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| Con la Wii, recibiendo descargas eléctricas |
Los portavoces parlamentarios de las minorías nacionalistas que cuentan (la catalana democristiana y la vasca democristiana) siempre han tenido una relevancia especial en su acción parlamentaria en lo que ellos mismos llaman despectivamente "Madrid", lugar donde sufren mucho y están confinados por sus particularidades, o eso les gusta representar de cara a su electorado.
Suelen durar varias legislaturas en el cargo, haciéndose relativamente populares más allá de su desempeño parlamentario y, a renglón seguido, escribir un libro de memorias de su azarosa experiencia, que muchas veces resulta muy agradable por arrojar una luz no centralista sobre aspectos que damos por descontados. Si además lo trufas con la habilidad para el insulto de gente como el venezolano Anasagasti, esas memorias son horas de diversión asegurada.
Lo digo por su libro Agur, Aznar, y también por otro que hizo a dos manos con un debutante Josu Erkoreka -que le sustituyó en funciones, y mejoró muchísimo- para contar chismes y cotilleos sobre Jose María de Areilza -esta era su parte- y sobre Manuel Aznar, el pariente cercanísimo del más popular de los Aznar, aunque este no se quedó lejos.
Ya se que con esta clase política ágrafa les parecerá una afrenta que alguien saque tiempo para escribir -y que incluso tenga lectores-, pero viene bien este excurso antes de adentrarse en la figura de hoy, nada menos que Josep Antoni Duran i Lleida, nacido en Huesca y autor en 2007 de esa obra miliar de las memorias parlamentarias que es Entre una España y otra: crónica de una legislatura, que aquí pueden leer en su primer capítulo por gentileza de El Corte Inglés. También lo pueden encontrar en su librería de saldo de referencia, el sitio donde suele acabar todo este tipo de publicaciones.
No se dejen engañar por los altos vuelos del prólogo, hablando de Política Mayor, porque Duran i Lleida es un político de los bregarse en la calle, de subirse a un tractor incluso (aunque goce de una fortuna personal que lo situa entre sus señorías más bien dotadas) y muy cercano y muy llano. De esos que gustan del contacto con el pueblo.
Conocido por ir siempre impecablemente vestido, con algún toque difícil de clasificar como esas gafas de montura roja, el portavoz parlamentario de CiU (¡qué tiempos aquellos en los que era Roca! ¡qué otro catalán mucho más presentable fue ese grandísimo presidente de Cortes llamado Félix Pons!), el político alopécico ha generado en las últimas semanas dos polémicas (y generar es el término adecuado, pues es el origen) que han hecho conocer al gran público algo más de su hexagónica personalidad.
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| Payés con gafas de lujo, mono azul y vetusto tractor |
Tras afirmar que los payeses catalanes dejan pudrirse la fruta en el suelo porque no les compensa agacharse a recoger algo que no vale nada en el mercado (ay, ay, estos liberales de boquilla: ¿no será que lo hacen para que no caigan aún más los precios? cómo si fuesen ellos los que se agachan y no esas minorías étnicas que son las que realmente trabajan el agro catalán), remachó con esta soflama: "en otros sitios de España, con lo que damos nosotros de aportación conjunta al Estado, reciben un PER para pasar una mañana o toda la jornada en el bar del pueblo" (siguen sonoros aplausos de la militancia entregada).
El "otro sitio de España" es Andalucía, comunidad donde los catalanes con denominación de origen (aunque hayan nacido en Huesca) están profundamente obsesionados, especialmente porque votan lo que votan y dónde votan. Como siempre en cualquier previa de cita electoral, se saca el espantajo del PER (y las ideas asociadas de vaguería y voto comprado) para usos partidistas, aunque ese mismo partido votase en su día a favor del Plan de Empleo Rural, prorrogado por el socialista de Aznar en 2002.
Duran i Lleida encendió la mecha y, sin entrar a fondo en las razones que sustentan su soflama, todo el mundo entró al trapo. El mejor, y utilizando las mismas armas que Duran i Lleida, el gran Alfonso Guerra (el único diputado en activo desde 1977, historia viva de nuestra democracia), que con chabacanería y populismo le espetó que es muy fácil decir eso cuando se vive en el Palace.
El político catalán, por una vez en su vida un poco aborchonado y no vehemente, dijo que le salía más barato la pernoctación en el lujoso establecimiento situado a 100 metros de su lugar de trabajo que alquilar un apartamento en Madrid. Sin embargo, no sirvió: ya todo el mundo sabía que, una vez más y para descrédito de la clase política -que es muy suya de gastarse su dinero en lo que quiera- pide cosas que después no practica.
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| De caganer |
Al poco tiempo Duran i Lleida volvió a uno de sus temas favoritos. Ya en 2010 se puso como un basilisco porque la Generalitat, que entonces no estaba en manos de su partido, expedientó a una clínica de Barcelona donde decían curar la homosexualidad a base de calambrazos, como hacía López-Ibor (el franquismo y sus figuras médicas, ¡un saludo al Marqués de Villaverde, ese fotógrafo de su suegro entubado!) y como parece que, a raíz de sus recientes declaraciones, sigue siendo algo válido.
Duran i Lleida defiende "el derecho de cualquier persona a acudir al psicólogo para cambiar de orientación sexual", que queda así como más fino porque, hábil político, eso de "defender un derecho" parece que siempre es positivo. Desconozco como se maneja en el asunto de homosexualidad y terapias milagrosas sanatorias (¿es una enfermedad?), pero con el caso del cáncer, tan caro a su propia historia ("en los tres días de espera entre diagnóstico y quirófano, Duran llegó a pedir la extremaunción a un sacerdote amigo"), hay sentencias muy desfavorables sobre curanderos, como el famoso Biobac.
El fin, sirvan estos dos recientes ejemplos para ver el pelo de la dehesa, que no de la cabeza, de este político que, en pleno delirio de la caverna mediática de hace no tanto tiempo, se llegó a proponer como presidente del Gobierno en un hipotético gobierno de concentración nacional PP-PSOE. Lo más curioso es que mucha gente lo ve como un moderado.
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Pues no parece el edificio ni la actividad más austera en un país en quiebra. El autor de la noticia, invitado a gastos pagados a la inauguración, deja entrever ciertas dudas, pero cae rendido ante esta nueva Ópera de Manaos, esta vez sin caucho pero con bastante bacalao.


