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miércoles, 23 de febrero de 2011

Mi amigo Gadafi

Alianza de civilizaciones
Parece que el mundo está redescubriendo en estos días a Gadafi. 41 años en el poder y ha tenido que emplearse a sangre y fuego contra sus levantiscos esclavos para que se digan ayes variados y entremezclados.

Todo comienza con wikileaks. Aunque la propaganda oficial insiste en vender la idea de que las actuales revueltas en los países del norte de África se iniciarion cuando un vendedor de fruta tunecino se inmoló en protesta por la brutalidad policial, lo cierto es que han sido las revelaciones de los cables diplomáticos estadounidenses lo que ha inflamado los ánimos.

Los cables, que nos llegan filtrados, masticaditos y con su carga explosiva mojada, vienen a decir que todos esos países ribereños del Mediterráneo son cleptocracias establecidas en torno al núcleo familiar del dictador a cargo. Así pasó con Ben-Alí, del que hace poco hemos visto imágenes de su falsa biblioteca para ocultar fajos-ladrillo de billetes a los que ni siquiera había quitado el folio de clasificación del banco central de Túnez. Con la posibilidad de que sea propaganda, no deja de ser muy verosímil.

Después le tocó a Hosni Mubarak, dictador de Egipto desde hace treinta años y con muy buenas relaciones con Occidente. Se habla de fortunas de 10.000 millones de dólares que, y ya que está de moda haber hecho desaparecer la hectárea (ahora se dice directamente "x campos de fútbol"), se la convierto en aplicaciones prácticas: una nueva terminal T-4 de Barajas. En manos de una persona cuyo mayor mérito era haber sido el segundo de Sadat cuando fue asesinado en 1981 por los acuerdos de Camp David, otro de esos grandes logros de la presidencia del denostado Jimmy Carter.

Ah, y también haber reprimido el islamismo en los noventa. De hecho, un comentario muy habitual del que ha ido a disfrutar de los encantos turísticos de Egipto es destacar la presencia de controles militares fuertemente armados en todas las esquinas. También podían haber servido para otra cosa, pero dadas las características de Egipto -ahí no hace falta twitter para comunicarse-, donde el 98% de la población vive hacinada en la estrecha franja del Nilo, casi se puede considerar una revolución incruenta por lo que hubiese podido pasar. A ver en qué deriva, eso sí.

A la espera de lo que pueda pasar en Marruecos -fue una de las primeras cleptocracias señaladas en wikileaks, gracias a que El País fue uno de los diarios agraciados en el sorteo de los cables y por su vecindad con el diario independiente de la mañana-, país del que siempre nos han dicho que era una bendición que tuviese la monarquía alauita y no fuese una república árabe, a pesar de haber sido nuestra bestia negra durante más de setenta años, donde están Ceuta y Melilla y los de la Marcha Verde. Por aquí no parece importarle a nadie.

Una cumbre muy reciente del G-8
Sea como fuere, o lo que tenga que pasar, actualmente todo está centrado en Libia. Es lo que pasa con las revueltas-dominó. Parece que primero uno, después otro y ahora este, a ver cúal viene después. Eso sí, no todos juntos que entonces a lo mejor si que tenemos un problema de verdad. El país más rico de África por renta per cápita, que podría ser una especie de Kuwait del Mare Nostrum, es una sórdida dictadura de un loco peligroso, como ha demostrado en múltiples ocasiones.

En los años setenta la URSS le facilitó aviones que daba muy escasamente: MIG-25, un interceptor diseñado contra aviones-espía y que todavía tiene varios récords de aviación -también lo tiene Argelia-, y Tupolev-22, un bombardero estratégico. Como lo oyen. Pagaba el petróleo, ese ingrediente básico para que países del Tercer Mundo tengan bisutería militar de ese brillo y fulgor. ¿Por qué? En teoría porque Libia es un país muy extenso -y en verdad lo es, pero sólo tiene interés la franja costera- y en realidad porque los juguetitos se envíaban en versiones-beta sin todas las características. Eso sí, fardaban mogollón.

