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lunes, 12 de diciembre de 2022

Una historia gallegoide

Jersey al cuello, 100% gallego
Por motivos inconfesables, pero relacionados con una equivocada forma de entender la amistad, me he visto obligado a leer "Hasta que se me acaben las palabras", un producto editorial de Aguilar y con la firma de Pepe Domingo Castaño, el moribundo, anticuado y gagá animador radiofónico. El libro es una auténtica basura, y lo es por varios motivos que paso a exponer. 

Formalmente es un libro porque tiene tapas, ISBN y todas esas cosas, pero realmente es un refrito de unas memorias y un libro no-nato que intentó escribir cuando lo despidieron de la SER. La labor del editor está tan ausente que no se han preocupado en limar las incorrecciones e incongruencias que suelen pasar cuando juntas dos cosas escritas con más de una década de diferencia, porque ¿qué más da? Es otro libro de famoso (sic) y únicamente se tiene que vender por la portada, y a sus parroquianos (los de su pueblo, y si realmente es popular, los de su provincia o región). 

El propio Castaño lo ha explicado en las muchas entrevistas y presentaciones que ha hecho como parte de la gira promocional de un libro que, un año después de publicarse, no ha pasado de la primera edición y dos o tres reimpresiones. Aquel libro no-nato se iba a titular "Tu prima la coja", que es supuestamente lo que su jefe Paco González espetó al director de la SER cuando le encargó varios trabajos relacionados con su puesto, pero no con su ego y sus ganas de viajar a Sudáfrica con motivo del Mundial 2010. Supuestamente, porque el directivo vejado explicó que le había llamado "hijo de puta", que casa más con el personaje que la presunta cojera de una presunta prima. 

En fin. Batallitas sobre las que habrá que volver, porque en cualquier caso suponen lo único a recuperar, en el futuro, de un libro horrible y espantoso.  El prólogo se lo escribe su amigo Julio Iglesias -condición de la que presume a lo largo de todo el libro, llegando a dedicarle un capítulo entero-, pero quedan serias dudas, dada la lamentable condición del cantante lobotomizado en Miami, de que lo haya escrito en persona. 

La primera parte de libro, que supone más o menos la mitad del libro, es para su vida en Galicia, de donde se fue con 23 años para hacer la cola en Madrid, en afortunada definición de Juan Ramón Jiménez. Es una narración edulcorada y escrita de manera almibarada sobre una infancia de pobreza -12 hermanos, uno cada año: hasta el Concilio Vaticano II no se permite los anticonceptivos en la muy religiosa Galicia profunda- y un intento de vida monacal, puesto que P.D Castaño estuvo cinco años internado en un colegio religioso de los Dominicos en Corias (Asturias),en parte para escapar del hambre, en parte para buscarse un futuro bajo la sotana. 

Espléndida mañana aquella. El sol se había hecho dueño de la aldea. Resplandecían los verdes del monte, como si hubieran sido hechos de nuevo. Bajaba el río cantando más alegremente, un río de aguas límpias y atractivas. Hasta los pajarillos se habían puesto de acuerdo aquella mañana para trinar con sus mejores cantos de fiesta.

El autor aprovecha para atacar de manera desalmada a Jesús Torbado, que no puede defenderse porque está muerto. El autor leonés estuvo en el internado de Corias en las mismas fechas que el gallego, y lo plasmó todo en el gran libro que es Las Corrupciones, publicado bajo la censura franquista en 1965, y donde refleja todo lo contrario que el bucólico ambiente del animador radiofónico Castaño. En uno de los ataques más rastreros que se pueden hacer escribe: "supongo que para escribir una novela con carnaza suficiente para excitar el morbo del lector hay que darle un giro a la realidad de la historia (...) lo que a él le valió para ganar un premio y nada más [nada menos que el Alfaguara de 1965, el primero que se daba] para mí fue la oportunidad de convertirme en una persona".

Un importante comunicador
Una persona que después enlazó con el noviciado en Palencia, hasta que a los 18 años y cuando tenía que coger los hábitos, se volvió para su Padrón natal, a vivir los entronizados y santificados 22 años que son mito y leyenda gallega, como quedaron plasmados por Blanco Amor en La Parranda. La palabra que más se repite en el libro es "borrachera", seguida de "cubata", y creo que cualquiera que haya tenido la mala fortuna de ver al protagonista sentado en la Gran Vía tomándose un copazo antes de entrar al estudio de radio lo puede corroborar. 

Es una narración roma, donde jamás entran las lecturas que hace, simplemente batallitas como el día en que, de doblete, se embarca con unos amigos en un viaje a Gijón (con las carreteras de 1962) para seguir la fiesta. Dedica un capítulo entero al aspecto. De por qué no hizo la mili no hay ni palabra. Es una biografía con grandes lagunas, las propias de una vida alcoholizada, de uno que fue envenenado con raticida por una tía suya por estar sisando bombones

Y la biografía de un anciano de 80 años siempre obsesionado por la niñas a medio formar -recordar su etapa de cantante y las letras que interpretaba-, y que es capaz de dedicar cuatro páginas de su libro a la primera vez que tocó unas tetas. En ese sentido, se podría leer con algo de simpatía, pero en el fondo y la forma es el libro de un amargado, de alguien que está pasando facturas constantemente, como si el pasado se pudiese cambiar

En Madrid comienza a saltar de un lado para otro gracias a la red de conexiones y simpatías mutuas gallegas, hasta llegar a la fama gracias al programa Discoparada de RadioCentro, perteneciente a la red de emisoras sindicales, las del Sindicato Único. Una vez más, todo podría estar contado como una novela picaresca, porque sin duda lo fue, pero lo único que produce es asco y repugnancia, especialmente la narración de su primer matrimonio, con una compañera de trabajo en la tele:

Al comprobar que aquello no funcionaba, me fui alejando de ella y empecé a recuperar mis vicios de soltería. Seguramente le hice mucho daño, pero en aquellos momentos mi comportamiento me pareció normal (...) No me apetece entrar en detalles de lo que paso y por qué pasó. Las cosas suceden porque alguien hace algo para que sucedan [frase gallega 100%]

Contrasta vívamente con la narración de cómo conoció a su pareja sentimental y madre de su único hijo biológico, narrada de tal manera -les presentó un gallego, es gallega-, a medio camino entre la gañañería pura y dura ("rubia espectacular", "su olor se metió en mi cuerpo"), y rematada con frases que podría firmar un racista como "cuando Manolo me confirmó que era gallega, de La Coruña, me emocionó porque siempre había soñado con conocer a una mujer como aquella, que fuera gallega como yo". Para eso te hubieses quedado en tu pueblo, aldeano. 

Todo está lleno de lagunas. Por ejemplo, abandona su carrera musical porque supuestamente era incompatible con trabajar en la radio ("era imposible hacer bien las dos cosas a la vez") y después salta a 1985, diez años después. Es cuando la narración se empieza a hacer caótica, a mezclar contenidos del libro no-nato, a desbarrar senilmente, como cuando explica como engañó a los directivos de la SER para presentar Carrusel Deportivo a razón de un millón al mes allá por 1988, en la típica historia de gallego de "yo soy más inteligente que vosotros", que paradójicamente se ve continuada con cuatro años donde no podía hacer nada, donde no había publicidad para desplegar sus dotes de humorista ("animador"), hasta que en 1992 llega Paco González. A ver quién engañó a quien.

Debería ser lo más interesante del libro, y no lo es. Es todo un ajuste de cuentas. Con J.R de la Morena, por expulsarle con un SMS de El Larguero; con la SER, con palabras insultantes a Augusto Delkáder; con TVE, donde en su propia fantasía seguiría triunfando, y donde no ha vuelto desde hace 40 años tras ser despedido de 300 millones, un programa casposo que fue cancelado, según él, "por su vinculación con los países de habla hispana", y por la insidia del PSOE. La verdad es que jamás ha vuelto porque puso un pleito a El Ente -indica que ganó, y también la cuentía-, y es normal que en esas circunstancias nunca se vuelva. 

No es la única invectiva contra el PSOE. Hacia el final del libro escribe esto:

Un presidente vacilante y mentiroso, nacido de una extraña moción de censura [contra un gallego] condenada en principio al fracaso y que luego fructificó con el apoyo de las fuerzas extremistas, fue incapaz de prever lo que iba a pasar y la pandemia dinamitó todos los esfuerzos que se habían hecho para salir a flote de la última crisis. Pedro Sánchez, en una aberrante exhibición de ansia de poder, se fue al País Vasco a pactar con Bildu y a Cataluña a hacerlo con ERC, demostrando que solo le interesaba mantenerse en La Moncloa a costa de lo que fuese. La historia no le va a perdonar y este país tampoco.

