miércoles, 27 de junio de 2012

Hay un trasatlántico en Ávila

Ávila, puerto de mar
Ávila siempre ha estado lejos de todo. Ya estaba fuera de las principales vías de comunicación de la época romana, y su altura (1150 metros) tampoco favorecía un gran asentamiento durante la época musulmana, así como su extremadamente pobre tierra, apta para la cria de vacuno (el famoso chuletón) y las afloraciones rocosas, que como saben no se pueden comer.

Era una "villa de frontera" entre la zona cristiana y la de adoración a Alá, objeto de pillajes, alguno ilustre como el de Almanzor en el siglo X. Sin embargo, la estrategia subyacente en esa etiqueta llamada "Reconquista" incluía políticas de repoblamiento y asentamiento de población en los territorios re-conquistados, lo que favoreció el auge de Ávila a partir del s. XI.

Empezó Fernando I y después Alfonso VI, que aseguró definitivamente lo que venía siendo el llamado "desierto estratégico", que no era más que la amplia franja entre el Duero y el Tajo. Ahí Ávila empieza a ser clave en la siguiente expansión al sur, como la importantísima toma de Toledo en 1084, donde sirvió de cabeza de puente.

A mediados del s. XIII, Ávila tiene 19 parroquias -es un índice de medición de la riqueza- y una considerable población cristiana de origen vasco, cántabro, franco y castellano, además de los consabidos mudéjares, musulmanes y judíos. La antigua sinanagoga, irreconocible, es ahora un hostal barato.

Ávila es, por tanto, una ciudad de origen militar con importante función eclesiástica: en pocos sitios se ve un ejemplo tan claro, al estar la catedral fusionada con la muralla, ya que se construyeron al unísono, aunque el templo religioso no se acabó hasta el siglo XV, y aún así faltó dinero para la segunda torre: el centro del poder peninsular ya había dejado atrás ese "desierto estrátegico", primero por el fin de la Reconquista en Andalucía, y luego por la expansión a América.

Vistas desde la cafetería
Las murallas que dan fama universal a Ávila comenzaron a construirse en el s. XI por Raimundo de Borgoña (¡ay los francos, la mitad de la Península tiene su sangre!), yerno de Alfonso VI, y cubren una superficie de 31 hectáreas con forma de cuadrilátero irregular (900 x 400 metros, un perímetro de casi 2´5 km), con 88 torres, nueve puertas y, al final del siglo,  6.000 personas, con un importante espacio dedicado a la ganadería y la agricultura para sobrevivir en caso de asedio.

Ahí acaba Ávila. Las numerosas fundaciones de conventos y monasterios -en parte para dar "ocupación" tras el fin de las empresas militares-, tan típico de ciudades castellanas, son un buen ejemplo de lo que se conocerá como "ciudad conventual", que en Ávila alcanza su éxtasis particular con la vida y obra -por este orden- de Teresa de Cepeda y Ahumada, y San Juan de la Cruz, pero la ciudad y su importancia ya habían acabado hace siglos.

La Revolución Industrial dejó en Ávila una línea de tren que, a pesar de la relativa cercanía a Madrid -apenas 100 km.- era un espejismo de comunicación por el importante sistema montañoso a superar, y porque después de Ávila la siguiente estación en importancia en esa línea era Salamanca, y para eso no se hace un tren. El tren entendido como factor de progreso, como en otras partes de España, no hizo parada en Ávila, que vivía su existencia entre bostezos y una castellanidad eterna. Por inamovible.

Es en este tipo de ciudades donde se pueden ver fácilmente los hitos de la historia de España plasmada en sus construcciones, y ¿qué mayor hito reciente que los 15 años de Despilfarro? En Ávila, además de los numerosos carteles de instituciones públicas carentes de contenido que adornan la ciudad, los 15 años de orgía de gasto incontenido han dejado un curioso transatlántico llamado Centro Municipal de Exposiciones y Congresos de Ávila.

Emplazamiento urbano. Nótese el aparcamiento y el picadero
El juguetito, con el que toda ciudad ha querido contar en estos últimos años, es un magnífico edificio -nada de ironía aquí- construido por el notable arquitecto navarro Patxi Mangado, que consiguó la fama con otro edificio de características similares construido en su Pamplona, llamado Baluarte. Una cereza tira de otra cereza, y como en el caso de otros arquitectos que, habiendo logrado un encargo importante se especializan en este tipo de obras que les dio la primera fama, Mangado fue a ganar -no digo que lo escogiesen a dedo porque en Ávila quisiesen tener un centro igual que el pamplonica, no- limpiamente un concurso internacional con un gran, gran proyecto.

El primer gran es por la dimensiones, sobre las que abundaré más adelante. Y el segundo gran es porque el edificio resultante -ya lo era el proyecto, aunque al final se ha prescindido de la pasarela sobre  el río Adaje- es muy bueno, como mucha de la arquitectura realizada en España en estos 15 años de desenfreno.

Situado en los antiguos terrenos al noroeste del alfoz de Ávila, extramuros pero pegado a los mismos y sólo separado por la carretera por la que suben casi anualmente los ciclistas en una de las llegadas más famosas de la Vuelta, el edificio logra no ser intrusivo, al moderar la altura -sólo tiene dos plantas en altura y las dos cajas escénicas, más otras bajo rasante aprovechando la pendiente que baja al río y continua el otero donde está situada Ávila-, se extiende a lo largo y está realizado de manera noble, con un gran muro corrido de cristal que evita el "efecto muro" de las edificaciones mastodónticas. Muy de Piacentini, si me permiten la osadía.

El momento "guau, soy un arquitecto y hay que impactar" (especialmente al jurado-político que me va a encargar la obra) lo deja muy moderado, con un cubierta-escultura de perfiles irregulares que hace de tejado para la sala de exposiciones, un volumen enterrado que se adosa al rectángulo de la edificación principal. El edificio es muy bueno, especialmente en su integración con el paisaje.

Área de exposiciones, muy adecuada a Ávila
Los problemas vienen con el gigantismo y la poca adecuación del proyecto a la realidad de su emplazamiento, uno de los males de estos 15 años. Y ha sido, como todo, por voluntad política. Según la presentación firmada por Juan Jose Vicente Herrera, el casi analfabeto presidente vitalicio de Castilla y León, estamos ante "un proyecto que tiene la entidad de las grandes obras arquitectónicas capaces de convertirse en símbolos de una ciudad, y de contribuir como parte protagonista en su crecimiento, desarrollo y futuro".

Vamos, que querían un Guggenheim, entendiendo por esto no un "edificio arrugado" -estamos en Castilla, señores-, sino un "edifico estrella" que, por algún poder mágico -digamos místico en homenaje a Santa Teresa- logre lo que esta ciudad castellana no ha logrado en siglos y siglos de apatía, siesta y amargor.

"Se dota a Ávila de un instrumento más que propicia su desarrollo, que contribuye a hacer ciudad, y siempre tratando de respetar el complejo equilibrio entre modernidad y tradición, difícil de lograr en ciudades como la abulense, tan ricas arquitectónicamente", según el Consejero de Fomento de la Junta de Castilla y León en el momento de la adjudicación e impresión de los folletos de propaganda, Antonio Silván Rodríguez.

Proyecto original, con la pasarela sobre el río
El "complejo equilibrio" sería más bien el de una Comunidad Autónoma pobre por naturaleza y mentalidad, envejecida a niveles insostenibles, y que no ve más elemento de progreso que enterrar decenas de millones de euros en un proyecto del que les paso las características tipológicas, para que se pasmen:

18.900 metros de superficie construida. Una plaza de entrada digna de Albert Speer -sí, mucho granito- en sus dimensiones, nada menos que ¡10.000 m2!. Un auditorio principal de 1600 m2, con capacidad para 1412 espectadores, y dos salas divisibles de 444 y 968 espectadores respectivamente, con un espacio escénico de 432 m2; Una sala de cámara de 490 m2 y un espacio escénico de 140 m2 con capacidad para 440 personas; una sala de exposiciones con una altura de 15 metros y una superficie total de 2000 m2, con 6 salas anejas con superficie de 510 m2 y con capacidades para hasta 80 personas cada una; cafetería y restaurante en 750 m2; además, los diferentes vestíbulos incluyen uno de 750 m2. La guinda a esta locura la pone una ¡sala de prensa! de 72 m2 con capacidad para ¡70! periodistas, que a saber con qué criterios de viabilidad se planificó.

Yo no voy a utilizar esa conocida unidad de conversión que es "una hectárea=un campo de fútbol". Ahí están las dimensiones del edificio construido -al final han sido un poco menores a lo proyectado-  y finalmente inaugurado con el nombre de "Lienzo norte", por la ubicación geográfica respecto a la muralla. Ahí están para que cada uno vea la adecuación del proyecto a una ciudad que cuenta con 60.000 habitantes, contando perros y gatos, y que es un destino turístico europeo de tercera fila.

Quizás si el auditorio-centro de congresos se hubiese construido en los ochenta, o cuando era una dotación novedosa, hubiese tenido algo de éxito. No fue así, y no tiene sentido alguno, aún menos cuando está dentro del área de influencia de Madrid -como cualquier sitio a 250 km. alrededor de la capital-, que es capaz de construir cuantos centros de este tipo necesite,  y con la misma falta de sentido.

