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martes, 26 de noviembre de 2019

Pagar más por imbéciles

Un yo tenía de manual
En un país acostumbrado a vivir los éxitos individuales como colectivos es normal que el reparto anual de las Estrellas Michelín -una marca de neumáticos tiene el galardón más prestigioso de la gastronomía, y una tienda de muebles vende albóndigas-  se viva como un acontecimiento, contándose las estrellas del mismo modo que se cuentan las banderas azules, el número de transplantes y los puntos de los españoles en la jornada de la NBA. Como si jugasen juntos, o algo así. Soy español, ¿a qué quieres que te gane?

Hace pocos días se repartieron las estrellas Michelín del año, con el resultado de que un restaurante cántabro pasó de tener dos a tres, entrando así en el Valhalla gastronómico y del postureo. El propietario, entrevistado poco después del reconocimiento y envuelto en la retahíla de palabras hueras de su profesión ("queremos que el cliente perciba los aromas y el saber hacer de la elaboración de un buen pan. Nuestros platos siempre recuerdan a algo. Un jugo que se toma de un trago recuerda al cocido") no escabullía una pregunta malintencionada del periodista:

Hay cocineros que cuando reciben una estrella Michelin, automáticamente suben los precios de los menús. ¿Se lo ha planteado ya?

No nos hemos planteado esa posibilidad. Solo subiremos el precio si obedece a algún cambio y está justificado. Ahora, con la nueva estrella, reforzaremos el equipo, porque tendremos más reservas y tendremos que gestionarlo de otra manera. Si se sube no es por la oportunidad sino porque se aumente la experiencia
Bueno, pues 48 horas después de decir esto, resulta que el navarro cantabronizado Jesús Sánchez ha subido el precio de sus menús degustación un 20%.  Será que ya ha "aumentado la experiencia" en ese breve periodo de tiempo. O que ha "reforzado el equipo". O que simplemente vende humo, y sabe perfectamente que en el ámbito en el que se mueve puede subir perfectamente un 20% su producto, porque los clientes pagarán encantados esa experiencia única de comer algo distinguido y diferente a lo que puedan comer los demás.

La recordada campaña de Arola con Lidl
Algo debe saber de vender humo y otras tonterías. No en vano tiene la concesión del restaurante del Centro Botín, el horrible contenedor artístico plantado en Santander de nula programación y visitas a la altura -calcularon medio millón al año, llegan doscientas mil contando perros, gatos y jubilados-, pero cuya cafetería-restaurante está llena por eso del quedar bien de la sociedad local, y por las vistas que ofrece.

Es perfectamente compatible tener un restaurante de menús a 89, 120 y 157 euros (perdón, ahora a 109, 137 y 167 euros tras ser debidamente actualizados acorde a las estrellas Michelín) con tener otro de menús de día a 13 euros, porque así la gente no se va a dar cuenta de la auténtica cortina de humo que esta absurda burbuja del gusto y la distinción a través de la comida, especiamente representada por el vino y toda la tontería que le rodea.

Sin embargo, la gente puede ir a El Cenador de Aunós -una casona cántabra con entrada de carruajes, seguro que hay alguna familia por ahí diciendo yo (la) tenía...-  perfectamente consciente de lo que va a pagar y recibir, y en eso también consiste el libre mercado. Yo ya paso de calificar al que quiera ir a dilapidar su dinero a un sitio que sube los precios un 20% de la noche a la mañana sin cambiar en NADA la carta, simplemente inflado por una estrella. Si alguien quiere ser estafado conscientemente, que así sea. Es el país de Afinsa y de las mayorías absolutas del PP. No deja de ser consecuente.

País Vasco, ven y cuéntalo. Si puedes.
El problema viene en el otro caso que aparece en este post, en absoluto alejado de este. Ni siquiera geográficamente. Como saben, en el tema de la burbuja culinaria los vascos son unos maestros: en calidad, y en timos. La gente ya se ha olvidado de que en 2006 un estudio del Gobierno vasco descubrió (¡ja!) que uno de cada cinco txakolís vendidos de poteo no era más que vino blanco a granel servido muy frío y con una gota de gas carbónico.

