Mostrando entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de octubre de 2017

"El referendum no ha existido"


Ninguna frase -ninguna- resume el excepcional momento político que se vive en España, donde se están entremezclando problemas muy antiguos con otros que, igual de antiguos, se creían resueltos o aletargados para siempre, y que resulta que están latentes e interaccionando con el detonante de todo: la enésima crisis en la relación del Estado con Cataluña, su región más importante, y donde está la ciudad más importante de la Península Ibérica.

Por tanto, la frase del titular es simplemente un anzuelo para abordar estos días de vértigo absoluto, donde se tambalea el suelo que pisamos y esas libertades y prosperidad que la inmensa mayoría daba por descontando, como si España hubiese abandonado para siempre su historia trágica y su gusto por lo doliente, trucado en mala hora por esa imagen artificial de alegría y palmas. Estamos en la España de siempre, y el tiempo dirá cuanto de espejismo ha habido en estas últimas décadas.

El Gobierno Central interpretó el desafío del referendum del 1 de octubre desde la esclorisis de una Constitución elevada a rango de Texto Sagrado -no se puede tocar, no se puede alterar, hay que adolararla como es, "nosotros los Constitucionalistas"- y desde la mentalidad de siempre de la derecha española: esto es una finca, y los jornaleros vuelven a recoger el algodón después de una buena somanta de palos.


Solo desde la Ley iban a responder a un problema político como el catalán, donde un bloque de fuerzas dispares y con la mayoría en el Parlamento regional fue a las elecciones con un programa muy claro:  se decía todo lo explícitamente que permite la Ley que iban a hacer un referendum de autodeterminación. Consiguieron formar Gobierno, y aplicaron su programa electoral.

A pesar de todas las trabas legales y la persecución jurídico-policial, una admirable red social consiguió perpetrar lo que era una soberana bofetada al Estado central: una consulta popular libre, con todas las garantías legales y plena de Derecho, convocada por un Gobierno legítimo a la totalidad de su población. Un acto de desobediencia masiva, que ojalá se hubiese visto en otras ocasiones y con otros temas. De ese día quedan las páginas más honrosas de toda esta triste historia: una sociedad civil que ideó sistemas de todo tipo para poder organizar la consulta, y que burló el aparato estatal en cifras millonarias.

No se podía haber hecho peor por parte de las autoridades centrales. Enrocadas en la solución legal a un conflicto político, solo han llovido amenazas de empapelamientos, y un despliegue policial comparable a un cuerpo expedicionario con ganas de dar un escarmiento.  Se llegaron a organizar sesiones de palmas espontáneas cuando las fuerzas represoras salían de sus acuartelamientos hacia la región desafecta, y aupadas a gritos de "A por ellos" que no fueron reprobados por mando alguno. Cuando iban a combatir a otros españoles.

El clima ideal para el ambiente del 1 de octubre, día de la consulta. Como no pudieron impedir su organización -el Ministerio del Interior no capturó ninguna urna en los días previos, reflejo de su poca implantanción en el terreno- e iban presentando como éxito cerrar webs de colegios electorales o la incautación de las tarjetas censales, lo que pasó ese día se puede resumir en una palabra: sabotaje.

Superados en número y misiones encargadas, y traicionados de manera previsible por los Mossos, los comandos de Policía y Guardia Civil desplegados en Cataluña se dedicaron desde primera hora de apertura de los colegios electorales a esa misión: el sabotaje, por vía de llevarse las urnas de las sedes electorales. No identificaban a nadie -eso tenía que haber sido cosa de los Mossos en las horas previas-, e iban con toda la prisa que les dejaba la multitud agolpada para defender su voto, y su derecho a decidir.

Así fueron las primeras horas, que dejaron las imágenes más dramáticas e icónicas. Cuando naufragó todo definitivamente. Con el desastre ya consumado, se dio la orden de ir más tranquilos y la tarde se dedicó a hacer razzias en peligrosísimos pueblos de hasta 200 habitantes, donde las urnas se habían cerrado a primera hora. Eso sí, al caer la noche hubo una foto colectiva y conmemorativa del cuerpo expedicionario acantonado en el ya famoso barco, una foto para la Historia de España, y que hubiese podido tomar Gutiérrez Solana de haber sido fotógrafo. De haber vivido nuestros tiempos, que son los suyos.