La inauguración, con dos especialistas
"La riqueza patrimonial de Ávila y lo estratégico de su posición en relación con la capital de España hacen pensar en un contexto óptimo donde han desarrollarse buen número de eventos congresuales y de actividades diversas. Junto a la necesaria dinamización y servicio de la vida interna de la ciudad le ocupa (sic) a la nueva dotación un papel de relación exterior de difusión y de reclamo. El edificio nace pues con vocación de acoger Congresos, reuniones, exposiciones y actos culturales. La versatilidad y funcionalidad de todos sus espacios es objetivo prioritario en la definición y construcción del edificio", se leía en el panfleto de publicidad cuando se concedió el proyecto.

"Congresos". Ya. Con esas dimensiones, aspirarían a acoger el Congreso Anual de Oncología, o algo así. La realidad, sin embargo, siempre es terca, y esa "relación" con Madrid no parece muy favorecedora. La programación para los próximos tres meses se basa en actuaciones del Club de la Comedia, cine infantil en 3D a precio subvencionado, el Campeonato de España de ajedrez y finales de curso de las academias de baile "Mirabrás", zumba fitness Master Class, Debora´s Dancers, ballet Eoan, la II Feria de Antigüedades de Ávila y final del concurso de Clarinete. Tal cual.

"Será un edificio con voluntad de emblema y con afán de significar y representar la vida económica de Ávila" Pues lo ha logrado plenamente. El día que lo visité había un camión del circo en el aparcamiento. Probablemente llevaba ahí un tiempo. "Es un edificio cuyos espacios mantienen, por encima de todo, una vocación de servicio. Su organización permite una gran capacidad de adaptación a los distintos requerimientos funcionales". Sí, como la próxima feria de destockaje y de outlet.

Ningún Congreso a la vista, claro. Tampoco ayudan las tarifas, que se pueden consultar en la web, aunque sean más económicas que en otros sitios. Al final, para lo que da ubicar un trasatlántico de ese tamaño en un sitio como Ávila es para actuaciones de teatro colegial y poco más, con la cafetería con 20 lámparas de Poulsen (modelo AJ Royal) de las 1.000 euros unidad para el cocktail de bodas de pueblo, y otra sensación de dinero público tirado por la borda, una expresión muy adecuada para este trasatlántico. Huelga decir que todo se ha pagado con deuda.

Ávila ha vuelto a perder el tren del progreso y se ha quedado con un edificio con la misma utilidad que las murallas, cuando la frontera (en este caso, económica) ya se ha movido a otra parte.

Y así, en toda España.

jueves, 21 de junio de 2012

¿Quien asesora al Rey? ¿Por qué lo hace tan mal?

The Rock will stand forever
No acaban los dislates, no. Ayer mismo el Rey de España Juan Carlos I cometió otra de la innumerable serie de torpezas que han caracterizado esta última parte de su reinado representativo, unas torpezas que no pueden ser únicamente atribuidas a su libre albedrío, y que ya apuntan directamente a una operación interesada en su contra.

Una más en una larga lista, donde la más recordada al margen de las de origen militar fue la del pontevedrés Mario Conde. No es posible tanta torpeza en la primera institución del Estado, la que da continuidad histórica a este país -incluso aunque haya cambiado de dinastía, vale- y que ejerce sus funciones con bastante eficacia.

Vean si no la pésima gestión del llamado caso Urdangarín -una más de las múltiples piezas del caso Palma Arena, a su vez una más de los múltiples casos de corrupción en Baleares, la que debía ser la CC.AA más rica de España es de las que más flirtea con la quiebra-, donde por intentar dar más protagonismo al Rey se acabó confundiendo la figura del yerno con la del Monarca. Fue una buena muestra de lo que se venía encima.

El lamentable discurso de Navidad, donde la reacción de cualquier ciudadano medio fue acotar las palabras del Rey con varios insultos, ante la lamentable redacción del mensaje -no vamos a entrar en la dicción, que ya son treinta años-, como si este no hubiese pasado los filtros oportunos, ni siquiera el final del propio Jefe del Estado.

"Junto a la crisis económica, me preocupa también enormemente la desconfianza que parece estar extendiéndose en algunos sectores de la opinión pública respecto a la credibilidad y prestigio de algunas de nuestras instituciones. Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos.Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar".

¿Por qué dijo esto el Rey? Porque por primera vez en la historia de la actual democracia la Monarquía que representa suspendía en la encuesta periódica que el Centro de Investigaciones Sociológicas realiza. Vivimos  en la dictadura de los sociólogos, esos que asesoran a políticos como Zapatero para que haga tal o cual guiño a mujeres o gays, o a Rajoy, en manos de Arriola -sociólogo- y que nombra ministro de Educación y Cultura (uno de los más visibles) a un inteligentísimo catedrático ¿de qué? Lo han adivinado: de sociología.

Suspende la Monarquía en la encuesta del CIS, y el Rey empieza a decir esas tonterías, desgranándolas una a una: "cuando se producen conductas irregulares que no se ajustan a la legalidad o a la ética, es natural que la sociedad reaccione (...) Afortunadamente vivimos en un Estado de derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La Justicia es igual para todos".

¡Y eso lo dice alguien que, según nuestro ordenamiento jurídico, es "irresponsable" ante la Ley! La figura jurídica, ideada para que el Rey nunca pudiese ser encausado, se ha revelado muy útil en el desempeño de sus funciones, aunque la mayor parte de la ciudadanía no lo entienda ni lo quiera entender, pero tampoco hace falta que lo restriegue a la cara con un "la Justicia es igual para todos".

Primer error, y muy grave. El segundo vino con el famoso viaje de caza a Botswana, que directamente hay que calificar de conspiración contra el Rey. Y si no les gusta el Rey por los motivos que sean, conspiración contra la primera institución del Estado. Y si no les gusta el Estado, hagánselo mirar, que eso de la acracia siempre ha tenido nombre de enfermedad.

Vamos a ver: ¿es que nadie se ha dado cuenta de la fenomenal concatenación de casualidades que confluyeron en el famoso incidente? Como sabrán, el Rey se fue de caza en un viaje privado a Botswana, una actividad que le pirra y a la que ha dedicado grandes recursos de tiempo y empeño a lo largo de su vida. El Rey, acostumbrado a no hacer nada a nivel organizativo -igual que los políticos, por eso hay redes como la Gürtel, de conseguidores/organizadores/facilitadores- fue en la fecha que le indicaron sus espléndidos amigos, que le invitaron a título de gratis total, como se indicó para apaciguar la tormenta.

¿Por qué esa fecha? Casualmente, y digo casualmente con la misma gracia que antes, supimos del viaje privado del Rey porque sufrió un accidente y tuvo que informar a la ciudadanía, visto que antes no había informado al resto de las instituciones del Estado. Casualmente, eso se produjo el mismísimo día de la celebración del aniversario de la proclamación II República, ese periodo histórico extremadamente denso que muchos han mitificado como una especie de Valhalla.

Es un día en que los republicanos, inarticulados como fuerza política por la misma inconsistencia que caracteriza su ideario, adquieren cierta visibilidad en los reductos que tienen (twitter) y cantan sus proclamas de un futuro que llegará mañana sí o sí (igual que el comunismo), aunque algunos de los creyentes en esta fatua esperanza hayan muerto. De viejos.

¡Menudo regalo! ¡365 días que tiene el año y se tiene que conocer la noticia del accidente del Rey precisamente ese! ¡Vaya puntería con el elefante y el calendario! Al parecer, la fecha fue escogida porque coincidía con la Pascua ortodoxa, la religión de la familia de la Reina consorte y griega que tiene España, que se había desplazado a su lugar de origen, pero también coincidía con el famoso -para algunos- 14 de abril.

La noticia se conoció por la mañana -estaba escuchando a Montserrat Domínguez en la SER, y la buena periodista a la que han condenado a un reducto igual que a Gabilondo, se indignó bastante, la reacción que esperaban los urdidores en el conjunto de la ciudadanía-, con un detalle muy, muy significativo para los familiarizados con las tramas arribistas que ha habido recientemente en la Historia de España: no se comunicó hasta que el Rey hubo aterrizado en España en el avión medicalizado que fue a recogerle al África sur.

Parece que todavía hay alguien que vela por el Rey en la Casa Real o su entorno; o quizás fue el propio monarca. No me quiero imaginar la situación de interinidad que se podría producir con la que está cayendo en caso de que el Rey quedase incapacitado, o algo aún peor, en un viaje privado a un país de pandereta para cazar elefantes. No se sabe como se cayó, pero si se sabe que salió de la operación de cadera como si nada. Y pidiendo perdón, como si tuviese que rendir cuentas de su vida privada o de a lo que dedica su ocio. Es el efecto "Sálvame" en la sociedad, o el de los sociólogos urdidores, siempre tan próximos a lo que supuestamente quiere la ciudadanía.

Afortunadamente, esa más que posible situación de interinidad se salvó anunciando el accidente cuando ya estaba en suelo español; sin embargo, la erosión gravísima de la figura del Rey y la importante función que desempeña en la vida política española ha surtido el efecto deseado. Sinceramente, ¿no había nadie en la Casa Real que hubiese evitado que una empresa de safaris pusiese fotos del Rey en Internet? ¿Por qué da la sensación de que hay un topo dentro de la Casa Real que va filtrando noticias y fotos de amantes, desaveniencias y aconseja hacer un vídeo humillante de disculpas? ¿Dónde ha quedado la tradicional discrección? ¿Hay alguien que haga bien su trabajo en esa institución tan sensible?