Ya es entonces todo una puta locura, una cosa impublicable y vergonzosa. Mete una carta de ocho páginas de Paco González explicando, bajo su punto de vista, su salida de la SER, y otra un poco más breve de Manolo Lama con el mismo asunto, pero la conclusión es la misma: estamos ante un libro de un octogenario chocho que, como todos los de su región, se aferra a su púlpito porque cree que es imprescindible, que alguien le sigue, que alguien le aprecia. Y por eso publica un libro, o lo que sea este engendro. 

Quitarse dos costillas para poder chuparse la polla
Solo en un capítulo final dedica algo al deporte, que ha sido su medio de vida en sus últimos cuarenta años, después de quedarse anticuado en la música, pero que el presenta como que ya no quería tener nada que ver con esa música desde que vio a ¡Ramoncín! en el Parque de Atracciones de Madrid en 1977, y como le tiraban tomates y esas cosas de atrezzo. A él, que gozaba con Emilio José, Formula V, Julio Iglesias, Roberto Carlos y todas esas cosas. ¡Y qué deporte! Cita el Flavia de su Padrón, el EPODepor -insultando al portero del Valencia por celebrar el penalti parado a Djukic-, cuatro tonterías sobre ciclismo, y se acabó. 

En definitiva, es el libro de un fósil de una radio que ya no existe (reparen en la palabra "animador"), que ha sabido reciclarse desde hace 30 años en una especie de abuelo entrañable para los solitarios, y que provoca en el año 2022 las mismas sensaciones que el agonizante Woytila, Manuel Fraga o Francisco Franco. Un libro únicamente para estómagos duros, de esos educados a base de cubatas todos los días, y resacas monumentales, porque siempre hay que estar xeistoso. Es lo que tienen los animadores.

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En teoría se han acabado las ridículas noticias de "Hacienda reclama 1 euro a un contribuyente".  

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Resumen de un puerto que nunca se tuvo que hacer: Punta Llagosteira.

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Fantástica historia gallegoide 
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Interesante proyecto en Estambul, muy replicable en otras ciudades. 
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Maravillosa web sobre la fastuosa y psicalíptica arquitectura checa 
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Internet da acceso a cosas como estos libros y documentos digitalizados, también checos

jueves, 13 de diciembre de 2018

Primero hay que tener algo que contar

Allá por los días de vino y rosas del primer zapaterismo, y dentro de su visión näif del mundo, se creó el Premio Nacional de Comic. Se podía haber seguido viviendo perfectamente sin él, pero ya saben cuáles eran las batallas culturales y sociales de entonces. Mientras otros premios nacionales se reservan a carcamales y vacas sagradas de su áerea, este del cómic es un premio reservado al compromiso, la tontuna y cualquier cosa que esté de moda.

No es de extrañar que en su última edición haya ido a parar una ilustradora, que es al cómic como un fotógrafo al cine, o como un cono de carretera a la circulación víal. La galardonada es la valenciana Ana Penyas con la obra Estamos todas bien, el primer comic que hace en su vida. Sí, con el primer comic que hace en su vida se lleva el Premio Nacional.

¡Pues seguro que es una obra maestra! Todo lo contrario. La obra carece de cualquier interés y es una burla mayúscula a este género, tanto en la forma como en el fondo. La historia no puede ser más simple y ramplona: es la historia de las dos abuelas de la autora y sus vicisitudes de la vida en la posguerra española, donde no hay nada ni especial, ni destacado, ni que merezca la pena.

Todo esto del cómic -ahora llamado novela gráfica de manera amplia, por eso de lo complejitos- tiene una pequeña burbuja desde hace unos años, cuando las editoriales tradicionales que siempre habían despreciado el medio viraron tímidamente para intentar copar todos lo nichos de mercado. Y no todos los géneros del cómic, no.

Concretamente, ha sido el comic femenino. De autoras, de sus (ego)temas y de chorradas, con varios elementos en común: historias absolutamente romas, y un nivel gráfico deleznable, porque lo importante es transmitir. Hay sellos que editan varios títulos al año imposibles de diferenciar entre sí, por mucho que las autoras y las portadas sean distintas.

Estamos todas bien está publicado por Salamandra Graphic que, según leo en su web, es un sello de la editorial homónima que "nace con la vocación de publicar los títulos más interesantes y representativos de una especialidad que, dentro del mundo del cómic, aglutina los autores que aúnan una gran creatividad plástica con una auténtica proyección literaria de sus textos"

Ajá. Seguro que es el caso de la obra que nos interesa, donde esa "proyección literaria" brilla por su ausencia.  La obra son encadenados de estampitas (recuerden: la autora es ilustradora) sin ningún nexo común salvo el aburrimiento de la vida normal de una persona de esa edad, que se resume así: boda, hijos, ver la tele.

Una página completa de diálogos
Aquí no hay una epopeya de lo cotidiano, ni nada que se le parezca. Son los mismos tópicos sobre las mujeres aderazados de chismes de pueblo -con toques almodovarianos a lo Volver, no en vano una de la abuelas es de Honrubia- y esos hombres que siempre son distantes, o fríos, o tendentes a la violencia. Todos y cada uno de los tópicos son recorridos con absoluta inadidad, la palabra que mejor define toda la obra.

Es bastante evidente que este comic ha sido galardonado con el Premio Nacional por el simple hecho de que tocaba dárselo a la obra de una mujer, la primera galardonada en once años desde su creación. El problema es que no basta con ser mujer para que algo sea bueno, ni tampoco ser un autor reconocido para que todo lo que salga de su pluma sea bueno.

El primer requisito para publicar,  y no digo para galardonar, es tener algo que contar. Así ha sido desde siempre, al menos cuando existía la figura del editor. Contar algo nuevo, diferente o innovador, o quizás lo mismo de siempre pero con un enfoque distinto, que no se haya visto, que sugiera algo. Tener algo que contar, no es tan difícil.

En Estamos todas bien se tira seis páginas para una historieta absolutamente intranscendente sobre un plato de lentejas, y las últimas diez páginas sobre "la vida es aburrida, ¿eh?". Una absoluta tomadura de pelo, otra más de esta ola de cómic escrito por autoras y no se para qué publico, aunque me lo imagino: el mismo que es incapaz de abrir un solo libro, incurriendo en los tópicos más aceptados sobre el medio.
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Muy buen análisis de la función que tuvo Podemos en el éxito de la moción de censura a Rajoy
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Uno de los muchos timos que hay en la minería de carbón es lo de las "explotaciones privadas". Toda la  minería es pública por medio de las subvenciones -a la explotación, al consumo, a las prejubilaciones- y, encima, cuando la empresa quiebra o cierra, el Estado tiene que asumir la recuperación de las zonas afectadas. Aquí un buen y vergonzoso ejemplo. Por supuesto, jamás persigue a los responsables del "negocio".
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Fascinante artículo sobre Samotlor, el yacimiento de petróleo más importante de la Unión Soviética, y todavía hoy un auténtico gigante en su categoría.
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Interesante reportaje sobre la realidad subvencionada del plátano canario.  La mejor subvención es la que no existe: si el plátano canario fuese tan diferente y sabroso, la gente se pelearía por comerlo.

lunes, 20 de octubre de 2014

El cura, los mandarines y el cotilleo

Había que esperar a que el propio protagonista contase su versión de los hechos, y así ha sido este sábado en su aldabonazo semanal -y ya son décadas- en La Vanguardia. El gran Gregorio Morán confirmaba todo lo filtrado y adelantado por otros medios. Su último libro había sido censurado a nivel empresarial y tendrá que buscar otra editorial para su publicación.

El cura y los mandarines pasa a formar parte de los libros censurados en democracia, ese régimen político donde la censura opera entre bambalinas, y no tiene porque contar con un departamento ministerial al efecto. Es igualmente efectiva, como lo son sus múltiples manifiestaciones por medio del olvido que los grandes grupos de comunicación hacen de temas concretos (la agenda-setting, que diría un pedante de la comunicación), la coacción o, directamente, la compra y destrucción de toda una edición.

Hay precedentes en el caso Morán. El libro de Javier Cuartas sobre El Corte Inglés, de finales de los ochenta, jamás fue distribuido en su primera edición. Lo había publicado -es un decir- Espasa-Calpe, pero a alguien de la empresa más opaca de España no le debió parecer bien alguna cosa y compraron toda la tirada -20.000 ejemplares-, que jamás llegó a librería alguna. La editorial saldó los derechos de autor y todo quedó en una operación paralegal.