¿Qué había que celebrar? ¿Para qué esa foto ignomiosa, después de reprimir de manera desproporcionada una multitud que, de manera milagrosa, no se alteró y no se revolvió contra comandos que en muchos casos superaban en proporción de 100 a 1?  ¿Quien está al mando de esa gente, de sobras sabido que son lo más bajo de la sociedad, pero que ni siquiera parecían tener control de sus responsables jerárquicos? ¿Cómo se puede haber permitido algo así?

Cumplían ordenes, ya. ¿Cuales eran las órdenes? Impedir un referendum "ilegal", un referendum que tanto la Vicepresidente del Gobierno tildó como "inexistente" a las 14:00 -tenía el discurso ya preparado, pasase lo que pasase, independientemente del fracaso del sabotaje encargado- y que el Presidente del Gobierno ratificó con los mismos términos a las 22:00. "Inexistente".

Esa era la consigna, transmitida por las bien engrasadas correas de transmisión del Poder Central a sus órganos de propaganda, porque saben perfectamente lo que es un referendum de autodeterminación. Desde aquella cosa llamada Revolución Francesa, todo el poder político -todo- y su autoridad emana del pueblo, de ahí la redundancia de usar la palabra "referendum vinculante": todo referendum es vinculante, porque emana de la única fuente de poder, y cuando este se pronuncia es con una única finalidad. No la de formar Gobierno, no la de dilatar la toma de decisiones en otras instituciones políticas: se vota para decidir sobre un asunto concreto, y se votó todo lo libremente que dejó la labor de sabotaje y hostigamiento de las Autoridades Centrales, perfectamente conocedoras de las implicaciones de una votación de este tipo.

El resultado no podía sorprender a nadie, y en todo caso es "inexistente" para los que se han enrocado en su Texto Sagrado Intocable, ese mismo que proclama la Unidad de la Nación Española como algo eterno, como si fuese una Ley Física. Los promotores del legítimo referendum, siguiendo el plan establecido, aprovecharon los dramáticos acontecimientos para su habitual victimismo -el nacionalismo catalán y sus llantos de fossares, borns y demás camafeos de derrotas- y para convocar una huelga general que ya estaba dentro del plan inicial, pero ahora adornada con "para protestar por la violencia policial". Cuando el Gobierno te llama a la huelga, desconfía, pero ya está lejos la época de cuestionar.

Incluso entonces se podía haber reconducido mínimamente la situación, en mi opinión. Entonces, después de la jornada de huelga, se produjo el acabóse:

Un Rey pirómano

A las seis de la tarde se anunció que el Rey de España, que tiene como funciones establecidas la de garante de la unidad del Estado, iba a dirigirse a la nación. Su padre, en casi cuarenta años de reinado, solo lo hizo en una ocasión fuera del foclkore de la Nochebuena. Hasta entonces, no se había sabido nada suyo, siguiendo la estrategia de "inexistente".

El discurso no pudo ser más desasosegante. Consiguió en diez minutos avivar los rescoldos atávicos de este país, y de una manera inequívoca, y lo hizo con un discurso que podría haber firmado Milosevic o Ratko Mladic veinte años antes. Pasando por encima la brutalidad de la represión, se dirigió a sus leales:

Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos
A quienes así lo sienten. Los sentimientos, eh, y eso que estos eran los legalistas. Los sentimientos: las banderas. Parece que se esté dirigiendo a una minoría que, embolsada en Vukovar, aguarda que lleguen sus correligionarios a salvarles. Sabido es que el Rey en una Monarquía Parlamentaria es un guiñol en manos del Gobierno, y por tanto este editorial de Estado que es un discurso real, lleva la firma del PP.

Podría haber sido un desliz, pero no. Era todo un mensaje a futuro, a la peor de las situaciones. La de españoles enfrentados contra españoles, como tantas veces a lo largo de nuestra historia -esa que los historiadores nos dicen que es perfectamente equiparable a la de otras naciones europeas, como si todas hubiesen tenido cinco guerras civiles en los últimos 200 años-, un discurso repugnante por sus implicaciones.

