viernes, 12 de diciembre de 2014

El efecto Guggenheim en La Mancha

La Torre del Vino, Socuéllamos (Ciudad Real)
Ha vuelto a pasar. El aviso lo dejó el lector @pedromalone en el anterior post dedicado a estos temas, y yo no daba crédito a lo que he ido viendo desde entonces. El pasado 10 de diciembre se inauguró el enésimo adefesio arquitectónico en un poblachón que quiere ser ciudad, y que difícilmente lo conseguirá por ideas como esta.

Es Socuéllamos un poblachón manchego de 13000 habitantes, compuesto principalmente de casas bajas. Junto con localidades vecinas como Tomelloso -que hace de capital comarcal- es conocido, si lo es por algo, por su vino, ese vino manchego que se mide por cientos de miles de hectolitros y rara vez en términos de calidad.

Ahí, en medio del paisaje plano de La Mancha, han levantado una torre de 40 metros de altura (once plantas) que se ve desde toda la comarca. Una torre que ha costado 4´5 millones de euros y cuyos costes de mantenimiento e incluso su viabilidad se antojan imposibles desde el mismo día de la inauguración, cuando el mal ya está hecho. Entonces la pregunta es ¿cómo se ha llegado a construir algo así?

Un diseño muy cuidado
La locura comenzó en 2008, no por casualidad el primer año de la crisis, ese donde algunos todavía negaban su existencia, minimizaban su impacto y duración o apostaban por políticas keynesianas de estimulación de la demanda con dinero público. Ese en el que la clase dirigente seguía como esos borrachos que siguen en una fiesta en un piso que no es suyo cuando ya han quitado la música y ha pasado la Policía a desalojar.

La idea vino del Plan de Dinamización Turística "Rutas del Vino", que en sí mismo parece una idea equivalente a la que hay en otras zonas vinícolas: el problema es que en Borgoña, Napa o Le Langhe jamás harían una torre de 40 metros de altura. Estamos hablando, una vez más, de una especifidad española. O excepcion cultural, si la quieren llamar así. 

Leyendo la noticia del proyecto inicial, es imposible no reparar en la propaganda habitual del conchabeo entre arquitectos y políticos, trufada en esta ocasión (¡quien sabe!) con la verborrea habitual del mundo del vino: 

La Torre -Mirador, es una apuesta rotunda y decidida por el turismo de la comarca: un auténtico regalo para los sentidos. De unas características arquitectónicas totalmente innovadoras y con un carácter moderno y funcional sus 32 metros de altura, ofrecerán una visión única de los viñedos de La Mancha, la inmensidad de la llanura manchega es un espectáculo por sí misma: mares de vides a los pies del viajero, combinados con interminables puestas de sol, el horizonte enrojecido sobre un manto verde y un cielo tan hermoso que es difícil de calificar
Si leen el anterior enlace, auténticamente descacharrante, verán los primeros renders del proyecto, y más o menos lo que se ha acabado materializando: la torre-mirador, y dos edificios anexos -aún por acabar- donde estarán los fundamentales "Museo Etnográfico de Socuellamos" -vean el pliego de condiciones, increíble- y la Oficina de Información Turística, que "no será un mero centro de acogida de visitantes, expendedor de folletos, sino que en permanente colaboración con el Museo será una poderosa herramienta para dinamizar el turismo y sensibilizar a la población local".

Difícil creerlo a la vista del resultado. Como pueden apreciar, el proyecto inicial preveía un color carmesí (¡ese vino! ¡viva el vino!) que ha desaparecido en el engendro final resultante, una especie de torre de vigilancia de institución penitenciaria, con hormigón y acero visto. No es que el color hubiese evitado esa asociación de ideas, pero al menos la habría disimulado algo más. 

Vista desde la Torre a la antigua playa de vías férreas. El "mar de viñas"
Pero ¿de que estoy hablando al usar la palabra "disimular" con una torre de 40 metros en medio de una planicie? Aquí la pretensión es que se vea y no tanto ser ese cacareado mirador. Estaría bien saber hasta qué punto han ejercido poder las querellas pueblerinas con los otros poblachones de la zona. En Italia se usa la palabra campanilismo (de campanile, la torre de la iglesia) para este tipo de disputas ridículas, siempre basada en "la mía es más grande".

Vean cuanto de eso hay en la inauguración, a la que acudió la presidente autonómica María Dolores de Cospedal, que en la gran mayoría de las ocasiones ha privilegiado este cargo sobre el de Secretaria General de su partido. Y, en todo caso, jamás ha tenido problemas en compatibilizar ambas cosas, porque la que vale, vale. ¿Vale?

"Somos el mayor viñedo del mundo y tenemos el mejor vino del mundo" Campanilismo puro y duro. Por supuesto, cuando uno atraviesa La Mancha tiene esa sensación: la de un sitio bendecido como Burdeos, las terrazas del Rhin o la Borgoña. Un territorio donde se conjuga el patrimonio histórico con una cuidada sensibilidad hacia el entorno, por parafrasear un hipotético folleto turístico. 

La estructura de inspiración carcelaria (¡un saludo a Foucault y su panopticon!) tendrá unos costes de mantenimiento de 410.000 euros anuales, por solo ¡6.000 en ingresos! No son las cuentas de esos enemigos de España que siempre aprovechan estos magnos acontecimientos para cargar contra nuestro bello país, sino las del propio interventor municipal. Por tanto, susceptibles de ser peores. 

Según se lee, el ayuntamiento de Socuéllamos ya tiene una abultada deuda de 11 millones de euros (recuerden: 13000 habitantes, salen a 800 euros cada uno), pero eso no es óbice para que las corporaciones municipales se hayan embarcado en lo que, en palabras del actual alcalde, "es la intención de crear un símbolo, un buque insignia dinamizador del turismo" 

El conocido como efecto Guggenheim adquiere en La Mancha la condición de una torre de penitenciaria, gris y con forma de periscopio. Todos quieren ser capital. Si los vascos han podido, ¿por qué no nosotros? Al final y al cabo, se trata de “un museo único en el mundo. Posee unas instalaciones extraordinarias que no existen en otros museos". Ajá.
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Notable fotogalería con los contenidos de la Torre del Vino. Ojo al panel con la pregunta ¿Qué es el vino? O ese otro con Refranero popular.  
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(Actualización dos días después) Me informan desde la zona que el alcalde de Socuéllamos (Sebastián García, PP) lleva múltiples legislaturas en el cargo, tantas como ayuntamientos democráticos se han constituido. Y que su hijo, mira que casualidad, es el gerente de la Torre del Vino. 
 

domingo, 7 de diciembre de 2014

Errejón no fichaba

El auténtico trabajo de Errejón
Es francamente difícil evitar el tema Podemos en estos tiempos que nos ha tocado vivir. De la forma más estúpida cualquier cosa relacionada con la formación recientemente constituida alcanza relevancia y, de esta forma, permite conocer mejor cuales son sus objetivos y qué pretenden, además de saber de qué pasta están hechos.

El pasado lunes el diario El Mundo publicaba la exclusiva consistente en que Íñigo Errejón, a la sazón número dos de la formación y responsable de la exitosísima campaña política de las elecciones europeas, tenía un contrato de investigación en la Universidad de Málaga que no estaba cumpliendo. La noticia está redactada en el habitual tono para señores mayores del peor periódico de Europa, pero por una vez tenía un substrato de verdad (¡Un saludo a Trías, y ojalá prospere su demanda!)

El proyecto está dirigido por el economista Alberto Montero, a su vez miembro de la cúpula de Podemos, y lleva por título La vivienda en Andalucía. Diagnóstico, análisis y propuestas de políticas públicas para la desmercantilización de la vivienda. Es el típico de análisis de políticas públicas, con un marcado sesgo característico de la CC.AA en donde se pretendía expropiar viviendas a entidades bancarias, siempre al calor del populismo socialista de la zona.

Curiosamente, no ha salido nada "polémico" de que un proyecto de este tipo tenga una financiación cercana a los 300.000 euros -una auténtica pasada en este campo del saber-, y cuya mayor parte viene a cargo de la propia Junta de Andalucía (concretamente, de su conserjería de Fomento), esa institución que reparte el dinero como si de una petromonarquía pérsica se tratase: ahí está el caso de los ERE, sin ir más lejos.

Montero ofertó una plaza para un politólogo, y el único candidato fue Errejón. Es la práctica habitual: se oferta la plaza para un candidato previamente determinado. Es muy hipócrita señalar este aspecto de "a dedo" cuando es la norma común en el ambiente en el que se están moviendo los protagonistas, y la ocasión es muy propicia para señalar que Podemos es el primer partido político de la Historia donde toda su cúpula está compuesta por doctores universitarios, y además con tesis no regaladas por tribunales una vez que se han hecho famosos, esa moda a la que se han dedicado Trillo, Zaplana y Rato.

Los medios han incidido en que Errejón cobraba 1825 euros, obviando el aspecto crucial -de cara a la opinión pública iletrada que consume esos productos de propaganda masiva- de que eran brutos. Con las retenciones fiscales adecuadas, y dado que el responsable de organización de Podemos no tiene hijos, eso se queda en 1370 euros netos al mes. Durante año y medio, puesto que el proyecto acaba en junio de 2015, aunque Errejón ya ha anunciado que lo deja este mismo mes.

¿Es para escandalizarse un suelo de 1370 euros al mes? Creo que no, aunque los tiros -que los ha habido, pero es bueno que los haya contra una banda que ha ido de pureza virginal, y aquí se ha visto que no- han ido por ahí. Lo que es de escandalizarse es la retahíla de excusas, dignas de la vieja política, que Podemos ha usado para excusar a su líder.

Errejón vino desde Venezuela, donde Monedero le había conseguido un carguito de asesor, vistos sus excelentes contactos en la zona. El puesto en Málaga era para continuar su carrera investigadora y tener una fuente de ingresos, porque Podemos no era más que un proyecto hasta el exitazo de las europeas. Ahora ya es un monstruo que consume todo el tiempo de Errejón y el resto de la cúpula, y de cientos de personas más.  Nada que reprochar ahí, y su irrupción ha sido realmente positiva para todo el sistema político.

Los problemas vienen porque Errejón firmó en el contrato -y es una parte ineludible para que sea válido- una dedicación de 40 horas semanales, indicando el lugar donde se iba a realizar ese trabajo, que no es otro que la UMA. Evidentemente, y por sus responsabilidades sobrevenidas, Errejón no ha pisado el centro de trabajo y ha seguido cobrando.

