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domingo, 29 de enero de 2017

Rafa Nadal, empresario inmobiliario

Nadal, con la primera piedra: de ahí esos brazacos
Sabido es que en España se idolatra a ciertos personajes hasta el punto de considerarlos ejemplo de valores, mejor deportistas de la historia y ciudadano ejemplar, aun cuando haya defraudado fiscalmente,   esté vinculado a prácticas médicas que en cualquier deporte se calificarían de dudosas,  tenga un TUE -certificado para doparse legalmente- del tamaño de un camión, 
y cobre dinero público tanto por dejarse entrevistar (¿te creías que lo hacía gratis porque es español?) como por promocionar el jamoncito y el aceite por esos mundos de Dios.

Ahí está, en un estatus de deidad a pesar de todo este largo historial, y en gran parte lo es por la impresión generalizada de que es una buena persona. Que, como mucho, lo manipulan y zarandean desde el entorno para comportarse de esta manera. Que no sabía lo que firmaba, en popular expresión usada últimamente en los juicios por esposas y, ¿por qué no?, por deportistas representados-simbiotizados por su representante o tío.

El miércoles 19 de octubre de 2016 Rafa Nadal, famoso tenista comprometido, inauguraba la improbable Rafa Nadal Academy  y el Centro Internacional de Tenis Rafa Nadal, construidas ambas en Manacor, municipio mallorquín de donde es oriundo. "Es un proyecto muy especial y doblemente especial porque está en mi casa. Es un sueño hecho realidad".

El "sueño hecho realidad" tiene esta memoria de calidades: 26 pistas de tenis, 10 de pádel, dos piscinas, un área de fitness, un campo de fútbol 7 y una pista adicional polivalente. Además, también hay un Museo sobre adivinan quien (nutrido con fondos de la Fundación Rafa Nadal), un bar-restaurante que sirve comida healthy, una clínica (¡que no falte nunca!) y el Rafa Nadal Sports Residence, un hotelazo con 65 habitaciones de 130 euros la noche.

Mallorca y hoteles, ajá. La isla que ha forjado las dinastías de los Matutes, Meliá, Riu y tantas otras no podía quedarse atrás en esta ocasión en que su hijo más ilustre a nivel mundial (lo siento, Ramón Llull no es conocido en China), y que menos que apoyarle con otra cosa muy mallorquina, la tierra de Canellas, Munar o Jaume Matas, el primer ministro del Régimen de la II Restauración que ha pasado por la cárcel por corrupción.

El apoyo administrativo ha sido la tramitación de un Plan Urbanístico especial que ha permitido cementar 24000 metros cuadrados fuera del anillo -la part forana, en lengua local: Manacor es un pueblo concéntrico, con un núcleo urbano muy concentrado- a mayor gloria de Rafa Nadal, porque así se llaman todas las instalaciones del complejo. Aunque se comenzó a edificar en 2014, el proyecto recibe la calificación de "interés general" por parte del Consell ya en 2011 y una tramitación de "puesta en marcha urgente", no vaya a ser que no hubiese pistas de tenis donde la ciudadanía se explayase imitando a su ídolo.

Un momento: 24000 metros cuadrados de colada en una isla con serios problemas de masificación urbanística, con un fuerte movimiento popular del tipo "Salvemos nuestra tierra" (pero yo soy rico gracias a todo lo que se ha hecho, sino seguiría en el campo) y en plenos años de la supuesta crisis...¿cómo se logra eso?

Pues muy fácil: el nombre de Rafa Nadal abre puertas. Lo hace en España y en parte del extranjero, no lo va a hacer en Mallorca y Manacor. Hasta ahí podríamos llegar: hasta el pueblo primigenio, y en forma de un Plan Especial que supone una modificación radical del PGOU y que requirió la aprobación de una Ley Especial en el Parlamento Autonómico, rendido ante los encantos del campeón de las raquetas.

De extra en El Libro de la Selva
Todo especial, a la altura del excepcional campeón: tan especial que reducía el porcentaje que terreno destinado a uso público que contiene toda operación inmobiliaria, saltarse los controles previos municipales y, cómo no, la evaluación de impacto ambiental, que tantos buenos proyectos inmobiliarios ha tirado al traste en España, y todo por salvar unos vencejos, unas jaras y algún lince. Donde esté el nombre del famosete de turno, que se quite la naturaleza. Ya crecerá de nuevo.