Así lo supieron interpretar las otras naciones que hay en España, y también el representante de un partido con cinco millones de votos. Lo que empezó como una crisis regional ha derivado a una crisis democrática -la brutalidad policial, la indignidad de celebrar una represión- y ahora es, sencillamente, una crisis de modelo de Estado: el de una Monarquía que no tiende puentes, y el de un Estado incapaz de dar cauce dentro de su Inviolable Texto Sagrado a las naciones que alberga.

Por supuesto, los cortesanos desplegaron la artillería habitual de "se ha ganado la Corona" y demás, pero la impresión generalizada fue de preocupación. No cabía otra cosa diferente que mano dura cuando te quieren segregar una parte de la hacienda, pero el mensaje implícito de dirigirse a minorías españolas acosadas, que era el discurso del PP con los Policías y Guardias Civiles hostigados....

La línea ha seguido hasta hoy, donde la Ministra de Defensa, siguiendo la línea yugoslava, ha dicho que "el Estado de Derecho tiene la obligación de defender a sus ciudadanos", como si estos estuviesen amenazados o acosados por alguien más que no sean las propias fuerzas expedicionarias que se emplearon en el sabotaje del 1-0.  Es como si estuviesen hablando a un escenario futuro donde habrá "minorías españolas" en Cataluña. Como si estas no hubiesen podido votar en el referendum "inexistente", o careciesen de los mismo derechos que el resto de ciudadanos.

Un Presidente del Gobierno inexistente



La inacción política del Gobierno Central es lacerante: han recurrido al Aranzadi para frenar un movimiento político, y así estamos. Con la peor crisis democrática en décadas -al margen de la de tracto continuo de la cleptocracia, de la que se han nutrido todas las autoridades ahora enfrentadas-, y sigue en su rol de gallego que no hace nada, que deja correr el tiempo a ver si este vuelve a jugar a su favor. El que se mueve, pierde la oportunidad de volver al lugar donde estaba, o como quieran metaforizar la desesperante manera de concebir el tiempo y el espacio que tienen los gallegos. Si te mueves, no sales en la foto.

Mientras el Parlamento Europeo y el Parlamento Francés han discutido ya la grave crisis catalana, el pontevedrés ha aplazado hasta la semana que viene comparecer en el Congreso español: es la típica manera de concebir el parlamentarismo de la derecha española, que apela a la "unidad de los partidos" pero desprecia el órgano deliberador por excelencia, donde estamos representados todos.  La crisis ha servido para mostrar, de manera todavía más evidente, los resortes autoritarios de la derecha: porrazo y escarmiento, persecución judicial, Rey títere, desprecio absoluto por el Parlamento.

Incluso hoy, sometido a una entrevista-masaje de EFE, lo ha llegado a decir explícitamente: "haré lo que tenga que hacer cuando lo tenga que hacer". Como si no se hubiese perdido ya un tiempo vital. Es una persona incapacitada para tantas cosas que entre estas se incluyen el diálogo, o desenrocarse de su postura de ignorar las cosas, como si fuesen a desaparecer por sí solas. Solo ha movido lo del corredor mediterráneo ferroviario, de súbita importancia repentinamente, como si esto se arreglase con caramelitos.

Seguro que está actuando en la sombra, y hablamos sin saber. Baste recordar que cuando Puigdemont fue elegido presidente de la Generalitat, ni siquiera habló con el. Tuvo que ser una broma radiofónica -donde picó, y de donde se deduce que se moría de ganas por hablar- la que revelase esto: siempre se ha negado a hablar, y ahí sigue. Como buen gallego, seguro de que el tiempo le dará la razón. Siempre se la dan, porque viven pensando en la muerte, que es el final del tiempo. Y el que se quede en el mundo, que resuelva los problemas que dejan sin solucionar. Por eso es una de las regiones más atrasadas de Europa occidental.

