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miércoles, 11 de marzo de 2020

Diario de la peste (I): el núcleo irradiador de Madrid

Cuando quede tiempo para reconstruir toda la crisis del Covid-19 será importante recordar cómo durante una semana se dejó libremente pulular a la gente de Torrejón y Valdemoro, dos municipios de la corona urbana de Madrid. Se sabía perfectamente que se estaban produciendo contagios incontrolados ("comunitarios") de los que no se sacaba la trazabilidad, y la propaganda oficial se escudó en dos coartadas deleznables: en el caso del primer municipio en "una iglesia evangélica" y en el caso del segundo "en una residencia de mayores".

Se dijo conscientemente esos focos para dar la impresión de que era un núcleo aislado y con poco contacto. En España, decir "evangélico" es decir gitanos, que en gran parte trabajan en la venta ambulante y otro tipo de oficios itinerantes, de ahí que una forma histórica para referirse a ellos de manera cuqui sea "nómadas".  Y en las residencias de mayores, aunque solo unos pocos disfruten de visitas regulares de familiares, no son compartimentos estancos.

Después están las propias características de esos focos irradiadores del Covid-19. Torrejón, con una población que ronda los 100.000 habitantes, es de facto un barrio de Madrid capital, atravesado por la A-2 (carretera de Barcelona) y cuya economía pivota exclusivamente en su relación con la gran ciudad: tanto enviando trabajadores y estudiantes diariamente como recibiendo en los polígonos de empresas que hay, y en la importante base militar, donde tiene una sede el Centro de Satélites de la Unión Europea. Y da igual que la base militar tenga sus estrictas reglas de entrada, porque el personal de limpieza, suministros y demás entra diariamente.

Una semana sabiendo lo descontralados que estaban esos focos, y no se ha hecho nada. Ha sido una vergüenza, susceptible de empeorar con una garantía del 100% tratándose de una infección de la que parece demostrado que su agente patógeno -el virus- sobrevive en superficies y a temperatura externa bastante elevada muy por encima de la maldita analogía con la gripe, que tanto daño está causando. Una cosa es la sintomatología, muy similar, y otra muy distinto todo lo demás.

¿Lo podían saber las autoridades? Perfectamente. En el resto de provincias de España iban cayendo los positivos por 1) gente que había estado en Italia y 2) gente que había pasado por Madrid. Así fue en el conocido caso de Murcia, la última CC.AA sin positivos hasta unos días, que empezó a tener infectados ¡porque habían pasado por Madrid! ¿Y por qué se ha tardado tanto en actuar y, aún con todo, se está haciendo de manera tan tibia?

Porque es Madrid. Por evitar tener aislados Torrejón y Valdemoro se ha acabado con una situación donde todo el conjunto de la Comunidad Autónoma -todo, sin excepción- se encuentra sometido a medidas excepcionales que no merece la pena reseñar aquí, la más visible el cierre de todos los centros de educación durante un periodo de quince días, y la menos visible la recomendación general de reducir los desplazamientos al mínimo imprescindible.

Por evitar los efectos negativos que podría tener aislar dos poblaciones de la región, se ha terminado aplicando las medidas -siempre demasiado tarde- al conjunto de la Comunidad de Madrid. Lo que se hizo en Haro se podía haber hecho en Madrid sino fuese porque es Madrid. ¿La consecuencia? La capital y tercera región más poblada de España es quien está sufriendo, en conjunto con Alava y zonas aledañas, las primeras medidas restrictivas para combatir el Covid-19.

No durará mucho esta primacia, empero. Es bien sabido que, por el diseño institucional de nuestro país y por unas muy discutibles series de decisiones totalmente artificiales, Madrid hace de agujero negro sobre el resto del conjunto del país, esto es: atrayendo recursos materiales y humanos de todas y cada una de las otras zonas de España, de manera creciente e intensiva. Es más o menos el discurso subyacente en eso que llaman la España vacía, o la incapacidad de nuestro país para generar polos alternativos de desarrollo, o concentrar todos los poderes institucionales en un único punto, o diseñar una red de carreteras y AVE con esquema radial con vértice en la Puerta del Sol.

