jueves, 10 de marzo de 2022

"Vienen tiempos duros"

A esta no le puso la mesa grande, no
La frase la dijo Pdr Snchz hace unos días en el Parlamento. Es realmente inaudita en alguien que dirige un país donde el optimismo es la carta de presentación -independientemente del signo político-, de cualquiera al mando. Siempre vamos a más, vienen los turistas, triunfamos en el deporte, ra-ra-ra-ra. Que yo recuerde, nadie ha hablado con tanta franqueza negativa sobre algo que vendrá, especialmente porque rompe la narrativa impuesta tras la Transición, esa que rompió con nuestro tradicional derrotismo.

Vienen tiempos durísimos. No voy a abrumar con cifras macroeconómicas y microeconómicas. Los que tengan alguna empresa o negocio ya lo estarán viendo, y los asalariados lo van a ver muy rápidamente cuando su poder adquisitivo se vea reducido en cifras de dos dígitos, por el efecto tenaza de la subida de la energía ampliamente entendida, y de la inflación. De ahí viene la urgencia con la que Pdr Snchz, en la misma sesión parlamentaria, anunció un Pacto de Rentas

Forma parte del neolenguaje orwelliano, similar a ese Fondo para la Paz con el que la UE está armando al Ejército ucraniano, con armas encargadas hace un año. ¿Qué es un Pacto de Rentas? Pues la nueva versión de la moderación salarial, término-tótem de las economías que no compiten en productividad, y si en salarios bajos. Como la nuestra. 

Para poner el adecuado contexto, sepan que el 22 de enero el mismo gobierno anunciaba, con el tradicional boato de estas ocasiones ("nuestros mayores", "dignidad", "dignificación" etc) otro nuevo aumento de las pensiones, a añadir al aumento automático que se hace todos los años usando como referencia el IPC medio de diciembre a noviembre del ejercicio anterior. 

Una locura en un país en el que un jubilado ya cobra más que un joven, y el concepto joven aquí es extremadamente amplio. Por decreto, porque sí, los que ya no producen cobran más y más, a sumar a otras prebendas de las que no disfrutan los que si están en edad de trabajar, como transporte público gratuito en muchas ciudades de España. 

Ahora ha llegado de sopetón el brutal shock económico por la guerra de Ucrania y la insensata escalada de sanciones económicas mutuas, que se une a la escalada de la inflación ya en marcha antes del conflicto (IPC intermensual de febrero: 7´4%, subyacente del 3%), y en España con todos esos convenios colectivos vinculados al IPC, y el ya comentado caso de las pensiones. 

De ahí viene la urgencia del Pacto de Rentas, del que no se ha concretado nada ("es como el título de una película sin saber el argumento", ha dicho Garamendi de la CEOE), pero del que hasta más holgazán se dará cuenta que consistiría en congelar las subidas salariales por decreto y sin estar vinculadas a un aumento de la productividad o la actividad, mientras que los beneficios empresariales serán mucho más laxamente regulados, como se está viendo en las empresas eléctricas, al margen de sus beneficios caídos del cielo.

Por la rapidez con la que está yendo todo -ayer el mermado Borrell ya pidió apagar las luces y bajar la calefacción, para recochineo general: si se hace, será por su precio-, y la franca intención de uno de los bandos de la guerra en armar a los ucranianos para una conflicto largo y destructivo, es razonable pensar que la situación va a desembocar en auténticos polvorines de consecuencias imprevisibles

Mano de obra para la vendimia
Estamos ya en una situación en la que las clases medias van a sufrir especialmente las consecuencias de la guerra económica emprendida por Europa; las ayudas, si llegan, irán a los que están categorizados como pobres, al igual que les han llegado los bonos sociales y demás prebendas del Estado. Son esas mismas clases medias que conforman la mayoría de la población de Europa, a las que sus élites dirigentes han metido un conflicto en el que todo va a salir más caro, y para siempre.

