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lunes, 3 de diciembre de 2018

(Ultra)Vox tampoco es para tanto


Mientras escribo este post hay varios miles de personas manifestándose por Sevilla y otras grandes ciudades andaluzas al grito de "¡No pasarán!" "¡Un bote, dos botes, fascista el que no bote!" y "¡Fuera el fascismo de nuestras calles!".

Es la prueba más palpable de que, 40 años después del Régimen de 1978, las normas democráticas entran con dificultad en amplias capas de la población, incapaces de asumir que el voto, superado el umbral del 5% del total emitido, produce representación, y que si se apoya el actual régimen democrático hay que asumir que en los Parlamentos regionales y en el Congreso puedan tener representación opciones políticas diferentes.

Por primera vez desde el único escaño logrado por Blas Piñar en la circunscripción de Madrid allá en los albores del actual régimen político, la ultraderecha española entra en un parlamento. Era algo que se venía barruntando desde hacía tiempo, cuando en las últimas elecciones europeas lograron 240k votos y se quedaron a las puertas de un europarlamentario. Han pasado cuatro años, varios procesos electorales, y el partido Vox ha logrado llegar a los 380k votos en Andalucía, un 10% del total, obteniendo 12 escaños que nadie supo anticipar, porque lo de los politólogos de este país solo es una escrecencia más de la mediocridad general.

¿Cómo se logra pasar de no tener representación a 12 parlamentarios? Pues con unas condiciones electorales extremadamente favorables. De entrada, una comunidad autónoma con 36 años de Gobierno ininterrumpido del PSOE, convertido en un partido caciquil que ha torpedeado cualquier investigación sobre la corrupción propia de un ejercicio tan prolongado del poder, hasta el punto que la candidata hacía oídos sordos a las continuas interpelaciones sobre el tema durante la campaña electoral.

Esa misma candidata zafia y ruín que, una vez ganadas las elecciones de 2015, no dudó en intentar el asalto a Madrid, montando un golpe de Estado dentro de su propio partido, para después perder una primarias a las que siempre se negó, forzadas por un Pedro Sánchez expulsado por El Poder por haber querido pactar con Podemos para lograr la Presidencia del Gobierno. En Andalucía han recordado perfectamente cúales eran las prioridades de Susana Díaz respecto a su comunidad autónoma, a la que volvió como si nada hubiese pasado.

Ante la perspectiva de votar a más de lo mismo, después de 36 años en los que Andalucía se ha consolidado como una región del Segundo Mundo, una gran parte de los electores se ha quedado en casa: sólo ha votado 58,36 % del censo, unas cifras que denotan un comprensible agotamiento del electorado, y que han magnificado el resultado electoral de Vox. Si ya 400k votos hubiesen sido un resultado formidable, con tan baja participación se traducen en una ganancia en representación muy alta.

Además, el PSOE de los ERE, el PER, la Universidad gratis por-que-sí, el déficit de financiación y el Estadio Olímpico de Sevilla construido para nada ha recibido un varapalo tremendo, cayendo a un porcentaje de voto jamás visto, en una secuencia histórica que apunta a un cambio de ciclo muy duradero (1982: 52.8% 1986: 47.1% 1990: 49.8% 1994: 38.7% 1996: 44.5% 2000: 44.9% 2004: 51% 2008: 48.4% 2012: 39.5% 2015: 35.3% 2018: 28%).

Por esas cosas del Gran Sur, no hubo adelanto de resultado hasta que estuvo muy avanzado el escrutino, poco antes de las 22:00. Entonces salió el bofetón: primeros resultados, y ya con el 82% contado. Eran prácticamente los resultados definitivos, porque no se iba a mover gran cosa de ahí al final del recuento. Desde ese momento se sabía que Vox iba a sacar 12 diputados, y que prácticamente ninguna combinación de izquierdas daba la mayoría en el Parlamento regional.

Esa era la principal noticia, y donde ha quedado diluida el batacazo del PP, y también en menor medida de Podemos, otra fuerza política agotada en su discurso para iletrados (referencias a series de televisión y afectos incluídos). En el signo opuesto, también ha quedado solapado el fenomenal salto de Ciudadanos, el partido que ha hecho de Cataluña una preocupación central de campaña, demostrando lo mucho que les interesa Andalucía más allá que como granero de votos. Por si hubiese alguna duda después de haber apuntalado al PSOE en sus cuatro últimos años de agonía.