No era tan difícil de saber viendo la ridícula extensión de la Denominación de Origen protegida de ese vino -incluso en estándares de tamaño geográfico vasco-, que desde entonces ha sido convenientemente ampliada, y así seguirá siendo hasta que vaya desde Hondarribia hasta Mutriku. Por lo menos. Del timo de que el 20% del txakolí servido en bares sea -perdón: fuese- vil garrafón y nadie se de cuenta no se ha vuelto a saber nada, será que ya no hace falta hacer estudios oficiales sobre el fenómeno.

Sí que se ha sabido, pero no precisamente por un estudio oficial, la otra pata de la mesa que cojea de todo este asunto, y que explica muy bien los fenómenos descritos. Hace poco más de un mes tuvo cierta repercusión nacional un artículo publicado por el donostiarra Diario Vasco en el que una pareja de oriundos y una de foráneos salía de bares, y a unos les cobraban el precio de amigo-local, y a otros el impuesto revolucionario de la maravillosa experiencia de comer pintxos -raciones de pobres- en San Sebastián, en ese marco incomparable.

Merece la pena leer el reportaje. Porque es muy sencillo, y porque incide directamente en algo bien sabido por todos, y aceptado con ese silencio tan típico de la zona. Seguro que a la redactora le habrán llovido amenazas de esas tan locales como las babarrunas y el olentzero, y por parte de los dueños -o los más aún peligrosos parroquianos- de los locales señalados con nombre, dirección y ticket, algo realmente inusual en el cerrado y sobaquero ambiente vasco, subsección hostelería.

Todo expuesto con precios, un clásico donostiarra
"Hace cuatro años que el volumen de turistas empezó a dispararse en la capital guipuzcoana y a su vez empezaron a asomar rumores de que algunos establecimientos hosteleros aplicaban tarifas diferentes a los clientes extranjeros y a los locales". Bueno, a fe de ser ciertos los rumores -y las certezas- existen desde hace lustros, otra cosa es que la increíble lluvia de turistas que ha caído por la Cornisa Cantábrica -y que llega hasta Asturias, impulsada por la culminación de la autopista- lo hayan hecho más evidente.

"En más de una ocasión habían sido testigos de cierta discriminación en el precio si el que pedía la ronda era extranjero en lugar de autóctono". El artículo está escrito asín-asín, como con miedo ("la suma de esos pocos céntimos 'extra' puede llegar a suponer una cuantía importante", cuando realmente se está hablando de varios euros de diferencia, incluso en consumiciones mínimas), aunque las conclusiones son claras: en cinco de los siete establecimientos analizados, la pareja foránea pagaba más por consumir exactamente lo mismo que la pareja autóctona.

Los bares y los precios con impuesto revolucionario se explican concienzudamente, como ya indicado, pero el testimonio más demoledor no se identifica, porque ahí son todos primos y se conocen: simplemente dicen de él que lleva diez años trabajando en la hostelería, y que hay "cuatro formas de cobro en función de si eres local, local premium, extranjero o extranjero con pinta de tener dinero", además de utilizar con tino del que carece la redactora la palabra más adecuada: "timo".

No conviene abundar mucho más en el asunto. Al revés de la casa de comidas con tres estrellas Michelín -donde la gente acude conscientemente a pagar un sobreprecio-, aquí es directamente estafada. Las autoridades no harán nada, ni siquiera investigar los arqueos de caja en esos establecimientos no muy diferentes de la cueva de Ali-Babá y los 40 apellidos vascos. La diferencia es que en este caso nadie quiere ser estafado, aunque algo de culpa tendrán al visitar el norte español, ahí donde no existe el ticket, donde se cobra un precio más bajo al local, y donde todo son excelencias culinarias para productos que muchas veces provienen directamente de la lata. Después vendrán los lloros: porque hay un hilo conductor entre las estrellas Michelín y pagar 50 céntimos más por un zurito de hobbit, y es la gallina de los huevos de oro a punto de reventar.
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Como era esperable en el famoso caso del narcosubmarino incautado en Galicia, el destino final era Asturias. Bastante lógico teniendo en cuenta que hay noticias recientes como esta, y más antiguas como esta otra. Auténtica #MafiAsturias, donde hasta los jubilados hacen de mulas naúticas para el narcotráfico.
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Buen repaso, sucinto y escéptico, al mito de Covadonga.
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Más o menos el resumen de por qué el libro electrónico ha resultado un fracaso.
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Extraordinaria galería de los disturbios okupas en eldistrito berlinés de Friedrichshain el 14 de noviembre de 1990, un año después de la caída del Muro.
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Extremadura es muy bonita, y los extremeños más aún.
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¡Valencia! ¡Valencia! ¡Valencia y sus infraestructuras! ¡Los del déficit de financiación!
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Solo el 5% de los trabajadores retrasa su edad de jubilación más allá de la edad del retiro. Esto es: rechaza a mejorar su pensión en cuantías del 2% o el 4%, porque lo que quiere la inmensa mayoría de la gente (el 95%, nada menos) es jubilarse. El artículo está lleno de otros datos muy interesantes.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Only in Spain: "Pasé de ser otro más de la tele que escribe libros a experto internacional en Leonardo"