La propaganda que sufrimos nos dice constantemente que en Rusia va a haber un colapso, que no van a aguantar las presiones y que terminarán abandonando su plan de conquista por la presión popular. Independientemente de que eso pueda llegar a pasar, Putin no tiene por delante unas elecciones y, si las tuviese, tampoco creo que las fuese a perder: por haber eliminado a la oposición, y porque está en guerra. En el resto de Europa sí tenemos elecciones, que es donde se cambian Gobiernos.

Todos los teóricos del colapso ruso por las sanciones económicas dan por seguro que el bloque europeo pasará más o menos indemne sobre las ascuas de la crisis económica, y la Historia nos demuestra que no tiene porque ser así. Aquí el voto todavía quita y pone y Gobiernos, incluso en tiempos de guerra. Las potencias que se metieron de lleno en la I G.M entraron victoriosas y con ganas de guerra -manifestaciones de cientos de miles de personas celebrando la declaración de hostilidades- y, años después, poco quedaba de eso. 

No ya el conocido golpe bolchevique de 1917, es que después vino el colapso del sistema austro-húngaro, el del II Reich alemán e, incluso entre las potencias vencedoras, los laboristas ganaron sus primeras elecciones al inicio de la siguiente década, en gran parte como consecuencia de las penurias provocadas por la guerra. A usted le puede parecer lejano todo eso, igual que le parecía lejana la gripe española de 1918, básicamente porque han pasado cinco generaciones y se ha perdido la memoria de las cosas que pasaron, igual que en Europa se ha perdido la memoria de la guerra. Está todo más cerca de lo que parece. 

Son esas mismas clases medias que van a padecer lo más crudo de la guerra económica desatada, y son las mismas que votan. Que quitan y ponen gobiernos, al menos en esta parte del mundo. Gente que se considera "clase media" -hay un sesgo a autoubicarse en ese segmento, nadie se define como "pobre"- aunque tenga problemas para llegar a fin de mes y pague la hipoteca porque está alquilando otra casa más pequeña que compró años antes, entrampándose de manera arriesgada. Clase media de esa, la más abundante en España. 

Es la misma que ya está padeciendo que los 50€ en combustible ya no dan para tirar toda la semana, y lo que está por venir ahora mismo. Ya. Esa misma clase media va a ver que esto en lo que nos hemos metido de cabeza no se va a ir rápidamente, y que la situación se va prolongar durante más tiempo del que pueda soportar la poca elasticidad de la mayoría de las economías familiares. Se está creando un campo de cultivo ideal para soluciones populistas, tanto a la izquierda como a la derecha, y aquí tienen posibilidades de triunfar. No en Rusia, no: aquí. Aquí se vota, allí se hace un simulacro.

Por aquí no entiendo únicamente España, que en todo caso celebra su ciclo electoral dentro de año y medio. El mayor problema reside en Francia, que celebra elecciones presidenciales en poco más de un mes, y quizás ahora se entienda, además de por su constumbre histórica, que las grandes empresas del país no se hayan retirado de Rusia. Francia, el mismo país de los chalecos amarillos, básicamente una revuelta por la subida del precio del combustible, ¡en los precios de 2018!.

Pagliaccio, Buffone
Francia, el mismo país donde en las anteriores presidenciales, ante la atomización de los partidos tradicionales, El Sistema tuvo que crear de la noche a la mañana un candidato con un partido ad-hoc que deja pequeño a la UCD para que las elecciones no las ganase la candidata del Frente Nacional. Se van a celebrar unas elecciones con aroma de guerra, y con una clase media movilizada parcialmente por su pérdida de poder adquisitivo, acrecentada en estos días. 

Va a ser interesante ver lo que suceda; si, como suele pasar en los primeros tiempos de una guerra, todo se aglutina en torno a un líder, o bien, como nuestros sistemas permiten, se produce una alternancia, que en el caso de Francia sería hacia Marie Le Pen, la candidata ultra que busca llegar a acuerdos con Putin -les une una misma sintonía- y ofrecer medidas sencillas para asuntos complejos, la definición más operativa de lo que viene siendo el populismo. 