Como Gadafi es un loco y siempre lo ha sido, utilizó los Tupolev (¿para que tienes un bombardero estratégico si no lo utilizas?) para atacar la capital de Chad, probablemente el único objetivo susceptible de ser alcanzado por bombas en este otro inmenso y desértico país. Las razones se han perdido -probablemente porque pasaban del panislamismo de Gadafi en los setenta y principios de los ochenta, en vez de rendir pleitesía-, en uno de los sucesos más gañanes de la Guerra Fría: países del Tercer Mundo guerreando con armas que no le eran propias por motivos aún más futiles. No se les olvide que Cuba envió tropas regulares a Angola y el cuerno de África por esos años.

Con el cambio a los ochenta Gadafi vio una nueva luz: el terrorismo internacional. Un repaso a las pelis de Hollywood de los ochenta y verán que aparece en muchas de ellas. También Jomeini, aunque no Sadam Hussein. Por entonces era de los buenos, como los talibanes afganos, aunque fuese exactamente el mismo que vimos ejecutado en 2006 en un cutre vídeo casero entre jaleos de la plebe. Gadafi no: era malo malísimo y hacía todo lo posible por ganarse su reputación.

Además de volar dos aviones por los aires -incluyendo el famoso de Lockerbie en 1988, una cosa que no se olvida en Escocia y donde duele sobremanera que el condenado fuese repatriado a Libia hace tres años por un cáncer de próstata mortal y esté todavía danzando por ahí- y, atención que todavía no se ha recordado por aquí, estar detrás del atentado de Torrejón que mató a casi 20 personas en las cercanías de la base militar americana (todavía hoy el tercer mayor atentado por número de víctimas en España, tras el 11-M y el de Hipercor), Gadafi sobrevivió.

Hubo sanciones internacionales a la manera clásica, y alguna acción más directa. El gran Ronald Reagan -nada de ironía aquí- envió una misión de castigo contra este loco peligroso en 1986. Aviones F-111 (los de la geometría variable que ha acabado como término de uso político) despegaron de Inglaterra y, tras rodear la Península Ibérica -Felipe González se negó a que sobrevolasen nuestro territorio, en una decisión acertada- bombardearon uno de los palacios presidenciales. Gadafi se salvó de milagro.

Otra Alianza de Civilizaciones
No fue la única escaramuza. Dos F-14 de la VI Flota derribaron a sendos Mig-23 sobre el golfo de Sirte que les habían ido a tocar las narices, Gadafi lanzo un par de Scuds sobre la italiana isla de Lampedusa...en fin, los ochenta. Si ya era malo para EE.UU estar combatiendo al Imperio del Mal en todos los frentes -y con éxito por colapso-, imaginénse lo que es lidiar con este loco de atar.

Tras la caída del sistema soviético, Libia se quedó muy desamparada. Ahí Gadafi empezó a modular su discurso y, merced a tener un país aún virginal en cuanto a exploraciones petrolíferas, empezaron a llegar los acuerdos y las palmadas en la espalda. La última vez que una petrolera seria había hollado el subsuelo libio era en los años setenta. Y las amistades sobrevenidas viniero de todos, todos. Al antiguo terrorista internacional.  Italia, antigua potencia colonial, llegó a dejarle el espléndido parque de Dora-Pamphilj en Roma para que instalase su circo durante una visita oficial, donde le permitieron hacer de todo.

Con decirles que nada más bajar del avión iba adornado con una foto y su correspondiente marco en la pechera...en la foto en cuestión aparecían los líderes nacionalistas libios represaliados por Mussolini. Berlusconi, que es bastante ignorante en Historia, no le dio ninguna importancia hasta que le dijeron de que se trataba. Como es un hombre de negocios, sacó las cuentas y le compensaba más los suculentos acuerdos petroleros y de inmigración que hacer un desaire. Gadafi le llegó a arrancar el compromiso de la construcción de una autopista que conectase toda la costa libia (2.500 kms.) con la frontera egipcia, al coste de 3.000 millones de euros.

