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martes, 13 de mayo de 2014

La familia siempre protege, asesora y ampara

A lo mejor a la Audiencia Nacional le resulta interesante el contenido de este post en este blog minoritario; si es así, bienvenidos. Voy a expresar mis dudas sobre lo que conocemos en torno al extraño suceso del asesinato de La Carrasca (y no soy el único) y, cómo no, el nivel de propaganda que estamos viviendo, normal cuando falta información básica.

Han pasado 24 horas y no se encuentra el arma del crimen. El Bernesga es un río de montaña y, en mayo y en León, lleva ya poca agua. De hecho, el caudal del agua apenas alza un par de pies a la altura del lugar del deceso, pero los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado -han llegado a desplazar a la zona hasta GEOs, tiene narices- son incapaces de encontrar la pistola.

No es un asunto baladí, como sabrá cualquiera que sea aficionado al género negro, o simplemente haya seguido a Ana Rosa Quintana con el caso Marta del Castillo, que ha consumido ingentes cantidades de recursos públicos (incluyendo remover un basurero, al coste de 600.000 mil euros) para encontrar esas cosas que son importantes para la justicia en un estado de derecho: el arma, o el cadáver.

Hasta entonces, habrá poco o nada contra contra la madre e hija vengativas. Sí, testigos que dicen que las vieron huir del lugar de los hechos, pero no basta para una acusación de asesinato, como tampoco bastan las especulaciones sobre relaciones extramatrimoniales, que no son más que las típicas comidillas de los pueblos, y León lo es sobremanera.

Hay un hilo que comunica toda la planificación del asesinato: está muy bien montado. Al parecer, hubo cuatro disparos. Tres por la espalda, y uno de remate en la cabeza, cuando el cuerpo ya estaba tendido. Eso es obra de alguien entrenado porque, a diferencia de lo que ocurre en las películas, disparar un arma -y más si es la primera vez- requiere cierta habilidad: no mucha, pero algo sí para que tres certeros tiros por la espalda y uno en la cabeza lleguen a asegurar la presa.

En el anterior post sobre el caso ya indiqué la conveniencia del lugar elegido para el asesinato: en un pasarela no tienes por donde escapar. Además,  a las cinco y poco León es otra de esas heroicas ciudades que duermen la siesta, y seguramente la mejor hora para la acción enferma llevada a cabo: la pega es que un policía jubilado estaba por la zona y, según la propaganda, fue el que dio el aviso y las señas de las presuntas asesinas. 

Ya que no se encuentra el arma del crimen, quedan las pruebas balísticas. El clásico de Ana Terradillos, la periodista de la SER especializada en terrorismo y encantada de conocerse, era decir a las dos horas de cualquier atentado de ETA el "nueve milímetros Parabellum". Aquí, y porque El Mundo lo cuenta de hurtadillas en el primer enlace indicado, se sabe que son de un calibre inferior -dicen que de tiro deportivo- al del arma reglamentaria del marido y padre de las presuntas asesinas.

Sí, ese arma que, desde un primer momento, nos dijeron que estaba en posesión del auténtico desconocido de todo este caso, el marido inspector de Policía que no sabía nada. Las mujeres de su casa se convierten en expertas tiradoras, adquieren un arma (o recogen) y planifican un asesinato a sangre fría en el seno del hogar común, y él no se paspa de nada. Seguramente porque se dedicaba a la fontanería o a leer a Kant.

Es altamente probable, y la sola mención produce rechazo, que el Inspector de Policía jamás viese en casa el drama de la hija desdichada en lo laboral, hasta el punto de tener que devolver parte del finiquito a la Diputación, gobernada por La Carrasca. Estoy seguro de que el caso de la hija jamás se habló en cena alguna y, si salió por intercesión de El Maligno, siempre fue en términos correctos y jamás con un "¡como el juicio salga a devolver, le pego un par de tiros!". Un enemigo común une más que los vínculos paterno-filiales, o los meramente conyugales.

Un hecho en el que los medios de propaganda no reparan es que las presuntas asesinas intentaron la huida. A pesar de la pasarela y lo descubierto que deja, tenían un coche (el Diario de León refiere una breve huida en un Mercedes) en el otro lado del río, ese donde está la ciudad. Lo contrario hubiese sido estar en el lado que la planificación urbanística de León ha llenado de servicios y equipamientos (pabellón deportivo, estación de autobuses, la estación de tren, los bomberos, el centro de salud: todo junto y en línea) y ningún aparcamiento. ¿Lo tenían en doble fila? ¿Tienen miedo las esposas e hijas de jefes de Policía de aparcar en doble fila?