El supuesto retrato auténtico de Leonardo, con el supuesto experto. 

Por una parte, está la generación mejor formada, y por otra el preocupante auge de las pseudociencias, las creencias milagrosas, las pseudoterapias, la ludopatía que simplemente esconde un analfabetismo funcional en Matemáticas, y los antivacunas. Si se representase todo en un diagrama de Venn habría entre ambos colectivos un gran espacio de interconexión, amplísimo.

Es tanta, tanta la estupidez, y tantos y tantos los que se dejan engañar por los mismos métodos que existían cuando España era de norte a sur un país de catetos, que nadie se debe extrañar de la historia de este post, donde se toca una rama que no suele aparecer habitualmente en los medios de propaganda, igualmente afectada por el dualismo entre mejor formada y, por decirlo en breve, la estupidez: el arte. La cultura. La divulgación. El saber.

Christian Gálvez es un conocido rostro de la televisión, especialmente porque lleva nueve años seguidos presentando Pasapalabra, un programa que mezcla famosos con una parte final de quizshow, ideal en el concepto de televisión familiar que tiene Planeta, la propietaria de Antena 3 y también del periodico ultra La Razón, porque ambas cosas son compatibles.

Gálvez, natural de Móstoles (Madrid), ha desarrollado en los últimos años una obsesión patológica por la figura de Leonardo Da Vinci, publicando libros -entre ellos, una serie infantil que ya va por once volúmenes- a un ritmo imposible, y todo a raíz de un primer libro en el que "mezcla la vida y obra del genio florentino con el concepto de coach", según se lee en la Wikipedia.

Casado con la gimnasta Almudena Cid, a la que conoció en el programa que presenta allá por 2010, es muy improbable que en este matrimonio haya anidado la lechuza de la sabiduría. Ella es simple y básica como solo una deportista profesional esclavizada desde la tierna infancia puede ser (baste ver alguna entrevista) y él se matriculó en la Universidad de primer curso, para después dedicarse al mundo del espectáculo.

Sin embargo, para la propaganda es "un erudito en Leonardo Da Vinci". Que hasta le han nombrado "especialista a nivel mundial". "El reconocimiento permitirá al comunicador participar en la exhumación, recuperación del ADN y reconstrucción facial de Leonardo da Vinci", como si de un catedrático italiano se tratase, experto en mil campos del saber al nivel de Eco, Magris o un Bobbio.

Será de tantos años presentando Pasapalabra, que algo se le ha quedado. Cualquiera verá que la propaganda y la estulticia han convertido a Gálvez en un experto ideal para que los mismos que consumen la caja tonta entre las 19:00 y las 21:00 crean que realmente sabe algo, porque ¡cómo un chico tan guapo y tan majo no va a saber de eso! ¡seguro que ha hecho más méritos que cualquiera que esté en una Universidad! ¡La Rey Juan Carlos esa! ¡Yo me compro su libro! ¡O lo que sea!

