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domingo, 6 de marzo de 2022

Lo siguiente va a ser peor, con total seguridad

 Prolongar el conflicto lo máximo posible y así lograr el esperado colapso del régimen ruso, vía sanciones económicas. Ese parece ser la consigna, mostrada sin disimulo alguno, de lo que antes se conocía como Occidente, haciendo un cálculo despreciable de las peligrosísimas derivaciones que podría tener algo así: al igual que a George Bush II le sucedió Trump, nada garantiza que el siguiente candidato republicano no vaya a ser alguien aún más ultra, y no faltan los aspirantes. 

Con la Rusia de Putin también puede ser así. Esas teorías de "golpes palaciegos" o ese irresponsable fomento a un alzamiento por parte de impresentables como el antiguo embajador de Obama en Moscú -¿tendría el mismo mérito que el millonario homosexual sin experiencia diplomática que colocó en Madrid?- forman parte de esa mentalidad hollywoodiense que impregna tantas capas de la sociedad, porque al final es la realidad la que se adapta a la ficción, y no al revés, como esos mafiosos de verdad que imitan a Tony Montana.  

Establecidas las gravísimas sanciones económicas al país agresor, la espiral no se ha detenido y estamos en plena campaña de rusofobia que no tiene parangón en nuestras democracias desde el macartismo o el franquismo. Se vetan actos de músicos rusos, se suspenden cursos universitarios sobre Tolstoi e incluso se interrumpe con boato la colaboración académica y científica con Rusia, que sigue siendo una potencia mundial en áreas clave del conocimiento, y no estoy hablando de armas. Se prohíbe la actividad en Europa de canales de comunicación rusos, e incluso se borra cualquier rastro pasado en buscadores como Google. 

¿Tiene esto algún resultado táctico en el campo de combate? Absolutamente ninguno. Entonces, ¿por qué se hace? Pues para intentar ejecutar un golpe desde dentro de Rusia, que gente ajena a los frentes -y que en ningún caso tomaría partido dado su perfil profesional- empiece a instigar y plantearse el régimen de Putin, al que en todo caso deben todo lo que son, como es el caso de los millonarios enriquecidos a través de los monopolios estatales supuestamente privatizados.  

Soy bastante escéptico con estas medidas, que en todo caso desacreditan nuestro orgulloso referente de espacio de libertades que tanto se vende. En una semana se han cruzado líneas rojas -disculpen la metáfora gastada- que jamás se deberían haber tocado, porque nos venden tanto eso de que Rusia quería una guerra relámpago, que son incapaces de asumir que ellos (nosotros) también quieren un colapso rápido, usando cualquier tipo de treta. 

Como ese colapso deseado no se está produciendo, y hay voces autorizadas que afirman que no se tiene por qué producir, vamos camino de un desastre aún mayor que la irremediable pérdida de vidas y de bienes materiales que se fomenta al suministrar armas sin fin a los invadidos. Por cierto, Rusia ya ha anunciado que no aplicará la Convención de Ginebra a cualquier extranjero (por tanto, mercenario) al que capture en Ucrania, bien sea combatiendo o transportando esas armas con las que se engola Borrell.

¿Incluye eso ataques aéreos? Por supuesto, y por eso está desplegada esta fuerza de combate aéreo en Bielorrusia, en la zona más próxima a la frontera UE con Polonia, Eslovaquia, Hungria y Rumanía. El riesgo de escalada es evidente, porque por nuestro bando nos presentarán a los transportistas de armas como héroes masacrados por Rusia, y a ver qué tal digiere nuestra siempre sensible opinión pública estas noticias; o, visto por el otro lado, a ver qué tal se toman en Moscú que sus aviones sean derribados por tropas extranjeras sin uniforme y pertrechadas con modernos misiles antiaéreos.

Sin embargo, hoy por hoy, no creo que la nada deseable escalada se produzca por vía militar. Los mayores riesgos, y los mayores esfuerzos de los últimos días, van por otro camino:Son abundantes los indicios y actuaciones que se están haciendo, a marchas forzadas, para cortar la compra y suministro de hidrocarburos rusos por parte de Europa.