Ha sido tal la claudicación del poder político, que en teoría vela por los intereses de la mayoría y no por los de un particular, por muchas lesiones, TUE y Roland Garros que tenga, que ni siquiera se ha pagado la licencia de obras municipal, estimada en torno a 700.000 euros, como si el famoso deportista no tuviese liquidez o, peor aún, no quisiese contribuir al desarrollo de su pueblo de una vía directa, y solo lo haga indirectamente: con los empleos generados, la fama, la promoción y toda esa retahíla de cosas que se dicen cuando hay proyectos de este tipo.

Al parecer, el clan Nadal negoció esas ventajosísimas condiciones de la mejor manera mediterránea, con continuas amenazas de llevarse el proyecto "a la península" -con el descrédito que eso supondría para Mallorca y su perfil de votantes, cuando debería ser orgullo ante el chantaje al que se veían sometidos los políticos- y que, en cuanto les decían que la Ley era así, decían que todo eran trabas o pegas y se levantaban de la mesa.

Cuando algún técnico municipal cualificado exigía cumplir la Ley, como por ejemplo ceder el 15% del terreno usado para uso público, los Nadal directamente tocaban el botón político, hasta el punto de crearse la Ley ad-hoc citada más arriba, aprobada por Jose Ramón Bauzá (el farmaceútico presidente del PP) con apoyo del PSOE, una grosse koalition balear más grosse que el brazo del manacorí. Al fin y al cabo, la isla es casi un Land alemán y es normal que tengan parte de sus usos políticos. Los otros vienen de Sicilia.

Así fue la creación, y ahora lleva unos meses en uso. En un uso muy distinto del que se aprobó el pelotazo urbanístico, lo que lo convierte en doble pelotazo: si el trámite especial era porque era una "instalación de interés general" o cualquier otra tontería similar, resulta que el interés general ha acabado convertido en que la "residencia con escuela para los futuros tenistas" (al estilo Masia o similar), ahora es la AIS American International School, una escuela privada de élite, donde se dan clases con ese nivel de exigencia que ustedes esperan. Y las 65 habitaciones funcionan como las de un hotel. Repito: como las de un hotel, falta el Trip Advisor con sus estrellitas. De explotación privada.

Un negocio redondo. Bajo el marchamo el inmaculado nombre de Rafael Nadal (véase el primer párrafo) se ha construido en seis hectáreas de suelo rústico sin pagar un duro al Ayuntamiento y ahora se recogen los beneficios de un hotel que oferta sus plazas a 130 euros la noche. Y el curso anual en la Academy de pelota-raqueta -también conocido con el anglicismo de tenis- a 56.000 euros.

Uno pensaría que los Nadal estarían agradecidos a la Ilustre y (Hasta ahora) Invicta Villa de Manacor, pero no es así. Nunca es así con esta gente, nunca, al contrario: el clan se ha querellado contra el Ayuntamiento por expropiarles un terreno adyacente a la "Academy" que habían comprado años antes por el módico precio de un millón de euros y ahora piden ¡14 millones de euros! por estar, cómo no, pegado a su pelotazo. Tan pegado que lo usaron para acumular materiales de obra, bloqueando un camino público. Porque lo público se hace privado en todo este asunto, muy bien explicado en este vídeo, con el delicioso acento mallorquín.

La suma aproximada de la Operación Manacor para los Nadal debe ser así: 56.000 euros por cada pringado que paga un año de tenis, el fortísimo cánon anual que debe pagar la AIS por usar las instalaciones, el uso hotelero de las habitaciones y la cafetería y el posible pelotazo adicional de 14 millones de euros, que nadie duda que saldrá adelante. Y todo bajo el nombre de alguien que parece no saber lo que firma, que simplemente se tumba en la camilla y dice "lo que usted quiera, doctor", o que coge la pluma y dice "firmo donde quieras, Toni".