Es una mamandurria típica del mundo universitario. Se conocen casos de directores de proyectos que han contratado a su mujer o sus hijos, sin tener relación alguna con el tema a investigar, y con las funciones más pintorescas, probablemente jamás realizadas. Errejón tendría que haber renunciado a su puesto en Málaga, o su director haberlo sustituido.

Esta asunto elemental, que se podía haber afrontado explicando cómo funciona el mundo universitario, o asumiendo su parte de culpa, se ha complicado por una actitud realmente inquietante de la cúpula de Podemos, y que no da muy buena espina: han denunciado una campaña de difamación contra Errejón -y realmente existe, solo hace falta ver que El País, que siempre desdeña las campañas de El Mundo, se ha sumado dedicando amplio espacio al asunto- en vez de asumir su parte de culpa.

No es difamar. Ha habido un fraude que habrá que dilucidar -probablemente Errejón deberá devolver la cuantía de todas las nóminas cobradas fraudulentamente, dado que no ha acudido a su puesto de trabajo- y no es buena respuesta aducir que vivía en Madrid "porque hay mejor bibliografia y recursos", habida cuenta que el proyecto se titula La vivienda en Andalucía. O que estamos en el siglo XXI, donde existe el préstamo interbibliotecario, acceso a bases de datos e incluso Internet.

Peor aún ha sido la actitud del PSOE, el poder detrás de la rápida actuación de la UMA. Como sabrán, las Universidades dependen para su financiación de los presupuestos de sus CC.AA, y en Andalucía gobierna el PSOE de manera ininterrumpida desde hace más de tres décadas. Precisamente el partido más preocupado por la eclosión de Podemos.

La no muy sagaz Susana Díaz, una señora que tardó 10 años en acabar Derecho -y saca busto de eso, porque un andaluz presume si acaba en 5 años o en 15 años, incluso de ser andaluz- precisamente por estar dedicada a tareas internas del PSOE -esa es la versión oficial: también puede ser que sea bastante zoqueta- ha aprovechado el asunto para decir que "hay que ser ejemplares en el uso de los recursos públicos". ¡La de los ERE!

Es improbable que Susana Díez sepa lo que es un contrato de investigación, siquiera una investigación en el ámbito universitario. Ella y sus exámenes de lisensiada por el sistema universitario español (¿me pasas los apuntes?), y a presumir de que en su familia no hay ningún título, que eso cala mucho en amplios sectores de su electorado.

En fin, cada uno da para lo que da. En el caso de Susana Díaz, una aparatchnik de cuidado, está bien claro. Lástima el desprecio antiintelectual que se cuela en las declaraciones de César Luena, el secretario de organización del PSOE, llamando a Errejón "cazabecas", como un trasunto de Alfredo Landa y las suecas, o de un avispado empresario de esos afiliados al PSOE, también conocidos como "cazasubvenciones".

Lo que viene a decir Luena es que Errejón ha robado una beca -que no es una beca, es un contrato de investigación- a otro posible candidato, porque en este país se sigue calificando de beca a una ayuda próxima a la caridad para que las clases populares puedan ir a una universidad , esa misma que hasta hace nada tenía precios tan ridículos que se podía tripitir o cuatripir asignaturas al coste de un fin de semana en Benidorm.

Todos los dirigentes visibles de Podemos han sido universitarios brillantes. Hasta su acérrimo enemigo Antonio Elorza, que fue profesor y compañero de ellos, lo reconoce. Los universitarios brillantes, en ciencias humanas y sociales, y en parte por nuestro modelo económico, se dedican a "cazar becas", porque es la manera de seguir en el mundo académico, ese donde han demostrado que se leen la bibliografía de la asignatura y no los apuntes.

Sin embargo, esas "becas" se dan por meritocracia -y amiguismo, pero ese es otro tema, aquí estamos hablando de requisitos formales-. No es una "beca" a la que pueda aspirar ni Luena, ni Susana Diaz. Podrían preguntar a sus conmilitones Rubalcaba, Solana o Lizzavetzky de qué va el asunto, dado que también fueron universitarios brillantes, quizás la última generación del PSOE que pueda decir eso.

A mí Podemos no me entusiasma. De hecho, me parecen una recua de iluminados en muchos aspectos, pero viendo a los que tienen enfrente pasan por buenos. Esta era una buena oportunidad para indicar sus contradicciones, pero se ha malogrado por razones que creo haber dejado bien expuestas. Al menos mejor que el trabajo de 40 horas semanales que Errejón jamás ha hecho. Por cierto: los profesores e investigadores no están obligados a fichar. Mientras no se solucione eso, siempre habrá errejones que estén adscritos a proyectos de investigación sin aparecer por ellos. No se que tiene que decir el PSOE a eso, o Podemos, un partido que viene de la Universidad. Me parece una buena medida de regeneración democrática.

martes, 25 de noviembre de 2014

"Un edificio lleno de personalidad": sólo faltan las personas

La importante conurbanización extremeña de las Vegas Bajas
Perdido en uno de los parajes más aislados de España se acaba de inaugurar el enésimo Palacio de Congresos a cargo del contribuyente. Estamos en el año 2014, séptimo año consecutivo de crisis, y todavía se siguen produciendo noticias de inauguraciones de equipamientos inútiles, sobredimensionados y con estudios de viabilidad fraudulentos por inflados y poco realistas.

Fue precisamente en ese 2007 cuando se empezó a fraguar la idea de dotar a Villanueva de la Serena (Badajoz) de un Palacio de Congresos. Estamos hablando de un pueblo de 26.000 habitantes, de economía eminentemente agrícola y de servicios para esa actividad primaria.  En 2009 se adjudicó la obra por la cantidad de 13´48 millones de euros (unos 518 euros por cada uno de los habitantes) y se apresta a la inaugración: el próximo año hay elecciones municipales.

La manifiesta personalidad del edificio
Según el proyecto inicial, iba a ser un "edificio lleno de personalidad", estructurado en dos volúmenes. El primero, semienterrado y con esta escalofriante planificación "La sala principal contará entre 800 butacas y tendrá un escenario de unos 236 metros cuadrados, siendo la superficie total de la sala de 726 metros cuadrados. La sala secundaria contará con una capacidad de entre 275 butacas, un escenario de 115 metros cuadrados y una superficie total de 283 metros cuadrados".

Para el segundo volumen, una modesta torre de cuatro plantas de altura, con estas igualmente modestas pretensiones: "contará con un revestimiento inspirado en un nido de cigüeña y a su vez también en la obra Campo de trigo con cuervos, de Van Gogh". ¡Van Gogh en el escenario del Plan Badajoz! ¡Holanda en lo más crudo de la meseta ibérica! Ni a Berlanga se le hubiese ocurrido. 

Se inaugura, y después ya vendrá la gente
La obra tenía 28 meses de plazo de ejecución, y ya en 2011 iba muy avanzada -ojo al final del enlace con eso del "agente urbanizador" privado-,  pero ha tenido dos años adicionales, de esos tan típicos en que no se hace la entrega de la obra porque no hay dinero para abrir el equipamiento. Lo más impactante es que haya llegado a término en una región con múltiples carencias de todo tipo, y un contexto de recortes y contención en el gasto público.

Sólo queda por poner los muebles -una partida costosa-, pero el equipamiento ya ha hecho la gira por revistas de arquitectura y culturales, esas que dejan a Cosmopolitan y Vanity Fair a la altura del BOE en cuanto a adornos lingüisticos, requiebros y palabras hueras. Les pongo este ejemplo de El Cultural, esa cosa que se vende con El Mundo, o también a 50 céntimos:

Alguien parece haber dejado una gigantesca bala de paja junto a la carretera que une Villanueva de la Serena con Castuera. La construcción remite a un tiempo indefinido, ni inmediato ni lejano; bien podría pasar por una especie de tótem pagano. De cerca, las impresiones se matizan: lo que creíamos hito se integra en un todo mayor. Tras la superficie terrosa se adivinan unas oquedades que diluyen la compacidad del envoltorio
Y así, todo. Al final de la glosa, ya untados de palabrería de propagandista -fíjense en los vasos comunicantes con la prosopedia de los proselitistas del vino, por ejemplo-, los autores del texto se plantean si el equipamiento es necesario, habida cuenta de que Mérida está a media hora en coche. "Es una medida de equilibrio territorial". Claro, y todos los pueblos con AVE. El equilibrio territorial por encima del equilibrio de las arcas públicas.

"Otra forma de entender el crecimiento económico, ciertamente", remachan los dos críticos de arquitectura desplazados desde Madrid para justificar la labor del gremio. Sí que lo es: según esta noticia de 2012, la actividad de los Palacios de Congresos existentes en Badajoz, Mérida y Cáceres es inexistente. En 2011, y sumando la actividad de los tres equipamientos, apenas sumaron 97 días de actividad. Eso supone que había una actividad en esos recintos ¡cada once días! de media. 


El anterior régimen también dejó su huella en el pueblo
Y digo supuesta actividad porque, como ya indiqué en este antiguo y muy pertinente post, este tipo de fastos arquitectónicos se acaban usando para cualquier otra cosa que no sea actividad económica: el panorama extremeño es desolador en este aspecto. Según la misma noticia basada en datos de 2011, se celebraron únicamente cuatro congresos. Y dos de ellos fueron regionales: supongo que la pugna estuvo en cual de los tres Palacios de Congresos se llevaba el evento. 

Ese seré el futuro que espere al Palacio de Congresos "Vegas Altas", sito en Villanueva de la Serena, Badajoz. Algún congreso regional de año en año, y el resto del tiempo a albergar obras de teatro de fin de curso, la actuación musical de Los Inhumanos o Baccara,  o una jornada de televenta de tuppers (¡regalamos una pieza de ibérico sólo por asistir!). Quizás una fiesta de Nochevieja, como el famoso Calatrava de Oviedo, ya reseñado aquí. 