Ojo, que el contexto es de órdago: con una crisis económica que contaremos a nuestros nietos -y con deudas que todavía pagaremos por entonces, se lo aseguro-, con un Estado autonómico cuestionado aprovechando el caballo del ahorro económico, con un País Vasco que va hacia la independencia ahora que va descubrir los logros de la vía política, y con una ciudadanía aletargada esperando el siguiente golpe, parece que la figura del Rey se puede zarandear mejor que nunca. Hay alguien o algunos que lo están haciendo, y a saber con qué oscuros fines.

Y aquí llegamos a lo de ayer. Desde que el Partido Popular subió al poder está azuzando el tema de Gibraltar, territorio ubicado en la Península Ibérica de plena soberanía británica, porque para eso se entregó en un tratado internacional vigente. Como si volviesemos a los tiempos de Castiella, tan inspiradores para el conjunto del Gobierno.

Al parecer, los gibraltareños están hostigando a los pescadores de Algeciras, que no pueden faenar por sus aguas. Hablan de "400 o 500 familias" en riesgo, cuando dudo que haya tanta gente que trabaje en ese polo de industrialización del franquismo, que al menos tuvo el acierto de poner un puerto de categoría en el Estrecho de Gibraltar, algo que nadie se había planteado antes.

Tras varios rifirrafes que no pasarían de un breve en un periódico, ayer el Rey visitó Algeciras ¡vestido con el uniforme de Capitán Mayor de los ejércitos de España! ¡Y se fotografió mirando a Gibraltar! O esta completamente desquiciado -un poco gagá si que está, como se ve en su reproches a la prensa- o está francamente mal asesorado y sin rumbo.

¿A qué viene ese gesto? No recuerdo que hiciese lo mismo con Perejil -que también hubiese sido de chiste-, ni que lo haya hecho en ninguna actividad fuera de las propias de su Alto Mando del ejército y en funciones representativas. También en el 23-F, claro, porque era un colega que hablaba a los colegas, ya me entienden.

Según la Casa Real, responsable inmediato de este dislate -aunque no último, que se guarda en las penumbras-, oficialmente el Rey estuvo ayer visitando el patrullero oceánico "Rio Segura" -la mayor embarcación de la Guardia Civil, que lucha schumpeterianamente con la Policía por esas competencias- y el Centro de Vigilancia Costera de la zona -llega la temporada de pateras, no les extrañe que la propaganda oficial vuelve a activar el tema-, pero no dice nada de lo de Gibraltar.

Sin embargo, ahí están las fotos. Y la falta de oportunidad y el más mínimo tacto, claro. El patrullero de alta mar -impropio de la Guardia Civil- lleva tiempo operando, y el centro de Vigilancia mucho más. ¿Por qué ahora? Por mucho que quieran disimular ("ya estaba previsto desde enero", dice el sucesor de Roldán, con méritos semejantes), han azuzado al Rey en este nuevo circo, donde incluso se entrevistó -vestido de jefe de la FF.AA- con los pescadores.  ¡Toma ya!

A saber en qué acaba esto, pero viendo esa foto completamente desquiciante sólo cabe esperar que vaya a peor.

(Añadido posterior) A las tres semanas de escribir esto reparé en otra "curiosa coincidencia" de esta campaña de desprestigio del Rey y la institución que encabeza. El pasado 28 de diciembre, en plenas vacaciones de Navidad y cuando más gente "comenta" cosas de este tipo, se publicó por primera vez el sueldo oficial de Juan Carlos I en calidad de Jefe del Estado. Aquí la discusión no es si cobra mucho o poco, porque el dato se publica para que todos pensemos que es "mucho". Y para reforzar esta opinión inducida y condicionada, ese mismo día del 28 de diciembre pasado se publicó casualmente otro importante dato sobre sueldos.

Ya ven, lo dicho antes: el año tiene 365 días y en el mismo día salen esos dos datos para que la gente los correlacione, en perjuicio del Rey. ¿Cúal es el otro dato? Nada menos que el del salario mínimo interprofesional, que se congela para 2013.  Después de treinta y muchos años de no saber el sueldo del Rey, lo publican el mismo día que el de la congelación del salario mínimo. Pobre Juan Carlos, le están moviendo la silla -a él y su institución- y todavía no se ha dado cuenta.
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De la redacción de Cinco Días llega este artículo indecente. Afirma que, como apenas hay 20.000 sentencias judiciales al año sobre impagos de arrendamientos urbanos, la cosa no es para tanto...el problema es que en el mismo artículo, y de entrada, la poco perspicaz redactora afirma que la mayor parte de los alquileres no están legalizados....de ahí que no se recurra a la vía judicial, lumbreras.
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Estas son las condiciones laborales que ofrece el Huffington Post a los colaboradores españoles: da mucho prestigio escribir ahí. Por eso tienes que hacerlo gratis. La publicidad (y el pago a los blogueros famosetes) ya lo hacen ellos solitos.
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"A final de año, cuando hay superavit, se piden facturas para cubrir el presupuesto" Una frase que revela el descontrol con las cuentas públicas que ha habido en este país, al margen de la corrupción.

viernes, 24 de febrero de 2012

What happens in Vegas stays in Vegas

Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas. Este principio, todo un leiv motiv en EE.UU, parece que dentro de poco tendrá acomodo en España, país muy dado a refranes y que, sin lugar a dudas,  hará buen uso de lo que significa la frase.

Como ya les habrá llegado por su medio de propaganda habitual, el gran empresario del juego Sheldom Adelson, que tiene nombre de personaje de Dickens, quiere poner plaza europea a su exitosa franquicia del juego que empezó en Las Vegas con el Venetian.

El empresario, que ya ha tenido dos experiencias extranjeras y exitosas en Macao y Singapur, pretende hacer lo mismo en nuestro país. Sin embargo, los dos diminutos ex-establecimientos coloniales en Asia no son comparables a España, a pesar de que contemos con nuestras pequeñas colonias (Gibraltar, Rota, Andorra, Mallorca) dentro de las fronteras naturales.

De hecho, la propia expansión de Las Vegas a mediados del siglo XX -a principios de siglo era una parada de diligencias con cuatro casamatas- se realiza en un Estado diferente (pero colindante) con California, de donde vendrían todos sus visitantes en los primeros años. Nadie quería un centro de juego en su demarcación, y se instaló ahí para dar posibilidad de desarrollo a un Estado como Nevada, con todas las condiciones climáticas y ambientales para ser siempre pobre. De ahí que ahora mismo las reservas indias también cuenten con sus casinos, y Atlantic City en la costa este.

¿Ven la geografía de los megacasinos? Plazas fuertes (Campione d´Italia, un condado de Treviño italiano en Suiza)  o lugares aislados. Estados diminutos (añadan Mónaco a la lista) o fallidos. Jamás en toda la vida el mundo del juego ha tenido la oportunidad de desarrollar un macroproyecto como el que se baraja para España en las inmediaciones de una gran ciudad, sea esta Barcelona o Madrid, puesto que ambas están en la puja por llevarse este jackpot.

¿Y por qué ha sido así? Pues hay condiciones físicas y de otra índole que condicionan, pero especialmente por la regulación. El juego, como otro tipo de adicciones, siempre ha sido objeto de control por el Estado, que a su vez se nutre de los fortísimos impuestos que recaen, de manera muy justa, en esta actividad: alguien que destina dinero al juego es porque le sobra. También porque es un adicto y no controla sus impulsos, pero esa es otra historia sobre la nunca reparan.

También influye, claro, que con el juego vienen asociadas otro tipo de cosas muy feas, de esas de las que Hollywood hace películas de promoción de Las Vegas (hay de todo, desde Scorsesse hasta Sodenbergh, pasando por una comedia publicidad descarada con Cameron Díaz y Ashton Kutcher o Resacón en Las Vegas), donde prima la Mafia, la organización que impulso la ciudad de Nevada a partir de los cuarenta.

A quien le guste este enfoque de la historia, desde el punto de vista arquitectónico y social, les recomiendo el delicioso libro de Simón Marchán-Fiz Resplandor Pop y simulación postmoderna, una joya dentro del panorama editorial español, y que sigue la línea de Venturi y Adams. No deja de ser absolutamente fascinante lo logrado en apenas un siglo: de cuatro casas a dos millones de habitantes. Y todo por el juego.

Lo que admiro de Las Vegas lo admiro en EE.UU, pero no me gustaría en mi país. What happened in Las Vegas should remain in Las Vegas. Aquí lo que se está jugando es plantar una ciudad del juego al lado de una de las dos mayores ciudades de nuestro país, ese mismo que quería cambiar el modelo productivo. ¿Qué trae un macroconjunto de casinos? Precariedad y continuidad con el mismo modelo, si no peor.

Evidentemente, Sheldon Adelson ha visto la oportunidad de su vida: poder plantar su negocio no en establecimientos cuarteleros del siglo XIX, sino en un país con un nivel de desarrollo muy alto bajo los estándares mundiales. Si, también Singapur lo es, pero ya me entienden: no es comparable una isla-península de pocos millones con lo que es la costa y el lugar de destino de los europeos: la California de Europa.

La oportunidad se presenta pocas veces en la vida: se requiere un Estado en bancarrota, puesto contra las cuerdas y con cierta creencia hacia las soluciones milagreras. Así está España hoy por hoy, y seguramente también Grecia y Portugal, pero no tienen el peso específico de Madrid o Barcelona, con sus áreas metropolitanas de más de cinco millones de personas. Con sus aeropuertos internacionales de gran capacidad. Con todo ya hecho, o susceptible de hacerse para acoger al amigo americano (¡Berlanga, qué grande y visionario fuiste!)