Italia, que no tiene dinero ni para pagar sus propias carreteras, firmó. Todo de cara a la galería, por supuesto, como sabe cualquiera que haya hecho negocios con este simpático país que es el que está ofreciendo mejores análisis sobre la actual situación Libia. En todo caso, no deja de ser paradójico que un país donde sólo viven cuatro millones y medio de libios, más otros dos millones y medio de esclavos extranjeros, tenga que andar mendigando por ahí infraestructuras apelando a "compensar la carga del colonialismo".

¿Dónde han ido a parar las increíbles rentas del petróleo? Libia no es un gran productor mundial, por mucho que les vayan a contar por ahí: únicamente produce 1´6 millones de barriles al día. Es el decimotercer productor. Sin embargo, dada su cercanía a Europa y su poca población (lo que también permite que exporte la mayor parte de esa producción, hasta un 90%), esas rentas les hubiesen servido para hacer de su país algo bastante por encima del dudoso epíteto de país más rico de África. Esta claro que ese dinero se desangró en armas -como ahora está comprobando la población-, en financiar el terrorismo y en las excentricidades de Gadafi y de sus hijos (¿alguien se acuerda que el más macarra de los hijos, el del vídeo del baño de sangre, llegó a fichar por un equipo de primera división italiano, mientras la petrolera estatal Tamoil patrocinaba a la Juventus y cogía el 10% del capital? Acabó dando positivo en un antidoping), pero otra parte muy importante se ha ido en una de las mayores locuras jamás emprendidas en el mundo.

¿No tendrás una sobrinita como Mubarak?
El proyecto, porque no está acabado y probablemente se quede así,  se llama Gran Río  Hecho por el Hombre (Gadafi, se supone), consistente en irrigar partes desérticas del país con agua extraída de acuíferos subterráneos hallados en mitad del Sáhara cuando se estaba buscando petróleo. Como casi todas las bizarrías de este tipo, aparece en el Guinnes como "el mayor proyecto irrigador del mundo", igual que con Franco teníamos la mayor piscina al aire libre del mundo.

De momento se han gastado 25.000 millones de dólares en esta locura, que seguramente serán muchos más. Hagan de nuevo la conversión de campos de fútbol, por favor. Para nada. Hubiese salido mejor desalar agua del Mediterráneo y, en todo caso, ¿de que sirve irrigar campos si después no exportas la producción? Porque gastar 25.000 millones de dólares para que los siete millones de residentes en Libia puedan comer frejoles y lechugas Made in Libia con orgullo patrio no tiene sentido.

Sin embargo, sí tiene sentido en las dictaduras omnímodas como prestigio social. El color de Gadafi es el verde, como en casi todas las zonas desérticas. Verde que te quiero verde. Regar el desierto, aspiración bíblica, del Plan Badajoz y también del Plan Hidrológico Nacional. La pena es que ni siquiera funciona, como suele pasar en estos casos: como el agua hay que traerla desde muy lejos, con un gasto energético descomunal, después se tiene que almacenar en ¡enormes piscinas al aire libre!, donde la tremenda evaporación del desierto hace que se pierda hasta en un 60%. Para más colmo, el acuífero desde donde se saca no se renueva, y sólo durará 100 años, aunque apuesto a que serán bastantes menos.

