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| Tu utopía pagada por todos, tu VPO |
Quizás fue premonitorio que el día antes de los hechos a relatar el siniestro personaje que siempre ha sido Luis María Ansón se descolgase en su irrelevante columna de El Mundo con una alusión a que el CNI "dispone de un arsenal de irregularidades y vergüenzas del líder Podemita", que no es otro que Pablo Iglesias. Cada uno dará la veracidad que quiera, pero ahí está la famosa frase de Fernández Díaz sobre "esto la Fiscalía te lo afina", conocida precisamente por otra de esas filtraciones interesadas que se venden como periodismo. Se crea el informe, real o inventado (¡un saludo a Trías¡), y después ya viene el iter judicial, con tanto de exhibición mediática, ruido y enmarañamiento.
El agraciado por el último informe policial filtrado ha sido Ramón Espinar, líder de Podemos en el Senado y famoso por aparecer bastante en la tele, amén de ser hijo de Ramón Espinar, que en tiempos fue el Consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, además de miembro del Consejo de Caja Madrid, con tanto de tarjeta opaca a la fiscalidad. Un personaje conocido y de primera fila del partido que irrumpió con fuerza en las europeas de 2014, y que ha trastocado parte del andamiaje de la II Restauración Borbónica.
El medio elegido para la filtración ha sido la Cadena Ser, el mismo donde la Policía tiene una portavoz permanente que finge ser periodista, y que responde pavlosiana al nombre de Ana Terradillos. Seguro que la conocen, porque siempre entra con ímpetu y loable dedicación, vendiendo como noticias lo que simplemente son notas de prensa elaboradas en la cúpula de Interior. La Cadena Ser, que pasa por ser la mejor emisora española por calidad, no lo es tanto por méritos propios como por deméritos de los demás, en esa miriada de emisoras que se agrupan en ese espectro -y no solo radiofónico- que va desde la derecha soft a la ultraderecha.
La agraciada con la filtración con el dossier elaborado desde la cúpula de El Sistema ha sido en esta ocasión Mariela Rubio, redactora especializada en Defensa, casualidad de las casualidades el ámbito donde se mueve el CNI, y que en los últimos tiempos -será que no hay suficientes escándalos en el Ejército español- también está pluriempleada en cubrir la información de Podemos, tarea que hace con la misma eficiencia que el lameculos italiano Francesco Manetto en El País, el buque insignia de PRISA.
La exclusiva de la periodista Rubio -fan de Zaida Cantera, cómo no- salió a primera hora, y después fue replicada por el resto de medios, sin citar la exclusiva, y sin que en la emisora se inquietasen: saben perfectamente cual es el origen. Un día toca a unos, un día toca a otros. Es su función en la sociedad.
Ramón Espinar, cuando contaba 23 años, compró un piso de una habitación y dos plazas de garaje en una cooperativa en Alcobendas, una población de contrastes en el noroeste de Madrid: en su término municipal está La Moraleja -que lo conocerán del ¡Hola!-, un casco "histórico" de pura cutrez y fealdad española, y varias urbanizaciones de wannabes españoles de los de pádel, reloj Time Force y bisutería de Tous. Un lugar como otro cualquiera, porque la anomía es la característica principal del extrarradio de Madrid.
El piso era una VPO, una de las muchas siglas existentes en la Comunidad de Madrid para referirse a la vivienda protegida, un pingüe negocio para promotores, ayuntamientos, partidos políticos y adjudicatarios, que ven incrementado su patrimonio de manera artificial, simplemente por el hecho de existir y resultar agraciados en un sorteo, para que después venga alguien y hable de meritocracia y demás mierdas: el más puro azar delimita quien pasa a ser propietario de un bien de cientos de miles de euros, con posibilidad de revender o alquilar pasados unos años. Dicen que diez, pero son muchos menos, especialmente en la segunda opción.
No es el tema, pero la mejor política de vivienda social es la que no existe. La Constitución garantiza el derecho a la vivienda, y en eso se escudan los que urden las tramas de construir cubitos con forma de casa y colores estridentes, para que desde fuera se note bien claro que ahí viven los subvencionados. Secuelas de la política falangista de Arrese, el plan de 1957 (¿nunca te has fijado en la plaquita con el yugo y las flechas que seguramente hay en casa de tus padres o abuelos?) y el Estado de Bienestar entendido como el pisito en Torrevieja del panel final de El precio Justo.
Como de momento existe, y ningún partido lleva en su programa acabar con esta mamandurría llamada VPO, VPPB, VPP o VPT, hay que lidiar con lo que hay, y ahora mismo es que "nuestros jóvenes" no pueden acceder a una vivienda, porque están muy caras. O algo así. Era así en 2010, y sigue siendo así en 2016, con muchos ayuntamientos de sitios de franca regresión económica, demográfica y social gastando ingentes recursos en poner pisito a gente que, simplemente por el hecho de haber nacido ahí, se ve recompensado con una vivienda pagada por todos, y que invariablemente termina alquilando mientras se va a buscar el jornal a la gran ciudad.
