viernes, 12 de diciembre de 2014

El efecto Guggenheim en La Mancha

La Torre del Vino, Socuéllamos (Ciudad Real)
Ha vuelto a pasar. El aviso lo dejó el lector @pedromalone en el anterior post dedicado a estos temas, y yo no daba crédito a lo que he ido viendo desde entonces. El pasado 10 de diciembre se inauguró el enésimo adefesio arquitectónico en un poblachón que quiere ser ciudad, y que difícilmente lo conseguirá por ideas como esta.

Es Socuéllamos un poblachón manchego de 13000 habitantes, compuesto principalmente de casas bajas. Junto con localidades vecinas como Tomelloso -que hace de capital comarcal- es conocido, si lo es por algo, por su vino, ese vino manchego que se mide por cientos de miles de hectolitros y rara vez en términos de calidad.

Ahí, en medio del paisaje plano de La Mancha, han levantado una torre de 40 metros de altura (once plantas) que se ve desde toda la comarca. Una torre que ha costado 4´5 millones de euros y cuyos costes de mantenimiento e incluso su viabilidad se antojan imposibles desde el mismo día de la inauguración, cuando el mal ya está hecho. Entonces la pregunta es ¿cómo se ha llegado a construir algo así?

Un diseño muy cuidado
La locura comenzó en 2008, no por casualidad el primer año de la crisis, ese donde algunos todavía negaban su existencia, minimizaban su impacto y duración o apostaban por políticas keynesianas de estimulación de la demanda con dinero público. Ese en el que la clase dirigente seguía como esos borrachos que siguen en una fiesta en un piso que no es suyo cuando ya han quitado la música y ha pasado la Policía a desalojar.

La idea vino del Plan de Dinamización Turística "Rutas del Vino", que en sí mismo parece una idea equivalente a la que hay en otras zonas vinícolas: el problema es que en Borgoña, Napa o Le Langhe jamás harían una torre de 40 metros de altura. Estamos hablando, una vez más, de una especifidad española. O excepcion cultural, si la quieren llamar así. 

Leyendo la noticia del proyecto inicial, es imposible no reparar en la propaganda habitual del conchabeo entre arquitectos y políticos, trufada en esta ocasión (¡quien sabe!) con la verborrea habitual del mundo del vino: 

La Torre -Mirador, es una apuesta rotunda y decidida por el turismo de la comarca: un auténtico regalo para los sentidos. De unas características arquitectónicas totalmente innovadoras y con un carácter moderno y funcional sus 32 metros de altura, ofrecerán una visión única de los viñedos de La Mancha, la inmensidad de la llanura manchega es un espectáculo por sí misma: mares de vides a los pies del viajero, combinados con interminables puestas de sol, el horizonte enrojecido sobre un manto verde y un cielo tan hermoso que es difícil de calificar
Si leen el anterior enlace, auténticamente descacharrante, verán los primeros renders del proyecto, y más o menos lo que se ha acabado materializando: la torre-mirador, y dos edificios anexos -aún por acabar- donde estarán los fundamentales "Museo Etnográfico de Socuellamos" -vean el pliego de condiciones, increíble- y la Oficina de Información Turística, que "no será un mero centro de acogida de visitantes, expendedor de folletos, sino que en permanente colaboración con el Museo será una poderosa herramienta para dinamizar el turismo y sensibilizar a la población local".

Difícil creerlo a la vista del resultado. Como pueden apreciar, el proyecto inicial preveía un color carmesí (¡ese vino! ¡viva el vino!) que ha desaparecido en el engendro final resultante, una especie de torre de vigilancia de institución penitenciaria, con hormigón y acero visto. No es que el color hubiese evitado esa asociación de ideas, pero al menos la habría disimulado algo más. 

Vista desde la Torre a la antigua playa de vías férreas. El "mar de viñas"
Pero ¿de que estoy hablando al usar la palabra "disimular" con una torre de 40 metros en medio de una planicie? Aquí la pretensión es que se vea y no tanto ser ese cacareado mirador. Estaría bien saber hasta qué punto han ejercido poder las querellas pueblerinas con los otros poblachones de la zona. En Italia se usa la palabra campanilismo (de campanile, la torre de la iglesia) para este tipo de disputas ridículas, siempre basada en "la mía es más grande".

Vean cuanto de eso hay en la inauguración, a la que acudió la presidente autonómica María Dolores de Cospedal, que en la gran mayoría de las ocasiones ha privilegiado este cargo sobre el de Secretaria General de su partido. Y, en todo caso, jamás ha tenido problemas en compatibilizar ambas cosas, porque la que vale, vale. ¿Vale?

"Somos el mayor viñedo del mundo y tenemos el mejor vino del mundo" Campanilismo puro y duro. Por supuesto, cuando uno atraviesa La Mancha tiene esa sensación: la de un sitio bendecido como Burdeos, las terrazas del Rhin o la Borgoña. Un territorio donde se conjuga el patrimonio histórico con una cuidada sensibilidad hacia el entorno, por parafrasear un hipotético folleto turístico. 