Bien, pues con este tipejo han intimado los líderes mundiales. Ahora que está masacrando a su propio y levantisco pueblo, tampoco se oye ninguna voz de condena abierta, ni siquiera se pide una intervención directa como cuando la operación de propaganda de Kosovo y el bombardeo de Belgrado. Algo tendrá Gadafi que seduce a todos. De momento, sigue en el poder, por lo que no hay que enemistarse mucho. O será el efecto del  botox, lo primero de lo que informó El País con sus wikileaks. Qué pena de mundo, la verdad.
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En Italia tienen una expresión clásica para este tipo de cosas: palazzi nel deserto.
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Relacionado con lo anterior, ha durado 112 días. Me parecen muchos en un aeropuerto que tiene ¿tres? operaciones al día.
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Jocs Florals. Si hasta se han enfadado por no poder tener su caja nacionalega...maravilloso eso de que no tienen "problema de definición".
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Junio de 2003. El análisis ha envejecido muy, muy bien. El autor llegó al poder como consejero aúlico de Zapatero en muchos de los temas que trata, que no abordó desde su posición: dejaron que el caballo siguiera desenfrenado.
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Dios mío, líbrame de mis amigos.
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Cuando eres de Cantabria y profundamente estúpido dices estas cosas. Cuando has dirigido una película que hacía run-run desde hacía años -una burbuja fílmica- y después fue una caca de vaca (en castizo: una puta mierda), pero das imagen de moderno, pelo a lo Lynch, eres estrambótico y, de nuevo, profundamente estúpido y sin nada que ofrecer, pues dices lo de que El Holocausto fue un montaje y te quedas tan ancho. Aquí lo único que hay de montaje es tu propia figura, porque no eres nadie y nunca lo has sido, comeboñigas.

Por cierto, con esta tontería de nada se cierran las puertas de Hollywood para siempre, aunque jamás las tuvieses abiertas.

miércoles, 18 de febrero de 2009

En la nada

Aquí en España hay elecciones provinciales por duplicado en pocos días, un escándalo de espionaje y otro de corrupción mayúsculos, pero yo les voy a hablar de Italia. Disculpen si me parece más importante explicar el proceso de autodestrucción de la izquierda en ese país, debido a dos fenómenos: su propia capacidad y el signo de los tiempos.

Hace dos días dimitió de su cargo el líder del Partito Democratico Walter Veltroni. Los análisis en la prensa española han sido extremadamente defientes. No voy a hacer el discurso argentino de vos jamás entederás el peronismo, con el que cualquier austral te descalifica para hablar de su país, pero sorprende la estupidez, mayor de la habitual, en los análisis. Además de reconocer que no entiende el berlusconismo, Miguel Mora -el muy limitado corresponsal de El País- ha dejado frases como esta: "Con una izquierda normal enfrente, la nueva victoria de Berlusconi resultaría imposible de entender". Ah ya, el mito de la izquierda unida, el no pasarán, tralará. Sigh...En la Cadena Ser, donde Àngels Barcelò da mucha relevancia a las bufonadas de Berlusconi, el muy capaz corresponsal Joan Solès confeciona piezas lacrimógenas y llenas de tópicos. Siempre acaban hablando en tertulia de Italia, que si plin, que si plan.

Veltroni es un político mediocre. Se metió en el Partido Comunista de joven -en Italia siempre hay las mismas caras- y obtuvo puestos de relevancia inmediatamente. Su aldabonazo vino en 1996, cuando entró de vicepresidente en el primer gobierno Prodi. Era la primera vez que la izquierda ganaba unas elecciones en Italia. Después pasó a la alcaldía de Roma, donde impuso el modello Roma: una mierda de gaitas y humo, como crear bibliotecas, hacer una Festa del Cinema -es lo que estudió el, ya ven como está el patio- o llevar a los escolares de excursión a Austwitz, gastos pagados. El desarrollo a través de la cultura, entendida laxamente. La "x" está bien puesta. Como su techo era más alto, y lo había probado en 1996, ideó un fantasmagórico Partito Democratico y convocó unas primarias para minar el segundo gabinete Prodi. Caído el practicante de la ouija -cualquier día les cuento la historia-, Veltroni fue el candidato indiscutido de la izquierda en las elecciones de 2008. La victoria de Berlusconi fue tremenda.