La repelente presidenta regional de Madrid, Esperanza Aguirre, no ha dudado en decir -aunque después lo ha matizado: es que ella es muy liberal- que "si hay que hacer cualquier modificación legal que esté dentro de mis principios, se hará" para que el señor Adelson se sienta a gusto y deje sus millones aquí. Por cierto, nunca serán tantos millones como los que se va a llevar, o los que les vamos a dar de gratis. Artur Mas, un poco más comedido, también está dispuesto a cosas similares. Afortunadamente, sus competencias se limitan a lo regional, pero el proyecto ya está en manos estatales, igual de ávidas de poder presentar al electorado el enésimo timo, una especie de Juegos Olímpicos del Juego, si me permiten el juego de palabras.

Desde el 26 de junio de 2011 el Gobierno central saliente y el que acaba de entrar conoce lo que exige Sheldom Adelson, lo que se suele exigir a un país colonial cuando se pone una plantación de bananas o de caña de azúcar. No ha parecido importarles, porque todo sigue adelante, inflado con cifras propias de la propaganda comunista: inversión directa en diez años de hasta 18.800 millones de euros (¡pero si sólo va a construir edificios, y ese es el precio de tres T-4 en Barajas!) y creación de ¡164.000 empleos directos y 97.000 indirectos!, cuando si existiese algo de periodismo crítico en este país dirían que esa cifra no la consigue ni la creación de una nueva tecnología alfa (tipo Internet o en su momento la siderurgia), cuanto menos un conjunto de casinos.

¡Qué vergüenza!

Es para indignarse, se lo aseguro. Para conseguir esa cifra inventada, Adelson pide reformar el Estatuto de Trabajadores, la Ley de Extranjería (para traer trabajadores de fuera de Europa, los especializados en casinos se supone), dos años de exención en la cuota patronal a la Seguridad Social (y otros tres al 50%) y hacer un Máster en Gestión y Administración de Empresas del Juego, algo a lo que seguro que se apuntan las numerosas universidades privadas de Madrid o Barcelona, cuando no las públicas.

También pide (el anterior enlace es muy completo) auténticas claudicaciones como cesión de suelo público, "expropiaciones de suelo que ya está en manos privadas" (¿por qué? ¿por equipamiento de interés general?) , exclusividad de negocio durante 10 años (Aguirre, ¿dónde está tu liberalismo?), marco regulatorio especial de ¡30 años!, licencias sin concurso, cambiar la ley de blanqueo de capitales (hasta 2.000 euros todo legal), vacaciones fiscales, bonificación en el impuesto de transmisiones patrimoniales, permitir fumar en sus casinos, etc...si, crear un virreinato al lado de una de las dos mayores urbes de España. Esto no es como Macao o Singapur; es peor, mucho peor.

Claro, a pesar de la "inversión directa de hasta 18.800 millones de euros", también pide líneas de AVE, metro, autopistas, trenes...¡toma ya con la inversión!. Y eso es lo que hemos sabido: a saber como estarán llevando las negociaciones entre bambalinas. Adelson ya ha dicho que el país será España (¡ojalá la UE nos salve de esto!) y que la decisión la tomará antes de julio.

Madrid parece la mejor posicionada, aunque a Adams le gusta más Barcelona. En Madrid, encantados. Ahí que posaron con los mismos colores alcaldesa y presidenta hablando de la gran oportunidad que "empezará con un casino" y, a medida que vaya creciendo, acabará, como en los cuentos de Grimm "con seis casinos, doce hoteles de 36.000 plazas, tres campos de golf, nueve teatros, un recinto para ¡15.000 personas"....

Ya lo ha dicho Botella, que está en la alcaldía de Madrid por su valía y no por ser la esposa de Aznar, "es esos 200.000 puestos de trabajo los que nos deben invitar a movernos", refrendada por Aguirre: "es un rayo de luz en estos momentos de oscuridad". Ella, tan anglosajona para lo que le interesa, ha puesto como ejemplo de interveciones legales semejantes los Docklands de Londres.

El puerto de Londres alcanzó su mayor expansión poco después de la II G.M, y desde entonces decayó con la pérdida del imperio y de la propia situación de Reino Unido en el mundo. Decenas de kms. de muelles y atraques quedaron en desuso, y lo mismo en Glasgow, Liverpool, Newcastle y todas las ciudades portuarias e industriales del país. A principios de los ochenta, la zona conocida como la Isla de los Perros (una mínima parte de las Docklands) se erigió como un experimento donde se permitió edificar en altura (un horror para el gusto británico), surgiendo Canary Warf (250 metros de altura), un metro en superficie, sector terciario y demás, con sonoros fracasos como la Cúpula del Milenio de Rogers. Se instalaron bancos y aseguradoras, no casinos. La zona dista mucho de ser un éxito, pero ha funcionado.

Aguirre, como en tantas otras ocasiones, habla de oídas. Las Docklands no son un ejemplo válido, por lo mismo que Madrid no es Londres. Que hable de lo que hicieron en Glasgow, con los mismos planteamientos y saliendo del mismo lugar, y lo que hay ahora: nada, un par de museos, un centro de congresos y la sede de la BBC para Escocia. En 30 kms. de muelles hay 2 kms. ocupados. La regulación legal especial no siempre sirve.

Encima, en este país que nos ha tocado, se plantea para poner casinos, una industria con mucho i+d asociado, mucho progreso y que define un país y una región. ¡Cómo si no supiesen perfectamente lo que viene asociado con el casino y el juego! Y lo van a hacer, les da igual. Lo que pasa en Madrid se queda en Madrid. Manejan todo como si fuese una finca privada de su propiedad. Quizás lo sea. Van a hacer todo lo posible porque lo sea. Y quedará en Madrid.
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La España de la crisis. Lo mejor son los colores de las letras.
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Una magnífica noticia económica. Y cuando acabe el proceso de rebaja de salarios en la que estamos metidos para mejorar nuestra competitividad, será aún mejor. Es la única salida cuando se ha perdido la batalla de la productividad.
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Una pesadilla económica. ¿Por qué las protegidas evolucionan de tal modo que pueden llegar a ser más caras que las libres? Eso es lo que no responde el artículo, porque la respuesta se basa precisamente en que son protegidas y, por tanto, ajenas al devenir del mercado. Relacionado con esto, en este artículo se refleja mi opinión de una manera en la que raras veces me he sentido tan identificado.
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El Benidorn del norte. Que desde 1979 todos sus PGU hayan sido tumbados por los tribunales da buena cuenta del nivel de corrupción de este encantador municipio. Que Rubalcaba veranee desde entonces por ahí también.
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Un artículo bastante decente (y bien escrito) sobre algunos aspectos inmobiliarios. Y este lo complementa.
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En el fondo, esta noticia humaniza a alguien tan inhumano como Erik Honecker.
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Una de las claves de por qué no hay salida a la crisis. Por cierto, por fin se empieza a hablar un poco claramente de estos asuntos y no a brochazos gruesos.

lunes, 16 de enero de 2012

Se va el caimán

El mejor animalillo político de Peridis
Desconfíen de los análisis que vayan a leer por ahí sobre la reciente muerte de Fraga, cuyos mayores hitos políticos verán también reflejados en una cuidadosa mezcla entre anécdotas chuscas y años señeros. Esta misma mañana he escuchado que su mayor mérito se encuentra en la Transición, un mérito atribuible casi por automatismo a cualquier jerarca del franquismo, y cuya razón última se encuentra en el propio concepto que nos han machacado de la Transición.

Lo de Fraga y este país es de verlo y no creerlo. Quizás la mayor prueba es que un personaje tan conocido y tan importante en la configuración de la actual democracia española no tiene ni una mísera biografía que no pase por ser una hagiografía (las hay con fotos y todo) laudatoria sobre la figura, que en algunos momentos de su vida llegó a cultivar el culto a la personalidad -el fraguismo- sin ningún tapujo.

Lo que sigue es un pequeño resumen de la vida de Fraga, así como lo veo yo, sin perder de vista que alguien que sobrevive tanto tiempo y en tantos regimenes distintos es porque tiene una habilidad política innata, la misma que caracteriza su acción: el resistir, el inmovilismo, lo gris. La pregunta vital a la que hay que responder en una persona que ha tenido esas cotas de responsabilidad en esos momentos es muy sencilla: ¿habría sido diferente España sin Fraga? Sí, y mucho mejor.

Hijo del que sería alcalde de Villalba (Lugo interior: riánse de la España secular) durante la Dictadura de Primo de Rivera, Fraga nació poco antes de esta, en la lejana fecha de 1922. Con el turnismo, vamos. Probablemente no fuese consciente de esto, pero es algo que modela su manera de concebir la política y con la que edificó su mayor legado, que le transciende en gran medida.

Fue número uno de sus múltiples promociones a cargos públicos, estableciendo una norma que ha continuado el partido que formó, integrado en sus partes más altas por gente con los mismos méritos, en una especie de meritocracia burocrática que haría estremecer a Schumpeter o a Orwell. Lo primero, el Estado, y ahí dedicó gran parte de su obra en su pasó por el mundo académico.