13 millones de euros tirados por el sumidero del gasto público, con el único resultado de colmar el ego de unos arquitectos y sus amigos: los críticos que trabajan en medios. Una comarca que seguirá con su atraso secular. La misma de las históricas movilizaciones contra la central nuclear de Valdecaballeros. La misma del tren que nunca llegó a funcionar, y del que "no se sabía lo que iba a transportar".  No se ha constatado ninguna manifestación en contra del "nido de cigüeña inspirado en Van Gogh". La misma "bala de paja junto a la carretera". 
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La expresidenta de la otrora prestigiosa Fundación Caja Madrid, promotora inmobiliaria.

martes, 21 de octubre de 2014

El sociólogo muerto de hambre

Supongo que algo no iba bien con el conocido tertuliano y sociólogo -por este orden- Amando de Miguel cuando sus memorias aparecieron publicadas en la desconocida editorial Infova, en una edición casi artesanal y chapucera. Recuerdo haberlas visto en un VIPS (lo más parecido a un drugstore en España, donde se mezclan libros con compresas), un lugar donde no iban a vender ni un ejemplar. La pregunta es en qué lugar iban a vender ese libro.

Fue en 2010. Ahora se ha sabido que Amando de Miguel pasa por una supuesta grave situación económica, hecho denunciado por él mismo, algo insólito en alguien de su condición y en estas circunstancias. Recuerdo que hace unos años el mismo medio que ahora sirve de espacio de propaganda para De Miguel se inventó una historia parecida con Fernando Morán: habían visto que ojeaba los periódicos sin comprarlos en un kiosko de la localidad donde residía -El Escorial, Madrid- y se habían inventado que estaba en la indigencia. Con la pensión de ex-ministro y diplomático, claro.

En este caso sí que hay base real. A pesar de su pensión pública por encima de los 2500 euros -De Miguel fue catedrático de sociología durante muchos años en la Complutense-, dice que no llega a fin de mes, y que solo puede destinar 25 euros a su alimentación. La raíz de su mal, por ir a la más inmediata, es un casoplón que ideó y le construyó su hijo arquitecto cuando ya pasaba de los 60 años, nada menos que con 12 habitaciones y cuatro plantas, situada en un risco en la sierra de Madrid, y a cota mil metros.

El recinto, que ha costado 2 millones de euros pero que seguro que ahora son mucho menos (¡un saludo a Pedro Sánchez, teleñeco del PSOE!), paga de IBI 2.600 euros al año, que no es gran cosa si se tiene en cuenta su pensión. El problema es que su considerable paga pública se va en "la pensión de mi mujer, de la que me separé; la ayuda a mi hijo, en el paro; la señora que limpia mi casa una vez a la semana; el guardia de seguridad; el abono de metro.."

Es un relato patético: un hijo que debe tener cuarenta años o más, y al que todavía le tiene que pasar dinero; una señora de la limpieza cuando se toma duchas frias por ahorrar parece un lujo prescindible; el guardia de seguridad para una casa que tiene unos muros enormes, también; el abono de metro, una concesión sentimentaloide....

A medida que se avanza en el texto, se descubre el objetivo del famoso tertuliano de medios de ultraderecha: vender su biblioteca de 13000 libros, para la que parece que se edificó la casa: pide por ella 225000 euros, una cifra fabulosa que da un precio por ejemplar de 17´3 euros por volumen. Los libros mejor valorados en el mercado de segunda mano son los de literatura, y no parece la especialidad de este "autor de 130 libros", la inmensa mayoría de ellos complemente prescindibles.

"Ya he tenido algunos interesados, como la Diputación de Zamora". En un pueblo de mala muerte de una de las provincias más pobres de España nació este intelectual en 1937. Quizás esas fechas den la clave de lo bien que se adaptado a su dieta de fruta y duchas frías, porque fue con lo que pasó su primera infancia, adolescencia y juventud. Creo que Zamora tiene muchas otras prioridades antes que comprar la biblioteca de este hombre.

Conocido el caso, especialistas en la miseria moral como Isabel Gemio han llegado a cambiar la escaleta de su programa para ahondar en lo que parece una campaña de propaganda para empaquetar unos libros. Si tan mal está el sociólogo, ¿por qué no vende la casa y se va a una más pequeña y acorde a sus necesidades? Para haber estudiado tanto la sociedad española, demuestra ser un auténtico españolazo de esos pegados al ladrillo por encima incluso de su manutención básica. O de su decencia moral, porque ha acabado mendigando con pensión de 2500 euros, chacha, segurata y coche.

Un reportaje en Libertad Digital, su medio amigo -ese que recibía financiación en sobres del PP, por mucho que Jiménez Losantos lo niegue-, permite ahondar en la supuesta valiosísima biblioteca de De Miguel: son 10 minutos que enseñan una casa lóbrega y con estanterías llenas de folletos. De hecho, hasta tiene una estantería con sus propios libros, muchos de ellos repetidos, como si no hubiese encontrado nadie a quien regalar los ejemplares que dan los editores a los autores. O porque los haya atesorado pensando que se iban a revalorizar.

El supuesto censo español que se "han llevado los americanos" -supongo que serán los mormones, y su intención de hacer el árbol genealógico mundial- y que es tan valioso pues...no se; las primeras edicones de Blasco Ibáñez o el Abel Sánchez de Unamuno tampoco es que sean Petrarcas o una edición de La Galatea del s XVII. Ojo, y eso es lo que enseña: imagínense lo que no enseña.

La bibliofílía es una patología como otra cualquiera, mucho menos extendida que la discofilia o la numismática. Lo común a todas estas aficiones es que se tienden a valorar por encima de su valor real lo que uno tiene, y que rara vez los vástagos siguen esa aficción: el hijo arquitecto que hizo ese casoplón por encargo, el que recibe la paga de su padre con más de cuarenta años, no debe ser muy aficionado a los libros, pero sí a quedarse con la casa de su progenitor cuando la diñe. Si antes no lo hace el banco.

Circula por internet que la razón de que La Caixa quiera embargar la casa de De Miguel es que había sido puesta como aval en un préstamo hipotecario. Seguramente también del hijo porque, ¿a quien otro habría de avalar alguien tan españolazo como el sociólogo zamorano, el mismo que duerme en una cama de monje y tiene una banderita de España encima de su escritorio?. Dice que ha quedado atrapado en la burbuja, "como tantos otros españoles", en lo que es una broma macabra viniendo de un sociólogo.

Del Díaz-Plaja de la sociología. Sus libros son acientíficos, y los más famosos se remontan al final del franquismo, donde fue el primero en analizar los cambios en la sociedad española. Desde entonces, libros estrambóticos -incluyendo uno analizando refranes- y mucho despliegue en medios de la ultraderecha. No en vano, siempre estuvo en la órbita del Sindicato del Crimen, apelativo despectivo y muy real que fue dado a la Asociación de Periodistas y Escritores Independientes (AEPI), fundada en 1994.

Tan independientes, que lo primero que hicieron nada más constituirse fue ir a visitar al PP a Génova 13. Sus integrantes, entre otros, eran los consabidos Cela, Pedro Jota, Del Olmo, SuperGarcía, los Herrero, García-Trevijano, Pablo Sebastián, Martin Ferrand, Martín Prieto, Umbral....Ya ven como han acabado muchos de ellos. De Miguel acabó escribiendo una hagiografía a Aznar en 2002. Y ahora está en una indigencia fingida, usada para hacer propaganda de la venta de una biblioteca que nadie quiere.

¡Qué cosas más raras pasan en este país! ¡El sociológo que hace exactamente lo que hace toda la masa a la que estudia! ¡El liberal que decía que en este país los jóvenes no quieren trabajar, pasando una paga a un hijo de más de 40 años! ¡El de la corrupción en las administraciones, intentando colar a precio de oro una biblioteca sobrevalorada a una de las provincias más pobres de España! Parafraseando uno de los títulos más conocidos de De Miguel, 40 años después, todavía muertos de hambre.


lunes, 20 de octubre de 2014

El cura, los mandarines y el cotilleo

Había que esperar a que el propio protagonista contase su versión de los hechos, y así ha sido este sábado en su aladabonazo semanal -y ya son décadas- en La Vanguardia. El gran Gregorio Morán confirmaba todo lo filtrado y adelantado por otros medios. Su último libro había sido censurado a nivel empresarial y tendrá que buscar otra editorial para su publicación.

El cura y los mandarines pasa a formar parte de los libros censurados en democracia, ese régimen político donde la censura opera entre bambalinas, y no tiene porque contar con un departamento ministerial al efecto. Es igualmente efectiva, como lo son sus múltiples manifiestaciones por medio del olvido que los grandes grupos de comunicación hacen de temas concretos (la agenda-setting, que diría un pedante de la comunicación), la coacción o, directamente, la compra y destrucción de toda una edición.

Hay precedentes en el caso Morán. El libro de Javier Cuartas sobre El Corte Inglés, de finales de los ochenta, jamás fue distribuido en su primera edición. Lo había publicado -es un decir- Espasa-Calpe, pero a alguien de la empresa más opaca de España no le debió parecer bien alguna cosa y compraron toda la tirada -20.000 ejemplares-, que jamás llegó a librería alguna. La editorial saldó los derechos de autor y todo quedó en una operación paralegal.

A Jesus Cacho, el periodista palentino obsesionado con la Familia Real, y antiguo empleado a sueldo de Mario Conde, la misma editorial que ha censurado empresarialmente a Morán le devolvió el manuscrito de un libro de encargo a finales de los noventa. Había empezado como un libro sobre la guerra del cable, se fue alargando y metiéndose en otros asuntos -ojo: la editorial no reprochaba los habituales diálogos inventados del autor- y acabó publicándose en Akal con el título El Negocio de la Libertad.

Hay múltiples ejemplos más: los conocidos de El Jueves -donde la Fiscalía del Estado acabó llevando al tribunal a unos humoristas- o Egunkaria -donde directamente ese órgano estatal cerró un medio, aunque años después el artículo 20 CE dijese que eso era una barbaridad: lo venía diciendo desde 1978-, pasando por Un Rey golpe a golpe, una historia truculenta -y muy bien escrita- que tuvo que salir con el seudónimo de Patricia Sverlo, bajo la seria amenaza de acabar en la cárcel que tenía su principal autor, el periodista filoetarra Pepe Rei. Sin embargo, no es el tema de este post.

Ni siquiera lo es el tema del libro, una trayectoria cultural de España entre 1962 y 1996 a lomos del jesuita Jesus Aguirre (el cura), que pasó de la sotana a casarse con la Duquesa de Alba, y cuya parabola vital sirve a Morán para tratar otros muchos aspectos de las relaciones culturales de la época. Una continuación de su obra maestra El Maestro en el erial (1998), donde Ortega y Gasset hacía esa función de personaje-puente y personaje-nodo para hablar de un tiempo y un lugar.