El próximo mes nos jugamos muchas cosas al otro lado de los Pirineos. Es básicamente un refrendo sobre lo que opina la nación de la guerra económica, cuyas consecuencias estamos sufriendo todos, en la que nos han embarcado los dirigentes europeos. Y mucha atención con las consecuencias, porque lo de "vienen tiempos duros" en principio va referido a lo económico, pero es perfectamente extrapolable a lo político. De hecho, lo primero tiene consecuencias en lo segundo, y lo vamos a ver dentro de nada.

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Fascinante hilo, lleno de referencias de valor, sobre cómo se ha llegado a la guerra en Ucrania y quien tiene la culpa.  Este otro sobre la ayuda militar de EE.UU a Ucrania también es muy interesante.

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Este reportaje -malo, sentimentaloide, lleno de detalles innecesarios y repugnantes, como describir de rosa la vida del periodista- seguramente no se hubiese publicado, pero hete aquí que implica a una compañía minera rusa -más suiza que rusa- y ¡tachán!, ahora mismo va camino del éxito mundial. 

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Curiosa historia donde un grupo de australopitecus se dedica a hacer este tipo de cosas, y donde el juez no quiere establecer dónde consiguieron el número de teléfono. Curioso, eh. ¿Quien podría tener el número de teléfono de esta mujer? ¿Quien hace ese tipo de exhabruptos de manera habitual?

domingo, 6 de marzo de 2022

Lo siguiente va a ser peor, con total seguridad

 Prolongar el conflicto lo máximo posible y así lograr el esperado colapso del régimen ruso, vía sanciones económicas. Ese parece ser la consigna, mostrada sin disimulo alguno, de lo que antes se conocía como Occidente, haciendo un cálculo despreciable de las peligrosísimas derivaciones que podría tener algo así: al igual que a George Bush II le sucedió Trump, nada garantiza que el siguiente candidato republicano no vaya a ser alguien aún más ultra, y no faltan los aspirantes. 

Con la Rusia de Putin también puede ser así. Esas teorías de "golpes palaciegos" o ese irresponsable fomento a un alzamiento por parte de impresentables como el antiguo embajador de Obama en Moscú -¿tendría el mismo mérito que el millonario homosexual sin experiencia diplomática que colocó en Madrid?- forman parte de esa mentalidad hollywoodiense que impregna tantas capas de la sociedad, porque al final es la realidad la que se adapta a la ficción, y no al revés, como esos mafiosos de verdad que imitan a Tony Montana.  

Establecidas las gravísimas sanciones económicas al país agresor, la espiral no se ha detenido y estamos en plena campaña de rusofobia que no tiene parangón en nuestras democracias desde el macartismo o el franquismo. Se vetan actos de músicos rusos, se suspenden cursos universitarios sobre Tolstoi e incluso se interrumpe con boato la colaboración académica y científica con Rusia, que sigue siendo una potencia mundial en áreas clave del conocimiento, y no estoy hablando de armas. Se prohíbe la actividad en Europa de canales de comunicación rusos, e incluso se borra cualquier rastro pasado en buscadores como Google. 

¿Tiene esto algún resultado táctico en el campo de combate? Absolutamente ninguno. Entonces, ¿por qué se hace? Pues para intentar ejecutar un golpe desde dentro de Rusia, que gente ajena a los frentes -y que en ningún caso tomaría partido dado su perfil profesional- empiece a instigar y plantearse el régimen de Putin, al que en todo caso deben todo lo que son, como es el caso de los millonarios enriquecidos a través de los monopolios estatales supuestamente privatizados.  

Soy bastante escéptico con estas medidas, que en todo caso desacreditan nuestro orgulloso referente de espacio de libertades que tanto se vende. En una semana se han cruzado líneas rojas -disculpen la metáfora gastada- que jamás se deberían haber tocado, porque nos venden tanto eso de que Rusia quería una guerra relámpago, que son incapaces de asumir que ellos (nosotros) también quieren un colapso rápido, usando cualquier tipo de treta. 