Antes todo esto era campo
El complejo edificado es horrible, huelga decirlo. Como denuncia el colectivo mallorquín Terraferida, destroza 6 hectáreas con "un impacto visual y paisajístico desmesurado", en el entorno histórico de la pedanía de Sa Torre dels Enagistes. Por otra parte, no tardará en presentar vicios de construcción, porque se ha levantado en solo año y medio, al parecer por las prisas de tener la obra terminada, no vaya a ser que la Ley ad-hoc acabase en el Supremo, como tenía que haber sido y no ha sido por...bueno, Rafa Nadal tiene muchos amigos. Todos quieren ser amigos de Nadal. Hasta el Rey de España.

Todos, incluso Telefónica, la empresa más poderosa de España -que tiene tanto dinero que puede fichar a Zaplana para no hacer nada, o a cualquiera que le pidan desde el poder político en justa retribución por mantener la cuota fija telefónica, 24 euros todos los meses que pagamos al antiguo monopolio-, desde hace años vinculada a Nadal y que es el  patrocinador de todo el complejo, cuyo nombre oficial es Rafa Nadal Academy by Movistar.  Una gran decisión empresarial, como todas las de esta empresa.

En el acto de inauguración, presentado por el profesor de inglés Michael Robinson (también trabaja el lado humano del deporte, como por ejemplo construir por la cara y la fuerza del nombre una aberración como la Rafa Nadal Academy) el interesado promotor urbanístico y tenista local afirmó: "es un sueño hecho realidad". Sí, gracias a cambios en la Ley, favores y la sensación de que en este país se puede hacer de todo con total impunidad si alcanzas la condición de intocable.
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Bartolín y la larga saga que inició 
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Fantástico artículo sobre el Nobel de Economía a Schiller, la estupidez de comprarse una casa en propiedad y, en fin, el buen periodismo cuando es breve, declarativo y muy directo. 
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Fomento, muy interesado en el futuro de la ZALIA. Al mismo tiempo, salen trapos sucios sobre el asunto.Todo es sucio: fíjese que proceloso cauce ha tenido que seguir todo esto para que se oiga en el Parlamento.
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Sobre el cambio de huso horario en España, artículo en el NYT. 
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Sorprendentemente, o no tanto, todavía se ve a gente por la calle con camisetas o sudaderas donde pone DDR.  
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Me he reído muchísimo con esto. Molaría ver el informe completo, o incluso tener una copia. A saber cuanto han pagado por esa sarta de tonterías y mentiras.
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Mamandurria andaluza en su pura esencia: Sevilla programa nueve exposiciones sobre Murillo entre 2017 y 2018, aprovechando un aniversario.  ¿No se podía hacer una o dos exposiciones en vez de nueve? Nooooo, porque en eso consiste la mamandurria: según el alcalde, será «el acontecimiento más importante desde la Expo 92» en la ciudad. Pues eso.
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El Estado regala 150 mil euros de nuestro dinero a librerías...ojo al detalle de los proyectos subvencionados. 

lunes, 20 de octubre de 2014

El cura, los mandarines y el cotilleo

Había que esperar a que el propio protagonista contase su versión de los hechos, y así ha sido este sábado en su aldabonazo semanal -y ya son décadas- en La Vanguardia. El gran Gregorio Morán confirmaba todo lo filtrado y adelantado por otros medios. Su último libro había sido censurado a nivel empresarial y tendrá que buscar otra editorial para su publicación.

El cura y los mandarines pasa a formar parte de los libros censurados en democracia, ese régimen político donde la censura opera entre bambalinas, y no tiene porque contar con un departamento ministerial al efecto. Es igualmente efectiva, como lo son sus múltiples manifiestaciones por medio del olvido que los grandes grupos de comunicación hacen de temas concretos (la agenda-setting, que diría un pedante de la comunicación), la coacción o, directamente, la compra y destrucción de toda una edición.

Hay precedentes en el caso Morán. El libro de Javier Cuartas sobre El Corte Inglés, de finales de los ochenta, jamás fue distribuido en su primera edición. Lo había publicado -es un decir- Espasa-Calpe, pero a alguien de la empresa más opaca de España no le debió parecer bien alguna cosa y compraron toda la tirada -20.000 ejemplares-, que jamás llegó a librería alguna. La editorial saldó los derechos de autor y todo quedó en una operación paralegal.