A futuro



El mandato recibido por la Generalitat es claro: declaración de independencia de Cataluña, bajo la forma de República. Es la misión de las autoridades catalanas, y todos los escenarios que se están manejando, después de haber perdido tanto tiempo, apuntan a que será así. Por eso los discursos desde Madrid hablando a minorías embolsadas. Por eso esa sombra balcánica que es todavía más angustiosa. En este escenario de independencia -que sería cumplir lo que el pueblo ha expresado- se abren múltiples posibilidades.

Cataluña, en contra de toda la propaganda centralista, es viable como Estado independiente. Recibiría el apoyo en el plazo de meses de las otras pequeñas naciones europeas desgajadas en los últimos años, mientras desde Madrid se reirán de ellas, igual que se reían de las "urnas chinas", y todos los escenarios agoreros económicos serían más bien para el conjunto de España, dado que Cataluña es un territorio del que extrae anualmente 16.000 millones de euros.

El problema es lo que quedaría aquí. Quedaría la Hezpañolez que, en efecto rebote del nacionalismo separatista catalán, ha retoñado por el resto del país. Quedaría un Rey que no ha podido impedir la secesión de un territorio y que, como "garante de la Unidad Nacional" no tendría sentido alguno. Ni el, ni su institución. Y quedaría un Gobierno de derechas permanente, galvanizado por tener un enemigo exterior, al menos algo más tangible que la francmasonería.

En cuanto a la izquierda, ni se la ve, ni se la espera. Recuerden que el PP gobierna en minoría, pero nadie se ha planteado derribar a este Gobierno que ha empleado la porra y la represión para un conflicto político. Como para plantearse una reforma Constitucional. Qué digo, si la Constitución no se puede cambiar, es Sagrada y Pluscuamperfecta.

Soluciones


Si se pudiese reconducir la situación, que lo dudo porque son muchos los sentimientos tocados, España debería caminar hacia un modelo federal real, y no el café para todos de la España de las Autonomías, donde La Rioja tiene un parlamento regional. Una Constitución de nuevo cuño, donde se reconozca la especifidad de Cataluña y su derecho a un trato fiscal preferente, como mayor contribuyente del Reino que es.

Que cada autonomía se pague sus vicios con lo que ella misma produce, con un fondo común que no pueda ser una caja opaca de la que hasta hace poco nos ocultaban su contenido -las famosas balanzas fiscales- y donde las instituciones federales-supraautonómicas estén repartidas por toda la geografía, y no solo en Madrid, la capital de un estado centralista.

Pero ya es demasiado tarde. Cataluña se ha ido. Siempre ha mostrado gran desafección por todo lo que afecta al resto del Estado: proclamó la independencia el mismo 14 de abril de 1931, y ahí se tuvo que desplazar parte del Gobierno provisional republicano a calmar los ánimos. Tras aprobar el Estatut, que consumió gran parte de los esfuerzos de la joven República, Azaña dijo el 25 de abril de 1932 en Barcelona: "¡Ya no hay reyes que te declaren la guerra, Cataluña!"

El Rey pasó a llamarse República, y le declaró la guerra en 1934. El Rey pasó a llamarse Caudillo, y retiró las instituciones de autogobierno. El Rey recibió los poderes del Caudillo, y devolvió el autogobierno incluso antes de que hubiese Constitución en España. Nada ha servido, porque en esta historia de sentimientos las cosas estaban rotas desde hace tiempo. Ahora su hijo ha quemado todos los puentes con Cataluña, aporreada y humillada ("el referendum no ha existido"), y que se dispone a irse sola. No encontrarán ninguna otra libertad de las que ya disfrutaban en España, pero nadie puede negar que no tengan razón en intentarlo. No con esta España, que no es la única posible.

viernes, 20 de mayo de 2011

Estrategia de tensión

Ahora mismo, en la plaza de tu pueblo
Ya tienen los contendientes. De un lado, una parte de la sociedad, cifrable en un dígito, que ha tomado las plazas y exige un programa maximalista a dos días de las elecciones; por otra parte, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que esta medianoche tienen que empezar a ejecutar el mandato de la Junta Electoral Central de no perturbar el proceso electoral. Están todos los ingredientes, hasta la hora fijada.