Como ese colapso deseado no se está produciendo, y hay voces autorizadas que afirman que no se tiene por qué producir, vamos camino de un desastre aún mayor que la irremediable pérdida de vidas y de bienes materiales que se fomenta al suministrar armas sin fin a los invadidos. Por cierto, Rusia ya ha anunciado que no aplicará la Convención de Ginebra a cualquier extranjero (por tanto, mercenario) al que capture en Ucrania, bien sea combatiendo o transportando esas armas con las que se engola Borrell.

¿Incluye eso ataques aéreos? Por supuesto, y por eso está desplegada esta fuerza de combate aéreo en Bielorrusia, en la zona más próxima a la frontera UE con Polonia, Eslovaquia, Hungria y Rumanía. El riesgo de escalada es evidente, porque por nuestro bando nos presentarán a los transportistas de armas como héroes masacrados por Rusia, y a ver qué tal digiere nuestra siempre sensible opinión pública estas noticias; o, visto por el otro lado, a ver qué tal se toman en Moscú que sus aviones sean derribados por tropas extranjeras sin uniforme y pertrechadas con modernos misiles antiaéreos.

Sin embargo, hoy por hoy, no creo que la nada deseable escalada se produzca por vía militar. Los mayores riesgos, y los mayores esfuerzos de los últimos días, van por otro camino:Son abundantes los indicios y actuaciones que se están haciendo, a marchas forzadas, para cortar la compra y suministro de hidrocarburos rusos por parte de Europa.

En las primeras medidas de sanción económica a Rusia se excluyó de manera deliberada y exhaustiva cualquier producto energético, incluyendo en la detallada lista incluso la madera. El flujo constante de estos productos no es fácilmente sustituible, y son absolutamente necesarios para el funcionamiento de las economías europeas y, en menor medida, de EE.UU -que importa del orden de 600.000 barriles de petróleo/día de Rusia-, y más cuando otros países productores no están tomando partido con los "buenos". 

Es el caso de Arabia Saudí, el auténtico swing producer petrolero -el único país del mundo, junto con Rusia, que tiene capacidad para incrementar su producción- y que está siendo muy beneficiada con los altos precios del petróleo de estos días, que no ha conseguido bajar ni siquiera la activación de las reservas petroleras internacionales. El petróleo de los principales crudos de referencia, en especial el Brent, se cotiza a 120€ el barril, y en los principales mercados europeos el litro de gasolina se acerca a los 2€, una situación insostenible incluso a corto plazo. 

Al parecer, ha sido Putin el que ha advertido a la dictadura saudí sobre los riegos de "politizar la energía", del mismo modo que nuestras ejemplares democracias ha politizado la cultura, la educación, la ciencia y el arte, porque parece que todo suma en la demente aspiración de derrocar al mandatario ruso por una implosión. En maniobras paralelas, está a punto de alcanzarse el acuerdo nuclear con Irán, que permitiría al país árabe volver a vender petroleo en el mercado libre, mucho más rediticio que sus mercados de contrato fijo con Japón -poco se habla de esto-, China y la India. Era un acuerdo que llevaba encallado desde las salvajes sanciones económicas impuestas por Trump -exclusión del SWIFT incluída- y que ahora se ha encarrilado rápidamente. También se ha sondeado a Venezuela, que sufre sanciones parecidas pero más leves, para ver si puede incrementar su producción puntualmente, algo que no es muy realista. 

Son sondeos para ver si, interrumpiendo el flujo de 4 millones de barriles/día que Rusia pone en el mercado -los otros 5 millones de producción se quedan en consumo interno- la economía mundial no se vería paralizada. Están yendo muy rápido, y las presiones deben ser terribles para incoporarse a este nuevo consenso. En Europa se ve bien, especialmente por el gas. La inmensa mayoría de las exportaciones de gas ruso son por gasoducto, y ya se ha tratado el tema del interés particular y obsesivo de la administración de EE.UU para que NordStream II nunca entrase en funcionamiento. 