Con el cadáver del gran dinosaurio caciquil todavía caliente, tanto C´s como el PP daban por hecho el pacto con Vox, y hoy el líder del PP ha abundado en que "salvo modificar la constitución, todo es debatible", demostrando el carácter de texto sagrado que ha adquirido la Carta Magna, como si hubiese sido hecho por los ángeles. Tienen el campo abonado para pactos así, porque en la izquierda ya tienen nuevo tema estrella con la puesta de largo de Vox.

Lo que debería ser normalidad democrática -era mucho más anormal que toda la derecha estuviese agrupada en un único partido con representación durante más de 30 años- y que nos "equipara a países de nuestro entorno", se está viviendo con visos de tragedia en este país, precisamente el mismo del que nos dicen los believers del 78 que, en ese momento histórico, España dejó atrás su pesimismo, su leyenda negra, su caspa y, atención, atención, también el franquismo.

Al menos eso último era uno de los fundamentos del actual régimen, basado en un milagro que deja la conversión de los panes y los peces a la altura de un vulgar truco de magia: que con la Constitución desapareció el franquismo, y ahí estaban los resultados electorales para demostrarlo. No, no: simplemente se había subsumido y pervivido en instituciones fundamentales del Estado -que no tuviese representación parlamentaria no significa que no estuviese en los otros dos poderes-, para aparecer cuando llegase el caso.

El catch-all-party que era el PP había llegado a tal nivel de degradación que incluso El Poder lo tuvo que desalojar, so pena de verse también contaminado por lo que era y es simplemente una organización para la comisión de delitos.  Durante muchos años sirvió de canal adecuado para que los ultraderechistas que hay en España se pudiesen presentar como demócratas sin hacer contricción alguna de sus conviciones ultramontanas en temas de fractura como la nación española -un constructo histórico de manual-, el aborto, la libertad sexual o la libertad de expresión. Agotada esa vía por cuestiones endógenas, Vox ya estaba en la recámara ante una oportunidad así.

Ahora, en los primeros momentos de sorpresa de los catetos de siempre ante la constatación de que en España hay ultraderecha, todos señalan a Cataluña como culpable, cuando esa misma ultraderecha se había ido organizando en torno a temas de polaridad como el matrimonio homosexual -que no les quitaba ningún derecho, simplemente lo ampliaba-, el fin pacífico de la última guerra civil española -querían venganza y humillación, y de ahí salió el líder visible del partido-, la inmigración y, en general, todo aquello propio de una sociedad avanzada. No he querido entrar mucho del tema, pero creo que incluso algunos reprochan al feminismo el relativo auge de la ultraderecha.

Y digo relativo porque, salvo una crisis de enemigo exterior -nunca descartable en un país que se empeña en mantener dos plazas fuertes como Ceuta y Melilla-, Vox no tiene margen de crecimiento para llegar al poder en solitario, precisamente por su ideario abiertamente ultra. Si se lee en detalle da risa, salvo que en tres o cuatro puntos -y bastan de sobra- parecen tener las ideas mucho más claras que la izquierda de las Thalessi y los corazones creados con las palmas de la mano.

¿Se creen que esos 400k votantes han leído el programa del partido en el que han depositado su voto? Si no lo hace el votante de un partido tradicional, mucho menos lo va a hacer el de uno que apela a sentimientos primarios, básicos y del régimen anterior. Han votado a un partido que parece tener algo que decir en la inmigración -Andalucía es sitio de frontera social, económica, religiosa y cultural-, y sobre el modelo territorial de España, mientras el resto de formaciones están todavía con lo de federal, nación de naciones, sí pero no, todos tienen derechos, ningún ser humano es ilegal y demás temas que no resisten un análisis detallado, porque provocan vergüenza.

