lunes, 30 de junio de 2008

Esta es mi tribu

Me alegro sinceramente del triunfo del combinado nacional en la Euro2008 de fútbol. No por mí, sino por toda la gente para la que es un asunto importante, gente que lleva soñando toda la vida con algo como esto, especialmente los emigrantes españoles que hay por el mundo, bastante alejados del estereotipo del Erasmus o del joven profesional que sale fuera a triunfar.

Esta es mi tribu, España. Como dijo un amigo con el que ví la final, "me alegro de haber escogido ser español". No escojemos nuestra nacionalidad, la patria nos viene impuesta en un proceso de culturización inevitable y necesario. No es mejor ni peor, es la que nos ha tocado. Lo he tenido muy claro desde muy joven: ningún país o nación es mejor que otro, simplemente por el hecho de ser. España es la mejor selección de fútbol de Europa. Bien. Y punto.

Sin embargo, existen catalizadores que exacerban ese sentimiento de pertenencia identitario, tribal. El fútbol es uno de ellos. Ya ven la que se ha montado en las últimas horas. Yo nunca había visto a la Familia Real, tan admirable en la mayor parte de su faceta pública, tan contentos. Ni siquiera en Barcelona 92. Por cierto, que triste debe ser Rey o Príncipe y no poder celebrar la alegría con un abrazo o un beso con tu pareja. El fútbol, que deporte más pasional.

No hace mucho una conocida marca deportiva lanzó el eslogan "Ser español ya no es una excusa: es una responsabilidad". ¿Por qué tengo que ser responsable de algo que no he escogido ser? ¿De una identidad que se configura por acciones colectivas en las que no puedo intervenir? En el mundo que se avecina la identidad será la duda fundamental del ser humano: superada la época en que se definía por la clase -ahora todo es "clase media", aunque tu piso sea del banco-, nos ha quedado un siniestro panorama de género, raza, voto político y lo que dice tu pasaporte.

Fíjense en los fastos de ayer. A las regiones simpáticas como Asturias -siempre aprovechan cualquier oportunidad para el lucimiento paleto- o Andalucía se les deja lucir su bandera. Pobre de Xavi -obligado a gritar "¡Viva España!" por sus compañeros, y aún así lo hizo entre risas- o Cesc como se les hubiese ocurrido lucir una senyera; o Xabi Alonso, muy retraído en las celebraciones, y cuyo gesto torcido a eso de las 22:00 hizo que Angels Barceló no les hiciese tragar un aburrido vídeo de algo que ya habían visto, porque lo vivieron. La ikurriña no existe. Ayer no se podían lucir esas banderas regionales: los hubiesen abucheado. Ellos también son españoles, aunque no lo hayan escogido. O aunque no quisiesen.

Atrás queda la polémica de si Puyol se bajaba las medias para no lucir la bandera -polémica orquestada por Marca-, y otras lecturas políticas que se han querido hacer de la selección de fútbol. Es simplemente un combinado nacional -ojo a la expresión deportiva, muy extrapolable a la política- de los considerados mejores jugadores por un seleccionador: hasta su propio nombre lo dice, seleccionador. Cuando se gana, todo se ve de color rosa. Yo creo que España es mucho más que el fútbol, o que haya seis catalanes, tres andaluces, un canario, un vasco, dos asturianos y ningún gallego -dato no del todo baladí- en la selección. Es más, esto es lo más normal.

Lo dice el artículo segundo de nuestra Constitución, que tampoco pude votar, pero que acato: "La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas". Qué pena que no se haya utilizado la fiesta del fútbol para recordar esto, que España une a lo que es diferente de partida, y lo une para bien, para obtener objetivos compartidos más ambiciosos. Ha quedado solo el grito ronco de la tribu, ese del bote de "yo soy español, español, español", cuando si pasan otros 44 años hasta el siguiente título el combinado nacional va a ser de muchos colores, razas y étnias: ellos, y sus padres, habrán escogido ser españoles. Y solo por eso van a ser mucho más españoles que los demás.
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Un monstruo surgido de la Eurocopa.

jueves, 12 de junio de 2008

Por que la Expo de Zaragoza será un fracaso

La semana pasada el suplemento cultural de El Ps dedicó el tema central a la Expo 2008. La excusa era la arquitectura, y para la ocasión encargaron una crítica a un experto inglés de reconocido prestigio. Fue demoledor, como no se puede ser de otra manera. Para compensar, la crítica de cabecera Zabalescoa ponía el resultado final un poco mejor, pero también con severas críticas.

Honra a El País haber publicado algo así. Aunque hace poco Fernández-Galiano y su brillante pluma también contrarrestasen el demoledor veredictor de Curtis. Y clama al cielo que entre tanta propaganda, tanto éxito vendido antes de ser realizado y tanta bazofia todavía quede un resquicio a la esperanza y al sentido común. Esta Expo nunca tenía que haberse celebrado. Como todas.

Ingentes cantidades de dinero público han sido volcadas a una "fiesta del agua" de dudoso gusto y benefecio. Zaragoza se quedó con el honor tras batir en la final a Trieste, ya ven que contendientes tan poderosos. Este tipo de eventos solo dejan deudas, amargor y una serie de edificios que nadie quiere ocupar. También los JJ.OO de Turín 2006 se vendieron como que tenían el uso de sus equipamientos garantizados para los años venideros, y ahora languidecen entre el óxido y la ruina.

La Expo se ha edificado en terreno inundable; el edificio estrella a priori, el pabellón-puente de Zaha Hadid tiene serios problemas estructurales, y ya nos están vendiendo la Torre del Agua como el nuevo icono; tiene telecabinas, el típico invento de transporte -como el monorrail- de un solo uso, el de los tres meses que durará la farra a costa del erario público; y está edificada al otro lado del río, con la barrera psicológica que eso supone. Y si no, que pregunten en Sevilla que es lo que hay al otro lado del Guadalquivir.

