachov, una figura odiada en Rusia -y con razón-, accedió a la unificación de Alemania y que el antiguo territorio de la Alemania del Este pasase a formar parte de la OTAN, con el compromiso de que la Alianza Atlántica no incorporase a países del Pacto de Varsovia. No pasaron ni diez años y la República Checa, Hungría y Polonia ya formaban parte de la alianza militar auspiciada por EE.UU. Después vino la denuncia de los tratados antimisiles por parte de George Bush II, y el establecimiento de un escudo antimisiles de nueva generación, mientras la OTAN seguía incorporando nuevos países. 

Así ha sido la historia de estos últimos 30 años, mientras el antiguo poder soviético intentaba conservar rescoldos de sus áreas de influencia a medida que veía que los países de su entorno caían como naipes: pasó en Georgia en 2008, había pasado en Trandniester y pasó en Siria, donde únicamente la intervención de Rusia evitó que en el estado de Oriente Próximo se implantase un califato islámico promovido y armado por EE.UU. Sin embargo, el inesperado golpe de Ucrania fue una sorpresa. 



Si a los grandes teóricos de la Guerra Fría, algunos de ellos todavía vivos y lúcidos, les hubiesen dicho en 1990 que Ucrania pasaría en 20 años a ser un país del área de influencia de EE.UU se hubiesen pellizcado para despertarse. Y, sin embargo, pasó: de una manera mucho más incruenta de lo que se podría esperar de una pieza tan valiosa, y dejando todo en un status quo basado en unas sanciones poco efectivas a Rusia, mientras se daba por hecha la pérdida de Crimea. No fue suficiente para EE.UU. 

Como ya advirtieron algunos en aquel 2014, era muy difícil que Ucrania se desligase completamente de Rusia, porque un país envuelve al otro o, si se quiere ver de otra manera, un país penetra en el otro. Son muchísimos años de historia común, hasta tal punto que es difícil defender que Ucrania existiese más que como noción geográfica hasta que los soviéticos revolucionarios la inventaron. Hace un siglo, más o menos. Y aquí llegamos a la gran cuestión, ¿qué ha llevado a Rusia a invadir parcialmente Ucrania, en una guerra de agresión a un estado soberano como nunca vista en Europa desde la II G.M?

El plan demente de EE.UU de incorporar Ucrania a la OTAN, esto es: de seguir el expansionismo iniciado en 1990 y nunca detenido. Aquí no se trata de países con una historia y una cultura diferenciada antes de 1945, es la segunda república más importante del antiguo estado soviético, que en 30 años de independencia -y ocho sin la tutela de Moscú- se ha desarrollado muchísimo menos de lo que cabría esperar en un territorio que, de partida, tenía mejores condiciones que otras zonas de influencia soviética. 



Uno de los mayores rubros para la economía ucraniana son los derechos de tránsito de los oleoductos y gasoductos que atraviesan el país, herencia del Imperio Soviético. En los últimos años Rusia, en conjunción con Alemania y otros clientes europeos, ha trazado nuevos tendidos pasando por el mar, para evitar el pagos de esos derechos, que llegan a ser una parte importante del precio final, y que de esta manera se convierten en ganancia neta para el país exportador (y pérdida neta para el de tránsito). Así ha sido con el NordStream I, y así iba a ser con el NordStream II, tendido bajo el Báltico y que llega directamente a Alemania sin pasar por ningún otro país. 

A pesar de lo que dice la propaganda y el tópico sobre Rusia y su hombre fuerte actual -una constante en la historia de Rusia, quizás la democracia no sea aplicable en un país con once husos horarios y dimensiones de continente-, la gestión del país ha sido bastante exitosa. Gran parte de las ganancias debido a la bonanza de las materias primas se han destinado a mejoras evidentes en el nivel de vida de la poblacion rusa, palpables en sus medios de transporte públicos, y otras medidas de fuerte impronta estatalista. Por supuesto, no han cesado los gastos suntuarios en forma de macroeventos deportivos y armamento, pero tampoco hace falta irse a Rusia para ver el mismo fenómeno. 