En su rápido ascenso dentro de la estructura del franquismo, el joven e hiperactivo Fraga pasó por sitios tan dispares como el Instituto de Cultura Hispánica (un intento neoimperial hacia Iberoamérica, muy del gusto de Falange y del primer franquismo, pero cuyo hálito llega hasta el Cervantes actual) y el Instituto de Estudios Políticos, actual CEPC, que era el think tank de la época. De ahí salían importantes mamotetros destinados a justificar la dictadura, lo órganico, el partido único y el Sindicato Vertical, al mismo tiempo que se acogía a Carl Schmitt para que orientase un poco con su clarividencia a lo que iba surgiendo.

Con 40 años y en 1962 pasa a ser Ministro de Información y Turismo hasta 1969. A él corresponde la idea de los teleclubs, que era poner una tele en cada pueblo para que pudiesen tragar la propaganda del régimen , consistente en niños prodigios, charadas y nada de información relevante. Hoy leerán lo de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, que continúo la censura militar vigente desde 1939 dándole una pátina de libertad: básicamente consiste en que el primer artículo garantiza la libertad de información y el segundo la deroga, aunque permitió abrir resquicios por los que se colaron los no adictos al régimen. En Turismo convirtió a España en la costa de Europa, creó la red de Paradores Nacionales -aunque ya había un intento anterior- y se vendía a sí mismo como joven y reformador, incluyendo el mitificado y casposo baño en Palomares. Hacía propaganda y turismo, especialmente de el mismo.

En 1969 cayó en desgracia tras haber intentado poner una zancadilla a los opusdeistas con el Caso MATESA, que por sí sólo explica todavía hoy tantas cosas de este país, y se fue de Embajador a Londres. Hay unas fotos tremendas donde se deja retratar con bombín y tuxedo, de tan simpático y aperturista que era. La propaganda llegará a un momento en que nos venderán que estuvo "exiliado" en Londres, ya lo verán, de tan demócrata que era.

No duró mucho ahí, pero la imagen de Fraga viviendo el swinging London de los sesenta, o paseando por Carnaby Street inquieta a cualquiera. ¿Se imaginan un encuentro entre Fraga y Twiggy? Tremendo, aunque hay equivalentes con Joselito y Marisol. Volvió a España rápidamente, porque el hecho biológico estaba rondando y había que tener posiciones en plaza. En los años entre 1970 y 1975 está el Fraga más poliédrico, alternando la empresa privada (llegó a tener acciones de la empresa que acabaría fundando El País, que en su origen se concibió como órgano de alabanza hacia su persona, pero cuando se desvinculó acabó siendo una cosa muy diferente), sus múltiples iniciativas políticas y el enconado esfuerzo de asomar la cabeza donde fuese y como fuese: si repasan las revistas de corazón de la época es muy habitual verlo.

Muerto su paisano Franco y hechos los respectivos honores, Fraga es nombrado Vicepresidente y Ministro de Gobernación (de los grises) por Arias Navarro, el chacalito de Málaga. Imaginénse: se ha muerto el dictador y hay un Ministro al que le gusta la autoridad, la notoriedad y los flashes dispuesto a promocionarse entre su electorado natural. Resultado: varios muertos en represiones de huelgas y manifestaciones, aunque no todo el mérito es de Fraga, que no estaba dando a la porra o al gatillo. La Policía era la que era, y no hay duda de que se ordenó mano dura, pero tampoco disparos a la barriga al modo Casas Viejas.

La pérdida de confianza del Rey en Arias Navarro y el nombramiento de Suárez sacan a Fraga del Gobierno, por lo que ya se puede dedicar plenamente a lo suyo: promocionarse. Funda Alianza Popular (su énesima marca política de la época) tras el verano del 1976, y concurre a las elecciones de junio de 1977 con nada menos que otros siete exministros del franquismo. Con esa tropa, inútil hablar de propósitos o ideologías. Eso sí, era un demócrata e  hizo mucho en la Transición, como si duda dirán en El Parte de hoy.

La apuesta de Fraga fue un fracaso rotundo, y así sería siempre: menos del 10% de los votos y 16 diputados, y con el mismo sistema electoral de ahora. Estaba claro que los españoles se equivocaban al no apostar por un político honesto, íntegro, nada cabezón y nada arrogante. En 1979 Fraga les dió una nueva oportunidad y los españolitos, que ya se sabe que no se pueden gobernar por sí solos, el 6% de los votos y 10 diputados a su nuevo invento político, a pesar de que se vendía como el autor único de la neonata Constitución.

En el famoso 23-F el apuesto gallego era de los que no sabían nada: vamos, el líder de la derecha no sabía nada de un intento golpista militar y decimonónico que pretendía poner un Gobierno de paja liderado por un paisano. Aún así, fue de los que se tiró cuerpo a tierra con el primer tiroteo (al techo), al revés que Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado, los únicos que estuvieron a la altura de las circunstancias.

Con los socialistas en el poder lanzaba furibundos ataques desde la tribuna de oradores del Congreso, incluyendo unos muy divertidos apoyando la guerra sucia contra ETA, que seguramente ya hayan sido borrados de las actas. En 1986, con una soberana derrota a pesar de la reconversión industrial, a Fraga le hicieron ver (bueno, ya se lo habían hecho ver en esas elecciones, presentando aquel efímero partido de derecha rancia que fue el encabezado por Roca) que no valía como cabeza de lista de un partido de derechas por su tremendo pasado, pero el se resistía a creerlo.

Así fue: primero promocionó a Herrero de Minón, a Tocino, después a Hernández Mancha, a Gallardón y por último a Aznar, un poco a regañadientes. De este época data su mayor legado político, ese que le transciende y le supera: la unidad de la derecha en España, único país de Europa donde sucede algo así. Fraga siempre lo había intentando, y de hecho su acción política durante la Transición se basa en eso, lástima que la UCD le minase el caladero de votos, por muy centrista que quisiera pasar.

Con su ansia de figurar, encabeza la candidatura de Alianza Popular a las primeras elecciones al Parlamento Europeo que se efectuan en España, las de 1987: tampoco ganó, claro, pero apareció en todos los carteles electorales. De esa época también es muy meritorio los dos escaños de Ruiz-Mateos. En 1989, para ganar por fin en algo y dejando a Aznar al frente de AP, se presenta a las elecciones a la Xunta de Galicia, hablando en gallego y adoptando un discurso regionalista (ese es el término querido, y no autonómico) con mucha gaita, folklore pobre y axuda do Apostol.

Gana, cómo no. En su tierra Fraga es un mito, como la vaca y el coche. Ahí se queda 15 años con sucesivas mayorías absolutas, mientras la región seguía siendo de las más pobres de Europa (por debajo del 75% de la renta media europea) y todos los medios comprados y ensalzando su figura. Todavía en 2004, y ya completamente gagá (el término lo utilizó su paisano Rajoy para definirlo) se publicaba un publireportaje en la Voz donde se volvía a insistir en ese mito que rodea a las personas autoritarias o que venden imagen de que mandan: que nunca duerme, que aprovecha los viajes en coche para una siestecita como mucho.

Hablar del horror construido en Compostela bajo la palabra "cultura", la revitalización del Camino de Santiago, el recinto ferial de Silleda o el Prestige daría para mucho, pero es ya un Fraga crepuscular, al que invitan a Madrid para ponerlo como un jarrón chino en los Congresos Nacionales del Partido Único de la derecha que el ideó -y que le salió bien, por una vez en la vida-, una especie de Di Stefano al que hay que aguantar sus salidas de tono. Con su ánimo de aferrarse al poder, fue propuesto senador por su CC.AA y ahí estuvo hasta hace nada, porque las recientes elecciones del 20-N fueron las primeras en las que se quedó sin ningún cargo.

Gris, inmovilista, escasamente creativo (ideó el sistema político español esperando un turnismo, y también lo logró), con un pasado increíble (¿se imaginan a un Ministro de una dictadura dando lecciones en una democracia en otro país que no fuese España?), el mejor epitafío y realidad no puede ser otro que este: tras 50 años en el poder, nadie se ha atrevido a escribir una biografía digna de tal nombre sobre mí.
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Pasa esto mismo en el País Vasco y sería una de las primeras noticias a nivel nacional. Como pasa, y pasa frecuentemente, en otra región folklórica, no pasa nada.
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Según el Ministro de Economía De Guindos, muy bien retratado en la entrevista, la burbuja inmobiliaria comenzó en España en 2004. Antes no, que para eso gobernaban los suyos y el formaba parte del equipo. Hace falta ser caradura.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Gobierno de crisis

Posa leyendo una prestigiosa publicación
A lo mejor es un wishful thinking, pero me gusta pensar que en la exquisitez de tiempos y de formas que ha mantenido Mariano Rajoy a la hora de su toma de poder es herencia de las dos legislaturas de Zapatero, que siempre puso mucho énfasis y práctica en estos modos. No era a lo que nos tenían acostumbrados los anteriores presidentes, ni mucho menos.

El PP ganó los comicios adelantados del pasado 20-N, tras unas elecciones aburridas y sosas por su propia elección. Sabedor de que ganaría de cualquier modo, puesto que el voto -y la abstención- estaban decididos de antemano, todo fue un dejarse llevar. Tras su debate de investidura el lunes, ha jurado su cargo esta mañana como sexto presidente de la actual democracia.

Y ese dejarse llevar parece ser su auténtica ideología, porque en el debate de investidura, que tendría que haber aprovechado el impulso del torrente electoral, no ha propuesto nada ni novedoso ni esperanzador, dos elementos que creo no deben faltar en la vida política, y más en tiempos de desafección democrática. Al fin y al cabo, es la misma persona que se presenta como "previsible".

