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lunes, 13 de enero de 2014

Masa y urbanismo

Avda. de Vitoria, Burgos. La general
La noticia de unos improbables disturbios en Burgos me tiene bastante sorprendido estos días, aún siendo un género que me gusta en particular cuando se produce en sitios insospechados. Ya van tres días seguidos de algaradas nocturnas en la capital del bando nacional durante la Guerra Civil, la ciudad de las dos estaciones (la de tren, y el invierno) y triple Patrimonio de la Humanidad (por el camino de Santiago, por la Catedral, y por Atapuerca), algo así como si se congelase el trópico.

Es Burgos una ciudad muy bonita, incluso bajo los estándares internacionales. No les digo ya los nacionales. Con un casco histórico muy delimitado, varios ríos, castillo enrocado e impresionante monasterio de la Huelgas un poco a desmano, combina esa belleza monumental y geográfica -extensible a toda la provincia- con las características propias de ser una ciudad moderna, la segunda más poblada de Castilla La Vieja: campus universitario inútil, industria pesada y contaminante (¡fábrica de neumáticos!) y, nuestra característica más hispana, la de las casas construidas sin previsión alguna.

Sepan ustedes que en Burgos se llegó a alcanzar, durante los Quince Años de Despilfarro, uno de los precios de vivienda más caros de España. Burgos, rodeada de páramo en tres de sus cuatro vertientes. Burgos, que sin embargo tiene un urbanismo bastante decente. Había y hay industria, eso de lo que tanto adolece Castilla, y servía de polo de atracción para palentinos, sorianos y demás hermanos de la estepa castellana mucho más desfavorecidos.

Mirando hacia el norte sube una loma por donde va la carretera a Cantabria: por ahí creció la ciudad durante el primer franquismo no desarrolista, a golpe de cuartel y hospital ubicado horriblemente. Mirando hacia el este, iba la carretera de Vitoria, donde pegado a la ciudad se encontraba el pequeño núcleo de Gamonal, pueblo independiente (también Vivar, donde el Cid, está muy cerca) que tuvo su protagonismo en la Guerra de la Independencia, y que en el franquismo desarrollista cambió por completo su fisionomía.

A lo largo de la antigua general (como se denomina a las carreteras nacionales que atraviesan poblaciones de relieve, dando a entender que hay otro tipo de carreteras secundarias) se desarrolló un modelo urbanístico digno de mención, por ser horrible de principio a fin. Un gran muro continuo de bloques de diez y más alturas, separados por cuatro carriles de circulación, y sin plazas de aparcamiento, porque nunca se creyó que el obrero medio que iba a habitar esos productos de los sesenta y los setenta llegase a tener uno o dos vehículos en propiedad.

Render del bulevar propuesto
Es una densidad de población que espantaría a cualquier urbanista, similar a la del Barrio del Pilar en Madrid, otro delirio de la misma época y con las mismas funestas consecuencias. Sin embargo, tiene densidad, eso que tanto se evita con el urbanismo moderno de cuatro plantas y los edificios separados, para que nunca conozcas al vecino, y que tanto se ha aplicado en España con despilfarro de suelo y recursos. De esa densidad y de esa planificación vienen los problemas.

El alcalde de Burgos (recuerden que también lo fue el ex-ministro aznariano Juan Carlos Aparicio, y que fue candidato Álvaro Baeza, ese Jesus Cacho que no llegó a triunfar con sus libros "ETA nació en un seminario" y demás), un Ayuntamiento bastante endeudado, se le ocurrió la idea de mejorar Gamonal por el otro medio existente una vez que se descarta la dinamita: hacer aparcamientos subterráneos y convertir lo que es una de las calles más feas de España en un bulevar, limitando la circulación a dos carriles e instalando un bulevar central para bicicletas.

Hay bastantes ejemplos cercanos donde, un buen uso del urbanismo, mejora la herencia del pasado: la supresión de la "barrera ferroviaria" en Logroño -lo crean o no, atravesaba toda la ciudad en sentido horizontal- o la sangrante cercanía de Vitoria, tantas veces ejemplo en este sentido. E insisto en que Burgos está muy bien, pero Gamonal no: el que defienda lo contrario no sabe de lo que está hablando. O defendiendo.

Como tantas veces en este país, el tema se ha convertido en un asunto de buenos contra malos. Los primeros, como siempre, los inocentes vecinos que defienden su derecho a seguir viviendo en una calle digna de otras latitudes más tropicales y otra época; los segundos, un pérfido alcalde que es manipulado como una marioneta por los constructores, ese poder real a nivel municipal, autonómico y nacional en este país. Y hay verdad en todas las partes.

La obra, presupuestada en nueve millones de euros, se pretende financiar con la venta de plazas de garaje a residentes a 20.000 euros, el precio estandar para este tipo de producto en cualquier ciudad media. Estos estarían situados bajo el nuevo bulevar, que disfrutarían todos los vecinos independientemente de que tengan coche o no, porque en eso consiste la ciudad. Los vecinos, por su parte, alegan que la obra destruirá "cientos" de plazas de aparcamiento en superficie, gratuitas por otra parte, parte que jamás indican. Estando como estamos en Burgos, espero que enmarquen el problema dentro de las cuitas medievales de impuestos y diezmos.

Hoy por hoy, lo único racional en Gamonal
Son operaciones que se han hecho en muchos otros sitios, que causan las molestias propias de una obra, pero que dejan una ciudad objetivamente mejor, y que mejoran un entorno muy desfavorecido. Si tienen la ocasión de pasar por Gamonal, no se pierdan su antigua iglesia, rodeada por todos los lados de carreteras como una isla de religiosidad cercada por el falso Dios del automóvil, que en Burgos da tantos empleos -es líder mundial en fabricante de componentes de automoción- y quebraderos de cabeza.

Sin embargo, los intereses del Ayuntamiento no son meramente altruistas, aunque tampoco son pérfidos en su totalidad, como acabo de intentar explicar. La obra la ejecutará el conocido constructor local Méndez Pozo, que en 1994 fue a la cárcel por un escándalo de corrupción y que posee, cómo no, el Diario de Burgos.

En este buen blog -debería haber uno similar, o más, por cada ciudad o pueblo español- se olían algo desde hace dos años. Pasa igual en todas partes, pero es que aquí incluso ha pasado por la cárcel. Y está en tratos con Ulibarri, el constructor ponferradino de la Gürtel. Es un buen blog, pero que solo ve los defectos a la obra y habla de "élites" y "vecinos", en un lenguaje criptomarxista que deja la crónica de la fosa séptica de Diagonal en un dechado de buen periodismo ("problema crónico de aparcamiento derivado de la planificación de la zona").

Yo creo que el problema existente y las posiciones de cada uno (si las plazas de aparcamiento subterráneo fuesen gratis, seguro que no protestaban) están muy claras tras lo expuesto. Lo que deja perplejo son los tres días seguidos de kale borroka en un sitio como Burgos.