La Expo será un fracaso. Ya inundan los telediarios las noticias de que están todos los hoteles reservados, y se habla de ¡7´5 millones de visitantes! ¿De dónde? ¿De dónde van a salir en este contexto de crisis económica? ¿Para ir a ver a Fluvi? El siniestro alcalde de Zaragoza, Ojeras Belloch, un hombre tan repulsivo que cuando era Ministro de Interior y Justicia en la última legislatura de González hablaba en secreto con Jota Pedro y contaba secretos de Estado, dice que es la oportunidad para engancharse a la modernidad...

Pues será en otra ocasión. De las infraestructuras planeadas, la Estación de Delicias sobresale por su mastodóntica presencia y su horror de concepción. Una caja descomunal para el tamaño de la ciudad, con hoteles -sin inaugurar, por supuesto- que miran a los andenes. Una pesadilla digna de Bratislava, donde sólo se salva la ingeniosa cubierta. Resulta curioso ver los flamantes AVE aparcados junto a las locomotoras-vagón diesel que todavía cubren recorridos a los depauperados pueblos de Aragón. Los que tienen gente. Los que tienen tren. Del resto de infraestructuras, pues poca cosa. Nadie irá en avión, por supuesto. Por carretera, que para eso Zaragoza es "cruce de caminos". Lo es porque no tiene una rima tan fácil como Albacete, sino ya les diría yo lo que es.

En fin. La Expo se inaugura hoy. Lujo y boato al lado de un río de color ocre, que seguro que será evitado en las panorámicas para vender por ahí. Fuegos artificiales y las más altas autoridades. Y ahí seguirá pendiente la guillotina. La de una ciudad que depende de la macrofábrica de Figueruelas, especializada en un sector sometido a ciertas tensiones estructurales, esto es, que no se irán: se agravarán. Ya verán que panorama se quedará después del fracaso de la Expo. Y, como es natural en los aragoneses, la culpa de todo la tendrán los "madrileños, catalanes y vascos". Esa es la gran pena de una gran ciudad -por tamaño- perdida en medio del páramo. Si hasta el Ebro se va...

martes, 3 de junio de 2008

¿Cien gaviotas donde irán?

Algún lector ocasional se ha puesto en contacto conmigo para preguntarme si la crisis del PP no merece ningún comentario. Bueno, este es un blog esporádico y lo del PP no tiene visos de solución: si me hubiese dedicado a hacer un post con cada una de las bajas que se han venido produciendo, ya habría acumulado el cupo de un año. Cien gaviotas donde irán, que cantaba Duncan Dhu.

Ahora, a dos semanas vista del Congreso de este partido, ya se ha visto clara la estrategia. Desafecciones públicas -pero ninguna dimisión, el traidor de Elorriaga sigue manteniendo sus puestos- en cadena, siguiendo un guión de goteo continuo, para dar la imagen de que Rajoy está aislado. Los que han ideado la estrategia han lanzado un órdago de altos vuelos y largo recorrido: si Rajoy no cede -y no lo hará: los gallegos se aferran al poder como el naúfrago al mástil, miren los casos de Fraga, Castro o Franco- les quedará el difícil papelón de volver a pedir el voto para el candidato que "no crea ilusión" en 2012. O no.

¿Cien gaviotas donde irán? Como ustedes saben, esta legislatura debuta en el Parlamento un Partido denominado Unión, Progreso y Democracia, más conocido popularmente como "el de Rosa Díez". Esta agrupación recibió el cariño mediático de El Mundo y la COPE, precisamente los dos medios-ariete más ruines en la labor de zancadillear a Rajoy. Se ha convertido en la quinta fuerza más votada del país, y ha logrado un escaño por Madrid, circunscripción donde ha sumado 114.000 votos, la mayor parte desencantados con el PP. Voto universitario -muy expuesto a los mensajes contradictorios-, voto intelectual -el típico que lee libros y escribe "pienso de que"- y voto desencantado. Mucho.

Hay algunas gaviotas que está clarisimo que acabarán recalando en "el partido de Rosa Díez". La más significativa, la licenciada en Filología Bíblica Trilingüe María San Gil. Este partido va camino de convertirse en el azote de la Cámara Baja con su discurso monocorde en torno a la lengua -el castellano- y las víctimas del terrorismo, el ideario político de la diminuta política vasca, capaz de hacer perder al PP local 150.000 votos entre las elecciones de 2001 y las de 2004. Por supuesto, ni se le ocurrió dimitir tras ese brillante logro electoral.

A eso se refería Rajoy cuando, hace unas semanas, decía "yo quiero un partido que integre, que aspire a tener 13 millones de votos, y no un partido pequeño que aspire a tener tres millones de votos". Tal cual lo dijo. Ningún comentarista cayó en la cuenta de que se refería a UPD, un pequeño germen inoculado en la Cámara Baja y que irá creciendo. Gracias a nuestro proverbial sistema electoral, como bien sabe IU, hay una línea que separa el tener muchos votos de tener muchos representantes. La línea son los dos millones de votos, cuando la Ley D´Hondt empieza a mostrar sus beneficios. Como los comunistas solo disfrutaron de estos en 1996, y bajo las especiales circunstancias de la "pinza", ahora les parece mal.

Tiemblen, tiemblen: cien gaviotas que se irán a por los dos millones de votos.
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Por sus libros los conocereís.
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Acostumbrado a vivir de Primer Ministro, con todo pagado, es triste el cambio.