Por una apuesta perdida y por obligación me he visto obligado a leer No os avergonceís, un panfleto de reciente aparición cuya autoría corresponde a Beatriz Talegón, esa genuina representante de "la generación mejor formada de la Historia" que se hizo famosa hace un nueve meses por su discurso youtubizado en un congreso sin la más mínima transcendencia: ni por los ponentes, ni por el enclave, ni por la temática.
Era en Cascais, eran los jóvenes socialistas de no se donde, y era un brindis al sol, donde la simpática Talegón aprovechó su tribuna para criticar el hotel donde se hospedaban. No era una crítica de TripAdvisor, era una crítica del tipo de esas niñas preadolescentes que también suben al estrado durante algún mitín del Partido Comunista Cubano y lanzan una encendidas soflamas que sonrojan a cualquiera.
Como vivimos tiempos de zozobra y de mucha estupidez, Talegón saltó al estrellato. No es que lo evitase, es que se subió a la ola y desde entonces surfea encima, con desigual suerte. Su fenómeno es paralelo al del descrédito de la política, la piojosa movilización del quincemismo y el Principio de Peter.
Ahora la editorial Destino, especializada en ese género de subproductos a través de su colección Imago Mundi (et errumabo ego te, añadiría yo) da tribuna literaria a Talegón, que desaprovecha la oportunidad: subtitulado La joven socialista que apuesta por regenerar la política, sus 172 páginas son un ejercicio de necedad que no cuida nada, ni siquiera las formas.
El panfleto está dividido en dos partes muy diferenciadas, asimétricas y sin ninguna amalgama entre ellas: la primera es un largo excurso sobre los años de democracia y la segunda es un manifiesto político, que supuestamente refleja el pensamiento y las aspiraciones de Talegón. Yo creo que esto último lo logra con creces, para demérito de la autora.
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| Los cinco primeros son libros, el último es otro tipo de papel |
Talegón dice que en la escuela le enseñaban cosas como "las tablas de valencias, las eras geológicas", pero no "inteligencia emocional, del lenguaje no verbal. De la importancia de aprender a ser feliz (...) nos pusieron una línea de salida y empezaron a calificarnos con números: del más listo al más tonto. Así, con descaro", se supone que el mismo descaro que ella tiene para presentar este libro, y la editorial para pedir 12´90 euros a cambio. Más adelante (pág 66) añade que en la escuela se tiene que "desarrollar aptitudes como la empatía, la habilidad para resolver conflictos, técnicas de relajación..."
Después de todo este llamamiento a la meritocracia y a la cultura del aprendizaje y el esfuerzo, el libro avanza a ritmo de canciones, de las que autora no duda en dedicar páginas enteras a reproducir letras, y encabezar cada capítulo con estribillos de gente como Nacho Vegas y menciones a Sidonie o M-Clan. Este es el nivel, señores. El futuro era esto: la generación mejor formada de la Historia.
Sonaba en la radio una canción desenfadada, Bailando, de Alaska y los Pegamoides. Símbolo de que, tras el susto del "¡se sienten, coño!", la sociedad española movía la pierna, movía el pie, movía la tibia y el peroné; tenía el cuerpo muy mal, pero una gran vida socialEl libro, aunque comparto generación con Talegón, no está dirigido a mí. Está dirigido a eso informe llamado "masa" y que el político identifica como "votante", con una mezcla horrorosa de datos romos y vacíos, además de hitos muy comunes, con una extraña retahíla cuando elenca los escándalos de De la Rosa (pág 52): "Grand Tibidabo, la Operación Wardbase, el caso Icsa-Impasa, el caso Telecinco", que ni un avezado lector de Jesús Cacho sería capaz de descifrar, no les digo ya la propia Talegón.
En muchos pasajes del panfleto queda muy claro que a Talegón le han escrito el libro. Nacida en 1983, afirma sobre el Quinto Centenario del Descubrimiento de América, celebrado en 1992: "La pregunta que muchos nos hacíamos ya entonces era cómo se podía hablar de "descubrir" si, cuando Colón había llegado allí, ya había gente. Lo que nació como un planteamiento infantil ahora se convierte en crítica. Quizá sea más acertado decir que en aquel momento una parte del mundo conoció a la otra, un encuentro de culturas, dicho suavemente". Precisamente el lema de 1992, repetido hasta la saciedad, fue "el encuentro de culturas", mucho más que descubrimiento.
No merece la pena detenerse en los muchos ejemplos que hay de esto, y de la propia incapacidad de Talegón (con el 11-S, que tenía 18 años, afirma que "no entendíamos nada, pero no nos sorprendió llorar junto a nuestro padres al ver a la gente saltar desde las ventanas al vacío") y de su escribano para no cometer errores (pág 95, se afirma que "explotó el tanque del buque Prestige", donde seguramente tanque es un vehículo militar de tracción con oruga; en la pág 98, que Rafael Simancas ganó las elecciones regionales madrileñas de 2003), hasta el punto de (pág 101) afirmar que "el 11 de marzo había huelga de estudiantes en las Universidades de Madrid. Por eso algunos nos quedamos a estudiar en casa". Ya. Con esos resultados.
Dependerá de todos nosotros que sigan llenándose las páginas de este libroes el colofón a esa primera parte, y todo un arrebato de originalidad por parte del negro que lo ha escrito. Quizás el próximo panfleto se haga con crowfunding, o con wiki, o con unas primarias entre los candidatos a negro. De eso va la segunda parte.
Si algo le interesa a una trepilla de tres al cuarto como Talegón es medrar. Por eso apenas cita su vinculación al PSOE en todo el libro. Parece que ella es un electrón libre y que el partido pasa por ahí, se cruza y ella sigue revoloteando y libando de por aquí y por allá. Hasta que llega el momento programático, y también un poco morganático.
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| Efectivamente: Cuba es una isla |
El libro deja una profunda desazón, ya apuntada desde el título. A mí me da vergüenza que alguien así pueda tener voz -y libro- en el debate político. Que alguien con 30 años no sea capaz de hilvanar algo más coherente o denso. Que esa misma persona se incluya dentro de la famosa generación mejor formada de este país. Para esto. Y vendrán peores que Talegón, seguro.


