martes, 14 de abril de 2009

Axco de la Sexta

Algún día habrá quien escriba más y mejor esta historia, un agujero informativo que ni siquiera su más enconado rival ha creído oportuno esclarecer, limitándose a los pellizcos de monja sin mayor intención. Sin embargo, la pregunta sigue ahí: ¿Cómo es posible que exista La Sexta? ¿Cómo es posible que el Gobierno legisle una y otra vez a favor de un canal privado?

La Sexta es una televisión generalista que obtuvo una licencia de explotación en pleno proceso de tránsito hacia el TDT. Con un marcado sesgo ideológico, del que hacen gala, su programación consiste en: 1) deporte 2) guapas mujeres presentando programas 3) Humor entendido de una manera muy extraña, como insultar todos los días a los católicos. Por las mismas razones se criticaba a Telecinco en sus primeros años, y todavía no se ha quitado el San Benito de las mamachicho, una de las cuales llegó muy lejos y se casó con El Bigotes, un Mister Fixit de bajo vuelo y peor gusto. Es más: en La Sexta van de adoctrinadores y nos dicen lo que es malo -El Intermedio es un programa prescriptivo-, llegando incluso a criticar el mundo del cotilleo con un programa que no deja de ser de cotilleo (y robo de material de cualquier parte) como es Se lo que hicisteis. De sus informativos mejor no hablar: con el terremoto de L´Aquila estaban más preocupados de hablar de Berlusconi que de otra cosa; si habla Aznar, primera noticia del día, diga lo que diga; y la habitual retahíla de ecologismo pijo, solidaridad bienpensante y los peores tópicos de la progresía, que se empeñan en recorrer día sí y día también.

El primer éxito de la cadena fue el Mundial 2006, utilizado de banderín de enganche para que la gente adaptase su antena. Sólo se pudo ver en grandes ciudades. Después intentaron repetir la estrategia con otros deportes, pero el gran boom de ese estilo se lo llevó Cuatro con la Eurocopa. La realidad es que La Sexta es vista por apenas un 7% de la audiencia, y eso en sus mejores días. Habrá tiempo de volver a ese porcentaje, de momento quedémonos con otro porcentaje, el de sus accionistas: 51% de GAMP (de donde el 69% es de un híbrido entre la productora de Milikito y Mediapro, otro 10% de BBK, un 8% de la productora de el bufón de Reus -de ahí que cuele cualquier mierda de programa de sus delfines- y el 12% de la productora de Arguiñano, que tiene a su hermana haciendo postres en la cadena, porque esa basura de programa no la cuela en otro sitio), 40% del emporio mexicano Televisa y 9% de Gala, una empresa de capital riesgo. Vamos, que es la cadena de Mediapro, y así se refieren los demás medios a ella.

Mediapro es una empresa audivisual catalana encabezada por Jaume Roures, un iluminado que dice que "hago dinero para servir a mis ideas", al más puro estilo troskista. La comparación no es casual ni denigratoria: Roures militó en la IV internacional y otros corpúsculos marxistas y dice que "mis ideas no han cambiado". En fin, léanlo ustedes mismos. Otro que no se ha enterado de lo que pasó en 1989. Se suelta la melena cuando habla ante Liberatiòn, un sueño cumplido. Este personaje puso de consejero delegado en La Sexta a Jose Miguel Contreras, amigo íntimo de Miguel Barroso, el amigo de Zapatero que dio la licencia a la televisión del tiki-taka y Aznar a La Haya. Lo cuenta muy bien El País, movido por sus propios intereses de empresa, pero demostrando la mentira que era eso del grupo Prisa con sede en Ferraz: La Sexta - y su versión en papel de nombre Público, del que sólo se salvan sus humoristas gráficos: los otros humoristas se llaman periodistas o columnistas- si que es una auténtica emisora gubernamental y partidista, unida por el amiguismo y el oportunismo. Un axco y una vergüenza.

No contento con eso, con crear un canal adulador y entregado a todas las causas del Gobierno, y como la audiencia es terca y se resiste a ver este canal, Zapatero y sus pésimos asesores -ya ven hasta que punto este leonés es influenciable- han tenido que seguir empujando a la auténtica y verdadera cadena amiga. Primero, con el siseo de los derechos de fútbol a su legítimo propietario; después con nuevas leyes ad-hoc: hace unos meses la que permite fusionarse a canales de televisión -se habla de sodomía entre La Sexta y Antena 3, la televisión renqueante por excelencia-, de momento poco utilizada pero que ahí está, con las puertas abiertas a los pretendientes, y lo de ayer.