De ahí la formación de su primer gobierno, que tiene visos de ser muy duradero a imagen y semejanza del de Aznar en 1996, donde sólo le falló Pimentel poco antes de las elecciones de 2000. Los nombres de este I Año Mariano son desasosegantes y grises, y aún así son lo máximo que se podría haber esperado del registrador de la propiedad de Santa Pola (Alicante). No hay nada más: cuando hay un cambio de gobierno se dice que hay una "crisis de Gobierno"; aquí estamos ante un Gobierno de crisis, y bien poco se puede esperar de él: Rajoy lo ha escogido por fidelidad a su persona, especialmente durante los cuchillos largos que siguieron a la derrota de 2008. La adecuación, eficiencia o aptitud lo dejamos para otra ocasión, aquí lo que cuenta es el lacayismo.

Soraya Saénz de Santamaría: Vicepresidente primera, Ministra de la Presidencia y portavoz. Era esperable que la elogiable vallisoletana obtuviese el premio gordo en el reparto de ministerios. Lo ha trabajado durante la última legislatura, tiene la experiencia -y con menos de 40 años- y el talante necesario para lo que va a tocar lidiar, y creo objetivamente que no debería provocar de entrada mucho rechazo.

Alberto Ruiz -Gallardón: se coloca en Justicia, lo que su idolatrado padre nunca fue -aunque su vástago se casó freudianamente con una hija de Utrera Molina-y hubiese querido de él, y no otras cosas que ha hecho en política regional. Al fin y al cabo, fue el joven Albertito, como así lo llamaban en la casa familiar, el que en 1985 puso un recurso en los tribunales ante la Ley del Aborto. De esta ley, y de otras muchas -como la de partidos- nos dará que hablar el chico más aplicado de la clase. Por cierto, el puesto es muy importante. Muy, muy importante.

Miguel Arias-Cañete: un desastre sin paliativos. Don manteca colorá, supuesto experto en economía, va al Ministerio de Agricultura, que recupera el nombre. Un Ministerio que apenas tiene competencias propias, porque todo se decide en Bruselas, y que representa un sector que supone el 2% del PIB español. Será una fuente constante de noticias. Y de ocurrencias. La-men-ta-ble

García-Margallo: un político viejo, aunque a nadie le suene. Viene de la UCD y viene del Parlamento Europeo. ¿Premio? Ministro de AA.EE, una cartera donde tendrá, de entrada, que intentar salvar la cumbre iberoaméricana de 2012, a celebrar en Cádiz por el Bicentenario de las Cortes y La Pepa, y a la que no va a venir nadie. También está Europa, nuestro vecino marroquí y, en fin, "recuperar nuestro lugar en el mundo", que no es desde luego el que quería Aznar.

Pedro Morenés: fue secretario de Estado cuando Rajoy era Ministro de Interior, y ahora será Ministro de Defensa, donde ya estuvo también con Eduardo Serra, uno de los mejores ministros de Aznar. Le espera la descomunal deuda del Ejército (26.000 millones en créditos comprometidos para comprar armas, y eso que tenemos un ejército de menos de 100.000 hombres) y los secretos de Estado.

Cristobal Montoro: el calvo que se peina con gomina, lenguaraz y chabacano, pertenece a la más triste realidad de las mentes grises en economía del PP: no hace tanto tiempo -una legislatura- que el candidato a Ministro de Economía era Pizarro, cuyo mayor mérito era haber malvendido Endesa a los italianos y no a los catalanes. Ahí estuvo mano a mano con Montoro, que ya fue secretario de Estado del ramo en que será Ministro: Hacienda. Y ahora también, Administraciones Públicas. Sí, Montoro lidiará con el sector público.

Jorge Fernández-Díaz: otro que viene de la UCD, y después estuvo en los aridísimos años ochenta de la derecha nada menos que en Barcelona, donde se bregó contra todos. Como pago a sus servicios, la dirección nacional le dió el puntapié con el cambio de década a favor del ultra y desequilibrado Vidal-Quadras. En cuanto Rajoy empezó a rotar por Ministerios, le siguió fielmente y muy de cerca. Ministro de Interior, lo que en la democracia española -con ETA o sin ella- equivale a ser el más próximo al presidente del Gobierno.

Ana Pastor: continuidad gallega en Fomento. Precisamente cuando una de las escasísimas medidas que han transcendido de este mes de "gobierno en la sombra" de Rajoy era que el PP gallego renunciaba a reclamar la costosísima e inviable conexión de su AVE local con la meseta. Nacida en Zamora, la fielísima de Rajoy tendrá un presupuesto menguado y cierto populismo en su cargo y sus maneras, el mismo que ejerció cuando el año pasado fue a visitar a los "atrapados" por la huelga de controladores, como si fuesen refugiados de patera. Risas garantizadas.

Fátima Báñez: la cabeza de lista por Huelva se dedicará a Empleo y Seguridad Social. La delfina de la irritante Teófila Martínez llega al Ministerio desde una provincia con tasas de paro propias de otro continente no muy lejano (30% en su provincia) y presencia asegurada en los medios.

Jose Ignacio Wert: el único Ministro del que se pueden esperar sorpresas e innovaciones. El sociólogo -conservador, pero no radical y habitual en los medios del grupo PRISA- es una persona muy inteligente, enemigo de los lugares comunes, contracorriente del pensamiento único y con argumentos razonables. Se lleva el ministerio bicéfalo de Educación y Cultura, donde tendrá mucho trabajo. Sinceramente, da confianza.

Jose Manuel Soria: el conocido clon físico de Aznar, al que incluso se le blanquea el bigote de la misma manera, deja sus islas queridas y canarias para venirse a Madrid a ser Ministro de Industria, Turismo y otra cosa más. Poco hay que esperar de esta persona de verbo limitado.

Luis de Guindos: el premio gordo para el antiguo responsable de Lehman Brothers en España, hombre de Rodrigo Rato, habitual de los medios de ultraderecha y conocido o supuesto pensador económico. Ministro de Economía "y competitividad". ¿No había nadie mejor? ¿En serio?

Ana Mato: la número tres del PP y eternamente bronceada, la misma que no se enteró de Gürtel había regalado un Jaguar a su entonces marido (alcalde de Pozuelo de Alarcón, el municipio con mayor renta per cápita de España) se lleva un superministerio: Sanidad. Otro ministerio feminizado, carente de competencias reales -salvo que se recuperen de las CC.AA, atención- y meramente figurativo. Como ella.

Y esto es todo. La mayoría absoluta del PP se traduce en trece ministerios (había quince), cuatro de ellos para mujeres, que ustedes podrán juzgar por su importancia. Con este equipo habrá que lidiar la nueva recesión, la crisis de nuestras vidas y el futuro de este país. Veremos que hacen, pero no es para que mañana alguien se levante muy reconfortado.



jueves, 15 de diciembre de 2011

Madrid se londoniza

Típica high street británica, todavía con Woolworths abierto
Con su habitual arrogancia de siempre, Esperanza Aguirre ha anunciado lo que venía planeando desde hace tiempo: la libre apertura comercial los 365 días y las 24 horas de todos los negocios establecidos en la región que domina, Madrid.

Ha sido una escalada paso a paso. Primero se declararon centros comerciales como "de interés turístico" (caso de la pista de nieve artificial situada en Arroyomolinos, Móstoles, a 30 kms. de la Puerta del Sol, o el centro comercial situado en la antigua estación de Príncipe Pío), después se amplió esa medida al entorno de la Calle Preciados, Sol y Gran Vía, no hace ni un año se extendió la libertad de abrir en domingo a otros distritos y, por último, se empezó a barruntar en octubre la total libertad de apertura (incluyendo la nocturna, hasta el momento semi-tabú) "para locales de más de 300 metros cuadrados".

Esta bien explicar esta evolución porque la arrogante y chabacana Esperanza Aguirre fundamenta la medida que quiere aprobar en que "nosotros estamos con la Libertad". Tal cual. Yo también, pero tengo mis serias dudas de que la reptilesca presidenta de la Comunidad de Madrid lo esté: como todos los autobautizados liberales que hay en España, son liberales porque la etiqueta les parece prestigiosa, pero a la hora del libre comercio asoma la pata del lobo. O de la lagarta.

Esperanza Aguirre está a favor del libre comercio. Muy bien. Esta medida está en la base de la prosperidad y el progreso. El problema es que los adalides de esta medida tan sana suelen poner trabas a su libre desenvolvimiento. Ahí está el reciente ejemplo de los comerciantes chinos (toda una institución en Madrid) manifestándose porque no les dejasen vender cervezas ni otras bebidas alcohólicas a partir de determinadas horas.

Un ciudadano incauto pensará que eso está muy bien, porque por ahí se cuela el botellón, la inseguridad ciudadana y Corea del Norte, y probablemente no le falte razón. El problema es que mientras a los comerciantes chinos se les prohíbe vender alcohol a partir de las 22:00, cualquier consumidor puede comprar esos productos de esa hora en adelante en gasolineras (al principio no era así, pero Gallardón lo cambió) y en el VIPS (lo más parecido a un drugstore que hay en España, no en vano el 30% de su capital es de Goldman Sachs), por no hablar de los establecimientos de come&corre que han proliferado por la capital en los últimos dos años, que venden pizzas y, si quieres, también cerveza.