Esto hace que, desde hace mucho tiempo, Madrid albergue en su seno a millones de personas nacidas en otros lugares de España, un fenómeno de movilidad intraestatal que se da en nuestro país como en ninguna otra capital Europea, con la excepción de Atenas. Un fenómeno sin fin aparente, y que irá a más con todo lo diseñado para los años venideros, incluyendo -por poner un único ejemplo, y relacionado con lo que sigue- tres nuevas universidades privadas.

¿Qué efecto ha producido el cierre durante quince días de todos los centros de enseñanza en la Comunidad de Madrid? Pues un fenómeno de dispersión acelerada de todos aquellos que están en la universidad, en gran parte gente de clase media de otras zonas de España a la que sus padres pagan los estudios en Madrid pensando que son mejores que los ofrecidos en su zona de origen, y también para que hagan su red de contactos.

Hoy la prensa de muchas provincias de España abre con una primera noticia sobre este hecho. En Extremadura celebran -y quédense con el término- que vuelvan a casa 2000 estudiantes desplazados a Madrid, de los que pocos habrán cogido el célebre tren que reclaman. 2000, ojo.  En Asturias también. En Galicia más de lo mismo -comprueben la portada de La Voz, de pago-, y en todas y cada una de las provincias que jamás ocupan titulares en la prensa nacional: así está hecho Madrid, de gente de fuera.

Esos estudiantes, asintómaticos en su gran mayoría, son portadores potenciales del virus. Vienen de una zona donde se está verificando contagio comunitario desde hace al menos una semana. El virus tiene un periodo de incubación nunca inferior a cinco días, y es una de las razones que explican su rapídisima dispersión, así como la ya comentado de su extraordinaria resistencia en superficies a temperatura ambiente. 

Ayer el Presidente del Gobierno anunciaba que vendrán "semanas muy duras", que la mayoría de la población ni atisba a ver. Medidas parecidas a las aplicadas en Italia, y de las que no hemos aprendido nada. En vez de decretar un cerrojazo total en Madrid -prohibidas las entradas y salidas de la región- se ha optado por un modelo absolutamente demencial de exportar la peste del Covid-19 a todos y cada uno de los puntos cardinales de España. Como se venía haciendo durante todas estas semanas, pero esta vez a lo grande: con universitarios. Jóvenes, en su mayor parte muy queridos, que serán recibidos con abrazos y besos por su familia. Por sus amigos. Por sus abuelos.

No se me ocurre mejor manera de dispersar el virus por la España Vacía, que si por algo se caracteriza es por la cantidad de personas de avanzada edad que habitan ahí. Vienen semanas muy duras, efectivamente. De colapso de los servicios sanitarios en esas zonas, y de escenas muy duras de digerir para todos. Hacía falta tomar medidas de decisión pura y duramente política -cierre de carreteras, limitación de los derechos individuales sobre movilidad- y se ha optado por escudarse detrás de los expertos, al fin y al cabo gente que sabe mucho de lo suyo y que todavía hoy en día intenta evitar usar la palabra "contagio comunitario" cuando en Madrid lleva produciéndose al menos desde hace una semana. En breve, en todos sus lugares de residencia.
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Maravillosa noticia-anécdota sobre Bielorrusia interior, también conocida como Orense. 
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En la mayor parte de los casos en la vejez recibes lo que diste en tu vida a tus hijos. Poca pena aquí. 
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Tremendismo gallego presentado como una novela picaresca. Cada familia es un Los Santos Inocentes en potencia.
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Santiago Abascal y la cultura del pelotazo. 
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Enésimo publireportaje sobre la donación de sangre: a ver para cuando uno sobre el tremendo negocio para Cruz Roja y la empresa catalana que cotiza en Nueva York.
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Desaparecen sin dejar rastro 69 kilos de oro custodiados por la Policía. 
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Esta noticia sobre el nivel de corrupción alcanzado por el PP en el ejercicio del poder no transcenderá, pero merece formar parte de sus Greatest Hits: "presentaron al juzgado unos documentos elaborados con la aplicación de procesamiento de textos WordPerfect y utilizando una impresora láser para fechar unos documentos que supuestamente se habían mandado a Rivas antes de que existiera el Word y la impresora láser".
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Luego dicen que el Régimen del 78 no está corrupto hasta la médula: en diciembre de 2015 había 260 Abogados del Estado en excedencia en el sector privado por 323 letrados activos en el sector público.