La ultraderecha sigue marcando el debate político de este país, a veces con temas de gran calado, y otra con auténticas estupideces alzadas a primer plano porque sencillamente...¿no hay otros temas más relevantes? ¿O es todo una estrategia consensuada para que ellos parezcan cavernarios y los otros seres de luz? ¿De qué va todo esto?
La última polémica es el veto paternal que la caverna quiere implantar en Murcia, una región enriquecida súbitamente, pero poblada en su gran mayoría por gañañes: de ahí han salido Zaplana y Trillo, padres de una escuela de entender la vida pública de gran calado. No es casual que Vox haya ganado por escaños en las últimas generales, y que inmediatamente después la ejecutiva regional haya dimitido porque "no dábamos abasto" (había mucho trabajo).
Digo veto paternal para no caer en operación de mercadotecnia política por la que la ultraderecha pretende pasar por un servicio de telefonía lo que es un veto, un veto ideológico a la programación escolar. Básicamente consiste en que los padres, si alguna actividad o contenido curricular les parece que no es de recibo (guiño, guiño a la vergüenza de la concertada), pueden vetar esa actividad para su prole.
La ultraderecha ha acotado el debate en torno a las charlas de sexualidad que, al parecer, reciben adolescentes en colegios, y donde les enseñan, en edad crítica, que la naturaleza no es binaria, y que en vez de distribuirnos cual campana de Gauss entre hombres y mujeres heterosexuales, hay un porcentaje muy significativo -pero que siempre será minoría- de personas que no se etiquetan en ese binarismo.
Ha sido un tema recurrente del pensamiento ultra en los últimos lustros. Conociendo la caverna de donde salen -algunos incluso de colegios que segregan por género- es normal que crean que lo que recibe su prole es propaganda para que, con complejas técnicas de hipnotismo, su Marcos o su Inés acaben adorando falos y vulvas, respectivamente. Como si fuese así de fácil.
Y esto por no entrar cuando sale el tema de las minorías de la minorías (creo que se corresponden con el resto de siglas de LGTB), que es entonces cuando cortocircuitan por completo. En vez de enfocar el tema por la vía de que tanto a la izquierda como a la derecha les iría mucho mejor ocupándose de las mayorías y sus problemas -una vez que esas minorías de las minorías ya tienen un grado de tutela efectiva de sus derechos reales muy amplio- se ceban en lo más grotesco del asunto.
Si tienen el estómago de echar un vistazo por encima de alguna cuenta de Twitter del facherío repugnante verán que están llenas de vídeos de locas que dan cursos de sexualidad, no necesariamente en colegios, pero para ellos es lo de menos. Lo importante es que se vea a un travelo hablando con fichas escolares, o una lesbiana de cúbito supino explicando donde están las diferentes partes que la talladora de la Venus de Willendorf intentó ubicar.
Será que es mucho mejor que un torero vaya a dar clases a colegios -visualicen por un momento cómo se viste un torero, y si difiere mucho de una drag-queen- o que la Policía vaya a centros escolares, cuando no van científicos ni panaderos. Y las horas perdidas de trabajo efectivo en la calle les computan como horas laborales efectuadas: en propaganda de lo buenos que son.
Ese debería ser el debate, en cuantas horas efectivas de enseñanza realmente útil reciben los escolares, una vez descontadas presentaciones chorras y vídeos que ponen en clase para ahorrarse la lección. Como eso afecta a una gran masa de votantes que son los profesores -750.000, hay que cagarse para creerlo- y sí que sería una revolución en el sistema, mejor levantar la polémica sobre un tema que es...una estupidez.
El veto parental no puede existir, y el Gobierno hace bien poniéndose firme en el asunto. Es ilegal, y es un retroceso propio de una edad en que desde el bando ultra se les llena la boca con lo de "libertad para elegir" (el médico, el banco, ahora dicen que también la compañía de tren), cuando hay cosas que son comunes para todos, y es el Estado central el que lo fija, no una autonomía surgida con el régimen del 78, otra autonomía artificial.