Espe también quiere la libertad para la visión
Pero los chinos no pueden vender alcohol. ¿Ese es el libre comercio que propugna Aguirre? Sí, y que nadie se lleve a engaño. Libre comercio, pero no para todos, lo que de facto -y dada la arbitrariedad del poder político que administra los horarios y las normas- se convierte en un abuso aún más flagrante que cuando no había esa supuesta "Libertad" (¡cómo se les llena la boca!), porque es directamente una discriminación.

La propuesta de octubre, decíamos, de dejar libertad de apertura a comercios de "más de 300 metros cuadrados" era una propuesta antichinos, dado que los establecimientos de este colectivo (que paga sus impuestos y está más controlado que el tendero "de toda la vida", ese que jamás te dará un recibo o un albarán con número de serie) son de un tamaño muy inferior. Es más: era una medida para favorecer la implantación de grandes cadenas (como Opencor, de El Corte Inglés), las únicas que pueden resistir el tirón  y la barrera al libre mercado que supone la traba administrativa de una superficie mínima.

De hecho, los comercios de más de 750 metros cuadrados ya disponían de libertad horaria de lunes a sábado, pero locales de ese tipo son aún más infrecuentes. Con este nuevo giro de tuerca Esperanza Aguirre nos vende más libertad, pero es dudoso que se llegue a palpar. En la operación de propaganda con la que se lanza esta medida no falta el mantra que se repite una y otra vez en estos tiempos: "se crearán 20.500 puestos de trabajo".

Puede ser. Lo que no calcula es los puestos de trabajo que se perderán en el pequeño comercio, que no va a poder aguantar el tirón de las grandes cadenas. Y no sólo el situado en el centro, porque muchos de la periferia se resentirán, dado que los días festivos y de fin de semana en Madrid existe la cansina costumbre -también por falta de otra alternativa- de acudir en masa al centro, dado que es lo único presentable de una ciudad que se vende como próspera y que compite de tú a tú con otras grandes metrópolis, y que todo el mundo sabe que no es así.

De hecho, en el panegírico a sí misma de Esperanza Aguirre no ha faltado esa argumentación: que Madrid quiere competir con Londres o con Tokio (donde también hay libertad de apertura comercial) como destino de compras. De hacerse realidad esto, y desde luego la medida de la libre apertura a mansalva lo va a propiciar, Madrid perderá sus señas de identidad.

En francés existe un término muy divertido para definir a esas ciudades donde las principales vías comerciales están llenas de franquicias, que como es sabido estandarizan el consumo y te puedes comprar el mismo jersey en el H&M de Roma que en el de Berlín. Los franceses, muy amantes de lo suyo y de la petit boutique, califican el fenómeno de "londonización".

Así es: la capital británica tiene todas sus high streets (las calles comerciales con espacios destinados a este uso, el resto están desiertas) copadas por las mismas grandes cadenas, en una monotonía y atonía desesperante. Da igual en qué parte de Londres estes, que ahí estará tu HMV, el Boots, Subway o la cadena de librerías esa que siempre tenía la oferta de 3x2 en paperbacks, que acaba de quitar porque se hunde. Y lo mismo en Manchester, Bristol, Leeds, Glasgow o donde quieran.

Linwood, periferia de Glasgow
El fenómeno es tal que existen hasta clasificaciones sobre las ciudades más londonizadas y las que menos, algo que se suele vender ¡cómo atractivo turístico!, porque tienen sus pequeñas tiendas o, sencillamente, porque vas a encontrar algo diferente a las manidas high street y sus franquicias repetitivas. En Escocia, por  meter un ámbito geográfico concreto se puede encontrar Dumfries (la ciudad más londonizada) y al mismo tiempo Edimburgo, la gran ciudad que conserva más comercio local...y más actividad y encanto, pero lo que más abunda son sitios como Linwood, con el comercio de todo tipo arrasado y nombrada este año la ciudad más fea.

Nada de esto ha servido como ejemplo. Esperanza Aguirre se fija en Londres y Tokio, nada menos. En Tokio son limitados los distritos abiertos 24 horas: Shibuya y alguno más. En Madrid va a ser toda la Comunidad. En Reino Unido abren las 24 horas algunos comercios de indios -los equivalentes a los chinos- y el Wall-Mart, la mayor empresa del mundo de distribución y que opera en Europa con otro nombre.

La libre apertura comercial aplicada como café para todos (algo que al final no será así, ni mucho menos: ya verán como hay trabas al libre comercio) agravará los problemas que pretende solucionar, cuando podría ser una política muy útil de ser aplicada en determinados distritos desfavorecidos, que así conseguirían atraer  actividad comercial y movimiento. Sin embargo, Madrid ha preferido Guateque para todos.

Madrid tardará muy poco tiempo en londonizarse. De hecho, ya huele permanentemente a comida de comer&correr, y calles como Fuencarral ya son todo un muestrario de franquicias repetidas y donde sólo sobrevive el comercio tradicional en manera de tres bares y una empresa de placas grabadas en metal. Las grandes ciudades cada vez se parecen más entre ellas, y aquellas que sepan escapar a esta ola de supuestas ventajas para el consumidor conseguirán atraer un mejor turismo, radicar mejor su población y ser, en definitiva, ellas mismas. No será el caso de Madrid, ciudad históricamente maltratada por su clase dirigente.
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Una retroexcavadora en un yacimiento neolítico. Tras el susto inicial, todo se comprende viendo la responsabilidad de Vitorino Alonso, al que todavía se califica como empresario minero cuando, si es empresario, es de cazar la subvención pública. 

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Valencia no tiene quien le escriba

Una gran edición la de aquel año
Tampoco hay que evitar los elogios cuando son merecidos: el reportaje de Josep Torrent sobre cómo la Comunidad Valenciana se ha quedado sin sector financiero en unos pocos meses es de lo mejor escrito que he leído en este año en la prensa española. Los mimbres no faltaban, pero se agradece el uso de un lenguaje que debería ser propio del periodismo -y más en estos casos- y que, hoy por hoy, vemos como una cosa extraordinaria cuando no debería ser así.

"Asalto", "Ambicioso", "Ansioso" o "los problemas de este político, correoso y frío como pocos" pueden inducir a pensar que este reportaje está lleno de insultos y descalificaciones, pero no: insisto en que está muy bien escrito, documentado e hilvanado, con momentos terroríficos de sólo imaginarlos, como por ejemplo la reunión en la que Zaplana repartió el poder. Sinceramente, recomiendo que lo lean.

No puedo añadir nada a lo relatado, y los efectos están a la vista de todos: tras Bancaja y la CAM, el último banco valenciano en caer ha sido el Banco de Valencia. Era el banco más antiguo -fundado por asturianos, como relata el experto conocedor de la historia empresarial de Asturias Javier Cuartas- y también el más débil comparado con los poderosos cimientos de barro y paja (¡un saludo a Blasco Ibáñez!) con las que contaban las dos primeras cajas, que llegaron a ser la tercera y la cuarta entidades financieras más grandes del país y con una capitalización muy por encima de los bancos.

El final de toda esta historia está a la vista de todos: Valencia se ha quedado sin sector financiero propio. Las causas también están muy claras: política y finanzas, pocas alabanzas. Sumen a esto la fenomenal especulación inmobiliaria vivida en la Comunitat Valenciana -alentada y favorecida desde el poder político, especialmente con su demencial Ley del Suelo que permitió que surgiesen engendros como Astroc- y la tradicional manera levantina de hacer negocios, y ahí hay un buen libro. Mejor que los de Chirbes. Un libro-reportaje, de esos que escasean en España, igual que los semanarios de información.

Por algo será. Un libro que recuperase que Zaplana, en 2002 y en plena borrachera de ladrillo, llegase a plantear trasladar el aeropuerto de Valencia -actualmente en Manises- a Sagunto, y para ello apelase a criterios de ecología. Afortunadamente no se realizó lo que era otra operación urbanística encubierta -hacer crecer Valencia ciudad hacia el oeste, visto que hacia el sur por la Albufera no se puede-, aunque la noticia llega a decir cosas que causan vergüenza ajena: "Los redactores del proyecto están convencidos de que se pagaría solo. El coste de las expropiaciones y de la construcción de todas las infraestructuras previstas se compensaría con los beneficios del aprovechamiento de los kilómetros de playa liberados. Naturalmente, solo grandes instituciones financieras podrían asumir tales inversiones".

Ahí está todo resumido, una vez más. Sin embargo, falta una recopilación sistemática donde se juntase todo: como Ryanair está expulsada del aeropuerto de Manises -por seguir con el tema de los aviones-, cómo el PP saca porcentajes de voto por encima del 50% en la región, la corrupción rampante y chulesca de Fabra, el veto a que Ikea se implante en la región...Valencia, para los valencianos. Y sus bancos, para los demás.

Por ejemplo, y para qué vean hasta que punto llega el nivel con el que los valencianos se guisan y se comen ellos solos su paella, está bien recuperar una historia que simplemente se puede calificar de italiana, en su vertiente del sur. Era finales de 2007 el candidato del PSOE en la región dimitía de su cargo por un escándalo de corrupción.

Como lo leen: dimite el de la oposición. Había perdido las elecciones de 2003 y las de 2007 de manera aplastante. No tenía acceso a ningún resorte de poder directo (aunque si local en Denia, el objeto de interés), y sin embargo se descubrió que un constructor le había pagado la reforma de su piso, y fue una reforma de nada menos que 78.000 euros. Que si ya lo iba a pagar, que si de estas cosas se encarga mi mujer...¿Por qué un constructor paga al líder de la oposición sin posibilidad alguna de rascar poder?