A Jesus Cacho, el periodista palentino obsesionado con la Familia Real, y antiguo empleado a sueldo de Mario Conde, la misma editorial que ha censurado empresarialmente a Morán le devolvió el manuscrito de un libro de encargo a finales de los noventa. Había empezado como un libro sobre la guerra del cable, se fue alargando y metiéndose en otros asuntos -ojo: la editorial no reprochaba los habituales diálogos inventados del autor- y acabó publicándose en Akal con el título El Negocio de la Libertad.

Hay múltiples ejemplos más: los conocidos de El Jueves -donde la Fiscalía del Estado acabó llevando al tribunal a unos humoristas- o Egunkaria -donde directamente ese órgano estatal cerró un medio, aunque años después el artículo 20 CE dijese que eso era una barbaridad: lo venía diciendo desde 1978-, pasando por Un Rey golpe a golpe, una historia truculenta -y muy bien escrita- que tuvo que salir con el seudónimo de Patricia Sverlo, bajo la seria amenaza de acabar en la cárcel que tenía su principal autor, el periodista filoetarra Pepe Rei. Sin embargo, no es el tema de este post.

Ni siquiera lo es el tema del libro, una trayectoria cultural de España entre 1962 y 1996 a lomos del jesuita Jesus Aguirre (el cura), que pasó de la sotana a casarse con la Duquesa de Alba, y cuya parabola vital sirve a Morán para tratar otros muchos aspectos de las relaciones culturales de la época. Una continuación de su obra maestra El Maestro en el erial (1998), donde Ortega y Gasset hacía esa función de personaje-puente y personaje-nodo para hablar de un tiempo y un lugar.

Aquí el tema es Gregorio Morán, un brillante polemólogo, aupado en tiempos recientes por la generación mejor formada a la altura de faro intelectual por la sencilla razón de que no hay otro con la trayectoria que ellos buscan: alguien que durante estos casi 40 años de Segunda Restauración haya criticado de manera sistemática, convincente y sin tapujos los conchaveos y mamandurrias de El Poder, ampliamente entendido.

Resulta paradójico que, después de décadas dedicándose a esos temas, sólo en tiempos recientes la generación mejor formada -y algunos de sus miembros pasan de los 40 años, o los frisan de manera vergonzosa para sus aspiraciones vitales- haya reparado en Morán, un hombre fiel a sí mismo. Estarían ocupados en otras cosas, como aprender de memoria como deletrear el apellido de un director de cine iraní, o con drogas recreativas. En esas llegó la crisis, la constatación de que la generación que hizo la Transición no iba a dejar sus carguitos y puestos a los que venían por detrás -nunca ha sido así, y es de ilusos pensar lo contrario-. Así empezaron a acuñar constructos verbales estúpidos, como CT, y buscar algún referente.

Porque era imposible que nadie hubiese visto lo que se cocinaba dentro del Reino de España, especialmente en sus fontanerías. Estaba lo visible, y estaba lo invisible, en gran parte porque nadie hablaba de eso. Vale, estaba Morán, pero precisamente su singuralidad -y reparen en el significado original del término- lo convertía en la excepción que confirma la regla. Después, ya con la crisis, alguno como Muñoz Molina se ha subido al carro, señalando con el dedo medio encogido que nadie lo hiciese durante los tiempos de bonanza (¡brillante actitud!), cosa que le ha valido una fuerte reprimenda por parte de Marías. De esas tipo "¡mira quien habla!", transmutadas en breve en "¡y tu más!".

Da tapujo citar a estos buenrrollistas profesionales, más el primero que el segundo, en relación inversa a su talento. Morán es todo lo contrario. Como excomunista, mantiene ese visión amargada de la sociedad del que ha sufrido todas las derrotas posibles, y con la que tiñe todos sus escritos. El éxito de su mordaz biografía de Adolfo Suárez en 1979, con el abulense en el cénit de su popularidad, le permitió comprarse un piso en Barcelona. Desde entonces, un par de puñados de libros y su puñetazo en el ojo de todos los sábados en La Vanguardia.

Yo los tengo todos, y leídos, desde los famosos (Los españoles que dejaron de serlo, sobre el tema vasco) hasta los que no son de política, incluyendo uno de mis libros de viajes favoritos, Nunca llegaré a Santiago, una obra en la mejor tradición de Ciro Bayo o Ramón Carnicer, la del viajero peninsular que no tiene porque adorar o enaltecer los lugares por los que pasa, al contrario. Me gusta como escribe, y me gusta los temas de los que escribe y, especialmente, cuando los escribe.

Así no es de extrañar que la primera crítica a la beatificada Transición desde posiciones no periféricas fuese la suya, nada menos que en 1991 (El precio de la Transición) y con El Sistema ya bien asentado, pero sin autoreplicarse hasta la parodia, como pasa ahora mismo. Fue publicado por la misma editorial que ahora le censura, igual que el de Suárez: la más grande de España. Sin embargo, es un libro que jamás ha sido reeditado y que hoy por hoy es inencontrable, ni siquiera por Amazon. Quizás con eso descubran a los que ahora esperan, sábado tras sábado, su nueva columna, y afirman haber leído todo del autor. Quizás lo tengan en e-book. Nunca se sabe con la generación mejor formada.

Ya he explicado lo que me gusta del autor, y por qué. Ahora queda explicar por qué no me va a gustar El cura y los mandarines, que sin embargo leeré cuando salga. Yo no he sido de los afortunados que tienen el manuscrito, que circula entre reducidos círculos como un samizdat, en afortunada expresión de Rodríguez Rivero.  No he sido como Victor de la Concha, director de la RAE y con título nobiliario entregado por el Rey, que al parecer si lo ha leído y está en el origen de la censura empresarial aplicada a Morán.

Cuando se empezó a saber del caso, sospeché algo así. Morán es un autor al que le encanta el cotilleo, de una manera morbosa y obsesiva. Además, le encanta el cotilleo de pueblo. Siendo como es de Oviedo -aunque reside en Barcelona desde mitad de los ochenta- eso es ya casi una patología. Muchas de sus columnas semanales están entreveradas de ese cotilleo insano, que rara vez aporta nada, pero que hace las delicias de los nuevos seguidores de aluvión que le han surgido en los últimos tiempos.

Le ha llevado diez años escribir el libro, y de vez en cuando iba dando pinceladas en sus artículos. Yo me temía que iba a dar rienda suelta y exagerada a esa característica suya, más que nada porque trataba un periodo y unos protagonistas que había conocido y tratado de primera mano, y así se ha confirmado.La no casual coincidencia de que el supuestamente vejado De la Concha también sea asturiano ha hecho de catalizador, y confirmado las sospechas.

Que si era seminarista, que si era falangista, que si era un pelota, que si se casó con una novicia, que si venía de un pueblo de hambre -todos lo eran en la época-, que si estuvo en el seminario de Valdediós para escapar de ese hambre...todo, todo, charlatanería de pueblos, esa que siempre ha sabido tocar muy bien Morán. No en vano su gran éxito Adolfo Suárez. Historia de una ambición se fraguó con ese material, en las conversaciones que mantuvo entre 1978 y 1979 en la mansión de Torcuato Fernández-Miranda en Somió (Gijón).

El antiguo protector del entonces Presidente del Gobierno, al que promocionó como un valido y con finezza italiana, se despachó agusto sobre el chaval que le había salido díscolo y con ideas propias. Resulta inquietante pensar en el ambiente de esas charlas, llenas de modismos asturianos, tabaco, rencor y malidicencias. Por supuesto, Fernández-Miranda no quiso salir citado. En eso consiste el cotilleo, que con el avance de la tecnología ha llegado a niveles propios de la delación anónima de tiempos pretéritos.

Es una pena que Morán abandonase el proyecto de libro que tenía, y muy avanzado en su redacción final, sobre Leopoldo Alas, Clarín. Hubiese sido mucho más interesante que lo que parece, a todas luces, un ejercicio de desgañitamiento -típico de excomunista-, sobre su generación y sus múltiples derrotas, incluída la vital. Sin embargo, y como este país es así, El cura y los mandarines será mejor que el 99% de los libros que se publican como ensayo, igual que gran parte del valor de Morán viene por manejar en exclusividad temas y lenguajes que otros autores desentienden. Por las razones que explicará en el libro aún por leer y por publicar.

jueves, 5 de junio de 2014

Sobre las ciudades de llegada

Grindtorp (Täby, Gran Estocolmo), un sitio como los descritos
Se ha publicado en España, con cierto retraso -la edición original es de 2010- el notable libro Arrival City: The Last great migration, un destacado libro obra del canadiense Douglas Saunders, de profesión periodista y, a juzgar por este libro, uno de los buenos de su gremio.