Es precisamente en esos temas en los que deberían centrarse sus oponentes, y no en ampliar la cobertura de servicios ofertados por la Seguridad Social o en los permisos de paternidad, cacahuetes políticos para consumo de los monos. El surgimiento de Vox va a poner de nuevo en la centralidad de la política los temas que realmente importan al ciudadano, y simplemente por eso habrá merecido la pena, cosa en la que tiene que estar de acuerdo cualquiera que crea realmente en el parlamentarismo y el sistema de representación, pero quizás sea una ilusión vacía en un país que se ha fumado la declaración de independencia de un parlamento legítimamente constituido como el catalán.
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Maravillosa entrada en la Wikipedia sobre un fenómeno que también se produjo en España -baste recordar como era la Castellana de Madrid, o la Casa de Pilatos en Sevilla, ahora un Corte Inglés-, aunque más en ciudad que en el campo: porque en el campo no había nada.
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Si le ven algo de valor, que se la lleven los alemanes. Todo es objeto de venta, qué limitado el concepto de patrimonio.
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(cuarto párrafo por el final) Los 20 mejores temas de Bowie que suenan constantemente por las radios comerciales de todo el mundo le reportarían a los herederos 2 millones de libras en derechos de autor cada año. Por cada canción.  (Penúltimo párrafo) Considerando que los derechos de autor duran 70 años desde la muerte, sus bisnietos se seguirán beneficiando de la fortuna acumulada.
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Fantástico reportaje sobre Seseña. Siempre me ha parecido que eran unos edificios muy bien construidos. "Y lo cierto es que Valdemoro, que está a cinco minutos, es peor"
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Estatua monumental de Mao en un pueblo de China.  Lamentablemente duró poco.  
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Boom de la construcción residencial en Rusia, que acabará pinchando.
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Maravillosa noticia, que dice tanto: Cantabria planea ampliar su "Parque Científico y Tecnológico", a pesar de que, 9 años después de su inauguración, aún tiene el 44% de su espacio actual disponible. 

viernes, 14 de septiembre de 2012

Cosas que no se creen (IX)

El decálogo de Enric Gónzalez va tocando a su fin, y qué menos que abordar uno de los topicazos más habituales en estos tiempos o, en expresión del periodista catalán, cosas que no se creen.

La culpa es de los políticos

Pues no, no se cree. Atribuir la culpa de todo a una instancia superior, o extranjera, forma parte de los recursos más antiguos de la humanidad para dar causa a cosas cuya origen se encuentra en el azar, en la naturaleza o en su propia desidia como individuos. Y donde se pone políticos se pueden poner "los Dioses", "el tiempo" o el empedrado, ya me entienden. Parece que la opinión de González va en ese sentido:

"Claro. Todo es culpa de esos políticos a los que nadie vota. Ya." Este es un tema interesante: Enric González vivió en Italia durante una de las hégiras de Berlusconi, y seguramente pudo contrastar de primera mano que ningún italiano confiesa jamás haber votado al empresario constructor y de la televisión. Aquí la gente que votó al PSOE en 2008 callaba a finales de la legislatura, y la que votó al PP ya está callando a principios de la legislatura; de hecho, ahora mismo decir que has votado al PP puede ser una cosa extremadamente impopular, a pesar del nombre del partido.

Son las dos caras de un mismo fenómeno: se vota al que se vota porque se vota, pero después nadie parece haberlo votado; es más, dicen que la culpa es de ellos, y no suya por haberles votado. El fenómeno, que ya digo que es muy antiguo, va a más con el alarmante incremento de la antipolítica y el "todos son iguales", que lo único que demuestra es que el que lo dice es subnormal profundo. No es poca cosa. 

"Echemos un vistazo a nuestro alrededor: jueces, grandes empresarios, grupos de comunicación, estrellas televisivas. Mirémonos a nosotros mismos. Visto lo visto, ¿qué clase de políticos esperamos tener?"  Aquí Enric González explica perfectamente el fenómeno: los políticos no vienen de un cuerpo social extraño, ni son alienígenas -que es como se representa desde hace décadas a los nazis, como no-alemanes-, vienen de la misma sociedad que los vota. 