En las primeras medidas de sanción económica a Rusia se excluyó de manera deliberada y exhaustiva cualquier producto energético, incluyendo en la detallada lista incluso la madera. El flujo constante de estos productos no es fácilmente sustituible, y son absolutamente necesarios para el funcionamiento de las economías europeas y, en menor medida, de EE.UU -que importa del orden de 600.000 barriles de petróleo/día de Rusia-, y más cuando otros países productores no están tomando partido con los "buenos". 

Es el caso de Arabia Saudí, el auténtico swing producer petrolero -el único país del mundo, junto con Rusia, que tiene capacidad para incrementar su producción- y que está siendo muy beneficiada con los altos precios del petróleo de estos días, que no ha conseguido bajar ni siquiera la activación de las reservas petroleras internacionales. El petróleo de los principales crudos de referencia, en especial el Brent, se cotiza a 120€ el barril, y en los principales mercados europeos el litro de gasolina se acerca a los 2€, una situación insostenible incluso a corto plazo. 

Al parecer, ha sido Putin el que ha advertido a la dictadura saudí sobre los riegos de "politizar la energía", del mismo modo que nuestras ejemplares democracias ha politizado la cultura, la educación, la ciencia y el arte, porque parece que todo suma en la demente aspiración de derrocar al mandatario ruso por una implosión. En maniobras paralelas, está a punto de alcanzarse el acuerdo nuclear con Irán, que permitiría al país árabe volver a vender petroleo en el mercado libre, mucho más rediticio que sus mercados de contrato fijo con Japón -poco se habla de esto-, China y la India. Era un acuerdo que llevaba encallado desde las salvajes sanciones económicas impuestas por Trump -exclusión del SWIFT incluída- y que ahora se ha encarrilado rápidamente. También se ha sondeado a Venezuela, que sufre sanciones parecidas pero más leves, para ver si puede incrementar su producción puntualmente, algo que no es muy realista. 

Son sondeos para ver si, interrumpiendo el flujo de 4 millones de barriles/día que Rusia pone en el mercado -los otros 5 millones de producción se quedan en consumo interno- la economía mundial no se vería paralizada. Están yendo muy rápido, y las presiones deben ser terribles para incoporarse a este nuevo consenso. En Europa se ve bien, especialmente por el gas. La inmensa mayoría de las exportaciones de gas ruso son por gasoducto, y ya se ha tratado el tema del interés particular y obsesivo de la administración de EE.UU para que NordStream II nunca entrase en funcionamiento. 


Tras lograr ese importante objetivo a pocos meses de su entrada en funcionamiento, ahora la Unión Europa, se supone que por iniciativa propia y sin recibir indicaciones de nadie, se encamina a sustituir el consumo de gas ruso a medio plazo, acortando plazos de una manera mágica. Es por eso que ayer estuvo por Madrid la presidenta de la Comisión. ¿Cómo? ¿"Europa en guerra" y la máxima mandataria de lo que identificamos como poder ejecutivo europeo encuentra tiempo para venir a un país sureño que no depende del gas ruso, y alejado 4000 km. de la zona de conflicto?

Pues sí, porque ha venido con una misión nada oculta. Fomentar la industria española de renovables -gran noticia para los accionistas de Iberdrola, y quizás también para Sánchez Galán en sus problemas judiciales con Villarejo- y aprovechar sus seis infrautilizadas plantas de LNG, construidas sin planificación alguna y sin interconexión con la red europea. En el caso de la regasificadora de Gijón, construida hace 12 años sin haber entrado jamás en funcionamiento, y ni siquiera conectada a la red nacional.. 

