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martes, 22 de marzo de 2011

Los aviones aliados no son derribados, caen por sí mismos

  

F-15 sembrando la paz
Parece que no todo hila fino en la coalición occidental reunida para la ocasión de bombardear Libia. Hay recelos, aunque no manifestados de esta manera, a la preponderancia y el entusiasmo con el que ha acogido Francia la oportunidad.

Recuerden: el primer ataque, francés; la conferencia-farsa para decidir lo que ya se había decidido, en París; el único portaaviones en el escenario -y para su estreno tras sus múltiples problemas-, francés. Parece que hay prisas para recuperarse de lo de Irak, cuando un Sarkozy ministro en ascenso se dedicaba a asetear a su compañero de partido y enemigo íntimo -llegaron a ir a juicio- Dominique de Villepin.  

Como los franceses no son muy queridos en Europa, ha habido países que se han aprestado a mostrar sus reservas. Noruega, Alemania y, especialmente, Italia, que mantiene una histórica relación de odio hacia el vecino transalpino. De España no se sabe nada, puesto que nunca hemos llevado la contraria a Francia, ni a sus nada ocultos planes hegemónicos en lo que consideran su África y entre la que se incluye -esta bien indicarlo- Marruecos, nuestro vecino y no el suyo.

El caso alemán es más peculiar: se abstuvo en el Consejo de Seguridad, donde tiene una de las plazas rotatorias, y llueven los cuchillos entre Berlín y París. Se puede entender esto como quieran: el miedo alemán a las intervenciones en el extranjero, un sentido homenaje a Rommel y los Afrika Korps que combatieron en el mismo escenario hace setenta años, o los intereses de la BASF, una de las escasísimas compañías privadas no petroleras que extrae directamente el petróleo que necesita. Lo hace, o hacía, en Libia, por si les puede resultar de interés.

Además, otros países han mostrado sus recelos ante lo que consideran una extralimitación del mandato de las NN.UU: no ya Rusia y China, siempre recelosos de la proyección militar estadounidense, sino también Brasil, ese país que intenta jugar en primera división cuando es un país de chiste, la eterna promesa irrealizada y, sin salir del tema que nos ocupa, un enano militar, por poner un término fino. Estaría bien comentar el desaire de Lula a Obama, pero como el primero es un personaje tan lamentable no merece la pena. Como dicen los brasileños "aquí es todo grande", especialmente su ego.

En fin. Mientras siguen cayendo las bombas pacíficas, hay algunos detalles muy divertidos. Por ejemplo, Obama diciendo que retirará su cobertura dentro de poco, y que la habían aportado porque sólo ellos tienen la capacidad de desarticular las defensas antiaéreas sin poner en riesgo sus propias fuerzas, lo que se llama sencilllamente "Tomahawk", y también un buen tirón de orejas a Sarkozy y sus ínfulas. El coste de la primera oleada de ataques sube a 1.000 millones de dólares. En la Guerra del Golfo de 1991 una parte muy importante de la factura de la guerra la pagó Japón, aquí no se sabe.

Mientras tanto, continua la propaganda, quizás el único punto de interés en esta ópera bufa. Derribado ("fallo mecánico") un F-15E estadounidense sobre suelo libio. Tampoco se sabía que estuviesen en el teatro de operaciones. Uno de los pilotos ha sido rescatado por los rebeldes y el otro, por tropas de EE.UU, de las que tampoco se sabía que hubiese en territorio libio. Seguro que llegaron, cogieron al piloto infortunado, y se fueron. En cuanto al "fallo mecánico", están bien recientes las imágenes del domingo donde un avión rebelde es derribado con un MANPAD de su mismo bando.  Mira que es mala suerte que te venga un fallo mecánico sobrevolando suelo enemigo en plena misión de guerra...pero bueno, todo sea por mantener el increíble récord de este avión (104 aviones enemigos derribados, ninguna baja), por eso del orgullo propio de los militares...

Cómo se parecen todas las guerras entre sí.
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En Fukushima han conseguido volver a poner en marcha el circuito de refrigeración de los reactores y parece que el peor peligro ha pasado, aunque seguirán las emisiones de vapor radioactivo durante semanas. Queda claro, tras la noticia de TEPCO del domingo sobre que no volverían a recuperar la instalación, que se perdieron los primeros días intentando salvar la central. El problema de la energía nuclear no es esta energía en sí, sino la codicia: en una situación de tener que elegir entre la seguridad y la codicia, ya hemos visto quien ha ganado.
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¿Y qué? Si esta gentuza ha llegado a insinuar que se sacaron cadáveres congelados para ponerlos en Leganés...no hay calificativos para definir el periodismo que hacen y, desafortunadamente, tampoco Código Penal adecuado.