La estructura de inspiración carcelaria (¡un saludo a Foucault y su panopticon!) tendrá unos costes de mantenimiento de 410.000 euros anuales, por solo ¡6.000 en ingresos! No son las cuentas de esos enemigos de España que siempre aprovechan estos magnos acontecimientos para cargar contra nuestro bello país, sino las del propio interventor municipal. Por tanto, susceptibles de ser peores. 

Según se lee, el ayuntamiento de Socuéllamos ya tiene una abultada deuda de 11 millones de euros (recuerden: 13000 habitantes, salen a 800 euros cada uno), pero eso no es óbice para que las corporaciones municipales se hayan embarcado en lo que, en palabras del actual alcalde, "es la intención de crear un símbolo, un buque insignia dinamizador del turismo" 

El conocido como efecto Guggenheim adquiere en La Mancha la condición de una torre de penitenciaria, gris y con forma de periscopio. Todos quieren ser capital. Si los vascos han podido, ¿por qué no nosotros? Al final y al cabo, se trata de “un museo único en el mundo. Posee unas instalaciones extraordinarias que no existen en otros museos". Ajá.
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Notable fotogalería con los contenidos de la Torre del Vino. Ojo al panel con la pregunta ¿Qué es el vino? O ese otro con Refranero popular.  
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(Actualización dos días después) Me informan desde la zona que el alcalde de Socuéllamos (Sebastián García, PP) lleva múltiples legislaturas en el cargo, tantas como ayuntamientos democráticos se han constituido. Y que su hijo, mira que casualidad, es el gerente de la Torre del Vino. 
 

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Flipando me acabo de quedar con lo del coste anual de mantenimiento del edificio.

Un detalle que ya te he visto varias veces: el término correcto es "conchabeo", no "conchaveo", ya que el verbo es "conchabar". Y 'el proyecto inicial preveía', no 'prevía'

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo,una producción vinícola tan basta y mala no merece monumento alguno. Por cierto, hasta las torres de vigilancia de Guantánamo o Gaza tienen mejor diseño, no sé que coño se enseña actualmente en las escuelas de arquitectura.
En cualquier caso, una pequeña ayuda para gastos podría obtenerse alquilándola por horas a los bomberos en prácticas o a la BRIPAC.

Anónimo dijo...

Resulta que Esperanza Aguirre iba a tener razón y a los arquitectos habría que fusilarlos a todos (y a los políticos que les dan alas, añado yo)

Maidstone dijo...

La pregunta (con respuesta obvia) es: se habria evitado este bodrio si el ayuntamiento de este pueblo lo hubiera gestionado un "circulo" o una asamblea de vecinos? Yo creo que no, que la habrian hecho otros 40 metros mas alta, 40 en honoer al vino y 40 en honor a la virgen patrona de la localidad

Anónimo dijo...

Gran ejemplo del uso de la "arquitectura" para el medrar hacia no se sabe donde.

Sergio: ¿para cuando un artículo sobre los tratados de libre comercio y demás patraña liberticida entre USA y UE?

Saludos y gracias por compartir.

De tu amigo el asturiano al que crees orensano.

Anónimo dijo...

Solo hay que ver quienes firman semejante obra...

Anónimo dijo...

Pobre doctorando: http://www.vanitatis.elconfidencial.com/noticias/2014-12-23/gomendio-denuncia-por-fraude-academico-a-su-exmarido-ante-el-presidente-del-csic_599669/

Anónimo dijo...

Ya que le dedicaste un post a Pablemos y otro a Errejón, ahora podrías dedicarle otro a Monedero, ya que tiene una "empresa" con la que factura 400000 no se sabe bien cómo

Anónimo dijo...

"Socuéllamos un poblachón manchego de 13000 habitantes, compuesto principalmente de casas bajas. Junto con localidades vecinas como Tomelloso -que hace de capital comarcal- es conocido, si lo es por algo, por su vino, ese vino manchego que se mide por cientos de miles de hectolitros y rara vez en términos de calidad".
"poblachón que quiere ser ciudad"
Me parece genial que se cuestione la utilidad de esta torre, pero por favor, sin menospreciar. No es "poblachón" sino "pueblo" y este vino que no tiene calidad, se engloba dentro de la denominación de origen la mancha. Y por cierto, los vecinos no quieren que sea una ciudad

tomas dijo...

Ignorante como te atreves a denostrar el trabajo y fruto de miles de agricultores socuellaminos prueba el vino jugo blanco y te tragarse tu ignorancia ignorante

Anónimo dijo...

El Guggenheim de Alcorcón! De Alcorcón!

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/05/10/madrid/1431285076_632794.html