Residuos de los Años del Despilfarro, ruinas en pie de la tradicional mala planificación estratégica de nuestro país, que ahora y por culpa de la geopolítica, del Gran Juego en el que participamos en calidad de palanganeros, van a quedar como monumentos de nuestra contribución solidaria a Europa. Basta ver las sonrisas mutuas que se prodigaron Von der Layen y Pdr Snchz, mientras en Ucrania una guerra prolongada artificialmente seguía avanzando, con la ayuda decisiva de los países de la Unión Europea armando a civiles e incluso a niños. Por cierto, ¿saben quien tiene capacidad para exportar gas en formato LNG y no tenía mercados activos para todas sus reservas recientemente descubiertas? Si, EE.UU.

Vendrán tiempos muy malos. No quiero ser agorero, pero hay muchas más razones para hacer acopio de bienes ahora que con el coronavirus. Lo primero, por un motivo evidente: todo, todo, todo va a subir de precio en un plazo muy corto. Todo. Lo que compres ahora a 1´60€ costará en el plazo de unas semanas una cifra porcentual dos dígitos mayor, y no será únicamente el aceite de girasol que ya están racionando, y que en todo caso es un producto intermedio de cara al producto final en otros productos que usan grasas vegetales. 

Y lo segundo, menos evidente incluso para los responsables europeos, es que interrumpir el flujo mutuo de intercambio de hidrocarburos por dinero con Rusia, el mayor rubro de su economía, implica asfixiar totalmente un país, sin saber cómo va a reaccionar. El embargo total de productos energéticos se ha aplicado varias veces en la Historia, con resultados funestos. 

La Sociedad de las Naciones lo aplicó a Italia en 1936, con motivo de la guerra de agresión a Abisinia. Italia, que hasta entonces veía con recelo a la Alemania nazi y con la que solo compartía la misión de combatir el comunismo -lo sufrimos en España- se acercó al régimen de Hitler, mientras seguía procurándose petróleo de EE.UU; el embargo petrolero y de fondos (¿les suena?) de EE.UU a Japón como castigo por sus guerras de agresión en el sudeste asiático empujó al régimen militarista al ataque de Pearl Harbour, con las consecuencias conocidas por todos. 

Muy bien. Pero en ambos casos ninguno de los países sancionados era productor de petróleo. En aquel mundo pasado EE.UU producía el 50% del petróleo mundial. Aquí estamos en una situación mucho más perversa, que es la de un país al que se han aplicado unas sanciones económicas sin precedentes y que tendrán consecuencias a muy largo plazo (¿de qué servirá a otros regímenes autocráticos tener reservas extranjeras, si te las van a congelar cuando quieran? Ojo a las derivas autárquicas) se le va a aplicar una definitiva: cortar de raíz su mayor fuente de ingresos, una vez cortadas todas las demás, equivalente económico a dejar morir de hambre a todo el país. 

Llegados a este punto, y dado que no parece viable el fantasioso sueño de un golpe interno contra Putin y su círculo interno, que cada uno sea responsable de las gravísimas consecuencias que pueda tener un país como Rusia acorralado y puesto de rodillas, especialmente con el recuerdo vivo de que ya se vieron así en los años 90 del siglo pasado. Esa situación engendró a Putin, y cuidado con el que pueda venir después, al igual que pasó con el partido republicano después de Bush II.

lunes, 11 de enero de 2021

Retrato de un país después de una borrasca

Una imagen cada vez más rara: un profesor en un aula llena

Uno de los lugares comunes con los que se le llena la boca a los políticos y a la plebe es que la educación es el futuro, que hay que cuidar la enseñanza desde los primeros balbuceos (¡gratuidad y obligatoriedad del tramo 0-3! ¡libros gratis! ¡becas!), la generación mejor formada y demás gilipolleces que conocen perfectamente. 

Después viene la realidad con toda su crudeza, la de un país ultramontano y en gran parte cavernícola en todos estos aspectos. Y en los demás, si me fuerzan. El temporal Filomena ha sido el vector necesario para mostrar este carácter indómito y racial del país que nos ha tocado vivir, porque cualquier excusa es buena para aplicar el auténtico lugar común de nuestro país: no dar un palo al agua. 