Desde entonces, Veltroni ha sufrido su misma medicina. Su amigo Rutelli perdió la alcaldía de Roma, que se consideraba un bastión infranqueable gracias al modello Veltroni, y lo hizo de una manera humillante: parece que los romanos no opinaban lo mismo que su iluminado alcalde; en todas las elecciones regionales salía derrotado; su propio partido sacaba nuevos rivales -el último, la pesadilla Bersani-; y la gota que colmó el vaso fueron las elecciones de Cerdeña. El fundador de Tiscali estaba en el poder y ha perdido por ¡10 puntos de diferencia!, a pesar de su discurso criptoautomista. O quizás por eso.

Berlusconi, del que opino lo mismo que ustedes, no es culpable de la imbecilidad de sus rivales. La explicación más fácil es que controla las televisiones: controla las suyas, que son un ejemplo de pluralidad comparadas con TeleMadrid o TeleAsturias. En la RAI, el Partido Comunista y sus diferentes encarnaciones siguen al frente del tercer canal, por poner un ejemplo. El Corriere della Sera, el periódico de la clase dirigente, es furibundamente antiberlusconiano. Es curioso que en el caso del Grupo Prisa, que siempre ha negado -y con razón- su influencia real en los tres días que siguieron al 11-M se limite a explicar el fenómeno del berlusconismo de una manera tan primaria como que controla los medios de comunicación. Es un resabio de izquierdas.

La gente vota a Berlusconi -que a pesar de todo sólo tiene el 30% de los votos y requiere pactar con otras fuerzas de derecha- porque LE DA LA GANA. Y porque no hay alternativa. Fíjense lo que ha dicho el fracasado de Veltroni en su despedida: ya que me voy del convento, me cago dentro. ¡Qué típico y previsible!. Pero la crisis va más allá de los nombres: a Berlusconi le tocará el hecho biológico -ya tiene 73 años- y no tiene sucesor ni nada que se le parezca. No lo necesita. Italia es de derechas. A diferencia de España, a mayor número de votantes más posibilidades de que gane la derecha, un espectro ideológico que ha arrasado en la batalla de las ideas. La que perdura. La izquierda, cuando ha estado en el poder, no ha llevado adelante nada. Y cuando ha estado fuera ha impedido cualquier cosa.

En Italia pervive una izquierda revolucionaria -en letra pequeña- que plasma su pensamiento caduco en revistas de supuestos altos vuelos donde se defienden cosas que se debió llevar el viento, allá por 1989. La comparación con sus contrapartidas en la derecha es demoledora: han ganado la batalla de las ideas, y lo han hecho con argumentos donde la izquierda ha titubeado, hecho piruetas en el aire o se ha abstenido. En el caso italiano, la seguridad, pero también la sociedad multiétnica, el progreso entendido como desarrollo e infraestructuras, o el sistema social. La gente, la sociedad italiana, vota a la derecha y sabe por qué lo hace. Porque en ese país no hay nada al otro lado. Nada, creánme.

martes, 26 de agosto de 2008

Italia, país de puentes

Italia es un país enemigo de lo contemporáneo. Por fin se va a inaugurar el puente que Calatrava ideó para Venecia. Será el próximo 18 de septiembre, y asistirá nada menos que el Presidente de la República. El alcalde, el filósofo Massimo Cacciari, no estará para evitar ser fotografiado junto a una estructura odiada simplemente por su condición de contemporánea.

Es una metáfora de este país. Los puentes sirven para unir las orillas, pero en Italia las separan. Conviene recordar que solo hay dos puentes en Venecia que salven el Gran Canal: el de Rialto, que cualquier día se nos cae por la masa de turistas; y el de la Accademia, hecho de madera de forma provisional y para ser desmantelado y que, como la torre Eiffel, ha terminado por quedarse para siempre. Esto también es muy italiano.