Aquí el tema es Gregorio Morán, un brillante polemólogo, aupado en tiempos recientes por la generación mejor formada a la altura de faro intelectual por la sencilla razón de que no hay otro con la trayectoria que ellos buscan: alguien que durante estos casi 40 años de Segunda Restauración haya criticado de manera sistemática, convincente y sin tapujos los conchaveos y mamandurrias de El Poder, ampliamente entendido.

Resulta paradójico que, después de décadas dedicándose a esos temas, sólo en tiempos recientes la generación mejor formada -y algunos de sus miembros pasan de los 40 años, o los frisan de manera vergonzosa para sus aspiraciones vitales- haya reparado en Morán, un hombre fiel a sí mismo. Estarían ocupados en otras cosas, como aprender de memoria como deletrear el apellido de un director de cine iraní, o con drogas recreativas. En esas llegó la crisis, la constatación de que la generación que hizo la Transición no iba a dejar sus carguitos y puestos a los que venían por detrás -nunca ha sido así, y es de ilusos pensar lo contrario-. Así empezaron a acuñar constructos verbales estúpidos, como CT, y buscar algún referente.

Porque era imposible que nadie hubiese visto lo que se cocinaba dentro del Reino de España, especialmente en sus fontanerías. Estaba lo visible, y estaba lo invisible, en gran parte porque nadie hablaba de eso. Vale, estaba Morán, pero precisamente su singuralidad -y reparen en el significado original del término- lo convertía en la excepción que confirma la regla. Después, ya con la crisis, alguno como Muñoz Molina se ha subido al carro, señalando con el dedo medio encogido que nadie lo hiciese durante los tiempos de bonanza (¡brillante actitud!), cosa que le ha valido una fuerte reprimenda por parte de Marías. De esas tipo "¡mira quien habla!", transmutadas en breve en "¡y tu más!".

Da tapujo citar a estos buenrrollistas profesionales, más el primero que el segundo, en relación inversa a su talento. Morán es todo lo contrario. Como excomunista, mantiene ese visión amargada de la sociedad del que ha sufrido todas las derrotas posibles, y con la que tiñe todos sus escritos. El éxito de su mordaz biografía de Adolfo Suárez en 1979, con el abulense en el cénit de su popularidad, le permitió comprarse un piso en Barcelona. Desde entonces, un par de puñados de libros y su puñetazo en el ojo de todos los sábados en La Vanguardia.

Yo los tengo todos, y leídos, desde los famosos (Los españoles que dejaron de serlo, sobre el tema vasco) hasta los que no son de política, incluyendo uno de mis libros de viajes favoritos, Nunca llegaré a Santiago, una obra en la mejor tradición de Ciro Bayo o Ramón Carnicer, la del viajero peninsular que no tiene porque adorar o enaltecer los lugares por los que pasa, al contrario. Me gusta como escribe, y me gusta los temas de los que escribe y, especialmente, cuando los escribe.

Así no es de extrañar que la primera crítica a la beatificada Transición desde posiciones no periféricas fuese la suya, nada menos que en 1991 (El precio de la Transición) y con El Sistema ya bien asentado, pero sin autoreplicarse hasta la parodia, como pasa ahora mismo. Fue publicado por la misma editorial que ahora le censura, igual que el de Suárez: la más grande de España. Sin embargo, es un libro que jamás ha sido reeditado y que hoy por hoy es inencontrable, ni siquiera por Amazon. Quizás con eso descubran a los que ahora esperan, sábado tras sábado, su nueva columna, y afirman haber leído todo del autor. Quizás lo tengan en e-book. Nunca se sabe con la generación mejor formada.

Ya he explicado lo que me gusta del autor, y por qué. Ahora queda explicar por qué no me va a gustar El cura y los mandarines, que sin embargo leeré cuando salga. Yo no he sido de los afortunados que tienen el manuscrito, que circula entre reducidos círculos como un samizdat, en afortunada expresión de Rodríguez Rivero.  No he sido como Victor de la Concha, director de la RAE y con título nobiliario entregado por el Rey, que al parecer si lo ha leído y está en el origen de la censura empresarial aplicada a Morán.

Cuando se empezó a saber del caso, sospeché algo así. Morán es un autor al que le encanta el cotilleo, de una manera morbosa y obsesiva. Además, le encanta el cotilleo de pueblo. Siendo como es de Oviedo -aunque reside en Barcelona desde mitad de los ochenta- eso es ya casi una patología. Muchas de sus columnas semanales están entreveradas de ese cotilleo insano, que rara vez aporta nada, pero que hace las delicias de los nuevos seguidores de aluvión que le han surgido en los últimos tiempos.

Le ha llevado diez años escribir el libro, y de vez en cuando iba dando pinceladas en sus artículos. Yo me temía que iba a dar rienda suelta y exagerada a esa característica suya, más que nada porque trataba un periodo y unos protagonistas que había conocido y tratado de primera mano, y así se ha confirmado.La no casual coincidencia de que el supuestamente vejado De la Concha también sea asturiano ha hecho de catalizador, y confirmado las sospechas.

Que si era seminarista, que si era falangista, que si era un pelota, que si se casó con una novicia, que si venía de un pueblo de hambre -todos lo eran en la época-, que si estuvo en el seminario de Valdediós para escapar de ese hambre...todo, todo, charlatanería de pueblos, esa que siempre ha sabido tocar muy bien Morán. No en vano su gran éxito Adolfo Suárez. Historia de una ambición se fraguó con ese material, en las conversaciones que mantuvo entre 1978 y 1979 en la mansión de Torcuato Fernández-Miranda en Somió (Gijón).

El antiguo protector del entonces Presidente del Gobierno, al que promocionó como un valido y con finezza italiana, se despachó agusto sobre el chaval que le había salido díscolo y con ideas propias. Resulta inquietante pensar en el ambiente de esas charlas, llenas de modismos asturianos, tabaco, rencor y malidicencias. Por supuesto, Fernández-Miranda no quiso salir citado. En eso consiste el cotilleo, que con el avance de la tecnología ha llegado a niveles propios de la delación anónima de tiempos pretéritos.

Es una pena que Morán abandonase el proyecto de libro que tenía, y muy avanzado en su redacción final, sobre Leopoldo Alas, Clarín. Hubiese sido mucho más interesante que lo que parece, a todas luces, un ejercicio de desgañitamiento -típico de excomunista-, sobre su generación y sus múltiples derrotas, incluída la vital. Sin embargo, y como este país es así, El cura y los mandarines será mejor que el 99% de los libros que se publican como ensayo, igual que gran parte del valor de Morán viene por manejar en exclusividad temas y lenguajes que otros autores desentienden. Por las razones que explicará en el libro aún por leer y por publicar.

martes, 14 de octubre de 2014

De supuesto corrupto a estafado fehaciente

Como es nuevo en el circo político, a Pedro Sánchez le están buscando los asuntos turbios pasados. Quien lo está haciendo con más denuedo es el comunismo 3.0 que tenemos en España, siempre más preocupado de lo que hacen los socialistas que de lo que hace la derecha, con la que siempre estará dispuesta a pactar, o a hacer la pinza, o a entrar en consejos de administración.

Desde que se supo el nombre del nuevo secretario general del PSOE, un teleñeco articulado fruto de complicadas maniobras de marketing político y telegenia, e incubado desde hace años, le han afeado que formase parte de la Asamblea de Caja de Madrid, como dando a entender que ahí se tomaban las decisiones, amparándose en el analfabetismo funcional de la sociedad, que tiende a equiparar "Asamblea" con "Consejo de Administración", "Junta de Accionistas" o "Directorado", esto es: un grupo reducido que es el que toma las decisiones.

Nada más lejos de la realidad. La Asamblea de Caja Madrid la formaban hasta 320 individuos, incluyendo 100 que eran cargos políticos como representantes de la Caja ante los Ayuntamientos de la región que le daba nombre. Como Pedro Sánchez era concejal del Ayuntamiento de Madrid, y joven, le tocó ese cargo testimonial, sin remuneración añadida alguna. Los cargos con remuneración, como en todas las estructuras piramidales -y un partido político lo es en sentido euclidiano- son para viejos zorros de los partidos.

Además, cuando algo tiene el nombre de "Asamblea" (o Consejo Social, o Consejo Consultivo, o cualquier otro constructo verbal similar) no suele mandar nada. Según los estatutos de Caja Madrid, los 320 miembros de la Asamblea ("el máximo organo de Gobierno de la entidad", de la misma manera que el Senado es la tercera institución del Estado, por delante del Congreso) tenían que "aprobar las cuentas anuales, el informe de gestión y la propuesta de aplicación del resultado a los fines propios de la entidad, así como la gestión del Consejo de Administración". Poner la firma a lo que ya se había decidido en otros foros. Públicos, o del reservado de Zalacaín, o del palco VIP del Bernabeú.

Esa era la implicación de Pedro Sánchez en Caja Madrid. Figurar como representante de su partido, y firmar lo que le dijesen los veteranos: por eso Virgilio Zapatero tenía una tarjeta black.  Más de uno se las prometía felices con la publicación del tabulado y los gastos de esas tarjetas opacas, plenamente convencido de que saldría el muñeco articulado de sonrisa captasuegras que ahora está al frente del PSOE, para así poder hablar de "casta", "corrupción" y "PPSOE", auténtico mantra de algunas mentes egregias, obnubiladas por sus fobias.

Como no fue el caso, ayer mismo El Mundo, un periódico que se mueve por el ánimo de informar, y que jamás realiza campañas ad personaem fruto de estrategias elaboradas en sedes de partidos políticos, publicaba un escandalazo, término castizo a la altura de aguachirris, mamandurria o pistola (para definir un tipo de pan que haría vomitar a las cabras, y que se consume en la capital de España). "Blesa ofrecía créditos blandos a los asambleístas de Caja Madrid".

Firmaba Jaime G. Treceño, un vulgar y triste periodista de la plantilla de redactores del peor periódico de Europa, autor (pongan la voz de Troy Mc Clure) de otros hitos señeros y recientes como "El Consejero no engañó a nadie" (en consecuencia lógica con el titular: la auxiliar ebolizada sí lo hizo, ¡malvada!) y demás carcoma típica de la mierda de sitio donde trabaja, y donde es una mosca.

