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lunes, 26 de mayo de 2014

Podemos: a otro con ese cáliz

El logo del partido a efectos de estas elecciones
La abstención ha vuelto a ganar la convocatoria quinquenal para elegir nuestros representantes en el Parlamento Europeo: el 55% del electorado se ha quedado en casa. Además, el partido ganador de los comicios sólo ha obtenido uno de cada cuatro de los votos válidos, una cifra paupérrima para unos que gobiernan a nivel nacional y en gran parte de las autonomías con mayoría absoluta.

Ese es el principal resumen de las elecciones europeas. Todo lo demás son lecturas ventajistas de cada cual, incluyendo la primera y muy difundida de "se ha roto el bipartidismo". Aunque la suma conjunta de los votos del PP y PSOE haya caído del 50% por primera vez en el actual regimen constitucional, sólo con esta cifra se podría gobernar holgadamente y con acuerdos puntuales extrapolando los datos a unas generales, donde no hay distrito único y sí premios a la mayoría camuflados bajo la Ley D´Hondt.

Repito: mucha gente se ha quedado en casa. El 55% del electorado, nada menos. El escaso atractivo de las europeas para la masa, cierta desafección política y quizás algo de castigo son las razones: tengan en cuenta que en el distrito de Salamanca de Madrid, tradicional bastión del PP y con gente que se levanta para votar a las 09:00 de la mañana, la participación ha caído un 5%.

De hecho, el partido ganador de las elecciones pierde más de dos millones de votos, que no han ido a parar a Vox ni a UPD: simplemente se han quedado en letargo hasta las elecciones que realmente cuentan. Y, por favor, que nadie crea que ese voto ha ido a otro tipo de formaciones (aún) más exóticas. Es un voto que volverá a surgir, y esto es un aviso para esos que claman por el fin del bipartidismo, igual que en 2008 decían que había acabado el capitalismo.

El fenómeno de la jornada electoral es Podemos, el partido configurado en torno al culto a la persona de Pablo Iglesias, un tertuliano televisivo y representante genuino de los indignados, o la etiqueta que quieran poner a la amalgama surgida de la última de las primaveras árabes de 2011. Con absoluto silencio mediático de todos los medios de propaganda oficiales, han conseguido en apenas unos meses concentrar 1´25 millones de votos, que se traducen en 5 parlamentarios en Estrasburgo.

El 8% del electorado: traduzcan esta cifra, o la forma prácticamente inmediata de conseguirlo, a cualquier ámbito de su entorno cotidiano. Rentabilidad bancaria, mejora deportiva o, ¿por qué irse tan lejos?, una cifra de share televisivo. Partiendo de la nada. O no, porque el caldo de cultivo estaba ya bien hecho desde hace tres años.

Podemos se ha quedado por debajo del Partido Comunista a nivel nacional, pero ha ganado con solvencia en tradicionales feudos de los de la hoz y el martillo como Asturias, Rivas o el centro de Madrid. Esto significa que, allí donde el elector ha sufrido en sus propias carnes la hégira de los de la revolución por llegar, ha optado por Podemos más que allí donde no han tenido nunca responsabilidades políticas. Ojo al detalle.

El que ha querido vota a la ultraizquierda ha dispuesto de la tradicional oferta de esta ideología del siglo XX. Sin embargo, parece que Podemos ha conseguido captar ese voto remanente o costra que se resiste elección a elección, el que se sólo se moviliza, a la manera de los ejércitos de las sombras del final de El Señor de los Anillos, en las grandes batallas o en las elecciones realmente importantes, como las de 1982 o 2004.

¿A tí que te importa? Seguro que antes que vosotros, amargados
Hay mucho de eso detrás de Podemos. Empezando por el líder, un matón de barrio de actitud chulesca, y siguiendo por el quinto eurodiputado elegido, alguien que está ahí por sus capacidades y no por ir en silla de ruedas, y pasando por otra que jamás se quita la camiseta verde de enseñanza pública. Falta uno con la bata de médico siempre puesta, pero todo se andará.

Podemos ha concentrado el voto protesta urbanita y precarizado, sin más. Con un programa político que produce vergüenza por la falta de ideas y por defender únicamente valores materiales -exactamente igual que el quincemismo, una revuelta dentro de la riqueza-, Podemos se va a Europa a....nada, porque 5 diputados entre los setecientos y pico del Parlamento Europeo representan lo que representan.

A eso quiero llegar: Podemos representa a un segmento de la sociedad que siempre ha existido, y ha conseguido movilizarlo por una mezcla de oportunismo, demagogia, propaganda del siglo XXI y algunas de las peores prácticas de los partidos tradicionales, de los que no es más que una excrecencia. No una escisión: una excrecencia.

Ni revolución, ni nada parecido. Es simplemente un invitado incómodo, porque aporta a la masa electoral un masa esquiva de votantes (esos que se quedaban en casa "como castigo") y que, en contextos de baja participación y distrito único como las elecciones europeas, se ve sobrerepresentada. España no es Lavapiés, ni todos vemos la tele los sábados por la noche para ver al mismo tipo que en la Facultad aleccionaba y adoctrinaba. Y con los mismos modos.

Es muy probable que Podemos haya alcanzado su techo electoral en esta convocatoria. Es lo que suele pasar con estos partidos tumultuarios y de aluvión de diferentes causas, compuesto además con gente con el sentido arácnido agudizado, y que ve peligros y enemigos por todas partes. Habrá, entonces, cumplido su función en el sistema.

Como lo hizo el quincemismo. Al margen de cualquier otra consideración, aquella algarada callejera de jóvenes bien alimentados sirvió para que toda una generación  se haya quedado vacunada contra los males del asamblearismo, la mano alzada y las comunas. Son cosas que, basta conocerlas o haberlas vivido por dentro, para abrazar el individualismo y la libertad personal: hay miles de ejemplos a lo largo del siglo XX, y de las mentes más egregias.

Por tanto, la función de Podemos en el sistema es haber incorporado una masa de votantes esquivos al mismo, ampliando el total de votantes. Paradójicamente, han fortalecido el sistema.  Y, si quieren reformar el sistema desde dentro, a la manera postulada por Gramsci, solo podrán convertirse en sistema: diputados, escaños, regalías y prebendas varias. La revolución es otra cosa, y queda muy grande a esta panda de costrosos y desengañados con el capitalismo simplemente porque a ellos no les va bien, o quieren vender eso.
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¿Es mejor alquilar o comprar una vivienda? Pues depende, pero en casi todas las comparaciones sale a cuenta alquilar. Una tabla interactiva como esta debería ser obligatoria en todas las oficinas bancarias para el siguiente ciclo alcista de la vivienda, pero no creo que el Banco de España tenga esta idea.
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Buena chapuza: en Francia han fabricado los nuevos trenes regionales mal, y ahora la solución pasa por reformar 1.300 andenes. La tontería costará 50 millones de euros. En el túnel de Pajares ya van enterrados 3.000 millones de euros y jamás podrán circular los trenes para los que fueron ideados: ni en número, ni en velocidad.Sin embargo, el error francés ha obtenido titulares en todo el mundo.