El "mirémonos a nosotros mismos" viene a incidir en algo en lo que creo firmemente: la mayor parte de la gente que conozco, con contadísimas excepciones, se comportaría de igual o peor manera que los vilipendiados "jueces, grandes empresarios, grupos de comunicación, estrellas televisivas" y políticos de estar en su situación. O peor, insisto. ¿Por qué? Porque vienen del mismo contexto social y cultural, de servirse del Estado mientras puedas, de auténtica negación de lo público y su servicio, de vivir al día y después ya veremos. Y no, no creo que me relacione con ex-convictos, delincuentes o echados a perder.

"Pues eso es lo que hay" Ni más, ni menos: lo que hay en España en el siglo XXI: y son todos españoles y no emigrantes, que quince años después de la Gran Inmigración siguen sin acceder a puesto alguno de poder, relevancia social o impacto mediático. Nuestros problemas son exclusivamente nuestros, porque formamos parte de la misma sociedad.

Eso sí, Enric González no va tan allá y se centra en los -cómo no- partidos políticos: "Y si hemos consentido que los partidos se convirtieran en máquinas recaudadoras (por la vía legal y la ilegal) y avasallaran el terreno que debían ocupar las instituciones, los profesionales y la ciudadanía, algo de culpa nos tocará a la gente". La partitocracia: el mayor ejemplo era el País Vasco, donde si eras joven y con algo de inquietudes era casi imposible escapar del entramado de la izquierda abertzale, que iba con sus ramificaciones de partido desde grupos senderistas hasta la violencia callejera, pasando por todos los puntos intermedios, incluyendo el bar, o la herriko taberna

Yo ese modo de integración vertical social por medio de un partido no lo he visto en ninguna otra parte de España: sólo alguien interesado en vender el actual sistema de partidos, y la democracia a la que sustenta con su importante función de canalizar los votos y la expresión ciudadana, como una especie de dictadura, está interesado en colar esa mentira: el que se ha querido mover al margen de partidos en España lo ha conseguido, por lo menos hasta un nivel muy próximo a las altas esferas. 

No tarda mucho Enric González en escribir explícitamente lo que viene apuntando: "Es muy probable que la actual clase política se desplome, como en otros países quebrados". Es lo que le gustaría a él: que el PSOE acabase como el PSI de Pietro Nenni, Sandro Pertini, Bettino Craxi y Giuliano Amato, sólo por citar a los dirigentes más destacados de un partido que fue nuclear en la vida política italiana y desapareció en un sólo año, 1992, al igual que la Democrazia Cristiana.

Esa circunstancia es muy cara a todos los arribistas, agoreros, quincemistas informados -los hay, pero pocos-, golpistas y apocalipticos. De hecho, aquí en España Pedro J. Ramírez vive obsesionado con lograr algo parecido, y que lo pueda ver en vida. Es más: ha dedicado gran parte de su vida profesional y personal a lograr tal objetivo, al menos en lo que al PSOE se refiere. En eso están ahora muchos, desde Gregorio Morán que anuncia en su columna la inminente desaparición de un partido de 130 años de historia (los comunistas siempre han odiado al PSOE, por razones obvias y mezquinas) hasta los upeidistas que aspiran a crecer en votos a costa del PSOE, pasando por una amplísima gama de poderes fácticos, tantos como caben entre los dos ejemplos que he puesto.

Ese suceso, de haberse producido, tendría que haber sido en las elecciones andaluzas de marzo: no pasó de milagro y, de momento, el PSOE tiene cuerda para rato, hundido el proyecto chipiguay de Chacón y Barroso, y con un PP en el poder que hace todo el trabajo a la oposición, ya muy bien trabajado en la campaña electoral de noviembre de 2011, básicamente centrada en adelantar lo que el PP haría una vez en el Gobierno. 

Me temo que habrá partitocracia para rato, con sus males y sus virtudes. "No basta con trabajar y pagar los impuestos, hay que vigilar y exigir":  mientras fluía el dinero a crédito, todo quedaba endulzado. A lo mejor ahora habría que incrementar esa labor de vigilancia y exigencia de la ciudadanía, y eso es labor individual de cada uno. 