A Jesus Cacho, el periodista palentino obsesionado con la Familia Real, y antiguo empleado a sueldo de Mario Conde, la misma editorial que ha censurado empresarialmente a Morán le devolvió el manuscrito de un libro de encargo a finales de los noventa. Había empezado como un libro sobre la guerra del cable, se fue alargando y metiéndose en otros asuntos -ojo: la editorial no reprochaba los habituales diálogos inventados del autor- y acabó publicándose en Akal con el título El Negocio de la Libertad.

Hay múltiples ejemplos más: los conocidos de El Jueves -donde la Fiscalía del Estado acabó llevando al tribunal a unos humoristas- o Egunkaria -donde directamente ese órgano estatal cerró un medio, aunque años después el artículo 20 CE dijese que eso era una barbaridad: lo venía diciendo desde 1978-, pasando por Un Rey golpe a golpe, una historia truculenta -y muy bien escrita- que tuvo que salir con el seudónimo de Patricia Sverlo, bajo la seria amenaza de acabar en la cárcel que tenía su principal autor, el periodista filoetarra Pepe Rei. Sin embargo, no es el tema de este post.

Ni siquiera lo es el tema del libro, una trayectoria cultural de España entre 1962 y 1996 a lomos del jesuita Jesus Aguirre (el cura), que pasó de la sotana a casarse con la Duquesa de Alba, y cuya parabola vital sirve a Morán para tratar otros muchos aspectos de las relaciones culturales de la época. Una continuación de su obra maestra El Maestro en el erial (1998), donde Ortega y Gasset hacía esa función de personaje-puente y personaje-nodo para hablar de un tiempo y un lugar.

Aquí el tema es Gregorio Morán, un brillante polemólogo, aupado en tiempos recientes por la generación mejor formada a la altura de faro intelectual por la sencilla razón de que no hay otro con la trayectoria que ellos buscan: alguien que durante estos casi 40 años de Segunda Restauración haya criticado de manera sistemática, convincente y sin tapujos los conchaveos y mamandurrias de El Poder, ampliamente entendido.

Resulta paradójico que, después de décadas dedicándose a esos temas, sólo en tiempos recientes la generación mejor formada -y algunos de sus miembros pasan de los 40 años, o los frisan de manera vergonzosa para sus aspiraciones vitales- haya reparado en Morán, un hombre fiel a sí mismo. Estarían ocupados en otras cosas, como aprender de memoria como deletrear el apellido de un director de cine iraní, o con drogas recreativas. En esas llegó la crisis, la constatación de que la generación que hizo la Transición no iba a dejar sus carguitos y puestos a los que venían por detrás -nunca ha sido así, y es de ilusos pensar lo contrario-. Así empezaron a acuñar constructos verbales estúpidos, como CT, y buscar algún referente.

Porque era imposible que nadie hubiese visto lo que se cocinaba dentro del Reino de España, especialmente en sus fontanerías. Estaba lo visible, y estaba lo invisible, en gran parte porque nadie hablaba de eso. Vale, estaba Morán, pero precisamente su singuralidad -y reparen en el significado original del término- lo convertía en la excepción que confirma la regla. Después, ya con la crisis, alguno como Muñoz Molina se ha subido al carro, señalando con el dedo medio encogido que nadie lo hiciese durante los tiempos de bonanza (¡brillante actitud!), cosa que le ha valido una fuerte reprimenda por parte de Marías. De esas tipo "¡mira quien habla!", transmutadas en breve en "¡y tu más!".

Da tapujo citar a estos buenrrollistas profesionales, más el primero que el segundo, en relación inversa a su talento. Morán es todo lo contrario. Como excomunista, mantiene ese visión amargada de la sociedad del que ha sufrido todas las derrotas posibles, y con la que tiñe todos sus escritos. El éxito de su mordaz biografía de Adolfo Suárez en 1979, con el abulense en el cénit de su popularidad, le permitió comprarse un piso en Barcelona. Desde entonces, un par de puñados de libros y su puñetazo en el ojo de todos los sábados en La Vanguardia.