Fíjense en la noticia de los "créditos blandos", como las dietas: con partes en negrita resaltando términos como "«línea especial de préstamos» de la entidad. Es decir, créditos ventajosos." o "Es decir, que los representantes públicos por el mero hecho de ser seleccionados por su partido, ya disfrutaban de unas condiciones más ventajosas que el ciudadano de a pie que había votado a su formación" Aprecie el estimado lector como Treceño, un periodista de raza -bovina o caprina- reitera en dos párrafos seguidos el "es decir", el auténtico canario en la mina de la persona que no sabe escribir o hablar o explicarse o formular un pensamiento complejo. Es un decir, claro.

La noticia es una mierda, y no sólo por lo de "blando" (más adelante llega a hablar de "con Blesa se produce una cierta laxitud", toda una obsesión coprófila la de este Treceño), porque lo que viene a explicar con misterio ("Según la misiva a la que tuvo acceso esta redacción", y cualquiera que haya querido leer los correos de Blesa, publicados por otro medio) no tiene ninguna relevancia. Ninguna.

Las "condiciones ventajosas" ofrecidas por Caja Madrid a los miembros del Consejo no difieren en absoluto de las ofrecidas por esta entidad bancaria, y otras semejantes, a sus empleados o sus conyuges. Son una mierda de ventajas, equiparables a las que ofrecen grandes corporaciones (Apple, Sanitas, Mapfre) a empleados públicos. Paso de desglosarlas, porque parecen de un folleto de esos que ojeas con desgana cuando te toca tragar fila detrás de ancianas y ancianos -por este orden- en un banco.

Sin embargo, y por esa hiperreación propia de la gente elaborada en un departamento de marketing, Pedro Sánchez publicó a última hora de la tarde los detalles de una hipoteca que tenía suscrita con Caja Madrid cuando era miembro de la Asamblea de la extinta Caja, y dentro de una más amplia declaración de bienes publicada días antes. Esto tiene más interés, y ya verán por qué.

Aparte de impuesto revolucionario a su partido (420 euros al mes), la idiotez new-age de una cuenta en Triodos Bank y 85mil euros en un plan de pensiones sin haber cumplido 40 años (esto si que daría para más) destacaba en su momento que Pedro Sánchez declaraba  13.411,20 euros de ingresos por "arriendos". No es una cifra espectacular, al contrario.

Entre sus propiedades, donde es susceptible esperar que estuviese la arrendanda, figuran dos pisos con garaje: uno comprado en 1992, cuando llegaría de Don Benito (Badajoz) y su familia, una de las potentadas del lugar, le puso un piso en capital con 20 años. A su nombre. Es una práctica muy común entre gente con posibles de provincia, porque ya saben, "alquilar es tirar el dinero". El año 92, por cierto, fue el pico de la anterior burbuja inmobiliara, pinchada de manera aún más abrupta en 1993-1997.

De ahí se explica que su valor catastral sea solo 5mil euros inferior a la segunda vivienda con garaje, comprada en 2005 y a sólo dos años del pico de la siguiente burbuja inmobiliara: 78mil euros contra 83mil euros. Con 13 años de por medio. También influye la ubicación: en 1992 se compraba en zonas más prime, con mayor valor catastral.

Esta ya la compró en gananciales, no se sabe si con el dinero de papá o no. Lo que si se sabe, y porque a raiz de la "información" publicada por El Mundo ayer ha considerado conveniente hacer una addenda a su declaración de bienes, es que el 15 de septiembre Caja Madrid le concedió una hipoteca de ¡293.700 euros!. ¡A un tío que era el escalafón más bajo de profesor de una universidad privada! Flipante, pero nada raro en aquellos tiempos, donde fontaneros y lavaplatos obtenían créditos similares.

¿Qué casa con un valor de catastro de 83mil euros necesita una hipoteca de 293mil euros? Pues una burbujizada. Mucho. Demasiado. Si los periodistas dignos de tal nombre quieren investigar algo, que sigan por esa línea, no la de las condiciones del préstamo hipotecario. El mismo fue objeto de una novación el 29 de julio de 2008 (dos años y nueve meses después) y ampliado a ¡318mil euros! cuando los precios ya iban en picado. Seguramente Pedro Sánchez se creía el zapateriano "la crisis es pasajera".

No sé. En la primera hipoteca paga Euribor + 1´75%, una exageración cuando el diferencial bancario estaba por debajo del 1%, y la bonificación por ser miembro de la Asamblea -esa que preocupa a Triceño- era del 30% sobre el total, o sea: menos de 60 euros al mes según los propios cálculos de Pedro Sánchez; en la segunda, las condiciones caen a Euribor + 1´25%, 25 años y cuota de 1400 euros/mes= 300 meses que dan un total de 419mil 220 euros por un puto piso con garaje con valor catastral de 83mil euros.

A mí me da que hay alguien estafado, y no es el ciudadano común por los supuestos "privilegios" a Pedro Sánchez, miembro de la "casta" y del "PPSOE". Para confirmar esta hipótesis, en la declaración de bienes se incluye que, actualmente, el inmueble hipotecado -del que quedan por pagar  bastantes años, a razón de 1400€/mes- está alquilado por ¡750 euros!.

Esto es: Pedro Sánchez está palmando todos lo meses 650 euros por un inmueble que no vale lo que le costó. Por las cifras que se manejan en Madrid, y dando por supuesto que tiene dos habitaciones, el piso no está situado en ninguna zona prestigiosa, ni mucho menos. Es un estafado más, al revés que un corrupto. Por cierto, 750€ x 12= 9000 euros brutos, lejos de los 13.411, 20 declarados por "arrendamiento".

Paradójicamente, esto le puede servir para conectar con esa amplia masa de la población en su misma situación, esos de "un piso nunca baja", que son una amplia cohorte de la población, más o menos coincidente con la audiencia de Sálvame en números totales. El programa a donde llama el telegénico Pedro Sánchez. Sin embargo, da pocas esperanzas de que, si llega a tocar el poder, vaya a hacer algo para evitar que los pisos vuelvan a dispararse. Todos los endeudados hasta las cejas como él sueñan con esa posibilidad: de que sus cuatro paredes de ladrillo valgan algún día lo que les costó. Ya ven de qué situaciones más ridículas se sacan ejemplos de este país irremediable: desde el supuesto escándalo -que no son más que condiciones aplicables a cualquier empleado en cualquier empresa- hasta un estafado más. Suerte que en su declaración de bienes no sale nada de Afimsa.

viernes, 10 de octubre de 2014

Black is black (I want my cash back)

Por alguna razón ignota -dicen que de nuevo el Partido X está detrás de la filtración- han vuelto a sacar basura asociada a la inmensa sentina que era Caja Madrid. Desde hace unos días, se conoce que una serie de cargos, consejeros o amiguetes de la institución disponían de una tarjetas de crédito que no dejaban ninguna traza fiscal, y que se entregaban con libre albedrío a cambio de no molestar en el consejo de administración.

Hoy, y con exclusiva del eldiario.es, se ha conocido el tabulado detallado de los cargos a estas tarjetas, un material interesante por lo que tiene de bruto, pero escasamente relevante o transcendente. Entre todos los gastos, que van de 2003 a 2011, no suman más de 15 millones de euros: el desfalco de la caja pública no ha sido ahí, porque es una cantidad despreciable dentro de los gastos sin medida que caracterizaron los Años del Despilfarro.

Tiene mucho más interés saber que la opacidad fiscal se conseguía aduciendo a "fallos informáticos".  Desconozco cual es el montante total que las diferentes cajas de ahorros y bancos califican cada año como "fallo informático", pero debe ser abultada porque, al margen del que se produce por el propio funcionamiento -y para eso hacen arqueos periódicos en cada oficina bancaria, para intentar paliar los desajustes entre lo que entra y lo que sale-, pueden colar este gasto añadido sin que nadie se de cuenta.

O eso parece. La excusa del "fallo informático" parece otra mentira dulce entregada a la opinión pública para no abundar en demasía en lo que parece, a todas luces, como una caja B dentro de la entidad, donde se cargaban gastos de todo tipo. No se que tal sentaría en Europa que se supiesen esas cosas: mejor dejar todo en 15 millones de euros, actualmente calderilla tras decenas de miles de millones de rescate bancario, que abundar en las cloacas del sistema financiero.

¿Se encontró Blesa al entrar en Caja Madrid con el tenderete ya montado, o lo ideó el mismo? Blesa, el amigo de Aznar -porque prepararon las oposiciones a técnico de Hacienda juntos- que, con esos poderes -y no hacían falta más- acabo al frente de esa institución, con tres siglos de antigüedad y que llevó hasta su fin.

Esas son las preguntas pertinentes, y no detenerse en la menudencia de tal o cual gasto detallado, aunque ya verán que es difícil resistirse a la tentación, y yo no lo voy a hacer. Al fin y al cabo, es lo que hay de novedad, pero no de exclusividad. Solo con extrema candidez se puede pensar que el sistema de caja B de Caja Madrid, ideado para pagar a afines y amiguetes al margen de las retribuciones oficiales, no existía en otras entidades.

Se puede confiar poco o nada en que algún día se sepa. Las instituciones de control en este país (Tribunal de Cuentas, CNMV, Banco de España) tienen sus propias vidas zombie, llenas de escándalos acordes a su función -enchufes, dejación de funciones- que hacen casi milagroso que se puedan poner a investigar algo que afecta a quienes les controlan: los políticos.

Porque eso es lo que hay en las llamadas tarjetas black de Caja Madrid: como era una caja, sus órganos de gobierno se repartían entre políticos y sindicalistas. Después metían de consejeros a miembros de la casta terrateniente castellana que domina este país, y todo arreglado en un concíbulo que ríase usted de la endogamia de los Habsburgo.

Todos se beneficiaban del maná de dinero que no había que declarar: bien untaditos, bien calladitos. Alguno ha intentado devolver el dinero una vez que se ha hecho público -y nunca antes- el listado de beneficiarios, seguramente porque quiere seguir haciendo carrera; sin embargo, la mayor parte de los tarjeteros de negro es gente sobradamente amortizada. Estoy pensando en Rato, que también ha devuelto parte del dinero, y que se encontró el chiringuito montado y lo usó en su beneficio.

Lo que sigue es un repaso somero por algunos de los gastos más destacados, usando la herramienta de consulta facilitada por elpais.com, y la de eldiario.es, que es más tosca y menos útil. Los cargos que voy a destacar son los que encuentro mirando por encima, y no miro si son repetidos, o el total. Son sólo 15 millones de euros, insisto: el escándalo está en otra parte. Aquí lo que cuenta es ver algunos gastos suntuarios, y la tremenda jeta de alguno de los protagonistas.

