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lunes, 2 de marzo de 2009

Apagando llamas

¿A alguien le ha interesado las dos elecciones regionales de este domingo? Los gallegos parece que se empiezan a interesar por sus órganos de gobierno autonómicos, y ya son dos elecciones con participación cercana al 70%, todo un éxito en la CC.AA. Los vascos, lejos ya la infame campaña de 2001, han votado en el clima más tranquilo que se pueda recordar. Ahora, con los resultados a la vista, comienza el interés.

Galicia ha vuelto a su estado natural, lo que en una de las regiones más rurales de Europa dice mucho. El PP es Galicia, y Galicia es del PP. El fundador del partido es gallego. El actual dirigente del partido es gallego. En los difíciles años 80, Galicia y Castilla-León fueron la reserva espiritual y de votos de la derecha. De 700.000 militantes del PP en toda España, 100.000 están en Galicia, algo que no guarda relación con su tamaño poblacional, pero si con las prebendas y servicios que se obtienen con el carnet.

Basta ver a Baltar, el caudillo de Orense, o recordar al malogrado Cuiña -no llegó ni a los sesenta años- para notar el panorama. La campaña electoral, con Rajoy agasajado por sus paisanos en visitas a aldeas remotas con una edad media de 70 años, recordó mucho a las de Gamazo y el Partido Agrario. El nuevo líder no tiene nada que ver con ese ambiente: miren la foto de cuando, recién elegido para suceder a Fraga, se armó de ropa y pertrechos para combatir los incendios forestales con los que se saludó la llegada de os comunistas. Es muy divertida.

Lo tiene muy fácil para hacerlo bien. Hace poco nos decían que es pariente del erudito del siglo XVIII de mismo apellido. Sin embargo, no es necesario irse tan atrás en el tiempo. El gobierno del PSOE con el indolente Touriño, un hombre que solo puede provocar somnolencia y que se ha aferrado a algo tan fantasmagórico como el AVE, y el cromagnon de Anxo Quintana -espectacular el populismo de sus mítines "a pie", arengando a las masas de pensionistas agrarios- fue un contrasentido histórico en Galicia, una región que vota lo que vota porque vota. Y en esta frase está todo.

En cuanto al País Vasco, el PNV ha mejorado sus resultados de hace cuatro años, pero como el voto de la izquierda abertxale no ha podido concurrir a las elecciones, pierde un apoyo clave para gobernar, y es muy probable que Patxi López, el representante del PSE, sea el próximo lehendakari. Si es así, tendrá que contar con la abstención en la sesión de investidura del PP -que pierde un escaño- y del engendro de UPD, la hidra que crece por toda España y que en las próximas europeas va a quedar como tercera fuerza política. Por supuesto, huelga comentar que el escaño de UPD viene de Álava y es a costa del PP. No se si algún día habrá tiempo y lugar para hablar sobre Unión del Pueblo Alavés.

Patxi López podrá gobernar en solitario, pero con la sombra del PP y UPD, que son capaces de hacer marrar un gobierno a las primeras de cambio. No olviden que el partido de la gaviota permitió que los presupuestos del País Vasco para 2003 fueran aprobados porque su líder, el tizón Mayor Oreja, había decidido no ir ese día a la Cámara. Con la estrecha victoria del frente constitucionalista (¡hay que ver que etiquetas se acuñaron en la bazofia de 2001!) puede haber muchas de estas situaciones. Y bueno, en todo caso siempre estará Rosa Díez (y los que manejan su marioneta), que del País Vasco viene y al País Vasco tiene, por fin, en sus manos. Qué miedo.