De momento, los acampados dicen que son muy pacíficos, que no piden el voto y que si el artículo 21 de la Constitución, que permite la reunión libre sin previo aviso, faltaría más. Ya veremos cómo son de pacíficos cuando haya que sacarlos del espacio público que están para unas actividades que no comparte la mayoría de la ciudadanía. Dirán que la Policía les provocó, porque este es un guión que se repite una y otra vez que hay que lidiar con la muchachada.

Aunque en un principio esta algarada se nutriese de buenas dosis de ingenuidad y gente que la practica sin darse cuenta, es bien evidente que ya está controlado por los antisistema y los comunistas: no voy a hacer la prueba, pero seguro que si me acerco a alguna de las plazas ocupadas con una bandera de España no sería muy bien recibido, porque ya saben que hay repelús a algunas cosas. Por cierto, la bandera de España tampoco pide el voto para ninguna formación política, y esto tiene que ver con la simbología del anterior post.

Piensen ustedes si alguien con dos dedos de frente se puede identificar con pancartas como esta: "NO SOMOS ANTISISTEMA, EL SISTEMA ES ANTINOSOTROS. YA NI SABEIS QUE HACER PARA PROHIBIRNOS". ¿Un sistema "antinosotros"? Desde luego, un claro caso de demencia donde, ante la imposibilidad de comprender un mundo complejo, es el mundo el que no nos comprende. Adolescencia pura.

La gente colgada de los andamios en posturas simiescas, como si fuese una representación de la Fura dels Baus (algo de parentesco hay, evidentemente) no ayuda mucho al calado popular de este tipo de mensajes. Y es la tónica general: zarrapastrosos, gente con el perro y la flauta, estudiantes de letras (estamos en época de exámenes, ¿lo sabían?) y gente que se autodefine como "joven" a pesar de que ya ha superado la treintena.

Cualquier fotogalería que se consulte es descorazonadora. El oso símbolo de Madrid con la bandera arcoiris, una foto enorme de Himmler con las orejas de Mickey Mouse (por favor, que alguien me lo explique: no tiene ni puta gracia, ni una), "Pienso, luego estorbo" (es existo, y es no haber entendido nada de Descartes), investigar11s.org (no pienso visitar esa página, el título ya lo dice todo), "techo y trabajo sin ser esclavo" (¿ustedes han visto inmigrantes en las fotos? ¿no creen que tienen más motivos?) o "Faltas tú" (y lo seguiré haciendo) son parte del paisaje creado estos días en la Puerta del Sol.

Falta el mítico cartel de Tío Pepe, lamentablemente en restauración. Hubiese dado el contrapunto cañí y castizo a tanta tontería. De hecho, estoy convencido de que algún guiri debutante en Madrid no hubiese tenido ningún problema para confundirlo con las eclécticas pancartas que se pueden leer: "¿y que pedirán con esto?" "Pues vino y botellas con torerilla". Pues eso.

La verdad es que el campamento de Sol y otras plazas parece un zombie walk: no, no es un chiste. Comparen fotos, por favor.  Muchos de los asistentes son muertos en vida, aunque no se hayan dado cuenta. Según la estrategia de tensión típica de los antisistema y los comunistas, el siguiente paso es buscar un mártir. A quien le toque, claro.

Tengan en cuenta que esta gente nace, crece y muere con el mito de la Revolución, y dado que sus padres no la hicieron, esto es lo más parecido que han tenido en su vida a eso. No van a dejar pasar la oportunidad o volver a sus casas, la mayor parte en propiedad. Cosas como esta te pasa una vez en la vida, al menos fuera de las facultades de letras. Avisados quedan. Esta noche, en su informativo particular.

lunes, 28 de marzo de 2011

España berlanguiana


"Vecinos de Villar del Rio, como alcalde vuestro que soy..."

Por si no se habían dado cuenta, estamos ya metidos de lleno en la campaña electoral. De manera violenta y sonrojante para el contribuyente, en las últimas semanas se apelotonan las inauguraciones, los estrenos y los corrimientos de cortinas para descubrir placas con nombres, fechas y obras. Es un espectáculo morboso y difícilmente justificable, pero con un origen claro.