Hasta incluso el propio Enric González reconoce esa pervivencia de la partitocracia, que de existir se basa en la estupidez de la masa que les vota: "Si creen que lo que vendrá luego será mejor, hicieron bien en votar a (“la crisis es un tema opinable”) y a Rajoy (“los españoles merecen un Gobierno que no les mienta”), o a esos líderes nacionalistas que se envuelven en la bandera para encubrir lo que trincan". Y eso que el artículo está escrito antes de la histórica manifestación de la Diada de 2012. 

Grado de acuerdo con el artículo: 80%
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"Un estudio dice que el AVE gallego tendrá más usuarios que el catalán" Lo publica El País, sin ninguna crítica aparente. Lo ha hecho UGT, que cifra el número de usuarios para este enorme sumidero de dinero público en ¡cuatro! millones, cuando la CC.AA gallega tiene menos de tres millones de habitantes.
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Inaugurado el mayor puente atirantado del mundo. Está en la zona de Vladivostok, y comunica la capital rusa del Pacífico con una isla de 5.000 habitantes, pero con grandes planes de desarrollo: una residencia presidencial -para Putin, que seguirá siendo presidente de por vida-, expansión de la gran ciudad en torno a la que orbita, desarrollo de hoteles...en fin, una Hainan a la rusa, pero sin clima subtropical. Y bueno, como siempre pasa en este tipo de infraestructuras, tiene ante todo una finalidad propagandística, y más en una región a 10.000 km. de Moscú y demasiado cerca de China. Ha costado 1.000 millones de dólares.

En google maps pueden ver las obras de construcción, y la peculiar geografía de la isla, atravesada por un fiordo largo y estrecho.
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Ehhhhhhhh....sí, vale, de acuerdo, pero mientras sean jóvenes, para que puedan aplicar en su vida lo aprendido. El problema es que aquí se pone a estudiar todo el mundo como una especie de pasaporte a no se sabe qué -bueno, una vida de lujo y hedonismo, según la publicidad-, incluyendo gente muy mayor. Por no hablar de los ninis, que ni trabajan ni estudian, a pesar de que la educación en España es francamente accesible. Ahora se están quejando de que la FP va a costar 180 euros ¡por todo el año! Es que antes era gratis. Como todo. Hasta quejarse.
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Todo el primer párrafo es digno de El Mundo Today. Sin embargo, es la realidad: en casi 50 años de historia nunca ha dado beneficios. Algunas semanas después sale esta otra noticia, que pone en su justo valor esos resultados económicos: 140 millones de pérdidas si no fuese por las transferencias del Estado.
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De la serie esto no es como Grecia, hoy un pequeño guiño al país vecino, Portugal. Resulta que han desaparecido 135.000 niños y niñas portugueses: no es que un imitador de Herodes haya convertido el país en un charco de sangre infantil, es que esos niños sólo existían en las estadísticas, gracias a padres y madres que los declaraban para pagar menos impuestos.

Si investigan, en España saldrán cosas parecidas.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Ante el abismo

He aquí un votante del partido que aglutina contranatura todas las familias de la derecha, mirando al 10-M. Circula abiertamente la certeza de la derrota electoral, y el mismo presidente de la CEOE se citaba con Solbes a partir de esa fecha, para hablar de concertación social y de colaboración. Repito: el presidente de la patronal.

Vamos, alguien fuera de Cataluña habrá leído esta noticia. El fichaje estrella del PP para la campaña, del que ya avisé sobre su catalofobia, sigue dando juego. Va a Girona a un encuentro con empresarios -el PP no puede llenar ni un mísero pabellón deportivo en Cataluña, siempre tiene que ir a un hall de hotel- y no se le ocurre mejor cosa que llamar "sablistas" a los catalanes. Fíjense en la foto de la noticia, con esa cara de Don Cicuta que reparte Pizarro. El PP es una fuerza extraparlamentaria en esa provincia y en Lleida. Probablemente lo siga siendo en la próxima legislatura. Y se presentan como el partido nacional. Hace unos días otra conocida de este blog, Ana Mato, dijo en la radio que "los niños andaluces son analfabetos", incidiendo en uno de los tópicos más dolorosos de España. Y Elorriaga, responsable de la campaña, afirmaba alegremente que su partido aspira a sembrar la duda y la abstención en los graneros tradicionales del PSOE, en vez de intentar ganar votos. Un partido político que busca la abstención es como una empresa editorial que fomenta el analfabetismo.