Ya en los años 80 el Departamento de Estado de EE.UU amenazó gravemente a Alemania en contra del tendido del gasoducto de Urengoy. Los indicios del colapso soviético eran evidentes, pero nadie podría precisar cúando: los analistas yankis dijeron que el flujo de dinero para la URSS por ese gasoducto daría nueva vida al régimen, porque ya lo habían visto con el primer gasoducto ruso-europeo de 1973. Ahora Rusia y Alemania estaban a punto de inagurar el NordStream II, y de ahí la urgencia de EE.UU en meter en el mismo pack del problema ucraniano el asunto de la energía. 


Cartel de propaganda soviética contra el intento yanki de boicot al Urengoy



Hace 40 años la presión les salió medio bien, y todavía padecemos las consecuencias. La RFA se negó a que el gasoducto pasase por la RDA, y hubo que hacer un rodeo tendiendo el tubo por Ucrania y República Checa, evitando Polonia y Bielorrusia, la vía más corta y lógica. El Nord Stream II está diseñado para exportar 110.000 millones de metros cúbicos de gas al año, y se ideó cuando el gas costaba 300 dólares/1000 m3. Hagan sus cuentas, pero tampoco las den por definitivas: ahora mismo el gas está a 800 dólares/1000 m3, y algún destacado actor de todo esto apunta a los 2000 dólares/1000 m3

Todo, todo, dinero que iba a parar al Tesoro ruso, sin derechos de tránsito (en torno a los 220 dólares/10000 metros cúbicos) y con consumo asegurado desde el motor industrial de Europa, y su país más poblado. EE.UU lleva presionando desde hace años en contra de la puesta en servicio de esta infraestructura, lo que ha molestado mucho en Alemania, incluso más que la constatación de que los espiaban por vía de los daneses. A día de hoy, es seguro que el Nord Stream II nunca entre en funcionamiento, enviando a la basura los 10.000 millones de euros que ha costado, financiados en un 90% por Alemania.  

Entonces, ¿hacia donde nos encaminamos? A corto plazo, a una invasión y control del territorio ucraniano más próximo y afín a Rusia, un territorio indefendible por Ucrania y por ningún otro país, y la instauración de un Gobierno títere en Kiev. A medio plazo, a un escenario donde la comunidad internacional asumirá la nueva situación -igual que asumió lo de Crimea- y donde proseguirán las relaciones económicas y de todo tipo. Con suerte, declarando Ucrania un territorio no militarizable, al igual que Austria o Finlandia. A largo plazo, y en un contexto de calentamiento global -que no cambio climático- que beneficia enormemente a Rusia con la apertura de vastísimas áreas del territorio a la agricultura y la explotación de todo tipo, a una nueva Guerra Fría mucho más parecida a la existente hasta 1989 que la vivida en estos últimos 30 años, donde la inferioridad rusa era muy evidente. 

Con todo, el problema de las guerras es que se sabe cuando empiezan, pero no cuando acaban y las derivaciones que puedan tener. EE.UU viene de la espantosa imagen de la desbandada en Afganistán después de 20 años en un pozo sin fondo, y no es totalmente descartable que el octogenario gagá al mando intente una política militar más directa, después de años de revoluciones de colores (la naranja, la violeta, la blanca) en el espacio ex-soviético, con un coste próximo a cero. Y no tengan miedo de apagones o inviernos sin calefacción, porque los gasoductos existentes seguirán funcionando a pleno rendimiento, engrasando nuestro bienestar y las arcas rusas. EE.UU no dará el paso de imponer un veto a las importaciones de petróleo y gas ruso, básicamente porque son insustituibles a  medio plazo: simplemente va a impedir que vayan a más.

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Una noticia digna del franquismo, ese régimen del que el actual es heredero en todas las cosas de uniformidad y uniformados. 

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De esa clase de noticias que nos regala habitualmente Extremadura, tierra especialmente fecunda para estas cosas.  