El temporal ha venido fuerte, y no es el motivo de este post. Fuerte, pero no deja de ser un asunto de nieve y hielo, frío en una sociedad aclimatada al veraneo 24/7/365, al laissez-faire entendido como no toques los cojones, a la erosión total de la autoridad no sustentada por una pistola, y al "total, a mí que más me da". 

La Comunidad de Madrid, la región que quiere ser España y que quepa toda España dentro suyo, acaba de anunciar la suspensión de las clases hasta el próximo dia 18 de enero, nueve días después del temporal de nieve totalmente extraordinario que se ha abatido sobre la zona. Nueve días, con sus días y sus noches heladoras. Las razones esgrimidas, más allá de los dos días -hoy uno, mañana el siguiente- anunciado cuando la región amaneció completamente blanca, son de los más variopintas y vagas. 

  • Necesidad de revisar "daños estructurales" -la nevada ha sido de 30 centímetros, no de un metro- en los colegios, como si lo sufrido no hubiese sido una cosa esperable, y sí un terremoto de esos que deja centros educativos tambaleándose, una inundación con todo lleno de barro, o un incendio pavoroso con olor a humo. 
  • "Arreglar desperfectos": ramas caídas y demás, porque dentro de los recintos no ha pasado nada, salvo que hubiesen dejado las ventanas abiertas durante todo el cierre vacacional de Navidad. Se da la circunstancia de que muchos colegios publicos tienen la figura del conserje -a veces con vivienda dentro del recinto-, que a estas horas estará quejándose de la "falta de medios" -un clásico perenne- y viendo la tele, porque entre sus funciones estatutarias no está apalear montones de nieve. 
  • "Garantizar una vuelta segura a las aulas" ¡Cómo no! ¡La seguridad! Pavorosas imágenes de niños resbalando entre el hielo perpetuo propio de una banquisa ártica adornan los pensamientos de los políticos al mando y de los nidos de víboras y frustaciones vitales que son las AMPAs

En la forma y en el fondo, les valdría cualquier excusa. La actual generación escolarizada ya ha perdido cuatro meses de educación presencial por culpa del Covid-19, y fue ayer mismo. Ahora mismo, con esta decisión, volverá a pasar un mes entero sin pisar un colegio. En el arco de un año, habrá pasado en educación presencial únicamente 15 semanas de 52 posibles, una indecencia para un país que sigue vendiendo eso de la educación es el futuro, y bla-bla-bla. 

La decisión se veía venir, no obstante. Como todas las que incidan en la vagancia y desidia general de la sociedad, de la generación de padres que va en chándal de lunes a domingo -y se queda de chismorreo en la puerta después de dejar o recoger a sus vástagos-, y del esfuerzo individual de cada uno. 

En otros países, una vez que se han despejado las carreteras, lo primero que se despeja es los accesos al colegio. En Madrid, tres días después de la Gran Nevada, las entradas a los colegios siguen blancas: nadie ha considerado que sea una infraestructura crítica. Nadie ha organizado quedadas ciudadanas para limpiar colectivamente los accesos, porque eso lo debería hacer el Estado, a pesar de que los medios de propaganda dicen sottovoce que está desbordado y no tiene medios. Nadie considera que pasar un mes entero sin escolarizar -y la semana de la vuelta será "de repaso", porque nadie se puede quedar atrás- es igual de grave que un hospital sin plena viabilidad, o una carretera importante impracticable. 

Por supuesto, quienes opinamos así somos minoría. En contra están los que se escudan en las bajas temperaturas, en el Covid-19 (ya ven que incidencia mínima ha tenido en el primer trimestre en los centros educativos) y, especialmente, en la laxitud con la que se toman todos estos asuntos. "El niño mejor en casa", "a esta edad lo mejor es divertirse", "aprenden mucho con la tablet" y "lo importante es la seguridad".  Lo fácil es cerrar los colegios. Lo fácil, y lo vulgar.