Para que todos estuviesen contentos. Para que nadie se quejase. En Valencia todo era un teatrillo, y el dimitido Joan Ignasi Pla hacia su papel a la perfección: tengan en cuenta que en 2006 planteó una moción de censura a Camps, ¡una moción de censura contra un presidente respaldado por mayoría absoluta abrumadora!. Un teatrillo al que Camps acudió hora y media más tarde, para favorecer la representación de que había algo.

Ahora que se está celebrando el juicio por los insulsos trajes de Camps, miren un poco más al fondo y no se queden en lo superficial. Sólo informan de lo menor, porque todos estaban metidos. Y en 2014, en las próximas elecciones locales y regionales, otra mayoría absoluta.


sábado, 12 de noviembre de 2011

Trenes menores

No todo es AVE en cuanto a medios ferroviarios en este país: al calor del gran chute de dinero que supuso la especulación y el desenfreno urbanístico de los últimos quince años, también se idearon o crearon algunos ejemplos de locura sobre raíles de metal que, lejos de alcanzar los 300 km/h, están a la par del famoso AVE en cuanto a gasto e irresponsabilidad respecto al dinero de todos.

Al conocido -y ya comentado por aquí- tranvía de La Coruña (comunicaba nada con nada, simplemente daba un paseo), que por pionero y lunático siempre merece un recuerdo, incluso en la hora de su defunción, se unen muchos más. Sin ánimo de ser exhaustivos, ¿ustedes han oído hablar del tranvía de Jaén?

La U.T.E de Jaén, un Plan E encubierto.
Jaén es la capital de la provincia homónima, tradicionalmente de las más pobres y desfavorecidas de España, cuya economía gira en torno al olivo y sus derivados. Esto incluye el Land Rover Santana, que creo que también ha quebrado tras devorar ingentes recursos públicos, y el supuesto núcleo industrial de La Carolina, que hay que ir a verlo para creerlo. Por lo de "núcleo" e "industrial".

Hace dos años, según se puede leer en la inusualmente completa y satisfactoria entrada de la wikipedia en español (en inglés es otro cantar: qué maravilla de contenidos y qué completismo) el PSOE local decidió emprender este proyecto, de tal manera que llegase a punto para las elecciones locales de mayo de 2011.

Imaginénse hacer un tranvía con diez paradas en dos años. En casco urbano. Por ponerles una referencia, el de Edimburgo lleva cuatro años y todavía no se le espera, que es una expresión que viene muy a cuento en este tema. ¿Cómo se logra algo así? Con muchas horas extras, pagando mucho más dinero y seguro que hay algo de las ideas subyacentes en el Plan E en su realización.

El caso es que llegó para la fecha de mayo de 2011. Y lo hizo como se esperaba: de manera propagandística (un viaje para captar votantes) para inmediatamente después cerrar. Inmediatamente después de producido el voto. No dejen de advertir el tono crítico de la noticia, nada aséptica y yendo al fondo de la cuestión.
En pesetas. Para que lo entiendan.
Querían tener 13.000 pasajeros/día -una locura teniendo en cuenta que Jaén es capital de una provincia agraria, y la gente se desplaza en coche-, y lo que tienen es una infraestructura de 100 millones de euros (aportados por la Junta de Andalucía), por la que se pagan 7´7 millones de euros al año, y que no funciona. Y si algún día lo hace, no será rentable.

De momento, el alcalde del PP que salió elegido abrumadoramente en las municipales de mayo de 2011 ya dijo que jamás se montaría en el tranvía, además de haber emprendido una campaña extrañísima contra algo que, para bien y para mal (más de esto que de lo primero) ya está construido. Supongo que el siguiente paso será dejar que las vías se oxiden. En sus viriles alegatos contra el tranvía se incluyen cosas como "el impacto ambiental" (es urbano) o "el caos circulatorio" (apenas tiene intersecciones y va sobre plataforma exclusiva), pero ya saben que aquí lo cuenta es ir siempre a la contra.

Veremos qué fin acaba teniendo el tranvía jienense, donde no es descartable que los vagones -en cuanto el PP coja el poder autonómico andaluz en marzo de 2012- se revendan y la plataforma ferroviaria se convierta en una carril bici y para pasear el perro, con una inversión de 100 millones de euros.
Menuda tripulación
Otro tranvía que ha saltado a la fama últimamente es el de Parla, una apuesta personal de Tomás Gómez cuando era alcalde de esta localidad de la periferia de Madrid. Alstom -la empresa que se suele llevar los contratos de tranvías- no había cobrada nada por parte del Ayuntamiento en concepto de mantenimiento desde 2008, y la deuda subía ya a 6´5 millones de euros. Por supuesto, y como suele pasar en la economía real y no en la imaginada por los políticos, la empresa ha suspendido el servicio ante el impago.

El tranvía, que funcionaba desde 2007, costó 129 millones de euros, que incluyen la desviación presupuestaria del 40%, algo ya prácticamente de rigor en todas las obras públicas. Aquí hay un buen resumen de las principales magnitudes de este otro tren menor descarrilado. No es el único en Madrid, la comunidad que sirve de ejemplo de la gestión del Partido Popular, y que ofrece estas otras cosas.

El llamado metro ligero fue un invento de la Comunidad de Madrid cuando empezaron las estrecheces presupuestarias, y que no es más que un tranvía. Tiene dos líneas: una comunica por la zona norte unos desarrollos inmobiliarios de esos de casas vacías, gente solitaria paseando y perro y algún polígono industrial; otro comunica una de las mayores zonas bien de España, la compuesta por los municipios de Boadilla y Pozuelo, pero lo hace de tal manera, con tal número de paradas planificadas con ánimo completista y no eficiente, que nadie lo coge. ¿Nadie? Bueno, sí, las empleadas del hogar de las numerosas casas unifamiliares de la zona, tras esperar un buen rato en el andén.

El servicio es deficitario, pero queda subsumido dentro de la gran propaganda consiste en repetir machaconamente las bondades del Metro de Madrid, aunque esto sea un tranvía. Bondades reales o imaginarias, porque con el tren ligero (un tranvía, insisto) también se idearon grandes planes, donde la rentabilidad o la oportunidad (que no el oportunismo) eran la menor cuestión.

Nótese el abundante número de enseñas autonómicas
Las inversiones de la Comunidad de Madrid en sistemas de transporte ferroviario siempre son ingeniosas. Ahí está la paralizada línea a Navalcarnero, construida como un desafío al Ministerio de Fomento de Magdalena Álvarez, y que sirvió para que Esperanza se sacase su enésima foto con casco y lanzase sus puyitas contra el Gobierno central. Bien, pues con parte de la plataforma ejecutada, el proyecto está completamente paralizado, y lo acabarán pasando al Estado.

Ahí está el ejemplo de la conexión ferroviaria entre Parla y San Martín de la Vega, ejecutada por la comunidad para que los imaginarios visitantes pudiesen acudir en ferrocarril de cercanías al proyecto lúdico-inmobiliario de Parque Warner, otro fracaso bajo todos los aspectos. Construido en un erial de yeseras y chaparrales, el parque temático tenía asociada una fenomenal cifra de casas a construir: de ahí el tren, y no para llevar visitantes, que siempre prefieren el coche. Las casas no se ejecutaron y ahí quedó el empalme ferroviario, como testigo mudo. Costó 85 millones de euros en 2002 y cierra en 2011 con apenas 600 usuarios al día, a un coste de explotación de 3´3 millones de euros al año.
El AVE regional, y no es de Coren

Ya ven que no todo es AVE en cuanto a despilfarro ferroviario en nuestro país. Sin embargo, también hay AVE que se planifican como trenes locales, con paraditas cada poco tiempo y sin ninguna conexión. Es el caso del llamado AVE gallego, que se inaugura dentro de unos días que recorrerá el trayecto La Coruña-Santiago-Orense. Objeto de un interés personal y paleto por parte del actual ministro de Fomento, el no casualmente gallego Pepiño Blanco -hasta tal punto de licitar en funciones importantes adjudicaciones-, esta última obra será el mayor ejemplo de tren menor.

Con unos estudios de viabilidad forzados y exagerados para justificar la inversión, la realidad es que la costosísima infraestructura se ha ideado para...el funcionariado, como se explica en esta noticia. Hasta tal punto que se pondrán horarios específicos. Y también descuentos de hasta el ¡57%!. Resumen: dinero público (subvencionado) para pagar dinero público, porque ese tren no captará otro tráfico.

Por precio y ganancia de tiempo, la gente corriente seguirá usando los medios tradicionales y, si cabe alguna duda, ¡quedará en servicio el tren tradicional!. En principio, esto esta bien, el problema es que la demanda no irá al nuevo y caro AVE, se mantendrá en el actual. Resumen: en el AVE viajarán unos cuantos funcionarios, desde luego no lo más apropiado para una inversión del calibre de un tren de alta velocidad.

El periodismo, siempre crítico y al acecho sobre este tipo de fenómenos de despilfarro y mala planificación de los recursos públicos, ya ha podido disfrutar del viaje en el moderno tren AVE. La crónica ha salido así: con nervio, acerada y al núcleo de la cuestión. Y lo que nos espera de propaganda en los próximos días sobre esta línea ferrea, epítome de tren menor.
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Lo que quieren es llenar todo de chalets, pero lo venden como espacio para "abrir un taller de pintura o una quesería". No disimulan nada; y si lo hacen, es casi peor.