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Menuda declaración de impacto ambiental más exhaustiva. Vale que es de un AVE y siempre son más especificas, pero asusta -para bien- el grado de detalle. 

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Otro buen artículo sobre gentrificación y urbanismo típicamente madrileño.

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(Relacionado con lo anterior) Galicia es preciosa y lo seguirá siendo

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No se puede ser más #MafiAsturias: todos pagaremos la indemnización a un Policía agredido en servicio por un insolvente. Además de su sueldo público, claro. 

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Un placer leer a Vaclav Smil, auténtico sabio. Una pena que la entrevistadora sea la incapaz de Zabalescoa, especializada en arquitectura y diseño, y que confunde en la entrevista el PIB con la renta per cápita, y que es capaz de hacer esta memez de pregunta:

Usted llegó a Canadá desde Checoslovaquia hace 50 años. ¿Por qué?

¿Quién quiere vivir en una jaula comunista?

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Terrible artículo sobre la incipiente sordera que padecen algunos músicos de estilos melódicos agresivos. Como en España todo es pandereta, quieren que se tipifique su dolencia como "enfermedad laboral", esto es: paguita al canto. En el artículo se citan ejemplos de buenas prácticas de países más desarrollados, basados esencialmente en la prevención temprana del problema con tapones y moderación en el volumen. En ningún momento del artículo se indica si en esos países se da paguita, por razones evidentes. 

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Policías españoles detenidos por delitos muy graves -si no, no estarían en la cárcel- escriben una carta en apoyo de su compañero de trullo Hugo "El Pollo" Carvajal. Con amigos así, ¿quien quiere enemigos? Fíjense si no en este detalle de la misiva:

“Hugo, aunque este escrito brote de la parte más baja de la sociedad, de los presos, te damos nuestra fuerza y apoyo para mantener la esperanza en la Justicia de nuestro país”

 Hombre, la parte más baja de la sociedad no son los presos, pero sí lo son, con total seguridad, los uniformados presos: aquellos que teniendo el monopolio de la violencia legal, y muchas prebendas asociadas a su uniforme, están en la cárcel por su ambición y codicia. 

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Interesantísima entrevista a Alejandro Zaera-Polo, el arquitecto que no construye en España porque se negó a pasar por el aro de la corrupción madrileña tras haber construido el Instituto de Medicina Legal (el donut) de la malograda Ciudad de la Justicia, ahora reconvertido en morgue. 

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Escaso artículo sobre cómo la industria del azúcar ocultó durante años los efectos nocivos sobre la salud vascular y dental de su producto. 

 

 

lunes, 3 de marzo de 2014

Extrañas derrotas en el Mar Negro

Como suele pasar en este país, y en otros de "nuestro entorno", cada vez que surge una crisis geopolítica, nuestros medios de propaganda se llenan de expertos surgidos de debajo de las piedras, páginas de periódicos con siluetas de barcos y aviones asociadas a cantidades que muestran el "balance militar" y páginas enteras de lugares comunes, tópicos, incultura y absoluto desconocimiento de un mínimo de conocimiento militar.

Estamos hablando de Ucrania, pero vale para Siria, Libia, Taiwan, Sudán del Sur y lo que les venga en gana. Seguro que si han llegado a este recóndito espacio de la ciberesfera ya habrán leído varias veces tonterías sin mucha relevancia actual sobre los tártaros, el siglo XVIII y la noche de los tiempos, cuando lo que importa es el aquí y el ahora.

Yo no voy a entrar en esos temas bizantinos (pequeño guiño a Justiniano), aunque me fascina la obcecación en presentar a Ucrania como una especie de imperio Austro-Húngaro o Yugoslavia (por eso la cárcel de nacionalidades), cuando es lo más normal conociendo su extensión -el país más grande de Europa tras Rusia, más que Francia- y, especialmente, su ubicación. Lo siento por los ucranianos, pero están en un sitio muy malo, quizás el segundo peor sitio después de Polonia.