Y en ese lo que sea viene el revival de estos últimos días. A pesar de ser una noticia ya sabida, el nausebundo El Mundo ha vuelto a lanzar el globo, de la mano del infraser Iñako Díaz-Guerra, uno de esos que combina sabiduría futbolística con babyexplotation y con un consultorio sentimental. Un renovador del periodismo, capaz de hacer una entrevista-promoción con preguntas sonrojantes que dan lugar a que Gálvez pueda decir "he dedicado toda mi vida a la autoformación" sin que nadie le replique.

vi La última cena por primera vez, en Milán, y todavía coleaba El Código Da Vinci, de Dan Brown. Como también soy miembro de la Asociación Española de Sindonología (estudio de la Sábana Santa), que el libro mezclase todo aquello y señalase a Leonardo como creador de la Sábana Santa me atrajo, pero ahí no me pillan: independientemente de lo que sea o deje de ser la Sábana Santa, hay un documento de venta a la Casa de Saboya en 1453 y Leonardo nació en el 52. Por muy genio que sea...
El genio es el que te ha creado el personaje, Christian. Un chorlito de Móstoles, un rostro guapo de la tele, haciéndose pasar por experto en algo, pero que cuando se tiene que explicar dice estas cosas:

Leonardo murió fracasado y triste porque fue ilegítimo, iletrado, con altas probabilidades de ser disléxico, bipolar, con déficit de atención... Y a pesar de eso nunca se rindió. Pero fracasó en Florencia, en Milán, en Venecia, en Roma y sufrió lo que sufren los jóvenes hoy en día: fuga de cerebros. Se tuvo que ir a Francia.
¡Ajá! ¡Fuga de cerebros cuando fue Francisco I de Francia el que conquistó el Milanesado y por eso se puso a su servicio! ¿O quizás nos está queriendo decir el erudito Gálvez algo con eso de fuga de cerebros? ¿Una confesión? ¿Un exilio de una parte de su cuerpo? Y no se pierdan como cuela su discurso de coach, de supérate a tí mismo, en su forzada relación con Da Vinci.

Entre frases como "Leonardo no pintó una Gioconda amarilla, simplemente está amarilla de vieja. A partir de ahí se puede hacer toda la literatura que quieras" o "Mi labor es la búsqueda de restos biológicos en manuscritos originales de Leonardo" Ojo que llega el momento CSI: Móstoles: "Colaboro con la Biblioteca Nacional, tenemos allí dos códices y hago documentación histórica para intentar saber en qué partes de esos originales podría estar su ADN" (¡suerte en eso de sacar ADN de una huella dactilar, Christian! ¡A tí también, Iñako, que eres el nuevo Pedro Simón!), nos dice su auténtica cultura: "sacrifico muchos hobbies. Me encantaría seguir en el equipo de fútbol con los colegas, o jugar más horas a la Play o leer más comics. Pero no puedo. Mi vida son la tele y Leonardo"

¡Y sacar pasta, rufián! Resulta que Gálvez y la banda que le rodea han montado una exposición sobre Leonardo en Madrid. Son fechas navideñas y parece ser que es tradición que todos aquellos que durante el año no hacen nada cultural se rasquen el bolsillo en estas entrañables fechas de Antena 3, y se acerquen al cine, al teatro, al Circo del Sol, a un musical e incluso a alguna exposición, pero no de esas de cucamonas, una "donde se aprenda".

La Sala de Alhajas (ahora rebautizado como "Palacio") es un edificio en el centro de Madrid que pertenecía a Caja de Madrid. En los días de vino y rosas la poderosa Fundación Caja Madrid hacía exposiciones muy ambiciosas ahí, totalmente gratuitas y gastándose un pastón en traer obra pictórica de colecciones extranjeras: algunas de las mejores exposiciones de la historia de la ciudad se han visto ahí, muy por encima de las del Reina Sofia.

Después vino la desgracia y todos sabemos como acabó Caja de Madrid. En los últimos años el "Palacio" ha sido abierto para mercadillos de Navidad de esos con periodistas reconvertidos a fabricantes de delantales, sociólogos que ahora hacen lámparas con troncos de madera y arquitectos vendiendo tafetán, seguro que saben de lo que hablo. Lo que puedes encontrar en un chino, pero vendido cinco veces más caro. Y la tradición va a continuar.