Ayer Zapatero anunció a su grupo parlamentario, el mayoritario en la cámara, que habrá una "drástica reducción" de la publicidad en TVE, ese modelo híbrido de televisión estatal que pagamos todos los españoles con nuestros impuestos (y 6.600 millones de deuda, este año otras decenas de millones más, incumpliendo el plan de saneamiento) y que sin embargo tiene tanta publicidad como los hombres-cartel de "compro oro". Ahora lo va a hacer, en su quinto año de gobierno. Lo que sin duda es una buena noticia -habrá que ver si queda dinero para pagar a las estrellas de Mira quien baila, ¡qué pena!, o las horribles corbatas de Sergio Sauca- se ve empañada por su auténtica finalidad zapateril, el hombre prototipo del pensamiento débil.

Anunciado en una reunión entre amigos, no es descartable que la nueva pirueta política se le ocurriese en la tarde del domingo, padeciendo la furia propagandística que despliega TVE con el Mundial de Motos, con tropecientos enviados especiales al aguacero de Qatar y toda una retahíla de medios vergonzantes para todo contribuyente. Está demostrado que ZP ve la tele con sus hijas preadolescentes, las mismas con las que confesó ver la final de la Davis, y que le animan en algunos de sus proyectos políticos. Es fácil respirar el ambiente dominical en la Moncloa. O quizás se le ocurrió en un partidillo de baloncesto con sus amigos de La Sexta, preocupados por la reducción de su escasa porción de tarta publicitaria por la crisis. Escojan la opción que quieran: la de baby-explotation o la de realpolitik.

Cada vez hay más cadenas y cada vez más Internet se lleva más porción del gasto en publicidad, que sin embargo se ha reducido muchísimo: están los de siempre para comer de la tarta publicitaria, pero el diámetro de la misma se ha reducido. Imaginénse la situación en La Sexta: obligada a pagar onerosos créditos por la adquisición de carísimos derechos de emisión deportivos -hasta el punto de que tiene que emitir cinco partidos simultáneos de fútbol, y ofrecerlo como "una oportunidad"- y que no despega en audiencia, con unos anunciantes cochambrosos en prime-time (el otro día vi un licor de bellotas, y les juro que no es broma) y un futuro inviable. Un 7% de audiencia, ojo, y cayendo. Así las cosas, una nueva operación de apoyo político camuflada de saneamiento de la vergüenza que es RTVE y sus funcionarios de la información. A pesar de lo evidente, nadie fuera de El Ente (¡qué gran nombre, ni un enemigo lo habría puesto mejor!) ha criticado la medida, porque todos aspiran a comer la parte de la tarta que se queda libre.

La operación pinta bien: por lo menos esta vez el tránsito en la oposición no discurrirá sin un canal propio de televisión, y TVE caerá en audiencia -como todas las públicas- cuando no pueda seguir el ritmo de gasto al que obliga un star-system y una televisión de espectáculo a gogó, o sea que no habrá problemas si Urdaci vuelve a ocupar su plaza de funcionario. Sin embargo, ZP y sus asesores se olvidan que las empresas pueden cambiar su accionariado, y con el la línea ideológica. Es más: muchas veces cambian de línea ideológica por imperativos de mercado. Ya es bastante escamante la alianza contra natura entre La Sexta y Marca -con la misión de menoscabar a los medios de Prisa- como para recibir con los brazos abiertos una fusión entre Antena 3 y la Sexta. Pero bueno, si tal cosa hubiese de acontecer -Mediapro se haría con una radio, Onda Cero- siempre se puede hacer una ley contraria, o algo así. Así pasa en todos los regímenes donde se controla la información y los emitentes. Espero que hayan visto la jugada tan bien como yo: en HD Full Vision, por lo menos.

martes, 7 de abril de 2009

Crisis de Gobierno (extrema decepción)

Algunas cuestiones. La crisis de gobierno es un proceso normal en que la palabra "crisis" significa cambio. Y el cambio suele ser bueno en política. Afortunadamente, queda lejos esa práctica del aznarato de no dejar que ningún ministro dimitiese, para poder lucir lo de "la legislatura más estable", lástima que Manuel Pimentel burlase a última hora aquella plusmarca imbécil, la misma que dejo a un vegetal como Abel Matutes al frente de exteriores a pesar de su mermada salud. Y todo por completar una legislatura entera sin ningún cambio.