Es el mundo que nos ha tocado vivir. Con circunstancias sobrevenidas y de las que no existe recuerdo reciente -una pandemia, un temporal de época-, pero siempre con las mismas soluciones: los niños en casa, el ya se verá -apuesto lo que quieran que hasta el viernes no despejan las entradas a los colegios, y hará más el deshielo natural que las palas de operarios- y a quejarnos de seguir a la cola de Europa en tantas cosas. Han pasado 12 años desde el reparto gratuito de ordenadores en algunas comunidades autónomas, una medida electoralista que teóricamente iba a sacar, aunque solo fuese por efecto probabilistico, un Bill Gates, y lo que han salido son youtubers. Esperen a ver lo que sale dentro de 12 años de la generación que se ha tirado un año escasamente escolarizada. Es fácil de adivinar. También los hayes y quejas de los que estén en el Poder, mientras piden "pizarras inteligentes" y "más recursos", cuando sencillamente falta lo más básico: voluntad de enseñar, y voluntad de aprender.

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"La pensión media de jubilación en #MafiAsturias es de 1408 euros".  Cobran más los jubilados que los trabajadores, los jóvenes y bastante autónomos. Un sistema perfectamente sostenible. 

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¡Hombre! ¡La cerveza! No podía faltar en un proyecto de este estilo. Tanto quieren cambiar el mundo, que siguen con los mismos vicios de siempre. 

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Así funciona España, y Galicia en particular. 13 años después de la entrada en funcionamiento de la inútil planta de LNG de Reganosa hacen la declaración de impacto ambiental. Por supuesto, sale positiva. Como para no.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Un puerto con un futuro negro (I)

Ampliación soviética del Puerto de Gijón
Es injusto, y es una idea que vengo repitiendo, que los iconos de los 15 años de Despilfarro se centren en el conocido caso del aeropuerto de Castellón y otros ejemplos bien conocidos. Hay multitud de casos a lo largo y ancho de nuestro país, en muchísimas ocasiones mucho más sangrantes.

Hoy le ha tocado el turno al nuevo puerto de Gijón, que pueden ver en la imagen adjunta: es toda esa mancha gris que se extiende contranatura más allá del cabo que daba abrigo al puerto existente y que, como indica la foto, está completamente vacio.

Conocido como El Musel -curiosa topónimo que entronca con la palabra inglesa mussel, mejillón- su emplazamiento actual alejado del casco urbano data de 1907, cuando se construyó como puerto exportador de carbón de las cuencas mineras asturianas, y también del excedente de población. Es un puerto de graneles sólidos -aunque como todos los puertos, también tiene un importante tráfico de petróleos, aunque nunca se indique como tal- en simbiosis con la importante siderurgia y la central térmica ubicadas en un valle adyacente. Al margen de eso, y que es un tráfico de importación y casi nunca de exportación, apenas tenía movimientos.

En plena orgía de gasto público, y con un lugareño al frente del Ministerio de Fomento (y, por tanto, responsable de Puertos del Estado) se emprendió un demencial concurso para la ampliación del puerto, sin ninguna base real sobre tráficos futuros, viabilidad ni uso posible. Afectado, además, por ese mal regional que es el grandonismo, y que no precisa mayor explicación.

Baste con decirles que ganó la segunda opción menos conservadora. Llegó a haber una propuesta de hacer un dique exterior aún más descomunal (el finalmente construido tiene una longitud de casi 4 km, pero prometo no abrumarles con datos: son todos soviéticos en su dimensión), finalmente descartada no por cuestiones económicas o ecológicas -que jamás se tuvieron en consideración-, sino porque aquello ya era demasiado para todos.

La construcción de lo conocido como "obra civil" se demoró cuatro años (de 2005 a 2009), con su propia intrahistoria que daría para un buen libro. Les cito sólo unos casos: hubo que traer la piedra desde canteras a 100 km (jugosa ganancia para los camioneros), la cantera que estaba más cerca era de un catedrático de economía, y un antiguo alcalde del PP en un pueblo cercano robó hierro de la obra, nada menos que ¡600 toneladas!. Es otra tradición local: la de robar el bien de todos en las numerosas empresas públicas que había en la región. Nótese que en este caso no han sido gitanos. Al contrario.