De la misma manera que vamos camino de que las Navidades empiecen cuando se acaba el verano, con las elecciones vamos camino de vivir en periodo electoral continuo, una especie de estado de alarma nunca conculcado. La razón está en una decisión política, y por tanto son los políticos los que han querido toda esta absurda situación.

El 22 de mayo hay elecciones regionales y municipales, esto es: quedan prácticamente dos meses. Dos meses. Antiguamente, el baile y vodevil de inauguraciones y cortes de cintas se aglutinaba en las últimas tres semanas, para conseguir un efecto de pregnancia mayor en el electorado, al parecer voluble ante este despliegue de su dinero, muchas veces derrochado en horas extras y tres turnos para que la obra llegue a tiempo para la cita electoral, cuando bien se podría retrasar unos meses más dada su auténtica irrelevancia.

Dado que el Consejo de Ministros aprobó el pasado viernes el Real Decreto de convocatoria de elecciones para la fecha anterior, el calendario queda así: la campaña oficial empieza el 6 de mayo y termina el viernes 20 de mayo. De la Junta Electoral Central se sabía que iba a dictar una norma que prohíbia visitar o inaugurar obras en dicho periódo, para lo que se ha reformado la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, esa norma intocable para tantas otras cosas.

Como vivimos en una partitocracia de dos partidos, ha bastado que estos dos se pusiesen de acuerdo y ¡zas!, ya tenemos la reforma, que ha producido los efectos esperados, porque si no se ha previsto este efecto ¿para que la reformaron? Desde luego, no para salir perjudicados por una norma estúpida que extiende la campaña electoral hasta límites dificilmente soportables por los ciudadanos, porque incluye el llamado periodo "preelectoral".

La Junta Electoral Central, ese órgano opaco y al parecer inflexible, compuesta básicamente por magistrados del Supremo -el mismo órgano proclive a las presiones de la Embajada de EE.UU y de otros poderes fácticos- y por Catedráticos de Universidad, muestra actualmente esta composición. Son los culpables de este desatino consistente en que, por querer solucionar un problema inherente a la democracia de partidos y la mezquindad de la función pública entendida como una empresa inmobiliaria y no como servicio al ciudadano, han conseguido agravarlo. Exactamente igual que haría un político. Por cierto, que nadie se sorprenda si entre la actual composición de sus miembros hay muchos que han hecho de su confesión política -porque lo viven así, como una cuestión de fe- algo público.

Han hecho la norma tan mal, y con tan mala intención, que oficialmente hoy queda prohibido inaugurar cualquier Centro Cívico, criadero de caballos municipal o plaza de aparcamiento para minusválidos. A casi dos meses de las elecciones. Como la medida era bien conocida antes de aplicarse -y no como antaño, cuando la Junta debía trabajar largas horas en el periodo de campaña para estudiar y, en su caso, prohibir este mercadeo-, los políticos se han adelantado, no en vano controlan este órgano supuestamente independiente.

Estos días han sido de una inauguración frenética, la mayor parte de las veces de infraestructuras sin finalizar, por lo que se habrá conseguido el doble efecto de no lograr quitar el arrastre político y, encima, como doble maldición para el sufrido contribuyente, tener que aguantar al político de turno inaugurando de nuevo lo que ya se había presentado como nuevo en este desquiciante mes de marzo. No será hasta después del 22 de mayo, eso sí. Tampoco es probable que sea durante el verano, por esas cosas consustanciales a este país. Nos espera un otoño de re-inauguraciones, o quizás un invierno en función a la disponibilidad presupuestaria.

Fastos y más fastos, por el gasto que lleva asociado. Esta lamentable constumbre de las inauguraciones a cachos tuvo su momento señero, pero seguramente no fundacional, cuando Jose María Aznar I inauguró, acompañado por su entonces secuaz Francisco Álvarez Cascos, la terminal T-4 de Barajas, que no comenzó a operar hasta dos años después. Se acercaban las elecciones de 2004 y había que ir apretando. Igual hicieron con el AVE a Barcelona. He buscado muchas veces la placa de la inauguración, pero debe haber desaparecido. Deberian guardarla para un imaginario e imposible museo de la Historia de España.