Tras lograr ese importante objetivo a pocos meses de su entrada en funcionamiento, ahora la Unión Europa, se supone que por iniciativa propia y sin recibir indicaciones de nadie, se encamina a sustituir el consumo de gas ruso a medio plazo, acortando plazos de una manera mágica. Es por eso que ayer estuvo por Madrid la presidenta de la Comisión. ¿Cómo? ¿"Europa en guerra" y la máxima mandataria de lo que identificamos como poder ejecutivo europeo encuentra tiempo para venir a un país sureño que no depende del gas ruso, y alejado 4000 km. de la zona de conflicto?

Pues sí, porque ha venido con una misión nada oculta. Fomentar la industria española de renovables -gran noticia para los accionistas de Iberdrola, y quizás también para Sánchez Galán en sus problemas judiciales con Villarejo- y aprovechar sus seis infrautilizadas plantas de LNG, construidas sin planificación alguna y sin interconexión con la red europea. En el caso de la regasificadora de Gijón, construida hace 12 años sin haber entrado jamás en funcionamiento, y ni siquiera conectada a la red nacional.. 

Residuos de los Años del Despilfarro, ruinas en pie de la tradicional mala planificación estratégica de nuestro país, que ahora y por culpa de la geopolítica, del Gran Juego en el que participamos en calidad de palanganeros, van a quedar como monumentos de nuestra contribución solidaria a Europa. Basta ver las sonrisas mutuas que se prodigaron Von der Layen y Pdr Snchz, mientras en Ucrania una guerra prolongada artificialmente seguía avanzando, con la ayuda decisiva de los países de la Unión Europea armando a civiles e incluso a niños. Por cierto, ¿saben quien tiene capacidad para exportar gas en formato LNG y no tenía mercados activos para todas sus reservas recientemente descubiertas? Si, EE.UU.

Vendrán tiempos muy malos. No quiero ser agorero, pero hay muchas más razones para hacer acopio de bienes ahora que con el coronavirus. Lo primero, por un motivo evidente: todo, todo, todo va a subir de precio en un plazo muy corto. Todo. Lo que compres ahora a 1´60€ costará en el plazo de unas semanas una cifra porcentual dos dígitos mayor, y no será únicamente el aceite de girasol que ya están racionando, y que en todo caso es un producto intermedio de cara al producto final en otros productos que usan grasas vegetales. 

Y lo segundo, menos evidente incluso para los responsables europeos, es que interrumpir el flujo mutuo de intercambio de hidrocarburos por dinero con Rusia, el mayor rubro de su economía, implica asfixiar totalmente un país, sin saber cómo va a reaccionar. El embargo total de productos energéticos se ha aplicado varias veces en la Historia, con resultados funestos. 

La Sociedad de las Naciones lo aplicó a Italia en 1936, con motivo de la guerra de agresión a Abisinia. Italia, que hasta entonces veía con recelo a la Alemania nazi y con la que solo compartía la misión de combatir el comunismo -lo sufrimos en España- se acercó al régimen de Hitler, mientras seguía procurándose petróleo de EE.UU; el embargo petrolero y de fondos (¿les suena?) de EE.UU a Japón como castigo por sus guerras de agresión en el sudeste asiático empujó al régimen militarista al ataque de Pearl Harbour, con las consecuencias conocidas por todos. 