Por ejemplo, Fernández Norniella, que llego a ser ¡Secretario de Estado de Hacienda! cuando Rato era ministro. No es para menos: ambos son asturianos de Madrid, y no vean como une ese clan. Aquí lo realmente sangrante es que este habitual de los consejos de administración de las grandes corporaciones de España tenía una tarjeta opaca para Hacienda ¡cuando había sido el segundo máximo responsable del organismo público, sólo por detrás del Ministro!

Disculpen si exagero, pero este detalle es italiano: ni servicio público, ni nada. No se puede escudar en que no conocía las condiciones de la tarjeta, menos aún cuando se fundió 185mil euros que jamás declaró, como si sus abundantes remuneraciones de sus abundantes puestos de consejero no le bastasen.  Del desglose de sus gastos se ven abundantes compras periódicas en El Corte Inglés, especialmente al final, y siempre por la misma cuantía: 400 euros redondos. Todo parece apuntar a tarjetas regalo. Tarjetas regalo de un regalo. De todos.

Sin embargo, a mí me ha impactado el cargo del 14/07/2011: suscripción de 14´99 euros a Unidad Editorial. Uno de los cuatro gatos que se apuntó a la puta mierda de Orbyt lo era con una tarjeta black y con dinero de todos. En el fondo, todo son vasos comunicantes en los productos de la editora de El Mundo

Otro caso paradigmático es el de Alberto Recarte, paradigma de liberal a-là-madrileña, esto es: un liberal del BOE, del contrato único, de la competencia limitada, y de los amiguetes. Ya te cito a Hayek cuando me haya embolsado el fajo, tolay. Vinculado a la fosa séptica que es Libertad Digital desde sus inicios -¡la batalla de las ideas, amigos!-, este pájaro de la Castellana quemó 135mil euros sin declararlos al Estado, que el no tiene la culpa de que el BitCoin -que rompe el monopolio estatal en la impresión de moneda- no estuviese a punto para adecuarse a sus ideas liberales. Utopía, yo voy más lejos que tú.

En un principio declaró que había usado la tarjeta para "restaurantes y comprar libros" -doy fe de que lo autoproclamados liberales madrileños usan los libros para decorar; en caso de Burns Marañon, para apoyar el televisor con el fútbol siempre puesto-, pero el desglose de su gasto indica lo contrario: apenas unos cientos de euros en libros. Uno de ellos sería "Camino de servidumbre" encuadernado en guafléx. Todavía no lo ha podido acabar: por eso no ha comprado ningún libro más. Es que en la Costa del Sol no hay mucho ambiente intelectual.

Uno fantástico es Virgilio Zapatero, que iba de socialista moderado y ajeno a las batallas -exMinistro y exrector de la UAH-, y que tiene 36mil euros. Dice que todo es una conspiración: en breve presentará la denuncia ante la Policía, a ver si le queda algún amigo por ahí. Seguro que le robaron la tarjeta, una donde tenía apuntados cargos de libros en Antonio Machado -más que Recarte-, pero especialmente pitanza en restaurantes y paradores. Que el cerebro consume mucha energía leyendo.

¡Qué decir de Miguel Corsini, expresidente de RENFE! ¡Lo que no sabrá de corruptelas este vividor! Se inició vendido chatarra en forma de Talgo a EE.UU, y después emparentó nada menos que con una hija del Marqués de Mondéjar, que en tiempos fuera ¡jefe de la Casa Real! Con la subida del PP al poder en 1996, Rato lo nombró presidente del monopolio del tren vía ibérica en España, donde pudo aplicar sus conocimientos de comisionista en el llamado contrato del siglo, el del AVE que firmó Álvarez-Cascos en 1999. Sí, ese donde se pedían "trenes a 350 km/h" que no eran posibles tecnológicamente. Que la utopía sea más rápida, que la estamos alcanzando. Una vez más.

Corsini sólo se gastó 47mil euros, porque es rico por sí solo. No es broma: se cuenta que los mejores terrenos de Renfe se los ha quedado el o apoderados. Viajes, muchos viajes, y un cargo sorprendente (18/02/2011) en "Neurología aplicada": 300 euros por decirle que sí, que las voces que oye en su cabeza son normales. Haaaaaazte aún más ricooooooo, cásate con la Koplowitz. O algo así.

Moral Santín, además de uno de los que más uso la tarjeta (nada menos que 477mil euros) es paradigmático porque es uno de los fundadores del Partido Comunista "de los Pueblos de España", y hasta que se cayó el Muro era un defensor prosoviético de Plaza Roja y toda la vaina, compadre. Después, como tantos de su perversa filiación política y religiosa, se pasó al dinero. Lo hubiese hecho antes, pero el dinero del PCUS solo daba para peluquines, y hasta el coche lo tenía que poner Ceauscescu.

Tiene cargos habituales en la dacha berciana conocida como Palacio de Canedo, siempre de viaje a Galicia. O a su pueblo, pues era oriundo de El Bierzo. Le agradaría el ambiente de mansedumbre, tan propia de la utopía socialista. A veces también se quedaba en el Parador de Villafranca del Bierzo, antes de cruzar la frontera hacía Galicia. Y muchos más locales de la zona. Le gustaba repartir el dinero.

Sin embargo, en los últimos años su actitud cambió, y paso a sacar cada semana, y del cajero, 600 euros en efectivo, el máximo que te deja la máquina escupedinero. Andaría, como buen comunista, con la mosca detrás de la oreja por alguna caza; ya saben, había empezado la crisis y en cualquier momento se podría producir el advenimiento de la lucha final, y mejor estar preparado. Si hay que hacer las barricadas con fajos, se hacen. Pero de viejos periódicos impresos en Moscú.

Es inútil seguir más. Mercedes de la Merced, que la diñó con poco más de 50 años, tiene miles de euros en Manolos (y si no saben lo que son, vean Sexo en Nueva York. O en Soria, de donde era oriunda y acudía regularmente en bus de línea a visitar a sus padres); como es fiambre, nadie la cita en su repaso a las tarjetas black; Spottorno, el presidente de la Fundación Caja Madrid, 232 mil euros en camisas, restaurantes, parkings y toda acción cultural que se precie; Blesa, Rato...

En fin, ahí tienen el material bruto. Es divertido hacer filtros por el negocio que hace el cargo -hay gente que ha comprado hasta en H&M- o por fechas -ese desgraciado que compra las flores del 1 de noviembre-, pero no olviden que todo esto es minucia. Eran regalitos comparado con lo que se ha movido, y todo el gasto es irrelevante en el conjunto, donde lo importante es el sistema para ocultar al fisco ¿Había connivencia de la Visa y Mastercard?  Porque 15 millones en errores informáticos....

Sin embargo, surte muy bien su efecto -deseado, sin duda- de soliviantar a la ciudadanía. Relativamente: no se han verificado casos de ciudadanos que hayan ido a cancelar sus cuentas a Bankia, que es Caja Madrid maquillada y rescatada con el dinero de todos. Exactamente el mismo tipo de dinero que se habían gastado en los años precedentes, y en esas gilipolleces para las que sus sueldos y remuneraciones daban de sobra. Todo gasto suntuario, privilegio sobre privilegio. Negro sobre negro, como la realidad de este país.

lunes, 28 de julio de 2014

La actividad política era incierta, pero muy rediticia

El último viernes de julio, que en la propensión peninsular al trabajo y la dedicación es más que un viernes, el reputado y honorable Padre de la Patria Jordi Pujol y Soley envió un comunicado a los medios de comunicación, que por su transcendencia reproduzco íntegramente:

La famiglia: todo por los nietos

Comunicado del señor Jordi Pujol i Soley

Ante las informaciones aparecidas desde hace casi dos años en relación a los miembros de mi familia más directa y a las insinuaciones escritas sobre el origen de los medios económicos de la misma, me veo obligado a poner de manifiesto los siguientes extremos:

[Dos años resistiendo panza arriba; eso sí, siempre "insinuaciones". Por eso se ve obligado: porque eran "insinuaciones"]

Mi padre Florenci Pujol i Brugat dispuso como última voluntad específica que dinero ubicado en el extranjero -distinto al comprendido en su testamento- fruto de una actividad económica de la que ya se ha escrito y comentado, y que no se hallaban regularizados en el momento de su muerte en septiembre de 1980, fuera destinado a mis siete hijos y a mi esposa, puesto que él consideraba errónea y de futuro incierto mi opción por la política en lugar de seguir en el mundo de la actividad económica. Y aún más, porque habiendo vivido de cerca la difícil época de los años 30 y 40 tenía miedo de lo que le podía pasar, y más de lo que podía pasarle a un político muy comprometido.
[Daría para una larga serie de posts la obsesión de CiU con las "últimas voluntades" y todo lo relativo al fallecimiento, jubilación y herencias ocultas: ahora sabemos el motivo, y que es tan catalán como la figura del hereu. Atentos al auténtico joc floral para evitar escribir que el dinero era negro (ubicado en el extranjero, y distinto al "comprendido en el testamento"). Es nausebunda la apelación, sin citar, a la Guerra Civil y la posguerra, y más en el país de Catalanes todos, recientemente reeditado]

La repentina muerte de mi padre tuvo lugar a unos escasos cinco meses de mi toma de posesión como presidente.
[Seguro que, de no haberse producido el doloroso e inesperado éxitus, el dinero opaco durante 34 años (1980-2014) habría salido antes a la luz. Seguro que, de no producirse las "insinuaciones" también habría salido a la luz]

En aquel momento la minoría de edad de todos mis hijos me convertía en responsable legal de cualquier decisión y, pese a que mi conciencia y mi cargo me empujaban a rechazar esta herencia, la última voluntad de mi padre junto con su opinión y dudas sobre mi opción vital por la política pesaban todavía más, y finalmente decidí encargar su gestión y regularización a una persona de máxima confianza de mi padre y también mía, gestión de la que no quise saber nunca el más mínimo detalle, hasta que llegados a la mayoría de edad todos mis hijos se decidió que esta persona cediese esta gestión a uno de mis hijos. Es en este momento que mi error original contaminó directamente a mis siete hijos y a mi esposa.
[¡Qué bueno el abuelo/que nos lega su fortuna de misionero! Ojo a las diatribas personales de Pujol Soley, dignas de un personaje de Thomas Mann, y a cómo no revela la identidad del testaferro, además de la sutil apelación a la fábula de el pecado original transmitido intergeneraciones]

Lamentablemente nunca se encontró el momento adecuado para regularizar esta herencia, como sí han podido hacer el resto de personas que se encontraban en una situación similar en tres ocasiones excepcionales a lo largo de más de treinta años de vigencia del actual sistema tributario.

