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viernes, 22 de noviembre de 2019

Madrid en un dédalo de calles


Por dentro lujo de valenciano, por fuera cochambre
Madrid era una fiesta. Nunca hay que olvidar el marco en el que se movió la ciudad en los años en que coincidió la mayoría del PP en Congreso con la mayoría (absoluta) en el Ayuntamiento, y la espléndida prolongación que tuvieron esos años en el primer zapaterismo, hasta el estallido en plena cara de la crisis.

Crisis que fue un parón abrupto de los Quince Años de Despilfarro y despipote inmobiliario. Algunos de los grandes nombres de la época han acabado en la cárcel (el más significado Rodrigo Rato, el siguiente va a ser el gallego de Chantada conocido como Francisco González) y ahora se van conociendo algunos nombres de pececillos que se movían en esos lodazales por la misma época.

Es el caso de Rocío Monasterio, la única mujer visible de Vox, y que está ahí por los mismos méritos por lo que estuvo Ana Botella o por los que está Irene Montero: por ser la mujer de un macho alpha del partido político. Como llevan contando desde hace semanas El País y eldiario.es, la asturcubana se dedicaba en esos años a reformar y vender locales como vivienda, sin contar con los permisos necesarios.

No contaba ni con la licencia para convertir suelos y locales de uso industrial o comercial en residenciales, ni contaba tampoco con el título de arquitecta para hacer esas reformas. Madrid era una fiesta, y el silencio del corruptísimo COAM (el Colegio de Arquitectos de Madrid) al respecto indica bien a la claras que Monasterio no estaba sola en las prácticas ilegales.

No, pero seguro que sus rivales y compañeros generacionales no contaban con el apoyo de alguien como Iván Espinosa de los Monteros, hijo de dinastia de diplomáticos y educado como tal, por eso luce este inglés y francés, aunque sea para decir sandeces dignas del anterior régimen, bajo el que prosperó su apellido.

No quiso seguir los pasos familiares, y se metió a promotor inmobiliario. En esos años de dinero fácil y burbuja precisamente inmobiliaria, aunque lo era de todo ("en diez años estaremos por delante de Francia y Reino Unido", bramaban) surgió este combo ganador: Promotor inmobiliario + arquitecta trucho + burbuja + Madrid finisecular = pelotazo

Es digno de una novela picaresca imaginarse -y no hay que forzar mucho la imaginación- a Espinosa de los Monteros pateándose Madrid junto a la del título que no capacita para ejercer en busca de locales donde dar pelotazos, aunque lo más seguro es que recurriesen a sus contactos familiares y a lo mismo que El Diablo Cojuelo para hacer negocio.

Hasta el momento, los ocho casos de promociones inmobiliarias fraudulentas se habían dado en su zona natural de acción: el Barrio de Salamanca, el Viso -su propia residencia, edificando bajo rasante como si Madrid fuese Arizona, seguramente inspirada por la casa-estudio de Fernando Higueras-, un poco de la Guindalera chic que linda con Ventas, y una promoción en el Tetuán más cutre, pero donde con solo cruzar dos calles ya se podía estar con los de su especie.

Por eso sorprende vivamente lo desvelado hoy por El País, donde su redactor estrella Iñigo Domínguez sigue personalmente el caso, y el es el mismo que se rie de otras partes de España todos los sábados desde A vivir que son dos días de la SER, siendo como es un vasco que estuvo diez años en Roma y no aprendió nada más que chismorreos de Italia.

La última irregularidad conocida de Monasterio se situa en la calle Rodas, que por aquella época era una calle fea, estrecha y en gran parte horrible de la zona de El Rastro justo antes de que se convierta en Lavapiés. Para los no familiarizados con Madrid, es una calle con una empinada cuesta desde la calle principal del famoso mercado dominical, y que desemboca en Embajadores, una de esas calles que en El Palé -y el juego viene muy a cuento con el post- eran de las más baratas.

En 2005, cuando perpetran su estafa, y es la palabra adecuada cuando venden una propiedad como vivienda sin serlo, la calle distaba mucho de ser lo que es ahora. Estaba igualmente deshabitada -no hay comercios ni actividad alguna, como gran parte de la zona de El Rastro entre semana- y Lavapiés distaba mucho de ser el barrio cool-trendy-gauche divine que es ahora.