Muy bien. Pero en ambos casos ninguno de los países sancionados era productor de petróleo. En aquel mundo pasado EE.UU producía el 50% del petróleo mundial. Aquí estamos en una situación mucho más perversa, que es la de un país al que se han aplicado unas sanciones económicas sin precedentes y que tendrán consecuencias a muy largo plazo (¿de qué servirá a otros regímenes autocráticos tener reservas extranjeras, si te las van a congelar cuando quieran? Ojo a las derivas autárquicas) se le va a aplicar una definitiva: cortar de raíz su mayor fuente de ingresos, una vez cortadas todas las demás, equivalente económico a dejar morir de hambre a todo el país

Llegados a este punto, y dado que no parece viable el fantasioso sueño de un golpe interno contra Putin y su círculo interno, que cada uno sea responsable de las gravísimas consecuencias que pueda tener un país como Rusia acorralado y puesto de rodillas, especialmente con el recuerdo vivo de que ya se vieron así en los años 90 del siglo pasado. Esa situación engendró a Putin, y cuidado con el que pueda venir después, al igual que pasó con el partido republicano después de Bush II.

miércoles, 2 de marzo de 2022

Kesselschlacht en Ucrania

Códigos de identificación rusos

En contra de lo que la propaganda en esta parte del mundo está repitiendo, la estrategia militar rusa en Ucrania está siendo bastante exitosa. Hoy se cumple una semana del comienzo de la invasión y los atacantes controlan la totalidad de la costa del Mar de Azov, después de que Mariupol cayese esta noche tras un cerco de varios días. 

Al otro lado de Crimea la situación es más o menos semejante: Jerson está rodeada y los vehículos de avanzadilla se ven en la principal estación de tren, y la ciudad portuaria fluvial de Nikolayev -donde se construyeron gran parte de los barcos de guerra de la Unión Soviética- completamente tomada desde hace días. El destino del último gran puerto de Ucrania está cantado: Odessa quedará rodeada por tierra en unos días, cerrando por completo el acceso de Ucrania al mar.

Son días de no dejarse llevar, como siempre en las guerras, por la propaganda. Las redes están inundadas de imágenes de columnas de abastecimiento rusas destruidas, y supuestos expertos militares pontificando sobre la falta de preparación, deserciones y demás tonterías sin soporte real alguno, al menos para la magnitud de lo que afirman. La realidad es que el ejército ruso está logrando sus objetivos de manera bastante eficaz y rápida, usando el tiempo como arma. 

Quienes creían en una guerra relámpago -qué malas son las metáforas, y qué efectivas en la gente que no entra en el fondo del asunto- pues dirán que han acertado y los rusos han fracasado. Nada más lejos de la realidad. La estrategia está muy clara desde hace días: avance rápido sobre Kiev y Jartov sin entrar a tomarlas, mientras se asienta  un corredor continuo por tierra entre Rusia y Crimea. Sin prisa. Una vez caída Kiev, cerrar toda la parte oriental del país -con la ciudad más importante de la zona en el centro, Dnipro- en un gran embolsamiento. 

Esa es la palabra clave, con la que el ejército ruso se ha manejado históricamente, tras haberlo aprendido a marchar forzadas de la Alemania nazi: en un campo de operaciones tan grande y tan poblado dispersamente, y con un oponente tan débil y desorganizado -han llamado al combate a cualquier varón-, habiendo ganado la superioridad aérea, el Kesselschlacht es la medida más eficaz.

Más si, como se está viendo, el ejército ocupante usa la táctica de los alienígenas de V, el presentarse como amigos y hermanos. Hay vídeos de civiles parando columnas de blindados a la manera de Tiananmen y, en contra de lo que cabría esperar, no han recibido una ráfaga de balas ni se han quedado debajo de la rueda de oruga. Si así fuese, no duden que nos lo hubiesen mostrado, y cien veces. Rusia aspira a una posguerra manejable, y eso no es viable si en cada pueblo por el que pasan -al principio iban por carreteras principales, ahora ya hay imágenes de caminos secundarios e incluso algún campo a través- dejan un reguero de cadáveres. 

Ese es otro asunto. Las máquinas de propaganda de ambos bandos están funcionando a pleno rendimiento y confieso que he sido un poco ingenuo al pensar que la primera guerra con teléfonos móviles por doquier iba a dejar una gran muestra de vídeos; los hay, pero en mucha menor cuantía de la que cabría esperar, y todos cortados por el mismo sesgo, independientemente del bando. No hay muertos en combate. 