Todo este tipo de cosas hicieron que el montante de la obra se dispare hasta unos inigualables sobrecostes de 251 millones de euros adicionales, desde los 580 millones de euros iniciales. Un 43% más. Si la esta cifra inicial no les parece ajustada a la realidad, tengan en cuenta que como "obra civil" se incluye únicamente la construcción del dique y otras dos explanadas-ampliaciones, pero nada de la equipación necesaria. Eran los muros de una casa. Por lo menos en el Palma Arena, la Caja Mágica u otros casos espectaculares de sobrecostes, se dejó la obra acabada y con techo.

Para dar un poco de contenido al superpuerto, se ideó una regasificadora de unos cien metros de altura por cada uno de sus depósitos, que recientemente acaba de ser declarada ilegal, en una de esas sentencias que nunca se cumplirán. Acabada en 2012 sin ningún tipo de planificación -una vez más-, no está conectada a la red, no se prevé que lo esté hasta por lo menos el 2018 y, por consiguiente, todavía no ha entrado en funcionamiento. El superdique, que iba a albergar grandes buques metaneros LNG (gas natural líquido), sigue vacío. Supervacío.

De hecho, la planta similar que hay en Bilbao opera al 50% de su capacidad, y la que hicieron en terreno de valor ecológico en la ría de Ferrol, al 20%. Sólo por referirse a las del entorno próximo. De ahí la necesidad de construir a toda prisa una regasificadora que no entrará en servicio, si lo hace, hasta dentro de diez años. Pues bien, estas mentes tan brillantes que planificaron toda la infraestructura, han vuelto a hacer bingo con el plan para dar uso al supuesto gas traído de allende los mares.

Ya hubo un intento de hacer lo mismo por parte de Hidrocantabrico -la eléctrica local, en manos de los portugueses de EDP, a su vez en manos de los chinos-, pero es ahora y con resolución administrativa de hoy mismo en el BOE cuando el proyecto de Endesa de construir una central de ciclo combinado en terrenos de la ampliación del puerto también recibe la calificación negativa de las autoridades.

Les recomiendo vivamente leer las declaraciones de impacto ambiental que periódicamente aparecen, agrupadas en tandas, en el BOE. Dicen mucho, muchísimo, de la zona y los intereses donde se quiere ubicar el proyecto que necesita del preceptivo informe previo ambiental.  Insisto en que con toda la historia del puerto soviético de El Musel se podría sacar un buen libro.

La central de ciclo combinado se ubicaría en terrenos ganados al mar al otro lado del superdique (en la foto, el cuadrado gris en el ángulo superior izquierdo), para lo que Endesa había ideado un tubo semisubmarino que atravesase el Cabo Torres -accidente geográfico que ha perdido el nombre, porque ahora está rodeado de cemento- sin supuestas afecciones ecológicas. El informe es demoledor en sus conclusiones.

Sorprende por su desfachatez la posibilidad de verter al mar el agua captada para refrigerar el proceso de combustión de gas para producir energía eléctrica a una temperatura de ¡siete grados! por encima de la media, sin plantearse que eso tuviese influencia sobre la vida marina de la zona; sorprende, quizás aún más, que el proyecto no prevea la salida eléctrica de la energía producida (870 MW de potencia instalada), dejando, una vez más, la futura obra de una subestación adicional para más adelante.

Habrá un tercer intento de central de ciclo combinado, porque hay que dar uso a esa regasificadora. A ese puerto. Seguramente los argumentos que hoy se leen en contra en el BOE se convertirán, por arte de "los puestos de trabajo", el "progreso" y el "desarrollo" en argumentos a favor cuando llegue la ocasión. Como el ciclo económico es el que es, ahí ven unos nuevos cadáveres que ha dejado el superpuerto de El Musel. En los próximos días les contaré más.
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Calatrava enloquece y compara sus pirámides en Valencia con la Alhambra o el Museo del Prado.