A cualquiera familiarizado con los caóticos y heterogéneos temas que se tratan en este rincón no le debería sorprender el enfoque que voy a aportar a la actual crisis ucraniana. Lo que sigue es un relato aproximado de hechos ciertos y comprobables -pierdan su tiempo en los enlaces- y alguna elucubración que intentaré fundamentar.

El viernes 7 de febrero se inauguraron los JJ.OO de invierno en Sochi (Rusia), un evento ideado y planificado por Vladimir Putin y su corte para mayor gloria de su país y de ellos mismos: exactamente como hacen todos los países que albergan los fastos olímpicos, pero aquí acrecentado con un gasto muy elevado, una discutible ubicación y un dato muy concreto. A diferencia de otros jerarcas mundiales, que suelen asistir a la ceremonia de inauguración, clausura y alguna otra competición donde tengan medalla segura, el antiguo espía de la KGB estuvo en el recindo olímpico la mayoría de los días.

Coincidiendo con esta glorificación personal, la prensa occidental desató una furibunda campaña de propaganda antirusa, con los periódicos más conservadores a la cabeza. Que si las instalaciones eran cutres, que si Rusia es una dictadura, que si los chechenos...todo, todo, todo reproches aplicables (y aún mucho peor) al nauseabundo régimen comunista chino, el mismo que celebró los JJ.OO en 2008 ante aplausos occidentales y, una vez apagada la llama, lanzó una represión digna de su perversa ideología contra los uigures, los musulmanes no-Han que viven en el extremo noroccidental del país.

En esta acción ha destacado especialmente el WSJ, que ha dedicado portadas casi diarias a ridiculizar a Putin, incluyendo una del día final donde caricaturiza al presidente ruso con un nivel digno de Beria. Como ya saben que en este mundo sólo hay ocho-diez medios que ofrecen noticias propias (y el resto replican) la operación de propaganda ya estaba hecha. El supuesto capital de popularidad al rebufo de los JJ.OO -que han sido bastante exitosos en muchos aspectos- totalmente dilapidado. Y desde el primer momento.

¿Y qué hago hablando de los JJ.OO? Bueno, aquí empieza lo interesante. Desde 1936 el tránsito de los Dardanelos y el Bósforo, los dos caprichos geográficos que dan acceso al mismo mar que baña Ucrania y Sochi, está regulado por un tratado internacional, uno de los tantos que hubo que componer en la larga y fracasada postguerra de la Gran Guerra Mundial.

En el mismo, conocido como Convención de Montreux, se estipula que cualquier buque de guerra en tránsito desde o hacia el Mar Negro tiene que informar a las autoridades turcas de su paso. En su tiempo fue un apaño de Reino Unido y Francia hacia su antiguo enemigo en la Gran Guerra, y para alejarlo de la tentación de volverse a alinear con Alemania.

El apaño continuó, con gran éxito, en la Guerra Fria, especialmente por sus claúsulas de limitación de tonelaje y del calibre de las armas. Los soviéticos tenían el Mar Negro como un Mare suyum -y en verdad lo es- y los estadounidenses apenas podían enviar buques menores de la VI Flota. Y ahí sigue vigente, con alguna enmienda. Es muy útil en esta historia porque los buques de guerra de países no ribereños del Mar Negro tienen que informar de su entrada y, atención, de su fecha previsa de salida.

Con el extraño y exótico motivo de los JJ.OO y el consiguiente comodín de "ayudar en el combate contra el terrorismo", los EE.UU tenían en el Mar Negro desde el 3 de febrero los buques USS Ramage (un Arleigh-Burke con AEGIS) y el USS Mount Whitney, el buque insignia de la VI Flota, que supuestamente sólo tiene armas defensivas. Entre los dos suman una tripulación de 600 hombres, dos tercios de los cuales en el segundo buque, supuestos marines (carne de cañon) formados en guerra electrónica (la especialización más compleja de un militar). Ya. 