Esta Navidad hay exposición de Leonardo, y ¿adivinan quien es el curator? El mostoleño. El mismo que dice "No nos engañemos, yo soy otro tipo de la tele que escribe libros. No niego eso. Vendo una marca personal y profesional desde hace once años", y a fe que no engaña a nadie, salvo a sus televidentes. La muestra la monta la empresa Iniciativas y Exposiciones (más de lo primero que de lo segundo) y, según El País, tiene realidad virtual y el supuesto retrato auténtico de Leonardo, descubierto por uno de los nuevos amigos de Gálvez en fecha tan improbable como 2009.

Es una doble muestra, puesto que la BNE ha sacado en coincidencia una exposición satélite donde muestra los Códices Madrid I y Madrid II, de sus propios fondos. En el Palacio de Alhajas cobran 14´5 euros por mostrar luces y cachivaches, en la BNE no cobran nada, porque para eso su sala de exposiciones es una de las mejores que hay. En una está lo falso y lo inventado, y en otra esta lo real. En una está el negocio, y en otra lo que es de todos.

Al parecer, Gálvez va a donar su parte como curator a una ONG -¡es Navidad!-, que ya sacará lo suyo con la venta de libros para iletrados. Todo lo demás de los 14´5 euros de la entrada irá a la empresa, siguiendo ese modelo de negocio que estuvo en Roma durante muchos años, en Piazza del Popolo: la exposición permanente con reproducciones de "los inventos de Leonardo", que no son más que cachivaches de madera, y que al parecer también está en otras muchas ciudades. Ventajas de llevar muerto 500 años y no tener que pagar derechos a ningún heredero ni a nadie.

Gracias al poderoso efecto arrastre de la tele, la exposición estará llena y con colas a lo Doña Manolita de esos padres deseosos de dar una cultura a sus hijos, y que en vez de darles un buen libro los van a llevar a un perfecto TIMO donde un busto parlante de la televisión se hace pasar por experto mundial de una figura que le es ajena desde el principio hasta el fin.  Es una perfecta metáfora de lo que es España en el año 2018.
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Muy fan de toda la obra de Julian Montague 
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El aeropuerto de León, donde ZP gastó 80 millones de euros sin viabilidad alguna, sin vuelos.  Y ahora, con el AVE a Madrid (2h15´), nadie cogerá un avión, salvo charters a Canarias.
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(relacionado con lo anterior) El AVE a Zamora se inauguró en plena campaña electoral para las generales de 2015, con el beneplácito de la Junta Electoral. 
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Noticias propias de nuestra normalidad democrática.
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10 cosas a la que David Bowie dijo "no".
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El cañón espacial soviético.
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Este libro tiene una pinta magnífica, y se basa en mapas y sentido común poco ortodoxo.
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Los suizos y su obsesión por los búnkeres y refugios atómicos 
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Otro ejemplo de la ruinosa gestión de Ruiz-Gallardón en el Ayuntamiento de Madrid 
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Buena entrada sobre los celeberrimos monumentos yugoslavos a la lucha partisana
Y más relacionado de lo que se quisiese con este link, una galería fotográfica con una explicaciones sin desperdicio. Hay un hype que lleva años sobre esos monumentos yugoslavos, cuando los auténticos lugares de memoria, y más recientes, son estos. Mucho menos espectaculares, y por eso menos conocidos. Como siempre.

jueves, 24 de octubre de 2013

Los petromortadelos

Dentro de la increíble creatividad del genial y nunca bien ponderado Francisco Ibánez -sobran explicaciones- se incluyó idear a finales de los setenta, en plena segunda crisis del petróleo y con la inflacción anual en España en torno al 25%, los petromortadelos.

Era un billete ficticio que venía avalado por la autoridad del Bank of Bruguera, no tenían curso oficial y venían adornados, según su diferente valía, con Mortadelo ataviado con diferentes perfiles asociados culturamente a lo islámico. Ya a principios de esa década había habido una primera emisión de billetes de Mortadelo, esta vez avalados por la figura del Financial Vazquez Bank Ltd., en honor del igualmente genial creador de tebeos, y famoso pegasablazos.

Lo que era un mero divertimento se ha visto, de nuevo, superado por la realidad de un país empeñado en caricaturizarse a sí mismo y no aprender de sus errores.

