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martes, 13 de mayo de 2014

Oposición asesina

Este año el deshielo fue muy rápido y una riada se cargó una de las pasarelas que, a su paso por León, sirven para franquear el río Bernesga. Ahí estaba la pasarela, a ras de agua, con el metal retorcido por la fuerza del agua, y partes del tablero de hormigón arrancadas. Las aguas hace ya tiempo que se habían amansado para los sucesos de ayer.

Fue en otra pasarela sobre el Bernesga, la que lleva a la altura del centro de salud, donde ayer cayó abatida Isabel Carrasco La Carrasca, furibunda presidente de la Diputación provincial de León, máxima responsable del PP en la provincia y otros doce cargos públicos (renumerados) más. Ninguno le sirvió cuando dos de los tres disparos con arma de fuego impactaron en su menudo cuerpo.

Eran las 17:20 de la tarde y la dirigente política se dirigía a Valladolid a batir palmas en el mítin que, dentro de la campaña a las elecciones europeas, iba a dar Rajoy. Ya saben que la campaña se está caracterizando por la elevada altura del debate político y el aluvión de nuevas propuestas. Isabel Carrasco se dirigía, pues, a su trabajo.

De trabajo va la principal hipótesis barajada por la Policía y la prensa afecta. Rápidamente detenida -matar a alguien en una pasarela peatonal garantiza que alcanzas tu objetivo, pero también que no vas a tener huida: no creo que ni lo contemplase-, la autora material de los hechos se ha negado a declarar, pero como León es un pueblo -donde las vacas pastas entre las eras donde la ciudad empieza a perder densidad- todo se supo a la media hora.

Al parecer, se trata de la mujer del inspector jefe de Policía de Astorga, poblachón de la provincia de León y la auténtica plasmación de esa definión castellana de "ciudad de curas y militares". Y si no, vean la epopeya de los hijos más ilustres de la localidad, los Panero. Al parecer, su hija fue despedida de su trabajo en la Diputación allá por 2011, y recientemente había salido la sentencia final -en contra de sus intereses- sobre el recurso que había interpuesto.

Es una historia muy sórdida, especialmente cuando se desciende a los detalles. Podría estar ambientada perfectamente en Caltanisetta o Agrigento, pero lo está en León, la depauperada provincia del noroeste español: fíjense hasta que punto, que una madre despechada por el porvenir de su hija no encuentra mejor solución que un par de tiros.

La hija, también detenida, estudió Ingeniero de Telecomunicaciones en Santander -no hay que alejarse mucho del terruño, y después ya te saldrá un carguito en alguna administración-, por lo que debe de haber hecho el trayecto a través de Reinosa unas cuantas veces, ese trayecto que pasa por lo más abandonado de la provincia.

Madre e hija eran militantes del PP. Estaría bien, pero no pasará, que se supiese las circunstacias por las que la hija accedió al trabajo en la Diputación, y que cometidos tenía. Era interina y esperaba "su plaza". Cuando salió a concurso, se vio superada por otro candidato (en argot, le hicieron la cama, puesto que ya tenía lo necesario para la plaza: el carnet de militante y estar dentro), este se fue al poco tiempo, y La Carrasca decidió "amortizar la plaza", esto es: no cubrirla. Era 2011.

Ese parece ser el móvil, aunque insisto en que las dos detenidas no han declarado. Algo se rompió en la relación que parecían tener segura. "Tu acaba la carrera, que ya te buscaré yo algo en la Diputación". La Carrasca tenía mala fama, tanto que ni siquiera medios tan mojigatos con El País guardan las formas en estos días de dolor por la muerte de alguien tan querido por la comunidad, entendida esta a la manera de Álex de la Iglesia, y donde el bloque de pisos es la clase política leonesa. 

Hay cierto consenso en torno a que Isabel Carrasco, trístemente abatida por dos balazos a quemarropa, era una bruja. Ella mismo cultivó en vida esta imagen, de mujer agreste que se impone en un mundo de hombres y, en muchos casos, era peor que ellos: y estamos hablando de León. De gesto adusto y agresivo, se mostraba así de ufana ante la cuestión de los 150.000 euros de dinero público que se embolsaba al año en función de su increíble acumulación de cargos, ninguno delegado. Podía con todo.

En una provincia depauperada como León, el poder de La Carrasca era tremendo. No sólo en conseguir puestos públicos, sino en adjudicar ayudas o priorizar según que cosas, siempre por el bien común y, como demuestra este caso, nunca en interés de particulares. Ese poder, y su arbitrariedad a la hora de administrarlo, la ha llevado a morir acribillada.

Ahora bien, habrá el que argumente que la dirigente asesinada lo ha sido por haber sido inflexible y no haber concedido esa plaza a dedo. Muy bien, si admitimos eso, también podemos admitir que ha muerto en accidente de trabajo, o cualquier otra barrabasada sin sentido alguno, como que finalmente las Diputaciones tienen un sentido para seguir existiendo: proveer cargos, o quitar vidas.

¿Cuanto tardará en salir que madre e hija estaban enajenadas? Es una hipótesis más plausible que un elaborado plan para matar al objeto de sus odios -la amortizada tiene 35 años, ¿tan poco futuro laboral veía para sí misma?-, incluyendo escoger bien el lugar del crimen. Por supuesto, los medios de propaganda ya nos han dicho que el arma no es la reglamentaria del marido de la asesina, faltaría más.

Seguro que fue a conseguirla al animado mercado negro de armas de fuego en León, quizás contactando un domingo en el espantoso Rastro de Papalaguinda, porque ¿cómo no vas a recurrir a los bajos fondos cuando puedes encontrar lo mismo en tu propio hogar familiar? Correligionarias de partido, insisto. Venganza gitana, por seguir con el Rastro que cada semana se celebra a las orillas del Bernesga.

La historia está muy clara, y refleja muchas miserias de la zona y de nuestra era: una mujer relativamente joven y "bien titulada" -formada requiere más conocimiento del caso- se ve desamparada por perder un trabajo en la Diputación, hasta el punto que su madre se toma la venganza matando a la causante de sus males, siendo ambas hija y esposa de un jefe de Policía provincial. Auténtica España negra y miserable en cuanto a sus aspiraciones vitales, filiciación y resultado final.