El libro presenta, con una prosa fluida y sin apenas resultar monótono o aburrido, varios casus de lo que  el autor denomina con el neologismo ciudad de llegada, que no es otra que el primer asentamiento en la gran ciudad para los emigrados desde el campo. A pesar de incidir en el repelente abuso anglosajón de presentarnos a familias enteras con su nombre o filiación, el libro contiene un montón de ejemplos y circunstancias fácilmente extrapolables a cualquier ámbito.

No es casualidad que el autor sea canadiense: el gran país -por extensión- norteamericano ha demandado siempre más y más población foránea para ocupar y ocuparse de los vastos recursos de su territorio, empezando por el principal: el terreno. Sin embargo, no es un libro que trate de la experiencia canadiense, apenas reflejada en un casus, y de los menos transcentes. Es un libro con una pretensión global, en gran parte conseguida.

La tesis principal es que el mundo está viviendo la última gran migración del campo a la ciudad, y que esto traerá múltiples consecuencias. Ya se está viendo en China, donde se calcula que hasta 400 millones de personas desempeñan oficios manuales en las grandes aglomeraciones propiciadas por la dictadura comunista, pero que realmente no están establecidos en ellas, y si muy vinculados todavía a su pueblo, donde envían y dependen de sus remesas urbanas. Y lo mismo con la India.

Si estos lugares les parecen exóticos y alejados de su realidad cotidiana, también sale Europa. Uno de los pasajes más notables -de hecho, está muy bien escrito y presentado- nos lleva al confín polaco con Bielorusia, donde las explotaciones agrícolas están siendo abandonas y concentradas para que sean rentables, propiciando un éxodo a la ciudad, en este caso extranjeras: gran parte del supuesto milagro económico polaco, al igual que el español de los 60, consiste en haber enviado a todos estos agricultores a otros países, desde donde envían importantes remesas a las regiones más desfavorecidas del país.

El libro carece de gran aparato de notas -está escrito por un periodista, y no es pretencioso a pesar de un desasosegante comienzo- y de grandes teorías; de hecho, solo afronta el contexto histórico de las migraciones campo-ciudad a partir de la página 150, y tampoco muy bien (la Revolución Francesa la hicieron campesinos, ejem), pero esto no significa que sea vacuo: es muy apreciable la forma en la que va dejando teorías y explicaciones muy plausibles en cada caso presentado, nunca demasiado a la vez, nunca nada intranscendente.

Una parte importante del libro, y el tratamiento diferenciado más extenso, está dedicado a Estambul y los gecendoku -arrabales de inmigrantes en una de las grandes ciudades de llegada del mundo-, hasta el punto que al lector le queda la duda de que no haya sido un proyecto de libro paralelo que no germinó. Es el capítulo más ambicioso, y fracasa en gran parte por la pretensión de mostrar el fenómeno como el germen de todos los cambios en Turquía, el país que muchos países en desarrollo toman como referente.

El libro ofrece una visión del fenómeno en general muy positivo -con grandes elogios a la experiencia española, brevemente representada con el ejemplo de Parla (Madrid)-, con agudas lecciones sobre lo mal que les ha ido a los países que han intentado acabar o regular con las ciudades de llegada que, según lo expuesto por Saunders, si son flexibles y permiten a sus residentes adquirir la condición de ciudadanos y propietarios -todavía ambas cosas van muy asociadas-, contribuyen a la prosperidad del país y de sus individuos.

Es difícil rebatir esta tesis: allí donde el Estado se ha dedicado a combatir el fenómeno inexorable de la emigración del campo a la ciudad -en 2006 el 50% de la humanidad vivía en ciudades, para 2050 será el 80%-, el Estado ha fracasado o se ha quedado atrasado. Como es sabido, emigran los mejores, entendido esto no como algo meritocrático, sino como los más valientes o dispuestos a arriesgar, y toda esa energía, o se deja fluir libremente, o se vuelve levantisca. Ahí están muy bien puestos los ejemplos del gran suburbio teheraní de Emanzadeh´Isa, la horrible ciudad de la miseria chavista de Petare en Caracas o Mulund, en Bombay, donde se confinó a los musulmanes indios del estado colindante.

El libro no abunda en experiencias de como influye el urbanismo en el éxito o el fracaso de estas ciudades de llegada: si que tiene protagonismo en los ejemplos descritos de Les Pyramides en Evry (Gran París, el municipio donde fue alcalde el ahora famoso Manuel Valls), la típica utopía urbanista de los años 60, ideada de espaldas al ciudadano y edificada en honor del motor de explosión. Convertida rápidamente en una cárcel para sus habitantes porque todo es peatonal y no se pueden abrir comercios;  esos comercios con el que los inmigrantes prosperan a base de vender bienes o servicios a sus iguales, y que tan bien podemos comprobar en la realidad española.

Otro ejemplo traído por Saunders, y muy acertadamente, es el de Slotervaart, arrabal del Gran Amsterdam construido en los mismos tiempos y las mismas premisas utópicas que Les Pyramides. Fue ahí donde vivían los que después asesinaron a Theo Van Gogh, y donde las autoridades de la próspera y sin problemas financieros Holanda arrasaron todo el barrio para dar equipamientos y dejar que fuese un ghetto para inmigrantes, con medidas útiles como construir bloques asequibles para clase media holandesa, y que las escuelas dejasen de ser la extensión académica del ambiente rural que los padres emigrantes se habían traído de Borneo, Larache o Surinam.

Lo mejor del libro es que, presentando geografías exóticas o lejanas, no es difícil reconocer trazas comunes a cualquier país o ciudad que haya actuado de polo de atracción de inmigrantes; es un relato de éxito muy seductor y esperanzador, donde señala claramente el problema común -los turcos de Alemania no se han integrado porque jamás les han ofrecido ciudadanía, ni siquiera a los ya nacidos en el país- y también una conclusión muy evidente: la ciudad de llegada, si es dejada fluir libremente, es una ciudad de paso, puesto que se prospera hacia otras metas o lugares, dejando sitio en ella -mientras mejoran sus condiciones, puesto que nada te hace cuidar más las cosas que ser propietario de las mismas- para los nuevos recién llegados.

El tema escogido es fascinante, y es una pena que no se citen casos como los de Jeddah, la ciudad del mundo que más ha crecido, y lo ha hecho trayendo a gente de fuera de la petromonarquía medieval saudita, atraida por las altas subvenciones a la vida; o el paso testimonial por África, con el análisis de un arrabal de Kenia y unas referencias oportunistas y muy poco acertadas sobre Egipto y la conocida como primavera árabe. ¡Con lo bien que hubiese quedado para los fines del libro referencias a Lobito, en Angola, o el cruel ejemplo de Lagos, la megalópolis peor planificada del mundo!.

Como es un gran libro, ha tardado cuatro años en llegar al lector español; como es un tema que no nos importa en un país que durante varios años atraía más inmigrantes que ningún otro de la UE, ha tardado cuatro años en traducirse y publicarse -por cierto, sin ningún error y muy bien volcado al castellano-; como es un gran libro, no lo leerá nadie. Pero eso ya es otra historia.
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Algún día un historiador hará una buen resumen de este época y reparará en cosas como esta: subvenciones de dinero público (¡hasta 8500 euros!) para montar -y quemar, claro- hogueras de San Juan.¿Donde? En #gallegogrado, pero podría ser en cualquier otro sitio de España.
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Berlanga y Azcona se quedaron cortos. 
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El Museo Íbero de Jaen, otro más de esos equipamientos culturales fracasados, porque jamás contaron con un estudio de viabilidad, y sólo como vehículo para cobrar comisiones por la construcción y colocar a familiares como bedeles, para que esten cotilleando en las salas. Ojo al título de la tesis que está preparando el arquitecto. Es todo como de risa.


domingo, 1 de junio de 2014

Una estafa de libro

Soy intelectual, ¿oichesmes?
Por deudas contraídas que no ha menester comentar aquí, me he visto obligado a leer el último libro de César Antonio Molina, el gallego que fue Ministro de Cultura con Zapatero, especialista en ir saltando de cargo en cargo, y, según leo en las guardas "poeta reconocido, antologado y traducido, excelente crítico y ensayista". El libro es una soberana estafa al improbable lector que se acerque a este Narciso de sí mismo, y voy a explicar por qué.

A pesar de titularse La caza de los intelectuales. La cultura bajo sospecha, el libro es una mera compilación -arbitraria, desordenada, desigual, escasamente original, desgraciada- de diferentes escritos del autor, donde se juntan por arte de magia laudos, viajes, diatribas y tonterías sin fin, con un supuesto hilo imaginario que recorre la obra y al que está referido el título.