[En 34 años ni un sólo momento, eh. 34 años. Será que se mantenía la situación de incertidumbre vital y política evocada en 1980]

Finalmente ha tenido que ser en estos últimos días que los miembros de mi familia han regularizado esta herencia, con las consecuencias del nuevo marco legal aprobado para incentivar la última regularización excepcional de noviembre de 2012 y para penalizar extremadamente las regularizaciones posteriores.
[No han sido las insinuaciones, ha sido la amnistía fiscal preparada desde Madrit la que ha logrado lo que 34 años no pudieron]

De los hechos descritos y de todas sus consecuencias soy el único responsable, y quiero manifestarlo de forma pública, con mi compromiso absoluto de comparecer ante las autoridades tributarias o, si es necesario, ante instancias judiciales, para acreditar estos hechos y de esta forma acabar con las insinuaciones y los comentarios.
[Como instancia judicial le sugiero al juez Luis Pascual Estevill]

Expongo todo esto con mucho dolor, por lo que significa para mi familia y para mí mismo, pero sobre todo por lo que puede significar para tanta gente de buena voluntad que pueden sentirse defraudados en su confianza, a la cual pido perdón. Y también les pido que sepan separar los errores de una persona - aunque haya sido muy significativa-, y que esta declaración sea reparadora en lo que sea posible del mal y de la expiación por mí mismo.
[Declaración reparadora, o bálsamo de Fierabrás que lo cure todo. Las pastillas del Dr. Andreu, en versión local. Más bien es una declaración inculpatoria]

Barcelona, veinticinco de julio de dos mil catorce.

Jordi Pujol i Soley

Este fin de semana, y siguiendo al comunicado que supone uno de los documentos más importantes de la Segunda Restauración, se han sucedido los episodios violentos en Cataluña, ante la constatación de que Pujol era un ladronzuelo más, y no un Benes mediterráneo. ERC, por ejemplo, ha movilizado a sus bases, y el movimiento okupa-costroso de BCN, especializado en romper cajeros, ha llenado la ciudad de humo y escombro.

No ha pasado nada de eso. Encogerse de hombros es la postura más habitual en el tórrido verano del oasis catalán, una red de mamandurrias perfectamente entrelazadas. El informe de la UDEF que publica El Mundo desde febrero, y donde se indica que la familia Pujol tiene una fortuna de 150 millones de euros, es una "insinuación". La Vanguardia publica que Pujol ya ha pagado 2 de los 5 millones con que la ventajosísima amnistía fiscal de Montoro ha cuantificado la deuda con el fisco.

Todo va camino de regularizarse. La corrupción, mismamente, como demuestra la reacción de la siempre elogiada societat civil catalana. Ya pasó con el famoso caso del tres per cent, cuando Maragall espetó al hereu político de Pujol lo que también eran "insinuaciones", y en las que no siguió ahondando. Es francamente paradójico que nos tengamos que tragar la fábula de los millones ocultos desde 1980 ("gestión de la que no quise saber nunca el más mínimo detalle") y que ningún medio relacione ambas informaciones con la comisión del 3% en toda obra pública y concesión en Cataluña, CC.AA gobernada ininterrumpidamente por Pujol durante 24 años. De los 34 años.

Arrojaría algo de luz a este espeluznante caso saber el movimiento de esa cuenta, hasta "el más mínimo detalle", para ver qué actividad ha tenido en estos 34 años. Si hubo ingresos y devengos, como parece normal ante los testimonios de novias desafectas con el clan. Si eso no se aclara, y no se hará como no se ha publicado el nombre del testaferro, este caso da para afirmar que Pujol, el padre de la patria, no es más que otro corrupto más. Cada uno roba en la medida de sus posiblidades. Con siete hijos, ya me dirán.
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La Universidad de Sevilla se ha gastado más de 9 millones de euros en una biblioteca de la que no se ha llegado a poner ni una sola piedra.
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Ingreso medio por plaza turística en Asturias: 19 euros.  Esto era lo que iba a salvar a la región tras la industrialización con dinero público.Ah no, que la salva lo de siempre.
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Muy guapo lo de Madrid y la enseñanza de la Historia, asesorados por un comité de historiadores ultras y carcas, donde descolla el carlista Bullón de Mendoza por su radicalidad.  "Esta Comunidad se sitúa a la cabeza de la enseñanza en Europa"; claro, con la batalla de Guadalete....

Después se extrañan del diccionario biográfico español de la RAH.
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Tradiciones polacas.  Ahora es cuando el embajador polaco de cada país, como hace cada vez que algún medio publica lo de "campo de concentración/exterminio polaco", escribe una carta matizando lo de "campo alemán en suelo polaco". Ojito con esto: no estoy comparando las cárceles secretas de la CIA con lo hecho por los nazis, simplemente la actitud oficial del actual régimen polaco a según que informaciones sobre su territorio.
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El AVE a Almería, una realidad que sigue ahí presente.

jueves, 5 de junio de 2014

Sobre las ciudades de llegada

Grindtorp (Täby, Gran Estocolmo), un sitio como los descritos
Se ha publicado en España, con cierto retraso -la edición original es de 2010- el notable libro Arrival City: The Last great migration, un destacado libro obra del canadiense Douglas Saunders, de profesión periodista y, a juzgar por este libro, uno de los buenos de su gremio.

El libro presenta, con una prosa fluida y sin apenas resultar monótono o aburrido, varios casus de lo que  el autor denomina con el neologismo ciudad de llegada, que no es otra que el primer asentamiento en la gran ciudad para los emigrados desde el campo. A pesar de incidir en el repelente abuso anglosajón de presentarnos a familias enteras con su nombre o filiación, el libro contiene un montón de ejemplos y circunstancias fácilmente extrapolables a cualquier ámbito.

No es casualidad que el autor sea canadiense: el gran país -por extensión- norteamericano ha demandado siempre más y más población foránea para ocupar y ocuparse de los vastos recursos de su territorio, empezando por el principal: el terreno. Sin embargo, no es un libro que trate de la experiencia canadiense, apenas reflejada en un casus, y de los menos transcentes. Es un libro con una pretensión global, en gran parte conseguida.

La tesis principal es que el mundo está viviendo la última gran migración del campo a la ciudad, y que esto traerá múltiples consecuencias. Ya se está viendo en China, donde se calcula que hasta 400 millones de personas desempeñan oficios manuales en las grandes aglomeraciones propiciadas por la dictadura comunista, pero que realmente no están establecidos en ellas, y si muy vinculados todavía a su pueblo, donde envían y dependen de sus remesas urbanas. Y lo mismo con la India.

Si estos lugares les parecen exóticos y alejados de su realidad cotidiana, también sale Europa. Uno de los pasajes más notables -de hecho, está muy bien escrito y presentado- nos lleva al confín polaco con Bielorusia, donde las explotaciones agrícolas están siendo abandonas y concentradas para que sean rentables, propiciando un éxodo a la ciudad, en este caso extranjeras: gran parte del supuesto milagro económico polaco, al igual que el español de los 60, consiste en haber enviado a todos estos agricultores a otros países, desde donde envían importantes remesas a las regiones más desfavorecidas del país.

El libro carece de gran aparato de notas -está escrito por un periodista, y no es pretencioso a pesar de un desasosegante comienzo- y de grandes teorías; de hecho, solo afronta el contexto histórico de las migraciones campo-ciudad a partir de la página 150, y tampoco muy bien (la Revolución Francesa la hicieron campesinos, ejem), pero esto no significa que sea vacuo: es muy apreciable la forma en la que va dejando teorías y explicaciones muy plausibles en cada caso presentado, nunca demasiado a la vez, nunca nada intranscendente.

Una parte importante del libro, y el tratamiento diferenciado más extenso, está dedicado a Estambul y los gecendoku -arrabales de inmigrantes en una de las grandes ciudades de llegada del mundo-, hasta el punto que al lector le queda la duda de que no haya sido un proyecto de libro paralelo que no germinó. Es el capítulo más ambicioso, y fracasa en gran parte por la pretensión de mostrar el fenómeno como el germen de todos los cambios en Turquía, el país que muchos países en desarrollo toman como referente.

El libro ofrece una visión del fenómeno en general muy positivo -con grandes elogios a la experiencia española, brevemente representada con el ejemplo de Parla (Madrid)-, con agudas lecciones sobre lo mal que les ha ido a los países que han intentado acabar o regular con las ciudades de llegada que, según lo expuesto por Saunders, si son flexibles y permiten a sus residentes adquirir la condición de ciudadanos y propietarios -todavía ambas cosas van muy asociadas-, contribuyen a la prosperidad del país y de sus individuos.

Es difícil rebatir esta tesis: allí donde el Estado se ha dedicado a combatir el fenómeno inexorable de la emigración del campo a la ciudad -en 2006 el 50% de la humanidad vivía en ciudades, para 2050 será el 80%-, el Estado ha fracasado o se ha quedado atrasado. Como es sabido, emigran los mejores, entendido esto no como algo meritocrático, sino como los más valientes o dispuestos a arriesgar, y toda esa energía, o se deja fluir libremente, o se vuelve levantisca. Ahí están muy bien puestos los ejemplos del gran suburbio teheraní de Emanzadeh´Isa, la horrible ciudad de la miseria chavista de Petare en Caracas o Mulund, en Bombay, donde se confinó a los musulmanes indios del estado colindante.

El libro no abunda en experiencias de como influye el urbanismo en el éxito o el fracaso de estas ciudades de llegada: si que tiene protagonismo en los ejemplos descritos de Les Pyramides en Evry (Gran París, el municipio donde fue alcalde el ahora famoso Manuel Valls), la típica utopía urbanista de los años 60, ideada de espaldas al ciudadano y edificada en honor del motor de explosión. Convertida rápidamente en una cárcel para sus habitantes porque todo es peatonal y no se pueden abrir comercios;  esos comercios con el que los inmigrantes prosperan a base de vender bienes o servicios a sus iguales, y que tan bien podemos comprobar en la realidad española.