Por otra parte, conocemos que la petición de voto por correo se ha incrementado un treintaypico por ciento respecto a 2004. Vamos camino de una participación histórica, cosa con la que se regodea mucho simpatizante del PSOE, que se aferra a que en España existe una mayoría sociológica de izquierdas. Advenedizos. Eso puede cambiar: hace 30 años había una mayoría de derechas, el franquismo sociológico, y después cambió. Eso puede pasar de una legislatura para otra, y veremos si estos mismos dirigentes del PSOE animan por entonces tanto a la participación. No lo harán, claro. Así, los que siempre hemos pedido el voto por encima de cualquier otra consideración, pasamos durante esta campaña como proPSOE, cuando sólo se está pidiendo lo más lógico.

Existen muchas razones para ir a votar. Nosotros somos los soberanos, pero solo podemos articular nuestra opinión, de manera efectiva, cada cuatro años. Está la independencia del representante, muy útil para su labor ejecutiva, pero siempre debe saber que, periódicamente, se somete al refrendo del pueblo. Y el que lo olvida, el que piensa que siempre va a gobernar, acaba perdiendo. Como el que piensa que cuando lo desalojaron del poder fue porque "el pueblo estaba equivocado" (Pilar del Castillo, catedrática de Ciencia Política y ahora eurodiputada del PP) y que toda la travesía del desierto posterior ha sido un lapso. La gente vota sabiendo lo que vota, y es algo que la clase política debería interiorizar.

Votar es un privilegio del que disfruta una pequeñísima parte de la humanidad. No se crean esas tonterías de "la India, la mayor democracia del mundo", porque por ahí impera -por mucha abolición formal que se haga- el sistema de castas; fíjense lo que ha pasado en Rusia hace cuatro días, y sin embargo es un avance respecto a la historia de ese país. O lo que pasa en todos los países al otro lado del Estrecho de Gibraltar, nuestros vecinos. Quedarse en casa, practicar la abstención, es la negación absoluta del ciudadano, que puede canalizar su descontento con el voto nulo -escribir en la papeleta un ¡que os den!, perfectamente legítimo- o el voto en blanco, cada vez más creciente. Pero la abstención, en un país que ha vivido una historia política como la de España, es como fumarse un billete de banco, tirar comida a la basura delante de un necesitado o escupir de cara al viento.

A mí no me gusta el voto contra. Mucha gente no vota a, vota contra. Las pasadas elecciones fueron el epítome de ese tipo de voto. Pero también dan un buen motivo para combatir la abstención. Cada uno de los ciudadanos tiene que votar a la opción que más le convenza. ¿Saben por qué? Porque si no el partido político de turno se apropiará de esa abstención para sus propios intereses. Si todos los ciudadanos votasen no podrían hacer esas sumas fantasiosas que tanto le gustan. Les voy a poner un ejemplo, sin ningún tipo de intencionalidad por las siglas a utilizar. El partido que gobierna Madrid saca pecho de sus resultados, y lo pone como ejemplo de gestión, aunque una de sus infraestructuras estrellas se vaya a acabar de pagar en 2037, cuando no se sabe muy bien donde estaremos. El PP sacó en 2003, en las municipales de la capital, 874.264 votos, que se convirtieron en 30 concejales. En 2007, ese mismo partido, con ese mismo alcalde, habló de "victoria histórica" y bla-bla-blá...¿y saben cuantos votos sacaron? 877.544, que se tradujeron en 34 concejales. Ganaron únicamente 3.280 votos, pero cuatro concejales.

Claro, todo está en los porcentajes, que dependen básicamente del número de gente que acude a votar.

Estoy seguro de que existen ejemplos similares con el PSOE, pero quizás el de Madrid, por lo que se está conviertiendo de bastión y emblema para el partido de la oposición, sea el más significativo. Cualquier voto cuenta, y si tu no vas a las urnas a que tu voto sea contado, los partidos lo contarán por tí y se lo atribuirán. El domingo, a votar, para que no cuenten por tí. Que no cuenten cuentos. Porque al final, ante la urna, todos estamos ante el abismo de que harán con nuestro voto.