Dicho esto, es significativo que el presidente del Gobierno, que tiene la facultad de cambiar su equipo sin consultar con nadie, lo cambie en un tercio (cinco ministros ahora, más Bermejo pimpampum hace un mes) apenas un año después de presentarlo. Y con esas filtraciones a los medios tan comunes en toda su acción de Gobierno. Un año parece poca cosa, aunque todos los ministros ya viniesen de la anterior legislatura, casi todos enganchados a mitad de la misma. Con la perspectiva del tiempo, parece que la auténtica crisis fue la que llevó a Bernat Soria o Cesar Antonio Molina a ocupar una cartera ministerial. Seguro que es así. Por último, el presidente del Gobierno se arroga para sí mismo todas las competencias en Deportes. Es lamentable que una persona con tantas ocupaciones y tantas tareas pendientes tenga que dedicar parte -no cuantificable, pero significativa- de su agenda a cuestiones como estas. Y que haga queriendo. Y en estos momentos. Pasemos a los cambios.

Ministerio de Economía y Vicepresidencia Segunda: Pedro Solbes, uno de los mejores políticos de la historia de este país, deja sus responsabilidades políticas. Con él se van 15 años consecutivos de gestión económica, porque Rodrigo Rato era su discípulo y siempre se han guardado profundo respeto, además de aplicar las mismas políticas, las mismas que han permitido crecer a este país a una media del 3% durante un periodo tan prolongado, el mejor de la Historia y difícilmente igualable. Lo estaba deseando, maniatado por las políticas populistas emprendidas a la loca carrera y con un desánimo creciente, no precisamente una buena imagen al frente de un ministerio vital. En todo caso, su gestión refulge. Su puesto lo ocupará la Ministra talibán Elena Salgado. Al frente de Sanidad y Consumo intentó prohibir el consumo de Whooper XXL, en esos tics tan propios de un ex-fumadora y de cualquier converso, por no hablar de la Ley del Vino. Fue lamentable su candidatura fallida a la presidencia de la OMS. Más tarde pasó a AA.PP, donde ha impulsado el Plan E (conocido como Plan Zapatero para los Ayuntamientos) medida populista y de ridícula efectividad, pero por el premio otorgado, muy del gusto del jefe. Dios nos pille confesados de lo que pueda hacer esta fervorosa creyente al frente de Economía.

Vicepresidente Tercero (Cooperación territorial): Había que hacer algo para quitar a Chaves al frente de la Junta. Jamás ha incubado un delfín, y recientemente no descartaba volver a presentarse a las elecciones de 2012. Increíble, pero cierto. Zapatero lo ha llamado y vuelve a Madrid, porque ya fue Ministro de Trabajo en el Gobierno de 1986, años duros y de huelga general. Es curioso el cargo otorgado al Presidente del PSOE: el mismo que ha incluído en el Estatuto Andaluz la propiedad del Guadalquivir al frente de Cooperación Territorial. Nadie duda de las capacidades negociadoras de Chaves -su último éxito al frente de la Junta Andaluza ha sido comprometer el pago de los 1200 millones de euros de la deuda histórica, una vergüenza que cuesta mucho explicar a los extranjeros- y de que quizás sirva para vigorizar el voto andaluz (en fin...), pero la pregunta es ¿una nueva vicepresidencia? ¿Ahora?

Ministerio de Educación:Ángel Gabilondo, hermano del conocido periodista de las homilías nocturnas y que ya es rector de la UAM y presidente de la CRUE (¿renunciará a algún cargo? ¿lo hará?) se hace con el Ministerio en pleno Bolonia y recupera las competencias de universidades, que apenas han durado diez meses en manos del Ministerio de Ciencia e Innovación. Es una absoluta vergüenza la política errática en este sentido, y al bueno de Gabilondo le va a tocar desfacer todo el entuerto montado por Zapatero cuando creyó que de la Universidad iba a salir I+D+i como el que planta boniatos. Como ha sido un buen gestor al frente de los otros dos organismos referidos, tiene mi plena confianza, aunque también tanto trabajo que lo más normal será fracasar. Por su parte, la Ministra cesante Mercedes Cabrera volverá a su Cátedra tras bregarse en política con escasos resultados: fue la número dos por Madrid en las elecciones de 2004, y después pasó al Ministerio. El trabajo sucio ya lo había hecho María Jesús San Segundo, y ella se ha dedicado a sonreir, dar el último saludo a su pariente Calvo-Sotelo y confirmar que un académico rara vez sirve para la política. Llamarla ministra gris sería piropearla.

Ministerio de Cultura: César Antonio Molina, pésimo poeta gallego y aún peor escritor de viajes por Italia publicados en Babelia, accedió al Ministerio por la plataforma del Cervantes. Su primera misión fue cesar a la desequilibrada de Rosa Regás al frente de la BNE, y fue prácticamente su único éxito: lo tenía fácil y lo hizo de la peor manera posible, con gritos y cabreos telúricos propios de su condición galaica. Ahora andaba enzarzado en una campaña de promoción de su persona, por medio de una revista carísima que publicaba convocatorias caducadas y demás fruslerías. Además, tenía una agria polémica con Exteriores por el monopolio de la promoción de la lengua y cultura española fuera de nuestras fronteras. Le ha costado la cabeza. Eso, y sus formas. Un Ministro pésimo, pero pésimo de verdad. Le sustituye la presidenta de la Academia de Cine Ángeles González-Sinde. Dios mío, una directora de cine al frente de Cultura: como si no tuviesemos bastante con financiar con nuestros impuestos cien películas de calidad ínfima al año (pero españolas). Ahora serán doscientas. A veces dan ganas no de levantarse y volver a las pesadillas habituales: la realidad siempre supera a la ficción. Incluso la cinematográfica.