Otro ejemplo traído por Saunders, y muy acertadamente, es el de Slotervaart, arrabal del Gran Amsterdam construido en los mismos tiempos y las mismas premisas utópicas que Les Pyramides. Fue ahí donde vivían los que después asesinaron a Theo Van Gogh, y donde las autoridades de la próspera y sin problemas financieros Holanda arrasaron todo el barrio para dar equipamientos y dejar que fuese un ghetto para inmigrantes, con medidas útiles como construir bloques asequibles para clase media holandesa, y que las escuelas dejasen de ser la extensión académica del ambiente rural que los padres emigrantes se habían traído de Borneo, Larache o Surinam.

Lo mejor del libro es que, presentando geografías exóticas o lejanas, no es difícil reconocer trazas comunes a cualquier país o ciudad que haya actuado de polo de atracción de inmigrantes; es un relato de éxito muy seductor y esperanzador, donde señala claramente el problema común -los turcos de Alemania no se han integrado porque jamás les han ofrecido ciudadanía, ni siquiera a los ya nacidos en el país- y también una conclusión muy evidente: la ciudad de llegada, si es dejada fluir libremente, es una ciudad de paso, puesto que se prospera hacia otras metas o lugares, dejando sitio en ella -mientras mejoran sus condiciones, puesto que nada te hace cuidar más las cosas que ser propietario de las mismas- para los nuevos recién llegados.

El tema escogido es fascinante, y es una pena que no se citen casos como los de Jeddah, la ciudad del mundo que más ha crecido, y lo ha hecho trayendo a gente de fuera de la petromonarquía medieval saudita, atraida por las altas subvenciones a la vida; o el paso testimonial por África, con el análisis de un arrabal de Kenia y unas referencias oportunistas y muy poco acertadas sobre Egipto y la conocida como primavera árabe. ¡Con lo bien que hubiese quedado para los fines del libro referencias a Lobito, en Angola, o el cruel ejemplo de Lagos, la megalópolis peor planificada del mundo!.

Como es un gran libro, ha tardado cuatro años en llegar al lector español; como es un tema que no nos importa en un país que durante varios años atraía más inmigrantes que ningún otro de la UE, ha tardado cuatro años en traducirse y publicarse -por cierto, sin ningún error y muy bien volcado al castellano-; como es un gran libro, no lo leerá nadie. Pero eso ya es otra historia.
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Algún día un historiador hará una buen resumen de este época y reparará en cosas como esta: subvenciones de dinero público (¡hasta 8500 euros!) para montar -y quemar, claro- hogueras de San Juan.¿Donde? En #gallegogrado, pero podría ser en cualquier otro sitio de España.
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Berlanga y Azcona se quedaron cortos. 
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El Museo Íbero de Jaen, otro más de esos equipamientos culturales fracasados, porque jamás contaron con un estudio de viabilidad, y sólo como vehículo para cobrar comisiones por la construcción y colocar a familiares como bedeles, para que esten cotilleando en las salas. Ojo al título de la tesis que está preparando el arquitecto. Es todo como de risa.


domingo, 1 de junio de 2014

Una estafa de libro

Soy intelectual, ¿oichesmes?
Por deudas contraídas que no ha menester comentar aquí, me he visto obligado a leer el último libro de César Antonio Molina, el gallego que fue Ministro de Cultura con Zapatero, especialista en ir saltando de cargo en cargo, y, según leo en las guardas "poeta reconocido, antologado y traducido, excelente crítico y ensayista". El libro es una soberana estafa al improbable lector que se acerque a este Narciso de sí mismo, y voy a explicar por qué.

A pesar de titularse La caza de los intelectuales. La cultura bajo sospecha, el libro es una mera compilación -arbitraria, desordenada, desigual, escasamente original, desgraciada- de diferentes escritos del autor, donde se juntan por arte de magia laudos, viajes, diatribas y tonterías sin fin, con un supuesto hilo imaginario que recorre la obra y al que está referido el título.

Al poeta Molina le encanta ver publicados sus farragosos y escasamente inteligibles escritos en soberanos volúmenes, a la manera gallega de que es mejor que algo pese a que tenga gravedad. Ya me vi obligado a leer su anterior deposición del género, el horripilante Lugares donde se calma el dolor, una mezcla de guía Baedecker, reflexiones de BUP y galleguidad desopilante por roma y vulgar, un volumen de título indicativo, al igual que otros del mismo autor como Donde la eternidad envejece, Vivir sin ser visto y Esperando los años que no vuelven. Es la alegría del huerto. De grelos.

Al poeta Molina le encanta ser parte de algo, y ahora se ha inventado que es un intelectual. Perseguido. Por eso perpetra este libro donde no explica nada, pero donde el lector tiene que inferir que, oh injusticia de las injusticias, el ex-Ministro es también un intelectual perseguido. El mismo lo deja caer en algunos pasajes, francamente bochornosos, de su estúpido libro, publicado como no podía ser de otra forma, en la colección Imago Mundi -et errumabo ego te- de Destino, especialista en el género.

Un básico de cualquier biblioteca
"¿Por qué tantos hombres de sabiduría se han metido en política?, se pregunta el autor, en clara alusión a su propia experiencia" es una frase que se puede leer en la contraportada, al lado de un dudoso "análisis equilibrado, incisivo, valiente y esclarecedor". Es por estas cosas por las que creo que este libro es una estafa al lector: en ningún momento se explica que el libro es una recopilación de miscelánea. No hay ni prólogo, y el índice es una irritante sucesión de títulos mostrencos sin citar un solo nombre.

Solo leyendo y perdiendo tiempo en las más de 500 páginas se puede adivinar esto. Es cierto que hay un cierto orden cronológico -empieza por su querido Séneca, acaba con unos infames artículos de historia intelectual y cositas del Holocausto-, pero no hay un orden mental. Insisto: es una recopilación de artículos de muy diverso origen. En ningún momento se dice esto al lector. Una estafa.

Así pues, el libro entra de lleno en la tradición españolísima de los desagraviados por sí mismos. Escrito con rencor gallego, entronca directamente con ese libro que publicó Jose Barrionuevo -sí, el mismo- donde incorporaba su propia vicisitud personal de terrorista a la tradición española de perseguidos por la Justicia. Se llama Procesos políticos en España (2003), igual que este se llama La caza de los intelectuales, ¿lo cogen?

Yo no voy a hacer un resumen del libro: ya lo he hecho. Es un libro deleznable en su propia concepción, y el autor ha aprovechado la rueda de lanzamiento para lanzar calumnias e insidias que atraigan los focos sobre un producto cultural tan deficiente que puede ser considerado una estafa. Simplemente les voy a extractar los momentos más divertidos.

El poeta Molinas posee un estilo obtruso y escasamente atractivo. Cuando está en sus viajes, se dedica a relatar todo, apoyándose en guías de turismo; cuando reseña a un autor, cita todas sus obras como si fuese un ejercicio académico: así, es muy normal encontrarse que, en plena diatriba para explicarnos las bondades de un autor ponga entre dos puntos "también escribió Zulanita de tal", o cualquier otra majadería.

Leer este libro ha sido un dolor de muelas. Como comulgar con ruedas de Molinas. Cualquier cosa vale y, lo que es peor: no he aprendido nada. Esta afirmación no encierra ninguna fanfarronada, es la pura realidad: es un libro que no aporta nada, absolutamente nada novedoso. Es más, dice cosas que son pura mentira o invención, como que Jovellanos murió "habiendo entrado las tropas francesas en Asturias, Jovellanos se embarcó en Puerto de Vega, en Navia, y falleció en medio de una tormenta" (pág. 91).

Jovellanos murió en una cama en Puerto de Vega, no embarcado y en medio de una tormenta. Podría ser un error -el libro tiene varios, es lo que pasa cuando estás copiando con el único ánimo de emborronar páginas y más páginas-, pero es algo más cuando descubres que, más adelante y hablando de Blanco-White (pág. 125), te planta sin rubor tres páginas literales de escritos del pensador español -con Azaña copia directamente ¡once páginas! de sus Diarios- donde este escribe, en un prolijo párrafo, como murió realmente Jovellanos.

Este detalle, y otros que no comentaré, inducen a pensar que este supuesto intelectual gallego, tan agraviado, no lee ni lo que escribe, o que dice escribir cosas que realmente no escribe. Ustedes verán con que opción se queda, pero esta bastante claro. Cuando era Ministro, una vez le hicieron en Caiga quien Caiga o algo así una pregunta cultural, de esas que salen en Pasapalabra, a ver si la sabía y, ni corto ni perezoso, pasó de responder. Se giró y se fue. Galleguidad absoluta.

Leyendo este libro no hay que preguntarse si Molinas es un intelectual perseguido, sino como es posible que alguien así se considere intelectual, y aproveche para despreciar a su sucesora en el cargo que le dio fama, que tiene igual o parecidos méritos que este gallegoide rencoroso. Miren que frase (pág. 206): "Horas después viajo rápidamente a Londres para ver a varios editores interesados en la publicación de alguno de mis libros, difícil tarea en un mercado tan gélido y tan poco proclive a entender a los demás" ¿No será porque son una basura, maldito Narciso?

Inquietante parecido físico. Y de valor nominal.
La selección de retratados es disparatada, llena de lugares comunes, otros no tanto (Milosz) y, especialmente, vacíos, que vaticinan la gran sima de conocimientos de este personaje que afirma (pág. 477) que lee mucho, y desde joven. Poco ha calado de eso, como demuestra la nausebunda diatriba contra Internet -esperable en alguien nacido en Galicia de la posguerra- que hay en las páginas finales, o el vulgar lugar común sobre Bruselas, donde no falta el típico desprecio sobre las cosas que realmente conocen los de su estofa (comer, comer y comer, y fingir que se leen libros): "En el restaurante Aux Armes de Bruselas como patatas fritas con mejillones. Son pequeños y no tiene el sabor de los de Lorbé, pero ¡qué remedio!". Ya. Igual que Bruselas es mejor que toda Galicia junta, paleto.

En la foto que aparece en la guarda del libro posa de tal manera que parece un émulo de su paisana Rosalía de Castro. Como último desprecio al lector, el libro carece de ningún índice onomástico o analítico. Una auténtica estafa. Parecer culto se ha convertido en una auténtica obsesión entre este tipo de gente, pero basta rascar un poco la pátina de roña y pueblo y se ve su auténtica catadura. Miren sino al presidente de este juntaletras y ripios, capaz de cualquier cosa en vez de decir que desconoce de lo que se está hablando. Erre que erre. Cosas de gallegos y su oximorón: intelectual.