Querían huir. No es un asesinato de esos "voy a cargármela y después ya pagaré, pero el gustazo no me lo quita nadie". No. Querían seguir con sus vidas de militantes de base -no tanto- del Partido Popular y el relativo estatus social que da ser parientas del jefe de Policía del poblachón triste y gris que es Astorga. Y, si querían huir, estaban dispuestas a ver cómo su pariente común, el auténtico desconocido de este caso, llevase un peso en la investigación. O simplemente tuviese acceso a la información del caso, por esa camadería tan sana entre los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

Creo que es legítimo plantearse la hipótesis: si ese policía jubilado que escuchó las detonaciones no hubiese dado el aviso (un par de sospechosas a la fuga, cogen un coche de tal y cual características a la altura del Puente de Palencia) y las presuntas asesinas hubiesen culminado su fuga ¿se imaginan como estaríamos ahora, a 32 horas del asesinato? Concretando ¿se imaginan como estarían los comentaristas a sueldo del PP -como Luis Herrero, o como FJ Losantos, ambos con pagos desde Gürtel, pero pongan el nombre que quieran- ante el asesinato de La Carrasca?

Todo se ha neutralizado por la rápida detención de las sospechosas y la dolorosa asunción, para algunos, de que eran parte de la famiglia política. De la misma, en concreto. En caso contrario, la atención se hubiese desviado: hacia lo que indicasen los medios de propaganda. Me dirán que, con un caso de despido y enfrentamiento personal tan acusado, las sospechas hubiesen salido de cualquier manera, pero ¿son capaces de decirme algún periodista o medio de provincias que se hubiese atrevido a publicar "la hija del jefe de Policía de Astorga tuvo un contencioso abierto con La Carrasca"? ¿Se imaginan las consecuencias para el que publicase algo así?

Mataron a Isabel Carrasco con la eficacia de profesionales. Tres tiros al cuerpo y uno a la cabeza, de remate. Según la propaganda, todavía no está seguro quien apretó el gatillo, que es un prueba bien sencillita y rápida. Atención: no saben quien disparó, que es más fácil -aún- que encontrar el arma en un río que alza dos palmos de agua. Dicen que llevaban guantes, lo que añade dificultad a la sencillez de la prueba, pero también abunda en la teoría de lo perfectamente planificado. Querían huir. Tenían contactos -y qué contactos- en la Policía.

Y acabarán huyendo. Es mi firme creencia. La casta política-dirigente, al menos donde está enquistada, también protege a los suyos en casos de crímenes de este tipo. Las dos presuntas asesinas siguen la pauta: niegan el crimen, dicen que estaban por ahí de casualidad y, dando ejemplo de haber estado muy bien asesoradas por alguien que conoce los entresijos del sistema, ¡se niegan a colaborar! ¡Madre e hija de un inspector de Policía se niegan a colaborar con el cuerpo! ¡Ni Azcona lo haría mejor!

Con esa postura, y con el arma desaparecida para clamor del sentido común y de la eficacia de la labor policial, como mucho les van a caer un puñado -en un puño hay cinco dedos- de años y poco más. Nadie, de la entre la casta política-dirigente (sector alto) que ha acudido al funeral de hoy en la catedral de León ha dicho lo de "el peso de la justicia" o un directo "que se pudran en la cárcel", al contrario. De puntillas sobre el asunto, porque eran parte (menor) de esa casta, pero de los suyos al fin y al cabo.

Ya lo verán.

lunes, 21 de octubre de 2013

Impuestos sobre comida basura

Están los paises innovadores en sus políticas, y están los países subdesarrollados que van siempre por detrás, buscando sólo la galería fotográfica, el impacto mediático y el populismo barato. Sin duda, México está entre esos últimos, especialmente desde que anunciase hace pocos días su intención de sumarse a las Fat Tax.

El impuesto mexicano pretende aplicar un 5% adicional de impuestos en alimentos que contengan más de 275 calorías por cada 100 g Al parecer, el 70% de los mexicanos tiene sobrepeso, y el Gobierno no ha tenido mejor idea que poner ese impuesto, una auténtica política recaudatoria puesto que los consumidores difícilmente irán a por alimentos alternativos en función del precio; de hecho, muchas de las comidas hipercalóricas son difícilmente sustituibles, y responden al antojo.

Además, no parece que el ejecutivo del televisivo Peña Nieto haya tenido en cuenta el fracaso de las políticas de Fat Tax en países mucho más desarrollados que el suyo propio, donde no deja de encarnar al típico blanquito de la oligarquía local que gobierna sobre 110 millones de ciudadanos que en su inmensa mayoría son de otro color de piel.

Dinamarca, uno de los países más avanzados del mundo y donde la obesidad no es el flagelo de salud pública que supone en México y en EE.UU, dio marcha atrás en su política al comprobar que nada menos que el 48% de sus ciudadanos hacían las compras fuera del país -bien desde Copenhague a Suecia a través del puente de Oresund, bien con la frontera con Alemania hacia los bien nutridos Aldi y Lidl- para evitar el impuesto, que en algunos casos había incrementado el precio de quesos y carne de cerdo en un 25%. Y Dinamarca es un productor mundial de estos productos.