Ministerio de Sanidad (y Políticas Sociales): La Trini ya tiene Ministerio. Se enfrentó a su pariente Gallardón en las municipales de Madrid 2003, y estuvo ejerciendo la oposición con mucha sonrisa y poca chica hasta que ZP la metió a Secretaria de Estado para Iberoamérica, porque nos dicen que es especialista en relaciones internacionales: allí estaba, con cara compungida en la famosa cumbre del "¿por qué no te callas?". Ahora galardona a su amiga con un Ministerio con competencias ampliadas a una parte muy sensible a los años que nos quedan de propaganda estatal y del "no vamos a dejar a nadie atrás". Políticas Sociales. Vamos, que la vamos a ver hasta en la sopa. A ella y su sonrisa, su mayor capital político, porque oirla hablar y plantearse dónde vamos con esta tropa es lo mismo. Ya la veo inaugurando, con coros y danzas ad hoc, cualquier plan o edificio de propaganda y nula utilidad. En cuanto a Bernat Soria, el ministro saliente, que se vaya con buen viento: dogmático y prácticamente iletrado, mintió en su currículum y después lo intentó negar; se embarcó en la tontería de la vacuna del cáncer cervical sabiendo que era un sacacuartos de gran coste (400 millones) no justificado por su eficacia; y no ha hecho nada, claro.

Ministerio de Fomento: La traca final. Zapatero cede a las presiones y las encuestas y cesa a Magdalena Álvarez, cuyos cinco años de gestión al frente del Ministerio han sido e-jem-pla-res. Esto causará no poco escepticismo a los lectores, y me gustaría explicarlo más en detalle: baste con decir que cuando accedió al Ministerio se encontró con que el presupuesto estaba comprometio hasta más allá de la mitad de la legislatura, con AVE inaugurado (Madrid-BCN) que no funcionaba, con una terminal con un arquitecto local endosado al legítimo arquitecto, y demás chapucerías que dejó la gestión personalista y caudillista de Álvarez-Cascos, perteneciente a esa raza de asturianos encantados de conocerse. Y tengo muchísimos más argumentos. Por lo que a mí respecta, se va una Ministra ejemplar y con un balance espectacular, in-ta-cha-ble.

Aquí llega el apagón, la extrema decepción. Aunque ya circulaba en los mentideros, se ha confirmado. Jose Blanco, Ministro. Y de Fomento. La aspiración máxima del gallego que después se candidará a la Xunta: hacer llegar el AVE -como si eso fuese a solucionar los problemas endémicos de Galicia, empezando por la pobreza miserable de amplias zonas rurales- a su patria. Imaginénse la de fotos que se hará este siniestro personaje de la política española con los trenes-bala y los viaductos. Y todos las obras que quiere emprender este Gobierno, empeñado en ver en el New Deal de hace setenta años la solución para el siglo XXI. Lo vamos a ver más que ahora, cuando se dedicaba a azuzar a las masas con su verbo insultante y su absoluto desprecio a la inteligencia del elector, especialmente si no es de su partido. Lamentable. no tengo palabras.

Zapatero pone a un soldado al frente de un Ministerio que va a tener todavía más protagonismo. Un hombre fiel hasta el lametón, servil y extremadamente limitado, un hombre que no va a saber decir no -porque es un caladero de votos- a locuras ya emprendidas como Punta Llagosteira, el irracional puerto exterior de La Coruña, o fantasías como el AVE del Cantábrico, una estupidez que no tiene cabida. Y todo porque su objetivo es convertirse en caudillo de Galicia. ¡Qué mejor que el Ministerio de Fomento! ¡Si La Voz, como cariñosamente se llama a la hoja parroquial de los gallegos, parece el periódico de Fomento, siempre pidiendo subvecioes y axudas, y siguiendo al milímetro cualquier obra o avance!. Zapatero ha metido al PSOE (Chaves y Blanco, los máximos responsables, ahora se queda Pajín al frente operativo, otra radical) en el Gobierno, y encima ha metido a sus amigos. Quizás sea porque no hay nada mejor ahí fuera. Eso si es que es terrible, que quizás sea verdad.