La decisión la tomó el Pentágono el 20 de enero pasado, cuando lo de los JJ.OO se sabía desde hace siete años. Pueden aducir que fue a raíz de los atentados en Volgogrado, pero ese tipo de atentados no requieren la presencia de dos buques de combate. Son cañonazos para moscas. Y ni tan siquiera cañones. El USS Mount Whitney. Ya.

Hace un par de años, en una ocasión que viene al pelo, lo definí como "un buque de combate poderosísimo, pero no tiene ningún cañón". Es un buque de guerra electrónica, capaz de guiar todo el grupo de combate de la VI Flota y de interceptar, filtrar y sabotear todas las comunicaciones de un país. Al mismo tiempo. En el mundo militar, cuando algo es tecnológicamente posible, den por sentado que ya existe. Y todos tenemos en mente a la NSA en cuanto pasamos nuestras ideas desde el cerebro a cualquier medio electrónico.

Ya quedó atrás la política de las cañoñeras y los acorazados. Algo como el USS Mount Whitney  (o el futuro USS Zumwalt) se bastan de sobra para conseguir los efectos deseados. ¿Qué hacía el buque insignia de la VI Flota, que no es precisamente un buque-escuela de los que se envían como parte de los agasajos entre potencias marinas, en el Mar Negro justo cuando se ha producido lo de Ucrania? Ustedes pueden creer que combatiendo el terrorismo en Sochi. Yo no me lo creo.

USS Mount Whitney

Lo de Ucrania: lo que era una protesta callejera heterogénea y muy delimitada fue creciendo durante la disputa de los JJ.OO, azuzada por unas imágenes de propaganda que incluso los propios periodistas no dudaban en elogiar. Las fotos del Maidan parecían sacadas por los mejores periodistas, no ya del fotoperiodismo, sino de las pasarelas de moda. En fin, como en Libia: carteles perfectamente diseñados colgando de ventanas, un vídeo de un tía que parece modelo hablando de los héroes (aquí no son terroristas ni alborotadores) y el aroma familiar de la propaganda orquestada e in crescendo.

Este se produjo en la vigilia de la clausura de Sochi, con el muy panoli de Putin ocupado en otras cosas. Francotiradores sin identificar, pero identificados unánimente por nuestros medios de comunicación como gubernamentales, dispararon contra la multitud concentrada en la principal plaza de Kiev. El presidente ucraniano, razonablemente elegido en elecciones libres, plurales y con observadores occidentales, tras intentar alcanzar un acuerdo con la UE para reconducir la situación -y donde la UE cambió de palabra a las 24 horas, dejándolo vendido- perdió el poder en una noche de fin de semana. En una noche.

Yanukovich haría lo normal en estos casos en los que los medios de propaganda occidental empiezan a decir -como con Gadafi, que supuestamente estaba volando camino de Venezuela- que hay un vacío de poder: llamaría a los capitanes de las regiones militares y a los gobernadores civiles -por este orden- para afirmar su autoridad. Estos, a su vez, intentarían comunicarse entre ellos. Y si no podía ser, buscarían la información en los medios de propaganda generalistas, los mismos que propagaron machonamente que el presidente ya no estaba en Kiev. No debió funcionar nada esa noche, porque en 24 horas Yanukovich había perdido un poder que nadie, salvo una minoría muy concentrada y localizada, había puesto en cuestión.

Mientras tanto todo esto pasaba, el USS Mount Whitney navegaba en el Mar Negro.

De hecho, ha salido de ahí el 27 de febrero, tras estar tres días en Estambul. La caída de Yanukovich fue en la noche entre el 22 y el 23 de febrero. Se fue un dia antes de acabar los JJ.OO. Lo más gracioso es que su  buque escolta está en reparaciones. De hecho, desde las primeras informaciones sobre el USS Rampage este ha cambiado al  USS Taylor. Que ha tenido un accidente. Que han  relevado al comandante. El accidente, eso sí, bien cerquita de un puerto amigo. Por favor, lean el anterior enlace. O este, donde explican con la palabra adecuada ("charada") el cambio de nombre de los barcos

El USS Mount Whitney ya no está en la zona. Misión cumplida. Por si acaso, cumpliendo la fecha de salida por los estrechos turcos, prevista para el final de los fastos olímpicos. Un accidente muy oportuno el de su escolta, que desvía atenciones. Una derrota -por itinerario del barco- hábilmente modificada. ¡Menos mal que los terroristas no atacaron Sochi el último día, cuando la flotilla americana ya estaba en otra misión! ¡Con la bonita contribución que han hecho, durante dos semanas estacionados a 20 millas de la costa rusa y en aguas internacionales!