¿A quien podían vender un bajo reconvertido en vivienda? Pues a un actorucho-presentador venido desde Valencia, donde esas prácticas de esto te lo recalifico yo, que tengo contactos en el Ayuntamiento le resultarían íntimamente familiares.  Ahora, casi quince años después de la estafa, ha decidido denunciar a la timadora asturcubana.

De los anteriores capítulos del serial sabemos que otros ya han intentado la vía judicial, dado que además muchas obras estaban mal realizadas y tenían fitraciones y otras menudencias de arquitecta de interiores brillante, "una de las mejores alumnas que he tenido", según la peor profesora de proyectos de la ETSAM. Todos los que han intentado la vía judicial han perdido, porque el matrimonio Espinosa de los Monteros-Monasterio se había guardado muy bien las espaldas, no dejando más huella que la verbal en esos inmuebles vendidos como vivienda.

Esquina de Rodas con Embajadores, never forget
Como habrá más capítulos de este vodevil que deja bien a las claras la clase de gente que está en el partido de ultraderecha Vox, habrá que quedarse en lo maravilloso de imaginarse al matrimonio trepilla tomando medidas y visitando la obra justo al lado del local histórico de La Eskalera Karakola -bocacalle de Rodas con Embajadores-, antes de que lo derribasen por ruinoso.

La Eskalera Karakola fue y es la primera casa okupa completamente feminista, un ambiente que seguramente revolvería las tripas a Monasterio, otra radical de lo suyo. Es todavía más gracioso, al menos para mí, porque también estaba a 50 metros la sede de La Dinamo, la asociación cultural y revista homónima para èlits donde estaban todos los intelectuales vinculados a Podemos, desde Rendules hasta Isidro Enfermo Mental, pasando por el impresentable soriano Victor Lenore.

Y qué decir del locutorio Nuevo Siglo, en la cercanísima calle Tribulete -a 100 metros en línea recta-, donde un año antes se habían vendido las tarjetas SIM de prepago con las que se activaron las mochilas-bomba del 11-M. Seguro que en algún momento de visita al tajo, o cuando localizaron el local, el matrimonio ultraderechista tuvo un pensamiento al respecto. O no, porque ya se sabe que fue todo obra de la masonería y los servicios secretos marroquís aliados con los franceses: los enemigos históricos de España.Y la ETA.

Es todo -salvando las diferencias medibles en años-luz- como esos relatos de la Viena de entresiglos o el Berlín de entreguerras, donde en un recodo de calles te podías encontrar a Freud con Adolf Loos mientras Hitler acababa una acuarela paisajista, al mismo tiempo que desde un balcón se oía la última composición dodecafónica de Alban Berg (en el primer caso), o estar en un café con Joseph Roth y George Grosz al mismo tiempo que Van der Rohe acababa su monumento funerario a Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, con un zeppelin sobrevolando la ciudad (en el segundo caso). 

Bueno, entiéndanme: esto es Madrid. Cutrerío, gallinejas, entresijos, timadores,  franquistas, arribistas y  pelotazos con una plusvalía del 1000%. Un pueblo. El rompeolas de España. Su espejo cóncavo y convexo.
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El Mundo, condenado por inventarse una entrevista. El redactor mentiroso -aunque habría que matizar esto en el periódico de la conspiranoia del 11-M- va a seguir en su puesto de trabajo, como también lo hizo Pedro Simón. Total, la sentencia deja bien claro qué tipo de trabajo hace. Es una ideología. Y una secta.
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El "milagro económico murciano" esconde un gran fraude en la recaudación de IVA de las empresas, o al menos eso se deduce de estos datos. 
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Mientras tanto, en El País mantienen este interesante debate que no es tal: es simple simulacro de debate y de expertos. Solo hace falta ver sus cargos. O la pregunta capciosa.
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Extraordinario reportaje sobre lo que ellos denominan "corrupción rural", que es la explicación de por qué gran parte de España es miserable, corrupta y jamás va a cambiar. Noten cómo evitan poner demasiado lo de Partido Popular, no vaya a ser que sus lectores se enojen.
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Medallion, el fondo de inversión más rentable de la Historia.
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Catastrofismo, alarmismo y gran dosis de magufería ("Todos niños españoles orinan plástico") susceptible de ser delito en un tío que, oh casulidad, es un chientificho que publica un libro.