Yo los tengo todos, y leídos, desde los famosos (Los españoles que dejaron de serlo, sobre el tema vasco) hasta los que no son de política, incluyendo uno de mis libros de viajes favoritos, Nunca llegaré a Santiago, una obra en la mejor tradición de Ciro Bayo o Ramón Carnicer, la del viajero peninsular que no tiene porque adorar o enaltecer los lugares por los que pasa, al contrario. Me gusta como escribe, y me gusta los temas de los que escribe y, especialmente, cuando los escribe.

Así no es de extrañar que la primera crítica a la beatificada Transición desde posiciones no periféricas fuese la suya, nada menos que en 1991 (El precio de la Transición) y con El Sistema ya bien asentado, pero sin autoreplicarse hasta la parodia, como pasa ahora mismo. Fue publicado por la misma editorial que ahora le censura, igual que el de Suárez: la más grande de España. Sin embargo, es un libro que jamás ha sido reeditado y que hoy por hoy es inencontrable, ni siquiera por Amazon. Quizás con eso descubran a los que ahora esperan, sábado tras sábado, su nueva columna, y afirman haber leído todo del autor. Quizás lo tengan en e-book. Nunca se sabe con la generación mejor formada.

Ya he explicado lo que me gusta del autor, y por qué. Ahora queda explicar por qué no me va a gustar El cura y los mandarines, que sin embargo leeré cuando salga. Yo no he sido de los afortunados que tienen el manuscrito, que circula entre reducidos círculos como un samizdat, en afortunada expresión de Rodríguez Rivero.  No he sido como Victor de la Concha, director de la RAE y con título nobiliario entregado por el Rey, que al parecer si lo ha leído y está en el origen de la censura empresarial aplicada a Morán.

Cuando se empezó a saber del caso, sospeché algo así. Morán es un autor al que le encanta el cotilleo, de una manera morbosa y obsesiva. Además, le encanta el cotilleo de pueblo. Siendo como es de Oviedo -aunque reside en Barcelona desde mitad de los ochenta- eso es ya casi una patología. Muchas de sus columnas semanales están entreveradas de ese cotilleo insano, que rara vez aporta nada, pero que hace las delicias de los nuevos seguidores de aluvión que le han surgido en los últimos tiempos.

Le ha llevado diez años escribir el libro, y de vez en cuando iba dando pinceladas en sus artículos. Yo me temía que iba a dar rienda suelta y exagerada a esa característica suya, más que nada porque trataba un periodo y unos protagonistas que había conocido y tratado de primera mano, y así se ha confirmado.La no casual coincidencia de que el supuestamente vejado De la Concha también sea asturiano ha hecho de catalizador, y confirmado las sospechas.

Que si era seminarista, que si era falangista, que si era un pelota, que si se casó con una novicia, que si venía de un pueblo de hambre -todos lo eran en la época-, que si estuvo en el seminario de Valdediós para escapar de ese hambre...todo, todo, charlatanería de pueblos, esa que siempre ha sabido tocar muy bien Morán. No en vano su gran éxito Adolfo Suárez. Historia de una ambición se fraguó con ese material, en las conversaciones que mantuvo entre 1978 y 1979 en la mansión de Torcuato Fernández-Miranda en Somió (Gijón).

El antiguo protector del entonces Presidente del Gobierno, al que promocionó como un valido y con finezza italiana, se despachó agusto sobre el chaval que le había salido díscolo y con ideas propias. Resulta inquietante pensar en el ambiente de esas charlas, llenas de modismos asturianos, tabaco, rencor y malidicencias. Por supuesto, Fernández-Miranda no quiso salir citado. En eso consiste el cotilleo, que con el avance de la tecnología ha llegado a niveles propios de la delación anónima de tiempos pretéritos.