Al poeta Molina le encanta ver publicados sus farragosos y escasamente inteligibles escritos en soberanos volúmenes, a la manera gallega de que es mejor que algo pese a que tenga gravedad. Ya me vi obligado a leer su anterior deposición del género, el horripilante Lugares donde se calma el dolor, una mezcla de guía Baedecker, reflexiones de BUP y galleguidad desopilante por roma y vulgar, un volumen de título indicativo, al igual que otros del mismo autor como Donde la eternidad envejece, Vivir sin ser visto y Esperando los años que no vuelven. Es la alegría del huerto. De grelos.

Al poeta Molina le encanta ser parte de algo, y ahora se ha inventado que es un intelectual. Perseguido. Por eso perpetra este libro donde no explica nada, pero donde el lector tiene que inferir que, oh injusticia de las injusticias, el ex-Ministro es también un intelectual perseguido. El mismo lo deja caer en algunos pasajes, francamente bochornosos, de su estúpido libro, publicado como no podía ser de otra forma, en la colección Imago Mundi -et errumabo ego te- de Destino, especialista en el género.

Un básico de cualquier biblioteca
"¿Por qué tantos hombres de sabiduría se han metido en política?, se pregunta el autor, en clara alusión a su propia experiencia" es una frase que se puede leer en la contraportada, al lado de un dudoso "análisis equilibrado, incisivo, valiente y esclarecedor". Es por estas cosas por las que creo que este libro es una estafa al lector: en ningún momento se explica que el libro es una recopilación de miscelánea. No hay ni prólogo, y el índice es una irritante sucesión de títulos mostrencos sin citar un solo nombre.

Solo leyendo y perdiendo tiempo en las más de 500 páginas se puede adivinar esto. Es cierto que hay un cierto orden cronológico -empieza por su querido Séneca, acaba con unos infames artículos de historia intelectual y cositas del Holocausto-, pero no hay un orden mental. Insisto: es una recopilación de artículos de muy diverso origen. En ningún momento se dice esto al lector. Una estafa.

Así pues, el libro entra de lleno en la tradición españolísima de los desagraviados por sí mismos. Escrito con rencor gallego, entronca directamente con ese libro que publicó Jose Barrionuevo -sí, el mismo- donde incorporaba su propia vicisitud personal de terrorista a la tradición española de perseguidos por la Justicia. Se llama Procesos políticos en España (2003), igual que este se llama La caza de los intelectuales, ¿lo cogen?

Yo no voy a hacer un resumen del libro: ya lo he hecho. Es un libro deleznable en su propia concepción, y el autor ha aprovechado la rueda de lanzamiento para lanzar calumnias e insidias que atraigan los focos sobre un producto cultural tan deficiente que puede ser considerado una estafa. Simplemente les voy a extractar los momentos más divertidos.

El poeta Molinas posee un estilo obtruso y escasamente atractivo. Cuando está en sus viajes, se dedica a relatar todo, apoyándose en guías de turismo; cuando reseña a un autor, cita todas sus obras como si fuese un ejercicio académico: así, es muy normal encontrarse que, en plena diatriba para explicarnos las bondades de un autor ponga entre dos puntos "también escribió Zulanita de tal", o cualquier otra majadería.

Leer este libro ha sido un dolor de muelas. Como comulgar con ruedas de Molinas. Cualquier cosa vale y, lo que es peor: no he aprendido nada. Esta afirmación no encierra ninguna fanfarronada, es la pura realidad: es un libro que no aporta nada, absolutamente nada novedoso. Es más, dice cosas que son pura mentira o invención, como que Jovellanos murió "habiendo entrado las tropas francesas en Asturias, Jovellanos se embarcó en Puerto de Vega, en Navia, y falleció en medio de una tormenta" (pág. 91).

Jovellanos murió en una cama en Puerto de Vega, no embarcado y en medio de una tormenta. Podría ser un error -el libro tiene varios, es lo que pasa cuando estás copiando con el único ánimo de emborronar páginas y más páginas-, pero es algo más cuando descubres que, más adelante y hablando de Blanco-White (pág. 125), te planta sin rubor tres páginas literales de escritos del pensador español -con Azaña copia directamente ¡once páginas! de sus Diarios- donde este escribe, en un prolijo párrafo, como murió realmente Jovellanos.

Este detalle, y otros que no comentaré, inducen a pensar que este supuesto intelectual gallego, tan agraviado, no lee ni lo que escribe, o que dice escribir cosas que realmente no escribe. Ustedes verán con que opción se queda, pero esta bastante claro. Cuando era Ministro, una vez le hicieron en Caiga quien Caiga o algo así una pregunta cultural, de esas que salen en Pasapalabra, a ver si la sabía y, ni corto ni perezoso, pasó de responder. Se giró y se fue. Galleguidad absoluta.

Leyendo este libro no hay que preguntarse si Molinas es un intelectual perseguido, sino como es posible que alguien así se considere intelectual, y aproveche para despreciar a su sucesora en el cargo que le dio fama, que tiene igual o parecidos méritos que este gallegoide rencoroso. Miren que frase (pág. 206): "Horas después viajo rápidamente a Londres para ver a varios editores interesados en la publicación de alguno de mis libros, difícil tarea en un mercado tan gélido y tan poco proclive a entender a los demás" ¿No será porque son una basura, maldito Narciso?

Inquietante parecido físico. Y de valor nominal.
La selección de retratados es disparatada, llena de lugares comunes, otros no tanto (Milosz) y, especialmente, vacíos, que vaticinan la gran sima de conocimientos de este personaje que afirma (pág. 477) que lee mucho, y desde joven. Poco ha calado de eso, como demuestra la nausebunda diatriba contra Internet -esperable en alguien nacido en Galicia de la posguerra- que hay en las páginas finales, o el vulgar lugar común sobre Bruselas, donde no falta el típico desprecio sobre las cosas que realmente conocen los de su estofa (comer, comer y comer, y fingir que se leen libros): "En el restaurante Aux Armes de Bruselas como patatas fritas con mejillones. Son pequeños y no tiene el sabor de los de Lorbé, pero ¡qué remedio!". Ya. Igual que Bruselas es mejor que toda Galicia junta, paleto.

En la foto que aparece en la guarda del libro posa de tal manera que parece un émulo de su paisana Rosalía de Castro. Como último desprecio al lector, el libro carece de ningún índice onomástico o analítico. Una auténtica estafa. Parecer culto se ha convertido en una auténtica obsesión entre este tipo de gente, pero basta rascar un poco la pátina de roña y pueblo y se ve su auténtica catadura. Miren sino al presidente de este juntaletras y ripios, capaz de cualquier cosa en vez de decir que desconoce de lo que se está hablando. Erre que erre. Cosas de gallegos y su oximorón: intelectual.

lunes, 10 de febrero de 2014

Mongolia es un país, no un periódico

Siempre buscando el secuestro por parte de la autoridad
Me han pasado un libro con la recomendación "te gustará" y ahí me he visto leyendo un panfletillo que, en contra del tópico de "barato", no lo es en absoluto: hace falta tener cara para pedir 17€ por Papel mojado. La crisis de la prensa y el fracaso de los periódicos en España, publicado por Debate a partir de retales sacados de Mongolia, una revista que se explica por su nombre.

Si he leído el libro, además de por la recomendación sincera, es porque pertenece al subgénero "periodistas despedidos de El País que rumian rencor por doquier", todo un fenómeno de nuestra democracia y que dura ya varias décadas, con figuras ilustres como Martín Prieto hasta el último afectado, el tal Pere Rusiñol que firma la introducción y gran parte de las columnas que se publican en Mongolia bajo el epígrafe "Reality News".

En teoría, esa es la parte seria de una publicación que se caracteriza por el mal gusto, los fotomontajes, un humor austral (por argentino), un precio en kiosko de 3€ (e impreso en papel de periodico) y por ser un testimonio tangible de la decadencia del periodismo y de nuestra sociedad. Nos intentan vender El Papus, pero sin un mínimo de gracia. Dicen que tienen 40.000 ejemplares de tirada. Conozco alguna biblioteca pública que se ha suscrito.

Esa parte seria tiene auténtica obsesión por el esquema informativo español, porque está escrito por expulsados de la torre de marfil que ha sido siempre Prisa. Es una sección que combina escrutinio del registro mercantil con cotilleos, difamaciones, códigos-clave, mala baba, historias viejas, mala baba, delirios de vanguardia del proletariado y mala baba.

El libro está estructurado en función a un complejo sistema: de las escasas 120 páginas, 34 son para El País, 26 a Público, 13 a La Vanguardia y 8 para El Mundo. Como lo ven: el periódico más nauseabundo de Europa, y sólo obtiene la parte final y la de menor cuantía en un libro que lleva por título (y portada como de informa policial) toda una declaración de intenciones. Y tanto: parece que estén buscando trabajo en el antiguo reino de Pedro J. del que, empero, han sido incapaces de vaticinar su caída. La de Cebrián la anuncian del orden de 50 veces.