No es el caso de Ramón Espinar. Su padre era de posibles, tanto que el imberbe de 23 años se puso a pagar la primeras cuotas de la cooperativa en el 2007, con apenas 21 años y sin trabajar. Pasaba el dinero, según ha explicado en rueda de prensa, su papá -con el que después tarifó-, su mamá y su abuela, y el ponía la mano para nada menos que 52.000 euros, materializados en la escritura de compraventa de 2010. En este aspecto se han cebado mucho, pero no está de más recordar que no tenemos la posiblidad de escoger a nuestra familia, esto es: Espinar no tiene la culpa de haber nacido donde ha nacido, y si su familia se puede permitir adelantar esa cantidad de pasta, pues bien para el. Es una práctica común en España, por otra parte.
Lo que tiene la culpa Espinar es de ser un zote. De haber comprado una casa en 2010, con 23 años y recién licenciado, una casa de un precio disparatado y que, según práctica común de las promotoras, obligaba a pagar también dos plazas de garaje, tuvieses coche o no. Un timo mondo y lirondo, vendido como "necesidad básica" y todo lo demás. Y de ser un zote por tener este marrón en su pasado y no decirlo poco a poco -por ejemplo, en sus múltiples ponencias sobre los fondos-buitre y la VPO en Madrid- al estilo de "yo también caí en la trampa" o algo así. Se pensaría que jamás le iban a sacar esto. Qué zote.
Lo que hace interesante al caso, y es donde se han centrado las suspicacias de todos los interesados en sacar jugo al caso -que tiene poquísimo recorrido legal, pero que al menos esta vez no es un informe policial inventado de cabo a rabo-, es que Espinar vendió la casa a las pocas semanas de suscribir el contrato de compraventa, que le obligaba a pagar en hipoteca subrogada -del BBVA a ING- más de 90.000 euros. Al revés que otros que se han quedado entrampados de por vida en una casa con cristales naranjas y vistas a una piscina comunal con una palmera de plástico, Espinar se desembarazó del muerto. Y con ganancia.
Resulta que en el tránsito entre la compra de la vivienda y su posterior venta a unos terceros -no identificados, hace falta ser retard para comprar un piso de una habitación en 2010 por ese precio- la Comunidad de Madrid subió el precio del "módulo" -otro de los arcanos del mundo de las VPO, VPPB, VPP y VPT- y el valor nominal de la casa se había incrementado, algo que los ávidos de sacar trapos sucios de Podemos han enfatizado con un "se lucró", "especuló" o "vaya jeta", como si Espinar hubiese cambiado la legislación a su favor.
30.000 euros más, simplemente por una modificación que hizo Esperanza Aguirre, siempre cálida con los promotores, en 2010. ¿Existía que la posibilidad de que Espinar renunciase a esa plusvalía artificialmente inducida en un contexto de caída en picado de cualquier tipo de activo inmobiliario? Existía, y no lo hizo. ¿Es ilegal? No, pero es reprobable en un tío que después ha ascendido en la política con un discursito de "no somos como ellos" (freudianamente, no soy como mi padre), con la vivienda no se especula y toda la pana, mi güey. Ese discurso tan cansino, por otra parte, y donde han tocado techo, porque los perdedores de la crisis no han sido tantos como se imaginaban.
Hasta aquí, el caso Espinar. El afectado ha dejado entrever que esta información ya estaba preparada desde hace semanas -yo diría que desde tocó poder como senador por designación de la Comunidad de Madrid-, y que sale ahora en el contexto de las primarias abiertas que tiene la formación postcomunista en Madrid, con un sector de camisas viejas, encabezado por él mismo, contra otro sector de posibilistas, encabezado por, entre otras, la unineuronal Tania Sánchez, vergüenza de cualquier partido donde esté.
Puede ser, y seguramente sea así. En la Cadena Ser están muy ofendidos con la simple mención de que se hayan prestado a una campaña con fines que no sean los puramente informativos, y para muestra baste escuchar al profundamente mongol que presenta el informativo regional en la desconexión entre las 19:20 y las 19:40, el mismo que peloteaba hasta el servilismo a Francisco Granados cuando lo tenía de contertulio, hasta justo el día antes de su detención: de manera chulesca, le espeta al muerto de hambre que tienen representando a Podemos que "si cree que Cebrián sabe quien es Ramón Espinar", quizás refiriéndose crípticamente a la enfermedad mental degenerativa del apadrinado por Emilio Romero en Pueblo.
En fin, quédense con esto. España es un país donde te sacan un dossier con un asunto escabroso aunque solo tengas 30 años, como es el caso de Ramón Espinar. No hay nada ilegal, pero si éticamente en alguien muy vehemente en sus intervenciones públicas, y representante del sector más duro de Podemos. España es un país donde periodistas se arrogan de exclusivas que no son más que dossieres filtrados en el momento exacto, en el lugar adecuado. La Cadena Ser y el grupo PRISA quieren lo mejor para Madrid, que en su caso es seguir haciendo negocios y que todo siga como esté, porque no había nada que cambiar en la capital y Antonio Carmona era mejor que Manuela Carmena. Que la clase política que venía a salvar este país y a gestionar mejor es incapaz de gestionar siquiera su patrimonio o sus aspiraciones vitales con 23 años, al parecer recluidas en un nicho de 144.000 euros con dos plazas de garaje, por si vienen visitas.