Es una pena que Morán abandonase el proyecto de libro que tenía, y muy avanzado en su redacción final, sobre Leopoldo Alas, Clarín. Hubiese sido mucho más interesante que lo que parece, a todas luces, un ejercicio de desgañitamiento -típico de excomunista-, sobre su generación y sus múltiples derrotas, incluída la vital. Sin embargo, y como este país es así, El cura y los mandarines será mejor que el 99% de los libros que se publican como ensayo, igual que gran parte del valor de Morán viene por manejar en exclusividad temas y lenguajes que otros autores desentienden. Por las razones que explicará en el libro aún por leer y por publicar.

jueves, 26 de julio de 2012

Cosas que no se creen (III)

"El problema de la mano de obra creado para el proyecto Expo es espectacular (...) en la Sevilla de 1990 no es posible contratar los servicios de un encofrador o un yesero por menos de trescientas mil pesetas, bastante más del doble de lo que gana un titulado universitario en la Administración Pública"
Francisco Gallardo, Guerra en el Sur, Tibidabo, 1990, pág. 61

La cita viene de uno de esos libros de inmediatez política (instant books), género al que soy muy aficionado, más que nada porque se encuentran en las librerías de saldo a precios ridículos. Muchas veces, con el poso del tiempo, encuentras testimonios muy valiosos, pero hay que dejar que reposen.

Hubo un milagro económico

Enric González reduce el desarrollo económico experimentado por España en las últimas décadas a una solución que, por simplista, sólo puede conseguir una dilatadísima difusión entre quincemistas (neologismo: reclamo la autoría), amas de casa y recién llegados a los asuntos económicos: "un proceso de convergencia y unión monetaria con el resto de Europa, por el cual los tipos de interés quedaron por debajo de la inflación real y España se inundó de capital extranjero".

No voy a entrar mucho en el asunto, simplemente planteo la cuestión. ¿Qué es lo que pretende el autor de esta frase, que hubiese una convergencia con países mucho más ricos sin que subiesen los precios? ¿Disfrutar de los servicios y prestaciones de los países más desarrollados del mundo pero con fiscalidades mucho más bajas, y precios de los servicios aún más bajos, cuando no regalados?.

Vean la secuencia maquiavélica: convergencia>tipos de interés por debajo de la inflación real>abordaje del capital extranjero, que por propia definición es pérfido, de ahí lo de "extranjero". Note el avispado lector de este blog que es otra nueva andanada contra la CEE o lo "extranjero", a lo mejor es que España iba mejor con la autarquía y comiéndonos el mercurio de Almadén, que al menos es muy nuestro.

Como ya les digo, este tipo de reducción simplista de fenómenos muy complejos -y que han sido muy beneficiosos para la economía del país- tendrá gran arraigo entre la gente que llama a los políticos "ladrones", cree que podrá pagar una hipoteca de 30 años con 1.000 euros de sueldo al mes y aspira a tener dos coches en propiedad, por lo que no les extrañe que lo encuentren en boca del próximo camarero del bar, o de un taxista. Sorprende, y mucho, verlo escrito en alguien tan bien capacitado como Enric González.

"Vendimos ladrillo, deuda y sol, lo cual equivale a plantar cizaña en el césped: las actividades especulativas desplazaron a las productivas" ¿Qué actividades productivas había en la España pre-CEE? Si se refiere a siderurgias, minería, sector del calzado de Elche, astilleros, el mueble valenciano o las conservas gallegas, están mejor donde están, porque no eran muy productivas; eso sí, empleaban a mucha mano de obra.

Si hubo una actividad especulativa sobre todas las demás fue la vivienda en propiedad, adquirida no para vivir en ella, sino para revenderse o como instrumento de ahorro, pensando que nunca podría bajar. Ahí si que desplazó a actividades productivas, pero también hay que preguntarse qué actividades productivas existían en el país.

Contradiciéndose con el postulado de su tercera cosa que no se cree, afirma que si hubo un milagro en España, que "un mal encofrador ganara más que un buen médico". Por eso pongo esa cita del principio: es un fenómeno que se ha experimentado siempre en países donde no se valora el mérito y si la oportunidad, y España destaca especialmente. Vean si no lo de la I+D, o como en muchos contextos sociolaborales la gente se rie si hablas alguna lengua diferente al mostoleño o el cacereño.