Quizás sea el efecto deseado: en época de recortes presupuestarios, bombardear una y otra vez con el mismo equipamiento, ante la falta de otros diferentes. Insisto en que el efecto logrado por la absurda medida de la Junta Electoral Central estaba seguramente previsto en los cálculos de los políticos, y por eso estaban preparados para las inauguraciones. Se llama al sustituto de Orange Market, se monta el atril, se llama a la prensa afecta -toda- para que después publiquen la foto y las magnitudes típicas de la propaganda más abyecta ("en su área caben tres Camp Nou", "dará servicio a seis millones", "sus cables podrían dar la vuelta al mundo", "ochenta y cuatro quirófanos") y ¡hala!, a alabar la gestión.

¿Y qué hará ahora esta clase política carente de ideas? ¿Habrá auténtico debate? No creo. De hecho, como han tenido tiempo para prepararse ante la medida, ya han orquestado imaginativas soluciones para burlar la Ley que ellos mismos han tolerado y, atención, se han puesto de acuerdo para modificar. Miren el caso de Madrid, la urbe gobernada por Ruiz-Faraón, un alcalde adicto al Estado en obras de Licinio de la Fuente y que, aprovechando las últimas horas de inauguración, ha dado el campanazo de salida al nuevo Ayuntamiento.

La nueva casa de la Villa estará ubicada en Nuestra Señora de las Telecomunicaciones (Trosky dixit), el rotundo edificio ecléctico que domina una de las esquinas de la Plaza de la Cibeles. Como el edificio es tan acromelágico que es imposible que sirva únicamente para las funciones municipales -se ha pasado de uno pequeño a uno descomunal, invirtiendo los problemas inherentes pero no solucionándolos-, se ha aprovechado para hacer sala de exposiciones, espacios de libre tránsito, "suturar heridas urbanas" y toda esa perorata habitual.

Así, Ruiz-Faraón ha decretado, y sus subditos obedecerán fielmente, que de aquí a junio el descomunal edificio esté en "puertas abiertas". Vamos, que la propaganda de la nueva obra llegará hasta el momento de las elecciones y más allá, aunque la foto de la inauguración saliese antes. El público -perdón: votante- que acuda a ver el canto de cisne de Los Quince Años Inmobiliarios (la mejor definición para el periodo 1995-2007) con el que sin duda nos recordarán dentro de medio siglo, cuando aún estén pagando la deuda generada en este periodo, sabrá perfectamente que está dentro del vientre de tan magna obra y tan excelsa institución porque el alcalde, en su magnimidad, así ha querido.

Eso es Madrid, claro, donde todo es más grande, más ampuloso y más de nuevo rico que no sabe donde gastar el dinero. Sin embargo, el síntoma se puede encontrar en cualquier rincón de la geografía nacional, porque para algo estamos dentro del mismo sistema político, al menos en sus magnitudes más básicas: el electorado es tonto y vota en función de lo que se ha hecho, no como se ha hecho ni a costa de que otras cosas no se han hecho. Si siguen en el poder es porque el cálculo todavía les es favorable.

Fíjense si no en esta berlanguiana noticia, digna de mayor repercusión. El alcalde de un recoleto pueblo leonés ha inaugurado un cacho de carretera de ¡200 metros!. En la noticia, fielmente reproducida por un escriba local -a esos niveles no existe el periodismo crítico, ¿que se creen que es esto?- se da a entender que la magna obra continuará, pero por si acaso vamos a inaugurar estos dos hectómetros antes de la prohibición electoral.

Felicidades a la Junta Electoral Central y a los partidos políticos por la medida de prohibir las inauguraciones en periodo electoral. Jose Luis García Berlanga merecía un homenaje continuo, nacional y capilar como el que estamos viviendo.
***
Twitter de Álvaro de Cózar, el incalificable periodista de El País que está siguiendo el conflicto libio con pantuflas: "@decozar77: Vuelven las explosiones en Trípoli. Hemos oído seis y luego otra vez los disparos de las defensas. Ahora lo único que se oye es un grillo"

Cri-Cri,Cri-Cri,Cri-Cri...juraría que estoy oyendo las crónicas de este periodista.