A la polémica no le ha venido nada bien que la bocazas y gagá Celaá haya dicho que los hijos no pertenecen a los padres, en otra frase desafortunada de esta millonaria vasca. Lo explicaban mucho mejor los que sí que hicieron el gran esfuerzo para la educación en España con el babyboom y la generación que vino con el desarrollismo y el piso en propiedad -o pagadero en cómodas letras- y que se puso a procrear nada más llegar a las ciudades.
Colegios colapsados, clases en barracones, autobuses escolares para llevar a alumnos a distritos más alejados y donde había plazas libres. De esa época quedan los razonamientos de esos padres que agradecian la escolaridad pública, universal y gratuita que hacía a todos los que pasaban por el sistema porque, y esta es el núcleo del asunto, no querían que fuesen como ellos.
No querían que fuesen pobres e ignorantes, y si el hijo/a les salia estudioso por el camino, mucho mejor. Ahora hemos vuelto cuarenta años atrás, donde los padres quieren que sus hijos sean como ellos, y que en esta polémica artificialmente inducida por la ultraderecha significa que quieren que sean ignorantes (solo hay papá y mamá, chicho y chica) y brutos -lo que no te gusta lo puedes vetar-, perpetuando así la herencia generacional de incultura y entrecejo poblado que siempre tendrá Murcia, por muy ricos que ahora sean.
Como el clima político está atrincherado entre los de la libertad y el resto, es fácil intuir que Madrid -la región de la arrogancia, si no tenemos algo lo compramos- se sumará a esto del veto parental, y solo por menoscabar al Gobierno, cuando el auténtico tema no son las chorraditas de una clase de una hora sobre sexualidad u otros contenidos que los ultras puedan considerar polémicos, sino sobre las horas efectivas de educación que reciben los escolares. Como es un tema mucho más serio, jamás tendrá relevancia alguna, mucho mejor la mongolada azuzada por la ultraderecha para reafirmar la autoridad del "cabeza de familia", por usar su terminología.
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Qué vergüenza ha dado desde el inicio el caso de este italiano. Por lo menos la noticia de su última fechoría indica que ha sido despedido de todos los sitios: porque lo que hace no es física, es política. Acabará de Ministro de Educación de Salvini.
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Valdecaballeros, el Lemóniz extremeño, revertirá a la Comunidad Autónoma: los planes que tienen para la instalación te sorprenderán por su imaginación y vanguardismo.
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Oposiciones que no se cubren, precisamente las que requieren mayor capacitación. ¿Casualidad? No, es el modelo de país.
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Oviedo eterna e invicta. El Oviedín de siempre.
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Pongan a una enferma mental a hacer la reseña de un disco en la era del #MeToo y saldrá esto. Será que no se ha dado cuenta del nombre del grupo. Por cierto, es un dis-ca-zo.
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Está muy bien y documentado todo el artículo, pero yo lo enmarcaría más bien en el contexto de unos tipos de interés tan bajos, y tan mal rendimiento de las inversiones, que muchos grandes capitales están inviertiendo en productos que antes despreciaban simplemente para especular con ellos.
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¡Otro caso parecido al de Enric Marco! ¡Todavía más morboso!
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"Su música me daba igual. Su estilismo... Sí. Yo quería ser como David Bowie". Por lo descrito, como el Bowie del Low. Por las fotos, no lo consiguió.
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Breaking news sobre la generación mejor formada de la Historia: hasta para volver les tienen que ayudar. Se relata el caso de una secretaria a la que han pagado 1600 euros por "el billete, la mudanza de algunos muebles, y el viaje de su perra".
Blog personal sobre cuestiones sociopolíticas. No es un blog de antipolítica. El autor tiene sus opiniones, que casi nunca coinciden con las de ningún partido ni ningún medio de comunicación.
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sábado, 18 de enero de 2020
Pin neandertal
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