El mismo día de la caída de Yanukovich sacaron y pasearon a la corrupta Timoshenko para que el consumidor habitual de propaganda pudiese digerir bien la lógica de bueno/malo (con el detalle de la silla de ruedas, ojo) y, no habiendo pasado 24 horas, ya se habían tomado todas las residencias de lujo gitano-asiático de la oligarquía política caída, caída porque entró en pánico por razones desconocidas teniendo todo con ellos. Toma de residencias que surte un gran efecto en la opinión pública: eran malos y robaban.

Al igual que en 2004 con la revolución naranja, cuando a la organización con base en Langley (Virginia) le dio por sembrar se supuestas revoluciones de colores y espontáneas la geografía del mundo que no tiene bajo su control (aquel año fue Birmania y una república centroasiática ex-soviética, además de Ucrania), operación saldada con desigual éxito, todo huele a operación orquestada.

Ni revolución popular, ni ansias de Europa de una Ucrania entendida como un todo. Lo decía muy bien Hobsbawn: con la caída de la URSS, se dió la situación inédita de un imperio que caía manteniendo todo su arsenal. Desde entonces, la política de EE.UU ha sido aislar a Rusia, como demuestra el escudo antimisiles, que sólo los lectores de La Razón y Tony Blair pueden creer que sea para evitar los petardos de Irán o Corea del Norte.

Ucrania es una pieza muy ambiciosa en el Gran Juego, quizás demasiado. La operación ha sido genial (en serio, piénsenlo bien) y prácticamente incruenta. Habrá que ver como reacciona Putin, de momento conformándose con Crimea, otro abalorio en la colección de ex-joyas imperiales como Kalingrado, Abjazia, Transniester, al igual que las Malvinas, Gibraltar o Hong Kong lo eran o lo son del Imperio Británico. Y ya verá como en las próximas elecciones libres de Ucrania gana los prooccidentales, a pesar del peso demográfico de los prorusos. La democracia es la forma de refrendar lo que se consigue con las armas. Electrónicas, en este caso.
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¿Quien se acordará de esta noticia cuando nos caiga encima la siguiente campaña de propaganda antiRyanair?  Extremadura, la región donde uno de cada tres trabajadores lo es del sector público.
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Artículo-denuncia en El País. Fíjense en el jeto del redactor y lo insulso de lo denunciado. Lo que hay que plantearse es por qué se propuso ese plan ferroviario, con el consentimiento de Pepiño Blanco. En pleno 2010. Lo propuesto no se construirá en este generación ni en la siguiente. Y casi mejor así.
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Más de trenes. El AVE andaluz (porque se empeñó la Junta) entre Sevilla y Antequera está paralizado. Ahora lo quieren convertir en circuito de pruebas. 
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Escocia tiene posesiones territoriales a 300 millas de su costa. ¿Y Cataluña que? Quiero una reivindicación de Alghero ¡ya!
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La India quiere poner un impuesto a la comida-basura...La India, donde todavía hoy hay episodios de hambruna....
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Siguen saliendo los proyectos-fantasma para dar uso al puerto soviético de El Musel. Y no paran en sus pretensiones de castillos en el aire. Incluso un desguace de barcos. De hecho, hasta han dado vida-zombie a la ZALIA.
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Burgos, Polo de Promoción Industrial.  Ni citan los XXV años de paz, que desmemoria....
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Un thinktank alemán estima que su país necesita 120.000 millones de euros en infraestructuras en los próximos 10 años...Que pidan fondos de cohexión...