Ese supuesto milagro era el coste de oportunidad en sentido laboral: ¿para qué voy a estudiar y tener un cultura y formación, cuando dejando el insti con 16 me meto de albañil con mi padre y me saco el sueldo de un profesor titular de universidad con cuatro trienios? Esto fue así aquí, y lo sigue siendo en gran medida. Sin embargo, tiene difícil regulación, a no ser que el periodista González quiera establecer topes salariales, o igual salario para todos, como en las sociedades cerradas.

El fenómeno hunde sus raíces en el desprecio a la cultura y la formación que ha habido en este país, y no tiene nada que ver con milagros. Es cerril e ibérico: si lees poesía, eres maricón; si vas de viaje a ver edificios y no a Gandía, un rarito; si desprecias la tele y privilegias la lectura, un aburrido. Como creo que es una cosa consustancial al ser español, y que no he visto en otros países que conozco bastante bien y Enric González aún mejor, será que no ha querido abordar el tema.

Creo que es un gran problema de España, pero Enric González prefiere centrarse en lo suyo. El "gran problema de España" es que "carece de una economía realmente productiva y capaz de competir en el mundo, y por eso no crece, y por eso padece un desempleo endémico". Pues totalmente de acuerdo, pero eso ya estaba así antes del milagro económico o "las mentiras que nos han contado". De ahí viene lo de "milagro", porque nadie se explica el indudable salto adelante dado por nuestra economía en los últimos lustros.

En un batiburrillo de temas y conceptos, González lo acaba mezclando todo. El desempleo endémico -recuerden que en pleno boom había un 8% de población en el paro, 2´2 millones de personas- también se explica, además de por carecer de una economía productiva, a lo bien que se vive con el sistema de protección social, ese que está saltando por los aires porque jamás pidió nada a cambio: sanidad gratis, educación casi gratis (incluyendo el posgrado) para que haya universitarios con 35 años y otro tipo de servicios dados a la generalidad, perfectos para vivir sin trabajar.

Que explique el fenómeno de los temporeros andaluces, o por qué todo el mundo es tan feliz en Cádiz con un 40% de paro incluso en los mejores momentos, o Canarias con un 30% de paro a pesar del maná del turismo, Asturias despoblada e hipersubvencionada...el paro es endémico en España, pero no lo es por las características de su economía (que tuvo que importar 5 millones de extranjeros en su fase expansiva), sino por la falta de una auténtica cultura del trabajo, igual que falta una cultura en general, o al menos el respeto al que la tiene, muchas veces de manera autodidacta. Con estos mimbres, calificar de "milagro" la expansión de la economía es la mejor definición: no hay nada mejor.

Grado de acuerdo con el artículo: 10%
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Todas las grandes partidas de gasto se han ajustado por la crisis, salvo una: las pensiones. Y es la más grande. Esto se debe al caladero de votos que supone este amplio colectivo de población española. Como la situación es insostenible (en junio el gasto en pensiones subió otro 4´4%), parece que ya hay nueva reforma a la vista, a sumar a esa de hace año y medio donde se quitó de un plumazo una media de un 20% de la futura pensión a cobrar si el sistema aguanta.

Lean qué poético es todo: "aplicación del factor de sostenibilidad de las pensiones, que consiste en establecer un mecanismo que ajuste automáticamente el gasto del sistema al incremento del mismo que se derive del aumento de la esperanza de vida. Es decir, que si aumenta la esperanza de vida y no hay más cotizantes para compensar el mayor gasto, se ajustará la cuantía de la pensión. Esto puede hacerse por varios métodos: uno de los que se maneja es sustituir la revalorización en función del IPC por otro índice que combine la esperanza de vida con otros indicadores. También, se pretende adelantar la aplicación del retraso en la edad legal de jubilación a los 67 años, es decir, acelerar los periodos transitorios de la anterior reforma".

Ya saben cómo va la demografía española, y cómo va a ir. A ver si ahora alguien tiene las narices de rebatir que el sistema de pensiones es un sistema piramidal que no tiene nada que envidiar al de Ponzi, Madoff o AFINSA.
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El conocido caso de la ciudad-fantasma construida en China. Hay muchas más, como en España, pero sólo nos quedamos con el icono.