Esas mismas columnas de logística y a veces de blindados referidas antes se muestran con vídeos tomados desde un coche como de casualidad, como que acaba de suceder y lo estamos viendo en falso directo, cuando la realidad es que no hay ni un cadáver. Columnas de diez o quince unidades, completamente calcinadas, y ni un cadáver. A nadie le interesa mostrar las atrocidades de la guerra, y lo que le haya pasado a los soldados invasores que hayan sobrevivido al fuego y las llamas. Vamos, es que no se ha visto ni uno carbonizado. 

Y es mejor así. Es la guerra más caliente de la posguerra fría, y es también la guerra con el hiperacceso a redes sociales, donde la sociedad del sentimiento se expresa y se muestra más voluble a la siempre perversa acción de la propaganda. Abundan los ejemplos en la historia -por ejemplo, el hundimiento del Lusitania- donde una emoción colectiva a partir de un hecho puntual se troca, en pocas horas y gracias al fértil sustrato que trae una guerra, en decisiones no lógicas, y tomadas desde los sentimientos. 

A pesar de los incesantes titulares del New York Times y otros medios perfectamente alienados -y ¡ay! del que rompa la columna, bien prieta-, no hay masacres en Jartov ni en Kiev. No hay bombardeos de edificios de viviendas -aún no, veremos como se desarrolla la lucha urbana en esas grandes ciudades planificadas a lo soviético, con grandísimos espacios y distancias- ni un mercado de Sarajevo que vender a la opinión pública e, inmediatamente, a los que toman las decisiones. 

De momento. Ucrania, como era de esperar, está perdiendo la guerra y a gran velocidad. Es ahora cuando empiezan las presiones para establecer una zona de restricción aérea sobre Ucrania, por parte de insensatos belicistas perfectamente conscientes de que eso supone una acción de guerra. Usan, por supuesto, razones como "proteger a los refugiados", como si estuviesen siendo víctima de algún hostigamiento, pero la razón principal es que quieren cambiar el curso de la guerra. 

Ahí está por ejemplo la Unión Europea -noten como EE.UU, que prometió el oro y el moro a Ucrania, está completamente de perfil en este asunto-, prometiendo en boca de su representante gagá "suministrar aviones de combate" a Ucrania, como si fuese un videojuego. Lo dijo y se quedó tan ancho, y su mentira duró 24 horas. Como tantas otras de Josep Borrell, un hombre superado por los acontecimientos y por su edad, además de un evidente declive cognitivo. 

No puedes suministrar aviones de combate a un país salvo que sean de modelos que ya estén usando, porque si no tendrían que ir con sus pilotos y red de apoyo. En eso consistió la Legión Condor, que no hace falta explicar. Caído de su fantasía, a Borrel le informaron que solo hay unos sesenta aviones de combate soviéticos en países de la Unión Europea, los únicos que podrían usar pilotos ucranianos, y sus dueños se han negado a donarlos porque saben perfectamente que es una acción de guerra. Preguntado sobre cómo pretendía llevarlos al frente, un Borrel que institivamente hubiese dicho "volando", se contuvo y dijo "estamos en guerra y no voy a dar ayudas al enemigo"; traducido: no tengo ni puta idea de lo que digo, y ni siquiera de las consecuencias. 

Pero ahí queda la frase, "estamos en guerra". Primero empezaron con sus medidas (iluminar con los colores de la bandera ucraniana edificios, expulsar a Rusia de Eurovisión) y después, azuzados por la opinión pública y el hazmerreir evidente, medidas que respaldan la declaración entrecomillada. "Estamos en guerra". En una cascasa de decisiones, muchos países se han apresurado a anunciar envios de armamento defensivo a Ucrania, y en cantidades francamente apreciables y con origen realmente sorprendente: miles (miles, 1000+) misiles antitanque unipersonales por parte de Finlandia y Suecia, países neutrales y no alineados en la OTAN y, el más notable, 200 MANPAND -leer esta vieja entrada sobre el tema- por parte de Holanda, en un claro guiño al avión derribado sobre Donestk en 2014, con casi 300 nacionales a bordo. 