Al igual que en la Ley Seca -o siempre que se ha puesto una barrera al libre mercado que supone ese ejercicio de libertad que es hacer la compra-, los ciudadanos/consumidores buscaban la manera de evitar el fisco recaudador, escondido una vez más bajo el mantra de la salud y el bienestar común, como el impuesto revolucionario que aquí se cobra bajo la fórmula de tasar aún más el precio del combustible con la excusa de financiar la sanidad pública a través del "céntimo sanitario", céntimo que en Castilla-León sube a cinco céntimos, sin adoptar el plural.

Coincidente con el fracaso danés, también se intentó aplicar medidas similares en Reino Unido -llamado pasty tax-, un país donde el dulce es más barato que el agua y omnipresente en todos los rincones, y también en Nueva York, donde se ha llegado a intentar aplicar en  bebidas carbonatadas e hiperazucaradas, y conocida como Soda Ban. En el caso de la ciudad americana, el multimillonario alcalde Bloomberg se cebó en los formatos de capacidades superiores a medio litro, pero la justicia -que en EE.UU siempre defiende la libre elección y la libertad de mercado- tumbó los planes del oligarca. Porque también hay oligarcas que no son rusos. 

Era el año 2012 y fue la edad de oro de las Fat Tax. Evidentemente, el fracaso danés echó atrás a todos los posibles abogados en pro de la salud individual y colectiva, siempre dispuestos a hacer de salvapatrias y arterias a la menor de las ocasiones, pero ya habían conseguido embaucar a responsables en Francia e Italia, e incluso en España empezó la campaña de propaganda.

De hecho, hubiese estado bien como continuidad a la ocurrencia que en 2007 tuvo la inestable y desquiciada gallega Elena Salgado, por entonces Ministra de Sanidad de Zapatero. La autora de la expresión "brotes verdes", la de la "batalla de la sanidad"  anunciada en El País Semanal, fue una pionera y denunció que una hamburguesa determinada de Burguer King contenía casi 1000 calorías y "superaba las recomendaciones internacionales de grasa saturada".

Dada las características de Ministerio de Sanidad, creó una alerta alimentaria y una mala imagen para la compañía en lo que parecía otra de las batallas zapaterianas contra molinos de viento, mientras al mismo tiempo se daban visados de obra para 800.000 viviendas al año: por eso había tiempo para perderlo en esas estupideces, o con la estúpida de bote de la Salgado, la misma que se candidó a la presidencia de la OMS sin ser médico.

Evidentemente, se han hecho grandes avances en la salud pública con medidas centrales: una de ellas ha sido reducir la cantidad de sal en la barra de pan, aunque en algunos sitios siguen vendiendo auténticas piedras de sal moldeadas con forma de barra de pan. Es una medida efectiva, con beneficios directos -pan se come cada día, hamburguesas no- y, especialmente, sin impuestos añadidos.

A nadie escapa que intentar desincentivar el consumo de unos alimentos que en muchos casos presentan rasgos de adicción -esa gente que bebe Coca-cola como sustituto del agua- con impuestos no es más que una medida recaudatoria, y que la salud es secundario. A ver como acaba el asunto en México, pero conociendo el país y el chacalismo de su clase dirigente, peor que el problema que intentan solucionar.

Aquí en España, donde la Marca España presume de ser el primer país productor de aceite de oliva del mundo (800 calorías por cada 100 ml, uno de los alimentos más hipercalóricos existentes, por mucho que se venda casi como una medicina), ya estamos preocupados porque en Reino Unido etiquetan los productos elaborados con la sangre de Jaén como lo que realmente son, aunque jamás los vendan con esa imagen. Al contrario. Aquí no ponemos ni el etiquetado adecuado, no vaya a ser que alguien algún día se den cuenta. Y cuando se ponga, a lo mejor también viene con un impuesto, porque en el sur de España la obesidad empieza a adquirir proporciones norteamericanas.
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La capital de la Comunitat Valenciana hace tiempo que está en Palermo.
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Cinco años del calado del túnel de Pajares, cinco años, y todavía sin abrir. Y una vez que se abra, el panorama en la simpática provincia asturiana es desolador: desde 2005 se han perdido 3 millones de viajeros de tren a favor de El Monopolio, nombre con el que no opera la famosa compañía de transporte de viajeros por carretera con origen en Asturias.
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De la serie Pasear chapa, llega una línea de media distancia con una tasa de cobertura con venta de billete de un espectacular 12´3% del coste del servicio. Fíjense cómo en la noticia se cita explícitamente a El Monopolio, camino de serlo aún más.
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Vivir de los manifestantes.