Odio y rencor es lo que define a este carísimo panfleto. No hay ni siquiera una labor de edición que evite que el lector tenga que leer sucesivas veces que Cebrián cobra 12 millones de euros: el dato vuelve una y otra vez como una gota malaya. El libro es la mera regurgitación de bilis de unos despedidos (con bastante razón, a tenor de lo demostrado), tan falsos que sólo pueden firmar el libro como Reality News/Mongolia.

La sección dedicada a Prisa se puede resumir en esto: eramos muy buenos, pero Cebrián nos ha hundido y puestos en manos del pérfido capital, llegando a apuntar un capítulo a La Caixa y el Opus. En El País incluso han cometido la tropelía de publicar fotos de Isidre Fainé, a la sazón mandamás de la empresa de la Infanta Cristina, como si el lector de El País no estuviese acostumbrado, con la anterior hégira, a ver fotos de Polanco y de la gallega de la Barreiros, al menos mientras estaba amancebada con el empresario editor.

Es un libro rídiculo. El interés de la lectura va en función a las salvajadas que se dicen. En la página 41, por ejemplo, se lee: "Música para los oidos del subdirector de Opinión, ex maoísta reconvertido en neocon con ingredientes de cristiano renacido". No ponen el nombre, pero el lector interesado -no yo, desde luego- puede identificar fácilmente a la persona definida a brochazos. Y con odio moruno, aunque el nombre Pere sea tan catalán.

Hay múltiples ejemplos: en un artículo titulado 36 notas sobre la crisis de El País, y que no son más que 36 chascarrillos escritos como desahogo, sin orden ni presentación alguna, el número 13 es una vulgar exhibición de apodos que habrá hecho las delicias a los iniciados, y el número 27 dice que, entre los despedidos por el ERE de El País, están "el que más sabe de energía, el gran corresponsal de guerra, el mejor escritor, el mejor polemista, el que mejor conoce la UE, el gran experto en ETA" y el gagá de Jose Yoldi. Acabáramos. Falta un Premio Nobel.

Una resentida histórica como Maruja Torres, en la presentación en BCN
Este es el nivel. De Público dicen que iba muy bien, que tal y que cual, pero que no lo quisieron rescatar, que Roures tiene un yate, que tal y que cual; de La Vanguardia, remontándose a la noche de los tiempos, cotilleos de redactores que se casan con la hija del jefe; de El Mundo, que Casimiro García-Titadyn presionó a unos testigos protegidos del 11-M para que alterasen su testimonio, cosa ya sabida porque aparecio en esos medios tan vilipendiados por, oh paradoja, un estercolero que se llama Mongolia.

Ok, muy bien. Yo me pongo el primero en la cola para criticar los espantosos periódicos que tenemos en España, pero también se muy bien cual es el peor de todos. También se muy bien que una revista grotesca como Mongolia no es la más adecuada para esta misión de agitprop. Lo que queda claro con este libro-panfleto es que la crisis de los medios es en gran parte responsabilidad de los propios periodistas, que solo hablan cuando los expulsan del paraíso con espada flamigerante: ahí está el perenne recuerdo de los propagandistas de Canal Nou denunciando manipulación, pero cuando estaban despedidos. Es más: tuvieron que cerrar el medio para que cantasen.

Basta ya de acusar a los jefazos, porque gran parte de la cadena de la mierda informativa la han hecho estos periodistas, tan indeseables entonces como ahora. Este libro (porque tiene lomo e ISBN) es sólo un ejemplo más.
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Es hasta normal en el país y la ciudad que perdió una escultura de Richard Serra valorada en millones de euros y con un peso de toneladas. 
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El comunismo era esto. Y retratos gigantes por las calles.
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Como previsto, el Calatravo de Oviedo ha pasado a manos municipales. Uno de los Ayuntamientos más endeudados de España, lejos de estar contrariado con la jugarreta empresarial que le han hecho los de la familia de El Monopolio (de transporte de pasajeros en carretera), están encantados y dicen que van a hacer del edificio propio de una petromonarquía pérsica "un motor económico" para toda la región
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Otro famoso "motor económico" era el famoso Niemeyer y su "Isla de la Innovación" asociada. Fíjense en esta noticia, donde al final y de sopetón nos dicen que la mujer del primer responsable de la pirámide (ya se que no tiene esa forma, pero me entienden) blanca de Avilés aparece en los títulos de crédito de la pelicula que Woody Allen rodó (parcialmente, y porque le dieron dinero público y troskista de Roures) en Asturias. Seguro que aparece "desinteresadamente".
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Se pusieron con el Plan E. Están tan pegadas unas a otras que parecen un montaje escultórico con fines artísticos. 
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Y, por terminar con algo más de #MafiAsturias, lean esta noticia. Una parcela en la mejor zona de la ciudad. No se sabe el propietario, sí a lo que se dedicaba. Pero no ponen nada más. Unos días antes salía esta otra noticia: empresarios venezolanos tienen 42 millones de euros "a plazo fijo" en un pueblo costero cuyo PIB anual es una quinta parte de esa fabulosa cifra. ¿Narcotráfico? Sí mi amol

jueves, 21 de noviembre de 2013

Un puerto con un futuro negro (IV)

Una terminal gasista en otro puerto. Se nota porque se usa
Hub del carbón, hub del hierro...todo vale para dar uso a la descomunal y soviética ampliación del puerto de El Musel. La última ocurrencia, porque no puede ser calificada de otra cosa, consiste en hacer un hub del gas...para así de carambola dar también uso a la horrible y faraónica regasificadora de 100 metros de altura, que sigue sin uso.

La propaganda, usando lenguaje propio de otros ámbitos, califica la charlotada de "centro de avituallamiento". ¿Para quien? Para barcos que usen "el gas natural como combustible". Actualmente deben ser el 0´5% de los barcos existentes, pero está bien planificar con futuro y con tino, como la propia historia reciente de El Musel y de nuestro país nos enseña.

La noticia ni siquiera oculta la intención principal de esta majadería: "Rosa Aza dijo en el mismo acto que «la planta -regasificadora- hibernada nos cuesta dinero a todos», ya que Enagás tiene que ser económicamente compensada por la inversión que realizó en Gijón y no puede rentabilizar". Aza es la presidenta de la autoridad portuaria, en el cargo por ser militante del PSOE. De ahí que también quisiesen enchufar al que dicen que es el poder en la sombra del partido en la ciudad.

"El puerto gijonés estará en condiciones de actuar «con ventaja» al «estar preparados» cuando llegue el momento, que todo apunta que no tardará demasiado". Ejem. No se cumplen ninguna de las condiciones, y meter una gabarra flotante para los "avituallamientos" entorpecería las maniobras de los grandes graneleros para los que fue diseñada la ampliación. Estamos de nuevo ante un problema de falta de planificación estratégica. Sin embargo, ahí se está cabalgando. Se califica de "sede europea" una rueda de prensa sobre la ocurrencia, celebrada en la oficina que el Parlamento Europeo tiene en Madrid, que es como calificar "embajada sueca" a una tienda de Ikea.

Carga de productos siderúrgicos en El Musel
Entre las condiciones que no se cumplen está la de la conexión de la actual regasificadora sin uso a la red general, de la que dista 30 km. Aquí volvemos al mayor problema del puerto, que es de las conexiones. De todo tipo. ¿De qué sirve captar tráficos o usos imaginados como el del hub del gas, si después sólo se puede dar salida por el mismo mar por donde han entrado?

El primer paso es tener accesos ferroviarios, y más en un puerto granelero. Actualmente El Musel sólo tiene una conexión de vía única a través de una zona densamente poblada de Gijón. Construida en 1982, se usa de manera muy escasa, puesto que resto del trajín ferroviario se hace por vías internas hacia la muy cercanas siderurgia y central térmica, que posteriormente se incorporan a la red general.

Es un tráfico muy rentable porque es un tráfico esclavo: el puerto vive de esas dos grandes instalaciones, y a su vez es también la vía de entrada del carbón importado para el resto de centrales térmicas de su área de influencia, que incluye a León.  ¿Y que pasa cuando hay un tráfico esclavo, esto es, cuando no puede haber alternativas de transporte a las existentes? Que se privatiza.

Al igual que en las autopistas más rentables de España -y en Asturias también saben de eso-, lo que es un negocio redondo se deja en manos de operadores privados. No les extrañe que, a pesar de sus características, el área ferroviaria de El Musel pase por ser ¡la de mayor liberalización de servicios ferroviarios de todo el país! ¡En un auténtico cul-de-sac ferroviario!