El nuevo puente de Venecia, ya bautizado popularmente como de Calatrava -eso de tener un apellido sonoro tiene sus ventajas- une el único sitio donde llegan autobuses desde tierra firme -Piazzale Roma- con la estación de tren. Hasta ahora, había que dar un rodeo típico veneciano que, aunque más placentero que en otras ciudades, no dejaba de ser una pérdida de tiempo. Es una infraestructura necesaria en un país que ha quedado anclado en los mitos del miracolo economico y en una modernidad decrépita y caduda.

El proyecto se remonta a 1996, cuando el Ayuntamiento encarga al arquitecto suizo (se ha formado en ese país y es su lugar de residencia) la obra. Desde entonces hasta ahora se ha pasado de los 4,7 millones de euros presupuestados a 20 millones. Claro, la culpa es del arquitecto-ingeniero. Igual fue cuando le obligaron a revisar la cimentación del puente, que según los sabios italianos se iba a caer. Revisión del proyecto y nueva cimentación. Tal y como funcionan las cosas en ese país, alguien se habrá enriquecido con la operación.

El resultado, en mi modesta opinión, es magnífico. Juzguen ustedes. Como siempre que Calatrava trabaja en dimensiones pequeñas. Abandonada ya la esperanza de que vuelva a obtener un hito como el de Zürich Stadelhofen (1984), una de sus primeras obras y un prodigio de integración, al menos de vez en cuando nos regala pequeñas maravillas. Y digo pequeñas porque le encanta el gigantismo y lo grandilocuente: ahí está el espanto de la Ciudad de las Artes y las Ciencias o la langosta que ha plantado en Oviedo. Será lo que piden las corporaciones locales, pero tampoco se puede decir que no se encuentre agusto.

En fin. No solo ha sido atribulada la historia de la construcción de este hito en Venecia, que se viene a unir a otras obras contemporáneas como la casa construida por Ignazio Gardella y que da la Giudecca, qué va. Ahora dicen que no se puede subir en silla de ruedas, algo obvio porque para tener el gálibo -por los canales de Venecia hay barquitos y góndolas- suficiente hay que poner una fuerte pendiente de arranque. Se quejaran de que no haya rampas de caracol o algo así, cuando seguro que las hubiesen boicoteado. Incluso les han puesto un vaporetto a los pies, sólo para cruzar ellos. No basta. Quieren pasar por el puente y se va a instalar una pasarela mecánica, que empleará ¡17 minutos! en el tránsito. Tremendo. Italia.

La foto ilustra otro puente famoso en Italia, el del estrecho de Messina. Promesa electoral de Berlusconi para las elecciones de 2006 -que perdió por solo 27.000 votos-, se había presupuestado en unos irreales 4.000 millones de euros. Para que se hagan una idea: el aeropuerto de Barajas costó 6.600 millones y el soterramiento de la M-30 unos 3.500 millones (un 40% de lo inicialmente previsto). Con esas premisas, imaginénse en cuanto se quedaría el coste final de esta obra de ingeniería imposible y muy peligrosa: es una zona sísmica y un temblor en 1908 dejó 100.000 muertos. Sí, en Japón también tienen puentes de este tipo y no se caen. Ya. Japón.Italia. Busquen las diferencias.

El proyecto inicial prevía ¡11 años! de obras para 3,6 kms. de longitud, más todos los accesos y demás. La Mafia ya se estaba frotando las manos: de partida, 11 años de dinero público contante y sonante llegando a construir una infraestructura faraónica. Afortunadamente, el tema salió del debate electoral -y del programa- en las elecciones de este año, ganadas por Berlusconi. Este gran personaje, autor de frases memorables, dijo en 2005 que con la obra "los sicialianos podrían ser realmente italianos". Ahora, que gobierna para todos los italianos y con el puente olvidado, ¿qué pensará?. Bueno, ya saben, el día 18 gran fiesta: se acaba una obra en Italia y encima ha quedado bien. A veces los puentes sirven para unir con el futuro y no simplemente orillas.