España, que en un principio anunció chalecos antibalas y equipos NBQ -como si vas a una fiesta y llevas cava de Valencia-, ha corregido sobre la marcha, y anunciaba ayer envío de armamento de verdad, sin especificar cúal. Por supuesto, sin pasar por la Comisión del Congreso que tiene que vigilar la exportación de armamento. Nadie quiere quedarse atrás en el primer esfuerzo bélico de la Unión Europea, consistente en enviar equipos y material, porque tampoco hay coordinación para nada más. 

Es una escalada, sin embargo. Comparada con los que abogan por establecer una zona de exclusión aérea -ningún país de la Unión Europea podría- es un juego de niños, pero un paso significativo, así como que Alemania haya roto su tradicional contención presupuestaria en Defensa, anunciando un gasto extra de 100.000 millones de euros, después de tres décadas resistiendo las presiones de EE.UU al respecto. Lo ha hecho, para que quede constancia, con un gobierno rojiverde en el poder. Da miedo pensar en qué podrá gastar ese dinero uno de los ejércitos del mundo con equipamiento más moderno y actualizado. La perversa maquinaria de la lógica de la guerra, y leerán un poco más abajo esta frase de nuevo, ya se ha puesto a rodar.

Con este escenario, volermos a lo anteriormente planteado. Mucho ojo con una guerra así en una sociedad hiperconectada e hiperemocional a través de redes sociales y otros mecanismos mucho más perversos que los que tenía Hearst y el hundimiento del Maine, aunque beban de la misma fuente. Una intensificación de la lucha en Ucrania, una ruptura en la compuerta de la censura de ambos bandos para no mostrar muertos ni atrocidades, una bomba caída en una guardería, y esta sociedad en la que estamos inmersos se convertirá, en un plazo breve de tiempo, en un Kesselschacht de odio y venganza, y que explotará en una única dirección: la que nos llevan indicando los medios de propaganda desde hace una semana, la pura y simple guerra. 

Por último, Borrel respondió ayer a una pregunta evidente de un periodista (minuto 10´23"): ¿Temen que Rusia ataque esos envíos de armamento europeo? "Ya ha anunciado que tan pronto como entren en terreno ucraniano lo hará (silencio) Es la lógica de la guerra" ¿Eso sería un acto de guerra contra Europa? "Seamos serios. No podemos pretender que los rusos vean el envío de armas y [con sorna] cómo lo mandan los europeos lo vamos a dejar pasar", para después evitar afirmar que estamos en guerra con Rusia

¿Se dan cuenta de que ya estamos embolsados en la lógica perversa y circular de la guerra, y que puede estallar por cualquier parte? ¿O soy yo el único? Están ya todos los ingredientes. Vivimos en un Kesselschlacht y no somos muy conscientes de lo que eso supone.

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De esto se ha hablado poquísimo, y permanece oculto para el historiador que dentro de unas décadas estudie el año 2022: el máximo responsable de los espías alemanes estaba en Ucrania la noche de la invasión, y tuvo que ser rescatado por un operativo especial tras haberse perdido la primera evacuación. Seguro que estaba de turismo, cuando EE.UU ya había anunciado lo que iba a pasar. 

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Interesante entrevista a un miembro de la farándula:

o nos retratan como una Galicia tercermundista o bien como la de la cocaína, me gustaría que se hiciera algo de la juventud gallega o de las empresas de I+D. Pero el público reclama esto porque la cocaína es muy cinematográfica y televisiva

Sí, yo soy pesimista por naturaleza, pero mis padres ya lo eran. Todo lo veo negro y eso que me va como dios

Me está dando la sensación de que soy subnormal en esta entrevista

No hay nada como asumirlo.