Tráfico esclavo de carbón. Liberalizado, como indica el nombre
La primera línea regular privada de mercancías de España se remonta a 2007, cuando Acciona -una empresa muy vinculada al poder de entonces, como su labor de paripé en la lamentable venta de Endesa dejó bien claro- se hizo con el contrato para llevar el carbón descargado en El Musel hasta La Robla, en León, en un trayecto muy peculiar ya explicado aquí.

El negocio es tan opíparo que, en no tardando un año, ya había un segundo operador privado ¿Para hacer la competencia al primero, como los fanáticos de la "mano libre" creen que pasa? Los trenes y el trazado ferroviario son un monopolio natural, como parece que no se ha entendido tras la liberalización thatcheriana de los ochenta. O quizás precisamente por eso.

La salida al mar de Castilla y sus ovejas merinas
¿Liberalización ferroviaria? No, qué va: para explotar otra línea esclava, esta vez de cementos importados hasta Valladolid.  Lo más paradójico del caso es que suben el tremendo obstáculo ferroviario de Pajares ¡por tracción diesel!, porque el problema de accesos a El Musel tiene un parte adicional desgajada del sumario principal -por usa el simil judicial- que es la de la variante ferroviaria de Pajares: ya ha devorado 3.000 millones de euros, tiene el túnel perforado desde hace tres años, y no se espera que entre en uso a medio plazo.

El tráfico de contenedores hacia Castilla -para lo que también fue ideado el superpuerto- es inexistente, aunque se llegó a realizar la faraónica obra de un "puerto seco" en el importante nudo ferroviario de Venta de Baños (Palencia). Este pueblo, que fue bendecido en el siglo XIX por ser donde se desgajaba la línea de Madrid hacia el norte en las líneas de Irún, Santander y Asturias ha hecho esto:

Castilla redimida por los puertos secos
Una explanada de ¡215.000 metros cuadrados!. Conocida como VentAstur, con participación de la autoridad portuaria de Gijón y también la de Avilés (¡hay que estar en todo, fíu!), actualmente está en visos de quiebra y sin ningún uso, a pesar de las tremendas soflamas que se pueden leer en este artículo de ABC de 2003, en plena era del Despilfarro y en el momento de la constitución de la sociedad empresarial que iba a explotar la "plataforma logística", que más bien se concibió para robar tráfico de coches de las factorías de Renault al insignificante y ridículo puerto de Santander.

Con pérdidas constantes, y con un puerto con las mismas conexiones ferroviarias que en el siglo XIX, poco se puede esperar. Noticias propias de película de Luis Berlanga. Ni siquiera en una fantasmagórica recuperación económica, esa por la que Castilla lleva suspirando 500 años. Ver el mapa del área de influencia del puerto seco de Venta de Baños y horrorizarse es todo en uno, porque el puerto de Madrid hace ya tiempo que es Valencia. A Madrid no van graneles, van contenedores. De Madrid sale poca cosa, porque no produce nada industrialmente significativo.

Un puerto sin salida ferroviaria es un puerto con un futuro negro. Y presente. No obstante, fíjense que moviendo únicamente el 10% de su carga por tren, está en una situación fantástica: la media de los puertos españoles es del 2´5%, pero eso tiene que ver por nuestro subdesarrollo secular con el tren, que por supuesto el AVE  no va a paliar. Ni parece que ningún Gobierno.
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Por ejemplo, acumular carbón para especular en la ampliación soviética de El Musel. Ah no, que de eso no hablan.
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 Una noticia genuina de MafiAsturias. La clave está en el penúltimo párrafo.
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El Corte Inglés consigue refinanciar el 100% de su deuda tras acordar con ¡27 bancos! un plazo aplazado para dentro de ocho años.  La noticia viene sin firma, como todo lo de esta empresa. Ahora, a esperar que mejore el consumo, ¿no? Y que la sucesión, si la biología tiene el capricho de que se produzca en esta plazo, sea incruenta, vertical, única y de camisa vieja.
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¿Por qué existe Oxford University Press? ¿Por qué gran parte de las universidades americanas tienen una editorial que publica libros atractivos, desde el diseño a su contenido? ¿Por que los libros de las universidades españolas son una puta mierda en el 95% de los casos, invendibles bajo ningún canal que no sea la compra por parte de los alumnos, obligados a ello? Vean esta noticia por si les interesa el tema.
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Galicia=Sicilia+mierda de vaca 
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Si son lectores de este modestísimo espacio, ya sabrán mi querencia por las estatuas. Esta noticia debería tener más transcendencia, y dice mucho de una ciudad que fusiló a su hijo más ilustre. 

sábado, 26 de octubre de 2013

Cuitas familiares

Algo hemos mejorado en este país con los libros incómodos. A pesar del brutal silencio informativo de los grandes medios, es bastante fácil encontrar -y con abundantes ejemplares: la tirada ha sido millonaria- el libro Adiós, Princesa el ajuste de cuentas que un primo de Letizia Ortiz se tomado con grandes dosis de despecho hacia su pariente.

Los grandes medios, y también las principales cadenas de libros y las revistas de corazón (menos Diez Minutos). Es un libro clandestino, pero no tanto, como no podría ser menos con algo publicado en 2013, entendido como siglo XXI, y en el contexto de una sociedad abierta. Publicado por la editorial Foca de Ramón Akal, especializada en el género de denuncia (por poner algo), el libro se lee fácilmente en un par de sentadas, y tiene poquitos elementos de valor.

No es uno de ellos la conocida noticia del aborto de la madre lde la que reinará como Leonor I. El libro comienza con ese capítulo, que es de una mezquindad absoluta y de una bajeza muy villana por parte de David Rocasolano, que se quedó con los documentos de la interrupción voluntaria del embarazo que le ordenó destruir su prima cuando consolidó su relación a mayores.

Para no quedar como un vulgar ladrón, Rocasolano recurre a una tradición de la literatura española: la del manuscrito encontrado, como un Cide Hamete cualquiera. Según su versión, el destruyó todos los documentos, pero en 2008 un misterioso personaje le mostró que también los tenían otros, y que cuando acudió a Ramón Akal por lo del libro, el también los tenía. Así aparecen publicados en el libro.

Todo suena a impostura legal para cubrirse las espaldas. Es de lo más patetico del relato, y que se ramifica cuando Rocasolano comenta que en una cena con el Rey el padre de Letizia le preguntó por el libro de Jesus Cacho (el biógrafo a sueldo de Mario Conde, ahora convertido en periodista al margen del sistema, o eso quiere hacer creer), publicado por Ramón Akal en Foca allá por 2001:

-¿Y que le pareció El negocio de la libertad, majestad? El de Jesús Cacho es un tema delicado...
La situación es absurda, y más cuando Rocasolano añade, dentro de su malidicente relato "Yo lo había leído en la fecha de su publicación, y me sorprendió por su valentía y por su rigor investigador", en un pasaje que parece redactado directamente por Ramón Akal. Y seguramente sea así: el libro está muy masticadito, muy bien presentado en cuanto a redacción, como para pensar que es únicamente autoría de Rocasolano.

Abogado de profesión, se pasa todo el libro riéndose de lo burros y tontos que son en la Familia Real -por ejemplo, que no tienen libros, pero como una gran parte de los españoles-, como dando a entender que el los tiene. Ya, y que leyó esa puta mierda de libro que es El negocio de la libertad "cuando salió". Por supuesto, eso es compatible con su declaración de "soy muy futbolero" y la modestia propia de afirmar que "casi llego a jugar en el Real Madrid". Como Julio Iglesias.

Rocasolano, firmando en la Feria del Libro de Madrid
¿Por qué este libro? Simplemente porque fue borboneado. De este chico salió una información muy fea en 2009 por un caso de turbios asuntos inmobiliarios, y se quedó con el culo al aire. Nadie de la Casa Real, ni siquiera su influyente prima, movió un dedo por el. Borboneado. Se ha tomado cumplida venganza, porque el libro va más allá del aborto de su prima

"Felipe, coño, teniendo ahí a todo el Centro Nacional de Inteligencia y me escoges a mí". Bueno, precisamente por eso. El primo de Letizia cumplía la función que cumplía, y en el libro queda muy claro, igual que su bajeza. Es una sucesión de historias familiares sin mayor interés, pero que seguro que están teniendo su público entre toda esa ralea de gente que, viniendo de una aldea de cuatro perros en Orense, gusta mucho de estar cotilleando siempre sobre la Familia Real, como un desahogo de sus frustaciones personales. Es otra función que cumple la Monarquía en la sociedad.

No merece la pena detenerse en esos detalles, aunque algunos son muy graciosos ("Vicálvaro -donde el piso de soltera de Letizia-, cuya fuente fundamental de ingresos es la mayor fábrica del mundo de tierra para gatos") y seguramente escogidos por Ramón Akal entre muchos otros por dos características destacadas: su villanía, y dejar como tontos de bote a todos los miembros de la Familia Real, menos al Príncipe Felipe, que se queda en tonto a secas.