En 2009 Nueva Rumasa, el holding  (Rumasa y holding es como pertinaz y sequía) del empresario chipionero-jerezano Ruiz-Mateos, lanzó una emisión de bonos para intentar salvar su conglomerado de empresas, con marcas tan importantes como el licor Garvey (vete a un bar a pedir uno, a ver qué cara ponen), Clesa, y Cilicios con puas ya ensangrentadas.

Ruiz-Mateos, que encarna la España eterna como pocos más, metió insertos publicitarios durante días y días en todas las grandes cabeceras informativas del país, cuñas radiofónicas -y no sólo en Radio Libertad, la de la abeja- y en las televisiones. ¡Acude a la venta de bonos de Rumasa!, adornados con fotos aéreas de sus importantes factorías, llenas de afanosidad y productividad.

La CNMV, esa institución que a lo largo de la historia de este país se ha mostrado como francamente independiente (ahí está el caso Gescartera, o la actual mujer oronda de Lugo, militante racial del PP) emitió una advertencia señalando los riesgos de adquirir ese producto financiero, básicamente que no se podían vender en mercados secundarios y que tenía una convertibilidad muy difícil. Lo que viene siendo un bono, vamos.

Nueva Rumasa quebró, se leyeron unas cartas muy divertidas del patriarca del clan a Emilio Botín, la familia anda en disputas profundas y una panda de incautos -entre los que había una congregación de monjas- depositaron su dinero a cambio de un papelito en el que ponía "Pagaré de Nueva Rumasa", emitido sobre la base de importantes barricas de Jerez envejecido, aún por embotellar y con el mismo valor que los sellos de Afimsa, otra empresa y otro caso que hablan mucho de este país.

Bien, pues a pesar de esa lección de economía básica -no pongas tus ahorros en algo que no puedas ver, o controlar, o conocer- nos topamos ahora con que Zinkia, la productora del personaje infantil Pocoyó, se marca una emisión de bonos donde aseguran ¡un 11% de rentalibidad!, que es 1000% más del precio actual del dinero. Tal cual y sin ningún rubor.

Por supuesto, la CNMV de la gruesa Elvira Rodríguez se ha guardado las espaldas y obliga a poner -como en el caso de Nueva Rumasa- una nota de advertencia sobre las características del producto, pero no parece que se evite la publicidad -de la que se nutren bastantes medios, incluso el poderosísimo AdSense de Google- de lo que es a todas luces un método digno del mismísimo Vázquez.

Es curiosa la historia de Zinkia: el personaje de Pocoyó tuvo su auge en los estertores de los 15 años de despilfarro, y fue vendido como una gesta nacional a la altura de Hernán Cortés o el 12-1 a Malta. Un personaje de animación español conquista el mundo,  y cosas por el estilo. No hace mucho, el tonto de bote de Carles Francino entrevistaba al máximo responsable de la empresa, y lo dejaba untado de baba por ser "de la nobleza española y trabajar". O emprender, que es como se pelotea ahora.

Pocoyo tiene la cabeza como una burbuja, y de eso se trata la historia de la empresa. Salieron a Bolsa en 2009 y en tres meses la acción se había revalorizado un 26%, todo un brote verde -o azul-. Incapaces de hacer un nuevo personaje, de explotar la mercadería del único que tienen, la empresa fue para abajo, porque el mundo de la animación infantil es voraz, y más cuando Pocoyo carece de todo, hasta de guión.

Hundidos en Bolsa, con serios problemas de liquidez, se apuntan a la emisión de bonos. La página web es para guardarla, con Pato estrechando la mano a Pocoyo mientras sostiene un maletín negro. Porque hace falta ser patán para poder comprar algo como los bonos Zinkia, los del noble español "emprendedor". Por favor, pierdan unos cuantos minutos de su vida leyendo este texto de los vendebonos, donde parece que la marca Pocoyo es como Coca-Cola, Canon o Siemens.

Yo lo tengo muy claro: voy a acudir a la próxima emisión de petromortadelos. Si en los ochenta se sorteaban tres apartamentos en Torremolinos, a lo mejor ahora me dan una promoción entera del Sareb (conocido como Banco Malo, cuando es enjuague con dinero público de las aberraciones inmobiliaras de promotores privados) o, quien sabe, la colección completa de Pocoyó en DVD. Quizás en Blue-Ray.