El único interés del libro corresponde a las capitulaciones reales que tuvo que firmar Letizia Ortiz antes del matrimonio, donde el Rocasolano abogado y no cotilla le advirtió que eran ilegales, puesto que implicaban renunciar a la custodia de los hijos o hijas que saliesen de ese matrimonio, algo que en todo caso siempre tiene que fijar un juez y que no se puede estipular en un contrato público ni privado, de esos que tanto gustan en la Casa Real, como el del préstamo de Juan Carlos a su hija Cristina. Ese que no tenía tipo de interés y que era una donación encubierta.

No deja de ser curioso que los Príncipes de Asturias hayan dejado su descendencia en dos hijas, no vaya ser que a la tercera saliese un niño con intenciones sálicas. A saber que firmó la pobre tía tonta que aparece reflejada en el libro. Cuando salió, la pasada primavera, la Casa Real ya advirtió que no haría ninguna declaración sobre lo publicado. Tampoco ha habido ninguna querella, por lo que el libro tiene auténtica carta de validez, si es que no la tenía ya por la proximidad entre primos, que iba más allá de lo sanguíneo. El problema es que el libro no sirve para nada. En este sentido, viene a dar la razón a la Familia Real y su aversión a la letra impresa.
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Mas sobre el Premio Nobel de Economía Schiller y su espectacular clarividencia sobre algunas cosas.

martes, 22 de octubre de 2013

Yo si me avergüenzo

Tengo una marcada querencia por los libros de política española,  de difícil origen y explicación. Una de las razones es que siempre acaban saldados y, por tanto, a su justo precio; otro que son muy zafios, casi tanto como sus protagonistas; y la última, por no extenderme mucho, porque son un insustituible bálsamo contra cualquier veleidad de transcendencia.

Por una apuesta perdida y por obligación me he visto obligado a leer No os avergonceís, un panfleto de reciente aparición cuya autoría corresponde a Beatriz Talegón, esa genuina representante de "la generación mejor formada de la Historia" que se hizo famosa hace un nueve meses por su discurso youtubizado en un congreso sin la más mínima transcendencia: ni por los ponentes, ni por el enclave, ni por la temática.

Era en Cascais, eran los jóvenes socialistas de no se donde, y era un brindis al sol, donde la simpática Talegón aprovechó su tribuna para criticar el hotel donde se hospedaban. No era una crítica de TripAdvisor, era una crítica del tipo de esas niñas preadolescentes que también suben al estrado durante algún mitín del Partido Comunista Cubano y lanzan una encendidas soflamas que sonrojan a cualquiera.

Como vivimos tiempos de zozobra y de mucha estupidez, Talegón saltó al estrellato. No es que lo evitase, es que se subió a la ola y desde entonces surfea encima, con desigual suerte. Su fenómeno es paralelo al del descrédito de la política, la piojosa movilización del quincemismo y el Principio de Peter.

Ahora la editorial Destino, especializada en ese género de subproductos a través de su colección Imago Mundi (et errumabo ego te, añadiría yo) da tribuna literaria a Talegón, que desaprovecha la oportunidad: subtitulado La joven socialista que apuesta por regenerar la política, sus 172 páginas son un ejercicio de necedad que no cuida nada, ni siquiera las formas.

El panfleto está dividido en dos partes muy diferenciadas, asimétricas y sin ninguna amalgama entre ellas: la primera es un largo excurso sobre los años de democracia y la segunda es un manifiesto político, que supuestamente refleja el pensamiento y las aspiraciones de Talegón. Yo creo que esto último lo logra con creces, para demérito de la autora.
Los cinco primeros son libros, el último es otro tipo de papel

Talegón dice que en la escuela le enseñaban cosas como "las tablas de valencias, las eras geológicas", pero no "inteligencia emocional, del lenguaje no verbal. De la importancia de aprender a ser feliz (...) nos pusieron una línea de salida y empezaron a calificarnos con números: del más listo al más tonto. Así, con descaro", se supone que el mismo descaro que ella tiene para presentar este libro, y la editorial para pedir 12´90 euros a cambio. Más adelante (pág 66) añade que en la escuela se tiene que "desarrollar aptitudes como la empatía, la habilidad para resolver conflictos, técnicas de relajación..."

Después de todo este llamamiento a la meritocracia y a la cultura del aprendizaje y el esfuerzo, el libro avanza a ritmo de canciones, de las que autora no duda en dedicar páginas enteras a reproducir letras, y encabezar cada capítulo con estribillos de gente como Nacho Vegas y menciones a Sidonie o M-Clan. Este es el nivel, señores. El futuro era esto: la generación mejor formada de la Historia.

Sonaba en la radio una canción desenfadada, Bailando, de Alaska y los Pegamoides. Símbolo de que, tras el susto del "¡se sienten, coño!", la sociedad española movía la pierna, movía el pie, movía la tibia y el peroné; tenía el cuerpo muy mal, pero una gran vida social
El libro, aunque comparto generación con Talegón, no está dirigido a mí. Está dirigido a eso informe llamado "masa" y que el político identifica como "votante", con una mezcla horrorosa de datos romos y vacíos, además de hitos muy comunes, con una extraña retahíla cuando elenca los escándalos de De la Rosa (pág 52): "Grand Tibidabo, la Operación Wardbase, el caso Icsa-Impasa, el caso Telecinco", que ni un avezado lector de Jesús Cacho sería capaz de descifrar, no les digo ya la propia Talegón.

En muchos pasajes del panfleto queda muy claro que a Talegón le han escrito el libro. Nacida en 1983, afirma sobre el Quinto Centenario del Descubrimiento de América, celebrado en 1992: "La pregunta que  muchos nos hacíamos ya entonces era cómo se podía hablar de "descubrir" si, cuando Colón había llegado allí, ya había gente. Lo que nació como un planteamiento infantil ahora se convierte en crítica. Quizá sea más acertado decir que en aquel momento una parte del mundo conoció a la otra, un encuentro de culturas, dicho suavemente". Precisamente el lema de 1992, repetido hasta la saciedad, fue "el encuentro de culturas", mucho más que descubrimiento.

No merece la pena detenerse en los muchos ejemplos que hay de esto, y de la propia incapacidad de Talegón (con el 11-S, que tenía 18 años, afirma que "no entendíamos nada, pero no nos sorprendió llorar junto a nuestro padres al ver a la gente saltar desde las ventanas al vacío") y de su escribano para no cometer errores (pág 95, se afirma que "explotó el tanque del buque Prestige", donde seguramente tanque es un vehículo militar de tracción con oruga; en la pág 98, que Rafael Simancas ganó las elecciones regionales madrileñas de 2003), hasta el punto de (pág 101) afirmar que "el 11 de marzo había huelga de estudiantes en las Universidades de Madrid. Por eso algunos nos quedamos a estudiar en casa". Ya. Con esos resultados.

Dependerá de todos nosotros que sigan llenándose las páginas de este libro
es el colofón a esa primera parte, y todo un arrebato de originalidad por parte del negro que lo ha escrito. Quizás el próximo panfleto se haga con crowfunding, o con wiki, o con unas primarias entre los candidatos a negro. De eso va la segunda parte.

Si algo le interesa a una trepilla de tres al cuarto como Talegón es medrar. Por eso apenas cita su vinculación al PSOE en todo el libro. Parece que ella es un electrón libre y que el partido pasa por ahí, se cruza y ella sigue revoloteando y libando de por aquí y por allá. Hasta que llega el momento programático, y también un poco morganático.

Efectivamente: Cuba es una isla
Su primer punto es la reforma del sistema electoral, basado en que todos los votos sean iguales. No habla de distrito único, porque probablemente no sabe lo que es ni lo que significa, pero ahí lo deja. Por supuesto, está a favor del chaconiano "primarias y listas abiertas" -especialmente de lo primero, que encarnan muy bien- y la propaganda anguitiana de "cumplir el programa", limitar mandatos, excluir a sentenciados o imputados por corrupción, Tasa Tobin, "creacción de una banca ética de carácter público", renta básica para la ciudadanía y más tonterías quincemistas o directamente perroflautas ("el Estado ha de asegurar fuentes de información pública veraces e imparciales", quizás recreando la cadena de medios del Movimiento).

El libro deja una profunda desazón, ya apuntada desde el título. A mí me da vergüenza que alguien así pueda tener voz -y libro- en el debate político. Que alguien con 30 años no sea capaz de hilvanar algo más coherente o denso. Que esa misma persona se incluya dentro de la famosa generación mejor formada de este país. Para esto. Y vendrán peores que Talegón, seguro.